GUADALAJARA -- En 1994 la franquicia de los Leones Negros fue vendida y dejaron de existir en la Primera División.
Durante años deambularon en el purgatorio de la Segunda División, y después hubo intentos de resurrección en la Primera A con el nombre de Bachilleres como una filial del Atlas que sirvió de laboratorio para foguear a un tal Jesús Corona, Mario Méndez, Juan Pablo "Loquito" García, y el "Mochis" Urteaga.
Su numerosa afición seguía en pausa, viviendo de los años gloriosos en los que recordaban la década de los años setenta, cuando aparecieron en la Primera División bautizados como el "equipo que nació grande" porque en sus dos primeros años en el Máximo Circuito jugaron dos finales de Liga, una ante Pumas, y otra ante América. Sus jugadores brasileños Jair, Roberto da Silva, Amaral, Nene, y Eusebio, junto con Nacho Calderón, maravillaban y con el transcurso de los años continuaban como protagonistas y animadores en las Liguillas.
El año 1990 fue el último en el que los Leones rugieron en dos finales. Una de Copa en la que doblegaron al América con un Alfredo Tena bañado de sangre, pero que no pudo evitar la caída de sus Águilas.
Pero faltaba culminar la obra con un título de Liga, y se encontraron con el Puebla de Manuel Lapuente que superó al estratega Alberto Guerra y sus pupilos Daniel Guzmán, Alfonso Sosa y Víctor Manuel Aguado.
Los Leones nunca pudieron ser campeones de Liga en Primera División.
Esta noche de 27 de noviembre ante Necaxa en el juego de ida de la final de Ascenso ha vuelto la esperanza para el posible retorno, y el grito de "¡UdeG!" de 52 mil aficionados inundó el Jalisco, igual que en los viejos tiempos como un mensaje a las autoridades de la Universidad para invertir más y demostrar que los Leones pueden rugir y dar la batalla en la Primera División.
