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Chivas y sus 'sementales'

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¿Por qué siempre Chivas? (2:09)

Rafa Ramos no puede entender que siempre le pase a Chivas que sus jugadores se descarrilen como pasó a Calderón el pasado sábado. (2:09)

LOS ÁNGELES -- El Pollo Briseño perreando. El Chicote Calderón zapateando. La Chofis López en el trenecito del jacuzzi o en el Calatrava. Ahora se pretende estigmatizar con infidelidad a El Brujo Antuna.

Hace semanas en un video, preguntábamos: ¿Por qué siempre Chivas? Sin olvidar a Alan Pulido huyendo de la escena del choque y dejando embarcado y embargado a su cocinero de cabecera.

Cierto es: la afición del futbolista en general por la fiesta no puede circunscribirse sólo a Chivas. Sería injusto, pero más allá del caso Salvador Cabañas (América), en el Guadalajara ha habido desde graves accidentes hasta tragedias.

¿Cómo olvidar esas camionetas cerradas con numerosas acompañantes que se presentaban siempre a disposición de Cuauhtémoc Blanco cuando en su época de jugador visitaba Los Ángeles? Y etcétera, etcétera, etcétera…

Lejos de justificar al futbolista, diversos preparadores físicos explican esa propensión de muchos jugadores por buscar todo tipo de acción fuera del club y fuera de su hogar. Y si son solteros, no hay riendas que los contengan.

Un estudio japonés revela que el método Tanaka (HIIT), entrenamiento con intervalos de alta intensidad, es la mejor forma de incrementar notoriamente el nivel de testosterona en el hombre.

El futbolista, por sus sesiones de entrenamiento, generalmente entra en etapas progresivas de HIIT. Y mientras más dedicado, responsable e intenso es en la práctica, acumula más testosterona.

“Es como soltar un semental sin freno y que además tiene las tardes libres”, explicaba el alguna vez preparador físico de Chivas, Fernando Alarcón.

Y si encima el jugador es soltero o tiene una relación inestable, la bestia busca desahogo de esa testosterona.

Este es el detalle médico y fisiológico. Claro, hay aspectos humanos, éticos y disciplinarios, que a veces algunos jugadores asumen, pero no todos.

Por eso, había épocas en las que los entrenadores decidían trabajar dos veces al día, temprano por la mañana y pardeando la tarde. Lo que en la cancha se gana, en la cancha se deja, hablando de testosterona, claro.

“Los mandamos cansaditos y sólo piensan en llegar a dormir”, recordaba Alarcón, entrenador de todas las confianzas de Alberto Guerra durante la época en Chivas.

¿Por qué siempre el Guadalajara? Preguntábamos en ese video en ESPN y hablábamos de los casos de Gaby García y Marco Fabián de la Mora, dos jugadores que mostraban costuras de jugadorazos. La vida nocturna se los bebió a ellos antes que ellos se dieran cuenta de los excesos.

Ellos aseguraban que preferían besar el balón después de un gol, que una botella con alcohol. Entre el dicho y el hecho, se consumieron como las figuras que debían ser, en especial Marco Fabián, quien hace unos días demostró que puede ser el alma de la fiesta hasta en Catar, al ritmo del popular reggaetón La Tusa.

Ha habido casos dramáticos. En la historia de Chivas. Deberían servir como advertencia a estas felices, fiesteras, cachondas y perrunas nuevas generaciones.

1.- OCTAVIO MUCIÑO…

Notable rematador de cabeza, el apodado Centavo pasó de ser ídolo en aquel espectacular Cruz Azul, a ser adoptado en Chivas, especialmente tras ganar el título. Su futuro se encauzaba de maravilla. Jugador regular, comprometido, pero la tragedia vive alcoholizada.

En junio de 1974, Muciño acudió a cenar a un restaurante popular en Guadalajara, Carlos O’Willys. Iba acompañado de sus amigos Jesús Prado, Eduardo Navarro y Gustavo Ochoa, además de sus parejas.

Esa noche, el futbolista de Chivas fue provocado por un parroquiano. Jaime Muldoon Barreto lo increpó en cuestiones de futbol y pasó al insulto personal. Muciño lo confrontó, se liaron a golpes. Fueron separados y el provocador fue echado del restaurant.

Júnior típico, hijo de millonario, Muldoon Barreto aguardó hasta la madrugada, afuera del local, la salida de el Centavo, quien intentó apaciguar la situación. Pero, el tipo, sacó una pistola, le disparó tres veces, un impacto en la cabeza y otro en el pecho.

Muciño fallecería horas después. ¿El agresor? Impune a pesar de los testimonios y las pruebas confiscadas.

2.- JAIME LÓPEZ

Aún se lloraba la muerte de Muciño, cuando sobrevino otra tragedia para el Rebaño. Jaime López, defensa campeón con ese mismo Guadalajara, fue asesinado el 26 de junio de 1974, tras recibir 15 impactos de bala.

En la madrugada, Jaime López departía con un líder estudiantil de la FEG, Francisco Preciado, además de otras personas. Tuvieron un altercado con las personas del tugurio, por entonces la casa de citas más famosa de Guadalajara, en la Zona Roja, ubicada en la Calle 54.

Al salir del lugar, Jaime López y Preciado fueron acribillados. Las investigaciones nunca arrojaron una versión creíble. Se especuló con que había sido una venganza por la violencia estudiantil de esa época o que habían sido ajusticiados por personal vinculado al mismo antro.

Claro, nunca hubo ni sospechosos, ni detenidos ni acusados. De hecho se vino un silencio estampa en todos los ámbitos. Se volvió tema tabú.

Claro, ha habido otros incidentes, afortunadamente no fatales. En agosto de 2004, el Venado Medina y Omar Bravo fueron detenidos en estado de ebriedad, Grado 1 y Grado 2, respectivamente, tras pasarse un alto.

El Venado conducía su BMW y Omar su camioneta Liberty. Eran las cinco de la mañana e iban a sacar dinero de un cajero, para pagar la cuenta pendiente, acompañados del guardia de seguridad del centro nocturno donde habían pasado la noche.

La policía los detuvo al detectar la forma desordenada de conducir. Estuvieron detenidos seis horas y pagaron una multa.

Y sin pertenecer a Chivas, pero en el mundo del futbol, los trágicos casos de César Andrade (Atlas), quien por un accidente y conducir en estado de ebriedad, pierde una pierna en el percance.

O la devastación provocada por Joao Malek conduciendo en estado de ebriedad y a exceso de velocidad, al provocar la muerte de los recién casados María Fernanda Álvarez y Alejandro Castro.

El futbolista es un tipo privilegiado, predestinado. Sin embargo, a veces es el último en entenderlo, y a veces demasiado tarde. Y no le justifica el que su rutina diaria le convierta en “un semental sin freno”.