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Desafía a Vucetich el síndrome de los 'niños caguengues'

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Chivas le da las gracias a Luis Fernando Tena (0:41)

Estos son algunos de los números que dejó el ex DT del Rebaño a su paso por la institución. (0:41)

LOS ÁNGELES -- Mire Usted: ahora resulta que en el seno de Chivas hay algunos jugadores inconformes. ¡Pobrecitos! Se rebelan porque se les exhibe como indisciplinados y porque no hay premios cuantiosos por empatar ni por ganar.

Y se sienten desmotivados. Y entonces eligen perder, porque asumen que les pagan para perder, si no hay estímulos para ganar o empatar. ¿Cínicos o sinvergüenzas? ¿O ambas lacras?

¿Qué demonios ocurre con el futbolista cuando llega a Chivas? El humillante calificativo de Jorge Vergara hacia sus jugadores cumple ya 18 años. Y sigue vigente: “niños caguengues”.

El latigazo brutal y denigrante, lo soltó Jorge Vergara recién tomando posesión de Chivas. Aquellos jugadores exigían cobrar las primas por puntos que les había prometido la Promotora de Salvador Martínez Garza.

Vergara repudió la idea. “Van a jugar y van a ganar, porque es su chamba y eso es lo que quieren hacer (…) Si los siguen tratando como niños chiquitos lo que vamos a recibir es a niños caguengues”.

Dieciocho años después, muchos jugadores que llegan a Chivas, ratifican el ignominioso concepto de Jorge Vergara: “Niños caguengues”. Dinero, mucho dinero; fama, mucha fama; mimos, muchos mimos; placeres, muchos placeres, pero de futbol, poco que hablar.

“Lo que queremos (en el Guadalajara) es gente madura, que tenga la fortaleza y que sepa que tiene que cumplir su trabajo, que para eso se les paga”, dijo en diciembre de 2002 Jorge Vergara. Usted, aficionado rojiblanco, ¿ha visto cambio de actitudes en los jugadores de Chivas? Sólo unos cuantos se escapan.

Aclaremos: el término caguengue es parte del lenguaje coloquial en México. No es ofensivo, sino descriptivo. Dícese de quien actúa de manera caprichosa, mimada, infantil, aniñada, quejumbrosa, llorona, o todo junto.

Y ahora este elenco de valedores se inconforma porque se les denuncia si se van a zapatear y berrear con una banda de pueblo; o son exhibidos como Don Juan disfuncional; o se van a un par de serenatas en plena pandemia, o simplemente condicionan su rendimiento en la cancha al tamaño de la recompensa. En mi pueblo les llaman de otra manera, pero dejémoslo en que hay meretrices menos remilgosas y melindrosas.

El exilio de Luis Fernando Tena no se debe sólo a eventual incompetencia del entrenador, sino a que los mandos del equipo llevaron mala hierba a donde ya había hierba mala. Hoy, extirparla, desarraigarla, cercenarla, será una labor herculina. Debe quedar claro que las plagas se exterminan. ¿O esperarán bobaliconamente tulipanes de entre la hiedra?

En Chivas hay jugadores capaces de generar futbol. Y de generar buen futbol. Pero la voluntad de grupo, el compromiso de equipo, la solidaridad estoica de una fraternidad, no existe, cuando unos eligen el desmadre como conducta de vida.

Es una reacción química irrefutable: una gota de porquería contamina un estanque de agua pura; una gota de agua pura no higieniza un estanque de porquería.

Y es claro: si Luis Fernando Tena contempló la forma en que se gangrenaba su equipo y su proyecto, y no pudo rescatarlo, era inevitable que se fuera. Si no fue capaz de ser la solución terminó siendo parte del problema.

¿Sabe Ricardo Peláez todo lo que ocurre en el vestidor? ¿Sabe Amaury Vergara todo lo que ocurre en el vestuario? Ellos, todos, Tena, Peláez y Vergara tienen absoluta responsabilidad, pero culpables únicos son esos jugadores, esos que desde hace 18 años, nacen, crecen, se reproducen y no mueren, y que Jorge Vergara estigmatizó genuina y perfectamente como “niños caguengues”.

Víctor Manuel Vucetich sabe tratar a los jugadores. Sabe meterse en la cabecita de cada uno. Es probable que pueda revocar el daño que han hecho estos gigolós del futbol que se ostentan bajo el privilegio de ser moscardones becados por el Guadalajara.

Lo ejemplificábamos en el blog del domingo: Vucetich hizo funcionar, con una alta dosis de bilis de por medio, al mismo Ronaldinho, que llegaba a Querétaro a cobrar por su pasado. Aún así, jugando con diez y medio, llevó al equipo a la Final.

¿Recuerdan el vía crucis semestral de Vucetich con Monterrey? En cada receso entre torneos, El Chupetes Suazo se reportaba tarde. Argumentaba problemas familiares, o que ya quería jugar en Chile o en otro país sudamericano, o cualquier otra patraña. Al final, Suazo regresaba y Vucetich lidiaba con sus caprichos, y aún hoy, el atacante chileno es un referente histórico venerado por la afición de Rayados.

¿O se olvidó de la Pantera Osmar Donizette con los Tecolotes? Un futbolista con notables facultades, al que Vucetich fortaleció y metió al orden, al grado de que en cierto momento recuperó su cotización en el balompié de Brasil y fue convocado a la selección de su país.

Ése será el reto del ex Rey Midas. Aparte de lograr que su pizarrón le dé sentido futbolístico a Chivas, deberá hacer una trepanación y clonar o injertar unas cuantas neuronas en el cacumen infértil de los jugadores para tratar de sanar las dañadas neuronas de estos que cíclicamente invaden a Chivas y que desde hace 18 años, Jorge Vergara los estigmatizó dentro del síndrome de “niños caguengues”.

Aseguraba Steve Jobs que “la única forma de hacer un gran trabajo, es amando lo que haces”. Algunos jugadores del Guadalajara creen que es mejor destruir lo que hacen.