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¿Quién será el próximo ídolo cubano de los Marlins?
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MIAMI - Llámele como quiera: callejón sin salida, punto muerto, laberinto, limbo.

Póngale usted el nombre a la situación en la que se encuentran los Marlins de Miami, atascados entre un proceso de compraventa que no acaba de concretarse y una incertidumbre sobre el futuro inmediato de sus principales figuras.

El equipo maneja el asunto con un secretismo no tan hermético, pues quedan grietas por las que se filtran rumores que sólo hacen aumentar las expectativas, para bien o para mal.

La gente común, los que siguen a los Marlins en las buenas (pocas) y en las malas (muchas), ha entrado en un estado de resignación, a la espera de lo que venga, con tal de salir de una vez y por todas de Jeffrey Loria.

El entusiasmo inicial que despertó el nombre de Derek Jeter entre los posibles compradores se ha desvanecido en las últimas semanas, pues el legendario Capitán de los Yankees no ha tenido el suficiente poder de convocatoria de inversionistas que pongan plata.

Primero fue Jeter contra el exgobernador de la Florida Jeb Bush, quienes luego unieron fuerzas ante el grupo de Tagg Romney, hijo del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney y el pitcher miembro del Salón de la Fama Tom Glavine.

Después Bush se retiró de la puja y aparecieron la leyenda del baloncesto Michael Jordan y el rapero miamense Pitbull, Míster 305. Hasta llegó a mencionarse, en un principio, el nombre de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump.

Pero uno tras otro aparecían y desaparecían de los rumores como por arte de magia, mientras aumentaban los temores de una venta de liquidación del núcleo de jugadores, incluido el mismísimo Giancarlo Stanton, con todo y su cláusula de no canje y su megacontrato de 325 millones de dólares.

Fue entonces que apareció en la palestra el empresario Jorge Más Santos, presidente de la compañía tecnológica MasTec e hijo del fallecido Jorge Más Canosa, el más emblemático líder del exilio cubano en Miami.

Jorge Mas Santos
Getty ImagesJorge Mas Santos, fundador de la empresa MasTec y presidente de la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA), es el posible comprador de los Marlins de Miami.
Más Santos, presidente además de la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) que creó su padre en la década de los 80 para promover cambios democráticos en la isla, parece ser "el hombre", a juzgar por las señales emitidas en las últimas semanas.

Al empresario se le vio en la gala previa al Juego de las Estrellas, que reunió a la crema y nata del jet set de la Capital del Sol y luego se sentó en el palco de Loria en el partido estelar, disputado el martes 11 de julio en Marlins Park.

Varios reportes de prensa aseguraron que la oferta de Más Santos habría sido aceptada de palabra por el vendedor y que sería alrededor de los 1,170 millones de dólares, unos 130 millones menos del precio que andaba pidiendo Loria.

Con mucho dinero comprometido en salarios, deudas por 400 millones y bajos ingresos por asistencia al estadio y contrato con la televisión, es difícil pagar 1,300 millones por los Marlins, por mucho que quiera el vendedor.

Pero la realidad es que la transacción no acaba de darse y en la oficina del comisionado de Grandes Ligas, Rob Manfred, comienzan a preocuparse, pues quieren que la compraventa se dé ya.

MLB teme que Más Santos pierda la paciencia ante la demora de Loria y retire su oferta, lo cual haría retroceder el proceso nuevamente casi al punto de partida.

Pero el dueño actual no parece tener apuro. La propuesta para ocupar el cargo de embajador de Estados Unidos en Francia que le habría hecho el presidente Trump, que sería una de las razones para acelerar la venta, también se ha demorado.

Además, para un avaro como Loria, esperar hasta abril del 2018 podría significar una diferencia de algunas decenas de millones.

Si Loria vende antes de esa fecha, el cinco por ciento del dinero que se genere en la transacción tiene que ir por ley a las arcas del condado Miami-Dade.

Si se vendiera el equipo, digamos, en 1,170 millones, 58.5 millones le corresponderían al gobierno condal. Si lo hace después, la suma total irá a su bolsillo.

