La escena final de la película "Moneyball" es algo bello en términos de hacer cine. El gerente de los Atléticos de Oakland Billy Beane tiene que tomar una decisión. Los Medias Rojas de Boston le han ofrecido $12.5 millones, pero dejar a Oakland significa que su relación con su hija nunca volverá a ser la misma. Beane coloca un CD con su hija cantando en el radio de su auto y se va conduciendo por lo que asumimos que es el Puente de la Bahía, y la película se va a negro.
A medida que sigue tocando la música, nos enteramos que Beane rechazó el trabajo con los Medias Rojas y se quedó en Oakland. Los Medias Rojas ganaron la Serie Mundial dos años más tarde utilizando muchos de los mismos principios que se utilizaron en Oakland. Y … "Billy sigue tratando de ganar el último juego de la temporada".
Y ahí se quedó. No se menciona -- a pesar que la cinta se estrenó en el 2011 -- que los Atléticos fueron a la postemporada en el 2006 a pesar de haber revelado todos sus secretos al resto del béisbol en el libro de Michael Lewis que inspiró la película. No se mencionó el cambio de dueños en el 2005 que le dio el poder a Lew Wolff y John Fisher.
Y sin la más remota idea de que los Atléticos se mantendrían ganando por mucho más tiempo que lo que sugeriría su nómina, inclusive por la próxima década, a pesar de haberse desarrollado una guerra de brazos de miles de millones de dólares en el Oeste de la Liga Americana, y en la que los Atléticos han sido meros espectadores.
Como ven, "Moneyball" la película quizás haya sido un buen evento cinematográfico. Pero en la vida real, nunca hay escenas finales o créditos de cierre. Hay una evolución. Y ha sucedido en parte porque los nuevos dueños de los Atléticos hicieron algo tan revolucionario en su campo como lo hizo Beane en el suyo. Ellos le dieron un pedazo del equipo a él, y lo hicieron una parte de ellos.
"Eso fue lo más inteligente que yo haya hecho jamás", dijo Wolff sobre la decisión de darle a Beane un cuatro por ciento de las acciones del equipo y al presidente del equipo Mike Crowley un uno por ciento. "Él es un visionario del negocio".
"Muchos dueños no lo habrían hecho, pero yo no creo que el cambiar de gerencia es la clave para que alguien atrape mejor una pelota".
No, lo que Wolff cree es que alimentarle a alguien su ego no es necesariamente algo malo. Que si le das a gente inteligente y talentosa el espacio para crecer, ellos van a crecer. Y entonces eventualmente, ese crecimiento es lo que va a separar la organización de la competencia en una forma estadísticamente importante.
"No solo un gran toque personal, sino también una brillante movida de negocios", dijo Beane. "Es un gran incentivo para un empleado cuando uno está metido de lleno en el negocio, y obviamente uno va a tomar decisiones que nos ayuden a mantenernos saludables".
Pero más que eso, Beane quedó revigorizado intelectualmente. Lo empujó a refinarse y a evolucionar los conceptos que funcionaron en el equipo del 2002 -- y luego en todo el béisbol -- en su cabeza. Lo puso a pensar sobre el negocio al igual que sobre el béisbol, lo que en cambio, lo hizo que pensara diferente sobre el béisbol.
Cuando hablamos esta semana, fue por la vía telefónica desde un compromiso como orador en las oficinas corporativas de Goldman Sachs en Nueva York.
"Lew reconoció que de todos modos me sentía intelectualmente inquieto, y esta fue una gran manera para tener un crecimiento personal y profesional para mí", dijo Beane. "Pienso que él reconoció temprano que yo era hiperactivo física y mentalmente".
Beane dice esto en su manera típicamente modesta, y luego se ríe para subrayar el punto. Pero no hay manera de ocultar el ingrediente secreto incrustado en esa declaración.
"La ventaja competitiva es fugaz", dijo Beane. "Tan pronto crees que la tienes, es posible que ya la hayas perdido. Eso nos mantiene alerta. Sabemos que alguien allá afuera está haciendo algo mejor, más sabio y más inteligente. Así que siempre tenemos un cierto grado de inseguridad intelectual".
Esa inseguridad puede ser una fuerza poderosa y creativa. Sin embargo, con el fin de seguir hasta donde sus instintos lo guíen a uno, ayuda el hecho de tener una buena estabilidad en el empleo. Ustedes saben, algo asi como ser dueño de una parte del equipo.
"Es como cuando un presidente es reelecto para un segundo término, finalmente puede ponerse a hacer algunas cosas sin tener que preocuparse por ser reelecto", dijo en broma Beane.
Beane estaba bromeando, pero no todo el mundo se echó a reir cuando se atrevió a hacer una de las movidas más atrevidas del 2011, al cambiar al prometedor zurdo de 26 años Gio González a los Nacionales por cuatro prospectos.
"Yo tuve un nieto que no me habló por cuatro meses cuando cambiamos a Gio", dijo Wolff. "Pero tuvimos una reunión a principios de los entrenamientos primaverales en donde me senté mientras Billy y David Forest y Farhan Zaidi se reunieron con los coaches para discutir lo que estábamos haciendo, y ellos realmente cuadraron un plan para ejecutarlo.
