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COVID-19: Conoce a las mujeres que sacrificaron su deporte para trabajar en primera línea

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Caro Padrón reflexiona acerca de los desafíos de periodistas y atletas en el mundo del deporte (2:15)

caro compartió su percepción en como ha cambiado el mundo del deporte en torno a la mujer en los útlimos años. (2:15)

Durante la pandemia por coronavirus, estas atletas dieron un paso al frente para ayudar a mitigar el problema en sus comunidades

En 2020, el COVID-19 asoló al mundo. El virus, transmitido silenciosamente, puso de rodillas a los servicios públicos en todo el mundo. Los trabajadores en primera línea ya no eran solo médicos, enfermeros u oficiales de policía. De repente, se convirtieron en terapeutas para los miembros de sus comunidades que lo habían perdido todo.

En medio de tanta desolación, las atletas femeninas de elite, que normalmente suelen equilibrar la práctica del deporte con sus respectivas vocaciones, dieron un paso al frente.

Fueron el último rostro amigable que muchas personas vieron antes de que sus vidas se desvanecieran. Dieron sus manos a muchos que luchaban por respirar, mientras sus familiares se resignaban a verlos a través de Zoom. Eran ellas quienes decían a otros que todo estaría bien, a pesar de no poderlo prometer con toda certeza. 
“Vi tantos pacientes quienes creía que no enfermarían de no ser por esto”, comentó a ESPN Niamh Cooper, médico especialista en accidentes y emergencias, profesión que comparte con la práctica del netball, como miembro del equipo Surrey Storm.

“No pueden tener a su hija, no pueden tener a sus esposos presentes para tomarles de la mano y decirles: ‘No te preocupes, todo estará bien’.

“Eso nos impone una terrible carga extra de presión para personas como yo y el cuerpo de enfermeras, intentando tranquilizarles. Y muchísimas veces no les podemos consolar, porque no estamos totalmente seguros de la evolución de su condición dentro de unos días, o incluso, en cuestión de horas”.

Las experiencias de Cooper fueron la dura realidad para una cantidad de atletas, que normalmente utilizarían la práctica deportiva para equilibrar las cargas que conllevan los aspectos más difíciles de sus respectivos empleos. Pero, cuando el mundo del deporte se paralizó, ya no contaban con dicha válvula de escape.

“Dentro de ti, piensas: ‘Estoy esforzándome’. Luego, tienes que ir e intentar lidiar con miembros de la población en general que confrontan dificultades, y tienes que quitarles aún mayores libertades, dentro de un ambiente en el cual las libertades de todos ya se han visto limitadas”, expresa Emma Adams, detective policial y jugadora internacional con la selección de lacrosse de Inglaterra.

“Esa sensación de tener que dar más malas noticias, dentro de una situación ya mala. Así se sentía por mucho tiempo”.

Estas son las historias de las atletas de elite que sacrificaron todo, desde la práctica del deporte hasta sus propias familias. Todo con el fin de mitigar el impacto del COVID-19 dentro de sus comunidades.

Marzo de 2020

Para Adams, la realidad del COVID-19 empezó a sentirse cercana luego de reincorporarse a sus labores, tras haber sufrido una infección en el pecho durante los primeros días de la pandemia. 
“Volví, y en mi primer turno, creo que tratamos 7 fallecimientos súbitos, todos relacionados con el COVID”, expresa. “Para mí, eso fue algo verdadera y realmente devastador y aterrador, y pensé: ‘Oh, Dios mío, existe la posibilidad de contagiarme con esto”.

Adams forma parte de un equipo de seguridad vecinal. Su función principal era acudir a las comunidades y tratar con el público.

“Para nosotros, era algo realmente difícil de comprender; porque muchas veces, cuando tratamos con personas que deben ser detenidas, algunas veces necesitamos entrar en contacto directo con ellas”, afirma.

“Por ende, para nosotros fue bastante aterrador, si soy sincera; porque nos encontrábamos en una posición en la cual nos decían que, si nos acercábamos a la gente, tenías posibilidades de contagiarte con este virus, que está matando a miles y miles de personas. Y a pesar de ello, debes seguir haciéndolo, porque ese es tu trabajo”.

La labor de Adams se hizo más difícil de desempeñar, debido a la falta de acceso a equipos de protección personal (EPP). Inicialmente, para muchos era imposible acceder al equipo protector, porque la demanda superaba con creces la oferta. A menudo, esto ocasionó que ella y sus colegas se vieran obligados a tratar con distintas situaciones en medio de un completo desamparo.