Pero por la buena salud de los Marlins, MLB no quisiera arrancar los entrenamientos primaverales del año próximo sin que se haya completado el negocio y de ahí, el temor de que Más Santos se impaciente y cambie de parecer.

¿Qué son 58.5 millones para quien se va a ganar 1,111.5?, se preguntarán algunos.

De Jeffrey Loria no debe sorprendernos nada, se responderán otros.
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Adeiny Hechavarria
AP Photo/Lynne SladkyCon la salida de Hechavarría, los Marlins pierden al último exponente de una conexión con el público mayoritariamente cubano de Miami.
El cambio del campocorto cubano Adeiny Hechavarria a los Rays de Tampa Bay por dos prospectos es el más reciente mal negocio de Jeffrey Loria y la gerencia de los Marlins de Miami.

Este lunes se supo que Hechavarría se mudaría un poco al oeste, dentro de la misma Florida, en canje por el jardinero Braxton Lee y el lanzador derecho Ethan Clark, ambos en Ligas Menores y ninguno de ellos entre los 30 principales prospectos de la organización de los Rays.

El cubano es uno de los mejores defensores de su posición, perenne candidato al Guante de Oro, autor de atrapadas espectaculares que para al público de sus asientos, mientras que a la ofensiva, sin ser un bateador de élite, tampoco es el clásico out por regla.

Si bien la pasada campaña su average cayó casi 50 puntos en comparación con el 2015 (de .281 a .236), esta temporada había tenido un repunte y su promedio andaba por .277 al momento de ir a la lista de lesionados.

Entonces, los Marlins podrían haber conseguido algo mejor por él, sobre todo ante el sentido de urgencia de unos Rays que ven reales sus posibilidades de avanzar a la postemporada o al menos luchar por un boleto hasta el último día.

Por otro lado, el equipo puede haberse apresurado en el canje, deslumbrado prematuramente por una buen racha que tuvo el novato J.T. Riddle el mes pasado, mientras cubría el puesto del lesionado cubano.

Pero mientras que defensivamente hablando, Riddle no es ni la sombra de Hechavarría, con el madero en la mano está por verse quién es en realidad, si el que disparó 19 hits en 63 turnos en mayo (.302) o el que lleva 16 imparables en 84 veces en junio (.190) y anda en un slump con apenas un cohete en sus últimas 25 visitas al plato.

Ya desde el punto de vista sentimental, con la salida de Hechavarría, los Marlins pierden al último exponente de una conexión con el público mayoritariamente cubano de Miami y ya veremos en los próximos días si la fanaticada siente su partida como un golpe bajo, uno más, de la gerencia hacia la comunidad.

Si ya iban pocos al Marlins Park, no se extrañe nadie si la asistencia baja aún más.

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Hunter Greene
Mark J. Rebilas/USA TODAY SportsEl derecho de escuela secundaria Hunter Greene es uno de los principales prospectos en el sorteo de este año, pero la historia nos dice que el seleccionado como No. 1 no siempre llena las expectativas.
Los Mellizos de Minnesota elegirán a Hunter Greene como primera selección del draft amateur de la próxima semana.

No hacerlo sería un disparate, tratándose de una rareza de jugador, capaz de conectar largos cuadrangulares al estilo de Giancarlo Stanton o Aaron Judge y de lanzar rectas supersónicas como Aroldis Chapman o Noah Syndergaard.

El chico de 17 años, pelotero de la secundaria Notre Dame, en Los Angeles, California, con una estatura de seis pies y cuatro pulgadas y 215 libras de peso, cumplirá 18 años el 6 de agosto.

Desde el 2014 viene deslumbrando a los cazatalentos, tanto por sus bateo y sus habilidades para defender el campocorto, como la capacidad para alcanzar más de tres dígitos en su bola rápida, un verdadero abuso para muchachos de su edad.

El derecho de California dejó balance de 3-0 y una efectividad de 0.75 en cinco salidas, con 43 ponches en 28 entradas, aunque su coach de la preparatoria de Notre Dame prometió protegerle el brazo de cara al draft y no usarlo más como serpentinero en lo que resta de la campaña.