"Fue algo bien interesante. Alguien sentado allí que no estuviese cómodo con la forma en que nosotros operamos habría dicho, '¡Esto es una locura!' Pero yo pensé que era algo bastante cool."
Wolff pensó que era cool porque él hizo su fortuna en bienes raíces al pensar en el posible valor futuro de las propiedades, no en lo que lucían al verlas a simple vista. La localización era lo más valioso. Uno emplea buenos contratistas y arquitectos para que se hagan cargo del resto.
El tipo de vision e inteligencia que tenían Beane y su equipo de trabajo era el activo más valioso que tenían los Atléticos cuando Wolff y Fisher compraron la franquicia en el 2005 por $180 millones. El resto del acuerdo tenía sus fallos. Los Atléticos estaban jugando en un estadio viejo y demacrado que ni siquiera era hospitalario, ni rentable. Ellos tenían una de las bases corporativas más pequeñas en las mayores, no tenían jugadores superestrelllas mercadeables, o alguna habilidad real para retener a los jugadores jóvenes que podrían convertirse en estrellas.
Todos esos retos se mantienen vigentes nueve años más tarde, a pesar del reclamo constante de Wolff para que resuelva el problema del estadio. Y a pesar de ellos, los Atléticos siguen ganando. El banderín del Oeste de la Liga Americana de este año marca su tercera aparición en playoffs en nueve años y su segunda de forma consecutiva.
"Él ha sido un dueño maravilloso en una situación muy difícil", dijo el comisionado del béisbol Bud Selig. "Es una gran historia. Le doy el crédito a Lew y a los Fisher y a Billy Beane. El año pasado fue increíble y este año ha sido más increíble aún.
"Estoy orgulloso de ellos. Ha sido una historia increíble de éxitos ante muchas probabilidades en contra".
Una relación a largo plazo
Por supuesto, Selig es tanto la razón por la que Wolff está en el béisbol como una de las razones por las que el asunto del estadio de los Atléticos sigue sin resolverse.
Ellos fueron hermanos fraternos en la Universidad de Wisconsin a mediados de la década de los años 50, y han estado juntos todos estos años.
"Bud era el presidente", dijo Wolff. "Bud siempre era el presidente".
Selig dijo: "Mi madre estaba buscando algunas de nuestras fotos de fraternidad y encontró una muy buena, excepto que este tipo estaba dándole la espalda a la cámara", dijo Selig, contando la historia con gusto. "Hay 100 personas mirando la cámara y sonriendo y este único tipo de espaldas. Mi madre me dice, '¿Quién es este tipo?' Y yo le dije, 'Ese es Lew Wolff.' Y ella dijo, 'Buddy, dejame decirte algo ahora mismo, 'Él nunca va a llegar a nada en la vida'".
En el 2002 Selig reclutó a Wolff -- quien había hecho su fortuna en bienes raíces y comprando acciones en los St. Louis Blues y los Golden State Warriors a lo largo de los años -- para unirse a los Atléticos. Él estaba enfocado en resolver el asunto del estadio de los Atléticos.
"Mi única concentración era como hacerlo en Oakland", dijo Wolff. "La gente tiende a olvidar cuanto tiempo pasamos tratando de hacer las cosas en Oakland. La prensa local se la pasa diciendo que no lo hemos intentado -- pero se equivocan".
Luego de eso la atención se centró en la ciudad de Fremont, al este de la Bahía, donde los Atléticos compraron un local por $80 millones con la esperanza de que se podría construir allí un estadio. Eventualmente el proyecto fracasó y los Atléticos se quedaron con la propiedad. Wolff dice que ellos se han quedado con la propiedad lo suficiente como para que el valor de la misma haya subido para poder revenderla y tener una pérdida de $25 millones o menos.
Luego de eso, los Atléticos enfocaron su atención a San José y aseguraron un acuerdo con la compañía de tecnología Cisco para darle su nombre a un moderno estadio de 34,000 asientos.
Pero hay un problema: los Atléticos ya habían entregado los derechos territoriales del mercado de San José a los Gigantes de San Francisco (sin compensación, cuando ellos necesitaban apoyo para construir su nuevo estadio). Los Gigantes no los van a entregar de vuelta ahora sin una generosa compensación económica.
Selig design un comité para estudiar la situación hace cuatro años. En el interín, San José perdió la paciencia y radicó una demanda anti monopolio contra MLB contra los deseos de Wolff, las condiciones del Coliseo O.co se han deteriorado, y la base de fanáticos de los Atléticos se ha molestado tanto y se ha hartado tanto de los involucrados en la situación, que la asistencia al estadio ha disminuído.
Mientras los abogados le dan largas al asunto y el comité sigue estudiandolo, Wolff sigue haciendo arreglos alternativos. Dijo esta semana que está dispuesto a extender el contrato de alquiler de los Atléticos con el O.co Coliseum por otros cinco años con tres opciones adicionales de un año "a un precio tres veces mayor del que hemos estado pagando" con suficiente dinero al frente "para poder hacerle algunas mejoras al Coliseum".