“Creo que no tenemos máscaras desde hace aproximadamente un mes, y eso que apenas empezamos a utilizar los equipos de protección personal en su totalidad”, afirma.

“Cuando se produce una muerte súbita, tenemos que acudir, tenemos que buscar el cuerpo, debemos estar dentro del ambiente; por eso, era sumamente aterrador acudir sin equipos de protección personal”.

Por su parte, la jugadora paralímpica de tenis de mesa y profesora de escuela primaria, Sue Gilroy también estaba profundamente consciente de los peligros asociados con el virus. Gilroy sufre del denominado Síndrome Ehlers-Danlos (SDE), aparte de Fibromialgia y Síndrome de Dolor Crónico; condiciones que le hacen formar parte del grupo de “alto riesgo”. En Inglaterra, se les instruyó a las personas que entran en dicha categoría que no salieran de sus residencias en ninguna circunstancia. De ser posible, se les pedía que adquiriesen productos con entrega a domicilio y hacer ejercicios exclusivamente a solas.

“Los entrenamientos se paralizaron por completo; así que fue muy difícil porque, debido a mi discapacidad; si no estoy entrenando, es obvio que mis niveles de dolor y mi condición de discapacidad también empeorarán mucho”, comenta Gilroy a ESPN.

“En mi caso, particularmente siendo trabajadora clave, suelo hacer gran parte de mis entrenamientos por las noches y fines de semana; entonces, ahora no podía hacer nada de eso. No asistíamos a torneos y eventos, lo que no hemos hecho por espacio de un año. Es un cambio importante”.

Los empleos y entrenamientos no eran los únicos elementos ausentes de sus vidas. Jade Knight, jugadora de rugby con la selección de Gales y de oficio partera, pasó 12 semanas separada de su hijo Emrys, de 5 años, mientras ella laboraba en Londres y él permanecía acompañado por sus familiares.

“Fue una época extremadamente intensa. Miro atrás y me pregunto cómo lo superé, porque fue horrible”, expresa a ESPN.

“Fue una experiencia sumamente dura: primero, tener que aprender a ponerte los equipos protectores personales; y segundo, lidiar con tus emergencias y después, sólo tener un cambio de guardia de parteras, para no poder volver a casa después de ese turno tan horrendo o simplemente, después de un fuerte día de entrenamientos y no poder disfrutar de un pequeño abrazo con mi niño pequeño. Fue difícil”.

“O finalmente, poder hablar con él por FaceTime y verle llorar. Fue sumamente duro. Lo superamos. Ojalá nos hayamos fortalecido gracias a ello. Pero, sí, ahora no doy las cosas por sentado”.

Para Lucy Gossage, ex triatleta profesional y que actualmente practica la oncología, el punto de quiebre fue la frustración de ver que las personas no entendían lo complicado de esta situación.

“Obviamente, al inicio estábamos aterrados y nos lavábamos las manos todo el tiempo. Me cuesta mucho entender, porque creo que, al inicio me sentía más nerviosa que el público en general y me di cuenta de que me enfadaba mucho con la gente, que actuaba como si nada, particularmente el hombre con quien vivo, que me decía: ‘Cálmate, no pasará nada’”, expresó Gossage a ESPN.

“Entonces, cuando volví a trabajar, me di cuenta de que no puedes limitarte a ser paranoico”.

Las personas que jamás olvidarán

Adams afirma que uno de los aspectos más difíciles de la labor policial era separar lo que se necesitaba hacer para mantener a las personas a salvo, a la vez que se apreciaba la magnitud del sufrimiento que éstas experimentaban.

“Situaciones tales como, cuando nos veíamos obligados a ir a reprender a la gente, simplemente por sentarse en un parque. Es tu trabajo, así que estás consciente de que debes cumplir con ello; pero a la vez te sientes terrible, porque la gente simplemente intenta proseguir con sus vidas de la mejor forma posible, pero también infringen las normas”, expresa. 
“Nuestra labor es asegurarnos de que la gente se mantenga a salvo, y nos lo debemos recordar constantemente. Fue un reto colosal, cuando eras capaz de ver que los individuos confrontaban verdaderas dificultades”.

Una dama en particular permanece en los recuerdos de la oficial de policía. Tenía 23 años, con cuatro hijos menores de 4 años. Se le instruyó a Adams que acudiera a su residencia, aproximadamente tres meses después de iniciarse confinamiento, porque una amiga estaba preocupada de que fuera a herirse. Acababa de perder su empleo y tenía dificultades para seguir adelante.