La revista Baseball America, que sigue el desarrollo de los principales prospectos del deporte de las bolas y los strikes, lo ubicó en el número uno entre todas las promesas y desde ya la gerencia de los Mellizos cuentan los minutos que faltan para llevárselo cuando arranque la selección amateur el 12 de junio.

Sin embargo, ser número uno en la selección del draft no garantiza para nada que el elegido se convierta en una estrella en las Grandes Ligas.

Desde que comenzó el actual sistema de selección de jugadores colegiales en 1965, uno solo de los 51 peloteros escogidos en el número uno ha llegado al Salón de la Fama de Cooperstown.

Ken Griffey
AP Photo/Mike GrollDesde que comenzó el actual sistema de selección de jugadores colegiales en 1965, solo uno de los 51 seleccionados en el primer turno, Ken Griffey Jr., ha llegado al Salón de la Fama de Cooperstown.
Se trata de Ken Griffey Jr., seleccionado por los Marineros de Seattle en 1987.

Uno que debe entrar al Templo de los Inmortales es Chipper Jones, escogido por los Bravos de Atlanta en 1990.

Y Alex Rodríguez, primera selección de Seattle en 1993, tiene vetada su entrada a Cooperstown por ahora, debido a su vinculación con los esteroides, a pesar de tener números suficientes para hacerlo.

De esos 51 hombres, menos de un tercio incluso llegó a participar en Juegos de Estrellas.

Y es que muchas cosas pueden pasar por el camino, desde el momento en que un pelotero es escogido en el draft, hasta que recibe el ansiado llamado a las Mayores.

Josh Hamilton (1999) y Matt Bush (2004) son dos ejemplos claros de ello.

Hamilton llegó a vivir en la calle, entre drogas y alcohol, al punto de tomarle ocho años para llegar a Grandes Ligas, tras un largo proceso de rehabilitación.

Bush demoró aún más, 12 años, y llegó como pitcher en el 2016, tras ser elegido como campocorto por los Padres de San Diego.

En ese lapso se incluyó una estancia de cuatro años y tres meses en prisión, entre varios problemas con la justicia.

Pero no hay que llegar a los extremos de Hamilton y Bush, cuyas carreras se descarrilaron por causas extradeportivas.

Abundan los casos de primeras selecciones que nunca llegaron a cubrir todas las expectativas y terminaron como peloteros del montón.

¿Quién se acuerda del pitcher zurdo Brien Taylor, elegido por los Yankees de Nueva York en 1991? Nunca llegó a Grandes Ligas.

De hecho, de sus siete campañas en las Menores, sólo en una alcanzó la doble A y el resto del tiempo estuv en la categoría inferior.

Caso parecido al del cátcher Steven Chilcott, elegido por los Mets de Nueva York en 1966, en la segunda edición del draft. Lo más cerca que estuvo de Grandes Ligas fue cuando practicaba con las estrellas del equipo en los entrenamientos primaverales.

¿Alguien oyó hablar de Bryan Bullington? Por si no lo recuerdan, fue la selección de los Piratas de Pittsburgh en el 2002.

En cinco años con los Piratas, los Azulejos de Toronto, los Indios de Cleveland y los Reales de Kansas City este pitcher derecho dejó récord de 1-9 y efectividad de 5.62.

Lo único que garantiza ser el número uno del draft es un mayor bono monetario.

El mismo que no recibieron en su momento, por ejemplo, Andre Dawson, Ryne Sandberg, John Smoltz, Paul Molitor o Mike Piazza.

Dawson fue elegido en la decimotercera ronda de 1978 y Sandberg en la número 20 de ese mismo año.

Smoltz enganchó en la vigesimosegunda ronda de 1985, Molitor en la vigesimoctava de 1974 y Piazza en la ¡65!, en 1988.

¿Y qué tienen en común todos ellos? Tuvieron carreras tan ilustres que hoy tienen sus placas que los inmortalizan en Cooperstown.

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Ichiro Suzuki
Dustin Bradford/Getty ImagesTras 17 años en MLB, la leyenda japonesa ya tiene su nicho asegurado en Cooperstown, pero dice que quiere jugar hasta los 50 años. La pregunta si podrá hacerlo, ya que sus números ofensivos han bajado dramáticamente.
Ichiro Suzuki quiere jugar hasta los 50 años. La pregunta si podrá hacerlo.