Pero esta no es la solución a largo plazo, y todo el mundo involucrado en esto lo sabe.
"Yo no digo esto a la ligera. Nosotros sabemos que el estadio actual en el que jugamos está obsoleto y que tiene toda clase de problemas", dijo Selig. "Nadie está más consciente de esto que yo. Tenemos un comité que está estudiando el asunto y sé que se ha tomado mucho mucho. Esto ha probado la paciencia de mucha gente, pero es una situación muy difícil, con muchos asuntos complejos. Pero vamos a trabajar para resolverlo porque necesitamos encontrarle una solución".
Selig dijo que es una prioridad para él para resolverlo antes de irse del cargo luego de la próxima temporada.
Pero, por supuesto, ha sido una prioridad tanto para Selig como para Wolff por más de una d;ecada, y todavia no se ha resuelto nada. Wolff nunca ha podido esconder su frustración.
"Bud es, para ponerlo de forma delicada, deliberativo", dijo Wolff. "Ellos [el comité] ha pasado cuatro años y medio viendo a ver si se me ha pasado algo en Oakland o Fremont y no han podido encontrar nada.
"Estamos siguiendo un proceso que puede parecer insoportable, pero que es justo. Eso es lo que hace el comisionado del beisbol. Hace mejor al béisbol. Lo está dejando mucho mejor de lo que lo encontró. Y nos está dejando a nosotros mucho mejor que lo que lo encontramos".
Ganar comoquiera
El hecho de que esta historia sea sobre el hecho de que los Atléticos están llegando por segundo año seguido a los playoffs a pesar de tener una nómina de $62 millones en una división cargada de nuevos ricos en el béisbol, y no sobre el vergonzoso incidente de junio pasado cuando una gran tormenta causó una fuga de aguas negras en el Coliseum que inundó ambos camerino es realmente algo sorprendente.
Ahora, si una fuerte tormenta causa algo como eso durante los playoffs, todas las historias que se escriban serán sobre eso. Pero por el momento, todo eso se acumula en la pila de los "retos" que los Atléticos han tenido que sobrepasar esta temporada, y cada temporada desde que el panorama financiero del béisbol comenzó a cambiar a mediados de la década de los años 90.
Wolff y Beane han evitado contestar preguntas sobre lo que podría hacer un nuevo y moderno estadio para la franquicia. Por supuesto que fortalecería su negocio y los ayudaría a competir mejor contra sus rivales cada año.
"En última instancia, nuestra meta sería si los padres le compran a sus hijos una camiseta del equipo con el nombre en la parte posterior, la que en realidad duraría unos pocos años", dijo en broma Beane.
Él dice bromas sobre esto, porque no hay nada que él o Wolff puedan decir en este punto que vaya a importar demasiado en el proceso. Selig es quien tiene esas llaves, y todo el mundo involucrado tiene que confiar en que él bregará con el resto de los dueños para resolver el problema antes de que se vaya del cargo.
Aunque Selig se está moviendo más lento que lo que Wolff quisiera, su historial sugiere que eventualmente lo va a lograr. Ambos recuerdan la historia de cómo un Selig, en ese entonces con 20 años, practicamente secuestró a todos los miembros de la fraternidad en un cuarto y no dejó que nadie se fuera del lugar hasta que un jugador negro de football americano llamado Charlie Thomas fuera aceptado en la fraternidad.
Fue el primer africano-americano en unirse a una fraternidad en Wisconsin. Fue en 1955. Un año depués de la decisión del Tribunal Supremo Brown vs. Board of Education que permitió la integración en las escuelas públicas.
"Esa reunión podría suceder hoy en día", dijo Wolff. "Bud no iba a dejar que nadie se fuera hasta que Charlie fuese aceptado en la fraternidad. Probablemente fue un precursor de la manera en que él opera. … Esa fue la semilla de lo que es este hombre".
Así que sí, Wolff tiene fe en que su viejo compañero de universidad logré resolver esto. E igualmente, Selig tiene fe de que Wolff sea un buen ciudadano hasta que se logre.
"Lew es uno de esos dueños que, desde el inicio, sabía que los mejores intereses del béisbol son lo más importante", dijo Selig. "Quizás tenemos un asunto en el que discrepamos de vez en cuando, pero siempre se ha mostrado cooperador por el bien del deporte".
Así que por ahora, el asunto está sobre la mesa.
Estamos en los playoffs, y estamos de vuelta a la escena final de la película, donde "Billy sigue intentando ganar el último juego de la temporada".
El lograr eso un día sería un glorioso final para un gran legado de béisbol. La prueba que el pensar diferente y tener el coraje de seguir tus convicciones te pueden ganar todo. Pero además es la evidencia que confiar importa mucho también.
Wolff confió en Beane, así que Beane pudo confiar en sí mismo y en sus instintos. Los ha empujado más allá del lugar donde Hollywood dejó la historia.
"Nosotros tenemos que tomar riesgos", dijo Beane. "Porque tienen que haber diferencias entre la manera en que nosotros corremos nuestro negocio y la manera en que lo hace el resto. De otra forma, nosotros terminaríamos donde nuestra nómina dice que deberíamos hacerlo".