El mejor pelotero japonés de todos los tiempos, con un nicho garantizado ya en el Salón de la Fama de Cooperstown ya es apenas una caricatura de aquel fino bateador que encantó a todos los fanáticos del béisbol desde su debut con los Marineros de Seattle, hace ya 17 temporadas.

Los años pasan factura y el Padre Tiempo tiene ahora a Ichiro en dos strikes.

Lo que ha hecho el asiático sobre el diamante es sencillamente extraordinario.

En sus diez primeras campañas ya había sobrepasado los dos mil imparables, luego de disparar 1,278 en nueve temporadas en el béisbol profesional de su país.

Se llevó los premios de Novato del Año y Jugador Más Valioso de la Liga Americana en el 2001, cuando ganó su primer título de bateo en las Mayores, además de encabezar el joven circuito en hits (242) y bases robadas (56).

Tres años más tarde, en el 2004, conseguía su segunda corona de los bateadores, con average de .372, gracias a la más encumbrada de sus hazañas: con 262 hits rompió un récord que databa desde 1920.

Para que se tenga una dimensión exacta de lo que representó ese logro, vale decir que desde que George Sisler conectó 257 inatrapables en 1920, pasaron por las Grandes Ligas varios de los mejores bateadores de la historia, incluidos Ty Cobb, Babe Ruth, Ted Williams, Stan Musial, Willie Mays, Barry Bonds y el mismísimo Pete Rose, el líder en hits de por vida, con 4,256.

¡Y ninguno de ellos logró superar la marca de Sisler!

Ha sido el único bateador con diez temporadas seguidas con más de 200 imparables y muchos creen que de haber llegado más joven a Estados Unidos, habría superado a Rose como líder absoluto de hits.

A los 41 años de edad, Ichiro firmó con los Marlins de Miami, tras 11 campañas y media en Seattle y dos y media con los Yankees de Nueva York, en busca de completar los tres mil imparables en las Mayores que le abrieran de par en par y con alfombra roja su entrada al Templo de los Inmortales.

El domingo 7 de agosto del 2016, con un triple contra la pared del Coors Field de Denver, el japonés llegó a la ansiada cifra y la lógica indicaba que diría adiós después de la pasada campaña.

Pero entonces anunció sus intenciones de mantenerse activo hasta los 50 años, a pesar de que ya era un jugador de reemplazo, usado principalmente como emergente o cuando alguno de los jardineros titulares se toma un día libre o sufre una lesión.

Ichiro sigue ofreciendo excelencia defensiva. Su desplazamiento en las praderas es envidiado por muchos y sus disparos parecen salidos más de un rifle que de un brazo humano.

Pero la velocidad en el swing ya no es la misma y cada vez le cuesta más trabajo encontrar la pelota cuando viene a velocidades supersónicas.

Hasta el 2016, en 9,689 turnos, Ichiro se ponchó en 1,037 ocasiones, lo cual representó un abanicado cada 9.3 veces.

En lo que va de la presente temporada, el nipón lleva 19 chocolates en 71 oportunidades, o lo que es igual, uno por cada 3.7.

En otras palabras, su frecuencia de ponches casi se ha triplicado y si antes abanicaba en el 10 por ciento de sus turnos, ahora lo está haciendo en el 27 por ciento.

Su promedio ha caído diez puntos desde los .322 que dejó en sus años de gloria en Seattle, hasta .312, todavía de lujo, pero con una tendencia cada vez más a la baja, al punto que en el 2017 anda por .183 hasta los juegos del lunes 5 de junio.

¿Insiste Ichiro en seguir jugando o planea retirarse después de este año?

"Aún no lo he decidido. Físicamente me siento muy bien. Ya veré cómo me siento después que termine la temporada", le comentó a ESPNDeportes Digital al concluir la serie del fin de semana en el Marlins Park.

Es cierto que para un deportista de élite, la decisión más difícil de su vida es cuándo emprender el camino del adiós.

Pero mejor hacerlo como David Ortiz, para dejar el mejor recuerdo posible, que mostrar una imagen de lástima cuando se ha construido con tanto esfuerzo una leyenda.

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La noticia de que el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, se bajaba del grupo de inversionistas que busca comprar a los Marlins de Miami cayó como un balde de agua helada en la Capital del Sol.

Bush había unido fuerzas con el ex astro de los Yankees de Nueva York, Derek Jeter, en una combinación de doble play que tenía muy entusiasmada a la fanaticada de cara al futuro de la franquicia.

El ex gobernador, según se decía, se encargaría de la parte administrativa del equipo, mientras que Jeter estaría al frente de las operaciones beisboleras.

Bush es una persona muy querida en la comunidad del sur de la Florida, residente en el condado Miami-Dade y muy al tanto de las características de una población mayoritariamente hispana.

Jeb Bush
AP Photo/J Pat CarterJeb Bush se encargaría de la parte administrativa del equipo, mientras que Derek Jeter estaría al frente de las operaciones beisboleras.
Perfectamente bilingüe y con unos contactos únicos con los políticos locales, su salida de la lista de potenciales compradores es un duro golpe a la conformación del grupo.

El asunto se maneja con el mismo hermetismo que ha rodeado todo el proceso de compraventa, que comenzó como un rumor de la revista Forbes a fines del pasado año.

Aunque ninguna fuente cercana a Bush ha explicado las razones de su retiro, en los pasillos del Marlins Park se comenta que estaría relacionado con la cantidad de dinero que el ex gobernador aportaría al grupo de compradores.

La cifra sería de unos 20 millones de su bolsillo, lo cual a las Grandes Ligas les parecería poco para alguien que aparecería como el hombre fuerte de la junta ejecutiva.

Jeter, por su parte, pondría 100 millones y tendría el visto bueno de la oficina del comisionado Rob Manfred.

''Aquí nos enteramos como ustedes por lo que dicen los reportes de prensa, aunque es un tema que nos preocupa'', afirmó un funcionario de los Marlins que pidió el anonimato. ''No cabe duda de que se marcha un hombre muy conocido y respetado en la comunidad''.

Para concretar la compra sería necesario un capital líquido de entre 800 y 850 millones, además de contar con unos 200 millones más para gastos de operaciones.

El resto del precio sería pagado a plazos y bajo la supervisión de las Mayores, siempre celosas de la transparencia y la viabilidad financiera de todas sus organizaciones.

Y casi al mismo tiempo del anuncio de la salida de Bush, se supo que otro grupo, encabezado por el hijo del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney, estaría de regreso en la puja por el equipo, cuando todo parecía que era cuestión de tiempo que los Marlins pasaran a manos del Gran Capitán de los Yankees.

Un reporte del diario The Miami Herald con fecha 27 de mayo asegura que el grupo de Tagg Romney y en el que aparecen también los ex lanzadores Tom Glavine y Dave Stewart, habría superado en 25 millones la oferta de Jeter y compañía para comprar a la franquicia en un precio que oscilaría entre los mil y $1.300 millones.

La reaparición de un segundo grupo de inversionistas y la retirada de Bush del equipo de Jeter podría retrasar la venta del conjunto miamense, que parecía concretarse después del Juego de las Estrellas.

Ahora el pacto podría demorar hasta después de la Serie Mundial, mientras la fanaticada se desespera, pues el proceso tiene frenado cualquier intento por mejorar al equipo durante la presente campaña.

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Tom Glavine
Jamie Squire/Getty ImagesGlavine, ex lanzador y miembro del Salón de la Fama, forma parte de un grupo inversionista que integra además Tagg Romney, hijo del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney.
De buenas a primeras, todo el mundo quiere comprar a los Marlins de Miami, una de esas franquicias generalmente olvidadas por los grandes medios.

Ahora el ex lanzador y miembro del Salón de la Fama Tom Glavine surge como nuevo contendiente en la puja por los peces, como parte de un grupo inversionista que integra además Tagg Romney, hijo del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney.

Por cierto, fue Miami el único equipo con récord positivo ante Glavine, quien en 49 juegos ganó 17 y perdió 19 y tuvo efectividad de 4.03.

Anteriormente, el ex camporto de los Yankees de Nueva York y futuro inquilino de Cooperstown Derek Jeter y el ex gobernador de la Florida Jeb Bush encabezaban sendos grupos interesados en el equipo, pero hace unos días decidieron unir fuerzas en el intento de adquirir la franquicia.

Y también está el financista neoyorquino Wayne Rothbaum, presidente de la firma Quogue Capital, como otro aspirante a comprar la organización miamense.

Vamos, ¿a quién no le gustaría tener un equipo de Grandes Ligas?

Por eso, desde que hace unos meses comenzaron a rodar los rumores de que Jeffrey Loria estaría pensando en vender al equipo, los Marlins se convirtieron en la fruta anhelada.

¿Por qué? Bueno, en primer lugar, porque es la franquicia que está disponible en el mercado. Pongan a la venta a los Yankees, los Medias Rojas de Boston o los Cachorros de Chicago al mismo tiempo y ya verán como la demanda por los peces si se amplía la demanda.

Pero aunque es la única a punto de ponerse en venta, Miami no deja de ser un mercado atractivo.

La Capital del Sol es un área en constante crecimiento y uno de los puntos de mayor atracción para el turismo, con un clima envidiable los 12 meses del año, cuando a principios y finales de cada temporada el resto del país está congelándose.

Tienen los Marlins además el segundo estadio más moderno de los Estados Unidos, honor que les quitaron hace apenas dos semanas los Bravos de Atlanta, tras inaugurar su flamante SunTrust Park.

A eso súmenle el precio. Aunque Loria pida entre 1,600 y 1,700 millones, probablemente tenga que transar por una cifra menor, con todo y que las 30 franquicias de Grandes Ligas han elevado su valor en los últimos años.

Según la reconocida publicación financiera Forbes, el precio promedio de una franquicia de MLB es de 1,540 millones, con los Yankees a la cabeza, valorados en 3,700 millones.

Los Marlins aparecen en el lugar 25 entre los 30 equipos, con un valor de 940 millones. Y aunque la cifra todavía está lejos de lo que quisiera Loria, sería un negocio redondo para alguien que pagó apenas 158 millones para adquirir el equipo en el 2002.

Y sea quien sea el comprador, lo mismo Jeter y Bush, muy populares en el sur de la Florida, que Glavine o el menos conocido Rothbaum, serán recibidos con los brazos abiertos por una comunidad que hace mucho declaró a Loria persona non grata.
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Marlins Park
Mike Ehrmann/Getty ImagesLa respuesta de los fans en Miami a las tácticas del dueño Jeffrey Loria ha sido un estadio vacío, al extremo de ser el equipo con más baja asistencia en la Liga Nacional, con un promedio de 21,405 fanáticos por juego.
La revista Forbes, citando a fuentes confiables, publicó que el presidente de los Marlins de Miami, David Sampson, habría asegurado que existe un acuerdo verbal para la venta del equipo por 1,600 millones de dólares, y otra fuente le dijo al reportero de ESPN Darren Rovell que existe una oferta de compraventa.

El potencial comprador sería un promotor de bienes raíces con sede en la ciudad de Nueva York.

La noticia se corrió como pólvora y la gente empezó a hacer fiesta en el sur de la Florida.

Hace unos años, cuando el dictador cubano Fidel Castro aún vivía, se hizo una encuesta para conocer quiénes eran las personas más odiadas por la comunidad miamense.

Y detrás de Castro, en esa lista negra quedó nada menos que Jeffrey Loria, el dueño de los Marlins.

Pero no vayamos tan rápido. No pongan todavía a enfriar la cerveza, pues el proceso de compraventa apenas estaría empezando y las cosas no serían tan simples.

Según el artículo de Forbes, que firma Mike Ozanian, el problema es que el comprador potencial no tendría la suficiente liquidez financiera para pagar de un golpe el precio mencionado, pues su patrimonio neto está basado en propiedades.

Y 1,600 millones es una cifra demasiado incómoda de asumir como deuda para las Grandes Ligas.

No es imposible, pero es complicado. Cuando la compañía Guggenheim Baseball Management compró a los Dodgers de Los Angeles por dos mil millones en el 2012, una gran porción de ese dinero se asumió como deuda a largo plazo.

Pero el acuerdo de televisión por seis mil millones que tenían los Dodgers ayudó sobremanera a concretar el pacto de compraventa.

Por el contrario, los Marlins reciben una miseria de Fox Sports Florida en un acuerdo que se extiende hasta el 2020.

Sin embargo, tan sólo la posibilidad de que la novena de Miami cambie de dueño despierta esperanzas en la fanaticada.

La gente sueña con que un nuevo propietario traiga consigo un compromiso permanente, algo que Loria mostró sólo en dos ocasiones: en el 2003, cuando los Marlins ganaron la Serie Mundial, y en el 2012, cuando se inauguró el nuevo estadio.

Pero en ambas oportunidades, al año siguiente el dueño desmanteló el equipo hasta niveles de miseria, lo que la gente asumió como una puñalada en la espalda.

La respuesta del público fue un estadio vacío, al extremo de ser el equipo con más baja asistencia en la Liga Nacional, con un promedio de 21,405 fanáticos por juego.

Si logra concretar la venta, Loria habría conseguido uno de los mejores negocios de la historia, no sólo en la industria de los deportes, sino de cualquier esfera, pues se hizo del equipo por 158 millones, aportó sólo una mínima porción de los 639 millones que costó la construcción del Marlins Park y se iría con los bolsillos desbordantes de plata.

Entretanto, el nuevo dueño, sea quien sea, no podría mudar la franquicia a ningún lado, pues existe un acuerdo para mantener al equipo en Miami al menos hasta el 2032.
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Luego de fallar en el intento de capturar al cubano Aroldis Chapman o el curazoleño Kenley Jansen, los Marlins de Miami añadieron de todos modos dos piezas importantes para su bullpen en las últimas 48 horas, al firmar a los derechos Junichi Tazawa y Brad Ziegler con sendos acuerdos de dos años.

A pesar de haber abierto su billetera, los Marlins se quedaron con las ganas de firmar a un cerrador de élite, ya fuera Chapman o Jansen, con lo que la gerencia pretendió dar un golpe de efecto que demostrara a la fanaticada la intención de un mayor compromiso, tras la trágica muerte del astro José Fernández.

Junichi Tazawa
Rick Osentoski/USA TODAY SportsJunichi Tazawa obtendrá cinco millones de dólares la próxima temporada y siete millones en 2018.
Pero para los Marlins hay vida más allá de Chapman y Jansen y más que un golpe de efecto, el equipo necesita gastar con cordura e inteligencia el dinero del cual dispone.

Con la llegada de Ziegler y Tazawa, Miami tendrá uno de los mejores cuerpos de relevistas de la Liga Nacional, que ya integraban el cerrador A.J. Ramos, Kyle Barraclough, David Phelps y Dustin McGowan.

Necesitarían un apagafuegos zurdo, especialista en lanzarle a los bateadores de esa misma mano, que ha sido una de las carencias del equipo en los últimos años.

Por cierto, deberían contemplar para esa función al cubano Raudel Lazo, quien en la liga profesional venezolana con los Tigres de Aragua, no ha permitido carreras en 18 innings, con 17 ponches y average de los rivales de .182.

Pero sobre todo, requieren los Marlins mejorar su rotación abridora.

Brad Ziegler
Maddie Meyer/Getty ImagesZiegler, de 37 años, es particularmente efectivo contra los bateadores derechos debido a su lanzamiento al estilo submarino.
Lo primero que debe darse cuenta la gerencia es que será imposible sustituir al difunto Fernández.

Imposible, en primer lugar, porque la personalidad magnética, positivamente contagiosa del cubano no se encuentra en cada esquina.

Y en segundo lugar, desde el punto de vista de calidad deportiva, no hay en el mercado ningún lanzador de su calibre.

Pero hay disponibles lanzadores que pueden hacer un buen trabajo, aunque sin los reflectores que acompañan a las superestrellas.

Uno de ellos es el diestro Jason Hammel, un veterano de 34 años que fue en el 2016 el quinto abridor en la rotación de los campeones Cachorros de Chicago.

Hammel viene de la mejor temporada de su carrera (15-10, 3.83) y en dos temporadas y media que pasó con los Cachorros acumuló 33 victorias con 22 reveses y efectividad de 3.59.

Otra opción sería el dominicano Ivan Nova, quien renació en la segunda mitad de la pasada campaña cuando fue traspasado de los Yankees de Nueva York a los Piratas de Pittsburgh.

En 11 aperturas desde que incursionó por primera vez en la Liga Nacional, Nova consiguió marca de 5-2 y efectividad de 3.06, muy buena comparada con la de 4.30 que tuvo en 142 en su carrera con los Yankees.

El viejo circuito, menos ofensivo, unido a las condiciones del Marlins Park, muy amigable para los serpentineros, a pesar de haber visto recortadas sus cercas, podría ayudar al dominicano a reencontrar su forma que lo llevó a ser considerado uno de los grandes prospectos del pitcheo de Nueva York.

Y está también Doug Fister, otro veterano de 32 años, quien viene de una mala campaña con los Astros de Houston, en la que terminó con balance de 12-13 y elevada efectividad de 4.64.

Pero en sus dos años en el viejo circuito, cuando estuvo con los Nacionales de Washington en el 2014 y 2015, sus números mejoraron ostensiblemente, al amasar récord de 21-13 y promedio de limpias de 3.10.

Ninguno es un lanzador del nivel del difunto José o de Clayton Kershaw o Jake Arrieta, por citar sólo tres de la élite.

Pero un equipo no se arma necesariamente con superestrellas. A veces vale más la pena echar mano a los llamados obreros del béisbol.

Sin intención de comparar, pero así, con obreros y sin superastros en su rotación, los Reales de Kansas City ganaron la Serie Mundial.

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Jose Fernandez
Steve Mitchell-USA TODAY SportsJosé Fernández es recordado como el fiero competidor con sonrisa de niño que le devolvió a muchos el interés por los Marlins en Miami.
En medio del alboroto por la Serie Mundial entre los Indios de Cleveland y los Cachorros de Chicago, se dio a conocer el examen toxicológico por el fallecimiento del lanzador cubano de los Marlins de Miami José Fernandez.

A la esperada presencia de alcohol en la sangre, pues se sabía que había estado bebiendo con unos amigos en un bar de Miami, se une la sorpresiva notificación de que había también cocaína en su organismo.

Asimismo, el informe establece que Eduardo Rivero, uno de los acompañantes de Fernández, también estaba bajo los efectos de cocaína y alcohol, mientras que Emilio Macías, la tercera víctima del accidente, dio positivo por presencia de licor en su cuerpo, pero no estaba bajo la influencia de ninguna droga ilegal.

¿Cambia eso en algo la percepción sobre el ídolo de los Marlins?

Para mí, lo único que confirma el consumo de esa droga es que José era tan humano como cualquiera, aunque ahora salgan muchos a bajarlo del pedestal donde se colocó por derecho propio por su entrega al deporte, por su energía contagiosa, por su liderazgo y su carisma, por su ayuda desinteresada a la comunidad.

La sorpresa que reconozco que me causó este informe toxicológico no disminuye para nada el dolor de su prematura muerte, por lo que representó para la comunidad del sur de la Florida y por la alegría que le trajo al béisbol en su breve paso por las Grandes Ligas.

Que tire la primera piedra el que esté libre de pecado.

No creo que esta mancha haga mella en la huella que dejó en esta ciudad, aunque ahora salgan puritanos a gritar la consabida frase de que la juventud está perdida.

Tal vez las Grandes Ligas desechen la idea de crear el premio José Fernández al pelotero joven que más se entregue sobre el terreno de juego.

Quizás los Marlins ya no valoren el clamor popular de rebautizar el estadio con el nombre del lanzador que más victorias consiguió en ese parque.

Es posible incluso que algunos que firmaron la petición para cambiarle el nombre al Marlins Park ahora quieran dar marcha atrás.

Pero para la fiel fanaticada que cada cinco días acudía al estadio para verlo lanzar, será recordado como el fiero competidor con sonrisa de niño, que le devolvió a muchos el interés por los Marlins, aunque ahora haya quienes se empeñen en matarlo de nuevo.

Nadie se muere dos veces.

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