“Cuando hablé con ella, se sentó y me dijo: ‘Ya no quiero estar aquí, jamás seré capaz de volver a tener un empleo, tengo cuatro hijos de los que no puedo cuidar, no les puedo dar de comer, no puedo hacer esto, no puedo hacer lo otro. Ya no quiero estar aquí”.

“Para mí, eso fue realmente difícil porque, cuando ya te encuentras en una posición en la cual la vida es sumamente complicada, intentando alentar a otra persona a seguir viva y de que consiga ayuda. Fue un escenario difícil”.

“Realmente, me impactó ver cuán duro está impactando esta situación a la gente. Yo tengo un empleo y tuve la fortuna de mantenerlo, y siempre seré afortunada en ese sentido. Pero no todos han corrido con la misma suerte”.

Gilroy ha visto de primera mano los efectos que la pandemia ha causado sobre los niños que se han visto obligados a permanecer encerrados, frente a toda clase de pantallas, por horas sin fin, día tras día. Ella llegó a extrañar los contactos personales inherentes a su labor, aparte de poder ver a sus hijos diariamente.

“También pienso en las repercusiones que esto ha causado sobre los niños y las familias”, expresa. “Cuando permanecen en casa, la interacción con los amigos, también tenemos las pérdidas en su aprendizaje. Durante la primera cuarentena, los niños se quedaron casa, pero no se les impartió un programa de estudios completo, aunque creo que eso ha mejorado en esta oportunidad”.

“Ese primer confinamiento, con tantos meses en los que no fuimos capaces de impartir lecciones apropiadas a los niños… Así que es todo un reto, sobre todo para las familias, o quienes siguen intentando trabajar”.

Es normal que el embarazo conlleve algunas preocupaciones naturales. Sin embargo, gestar un niño durante una pandemia, sin el apoyo con el que normalmente se contaría; especialmente, la compañía de la pareja o un familiar para las citas médicas, fue difícil para las mujeres, según afirma Knight.

“Estar encinta por primera vez es algo sumamente intimidante para muchas mujeres; pero, dentro de una pandemia, cuando no teníamos muchas investigaciones concretas sobre el coronavirus; y obviamente, con todos los cambios de política en muchos hospitales, no se permitía el ingreso de las parejas como acompañantes en la labor de parto. Y esa era una pregunta importante, que las mujeres hacían con mucha frecuencia”, agrega Knight.

“Obviamente, se trataba de apoyarles y siempre priorizando la comunicación, informándoles de todo, para que no tuvieran que entrar en labor en medio de una incertidumbre y desconocimiento aún mayores. Creo que lo desconocido es lo que infunde miedo, y la impredecibilidad es algo súper aterrador”.

Cooper se enfrentó a múltiples elementos inciertos y desconocidos en la sala de urgencias. A diferencia de lo que ocurre en tiempos normales, cuando la gente es acompañada por sus familiares para prestarles apoyo, solo Cooper y sus colegas estaban presentes. Una mujer permanece grabada en su memoria. Tenía edad similar a la de su madre, con tres o cuatro hijos, y padecía cáncer de seno. Su pronóstico no era positivo, pero al menos le quedaba un año por vivir. Le faltaba el aire más de lo normal y terminó ingresada en la sala de emergencias, donde dio positivo por COVID-19.

“Cuando la vi, estaba realmente enferma, pero no tenía idea de lo enferma que estaba”, afirma Cooper.

“Por los resultados de su prueba, podía darme cuenta de que la situación no era muy positiva, y probablemente… había grandes probabilidades de que, para ella, éste podía ser un suceso que pusiera fin a su vida. Lo que probablemente significaba que sólo contaría con unas semanas de vida, en vez de un año; y ella me contaba todas esas historias sobre sus hijas y simplemente me hizo pensar en cómo serían las cosas si ella fuese mi madre, y como yo querría estar en el hospital con mi madre, acompañándola”.

“No podía contar con la presencia de sus familiares. Sólo podía llamarles por teléfono y ella no tenía idea de cuánto tiempo pasaría en el hospital, de cuándo podría volver a casa, si valiera la pena mantenerla hospitalizada, si debía ir a casa y estar con ellos. Fue muy duro, me afectó de verdad, realmente me rompió el corazón”.

En busca de un poco de normalidad


El panorama en marzo de 2021 dista de muchas formas al de marzo de 2020. Cada semana se administran millones de dosis de vacunas en todo el mundo. El COVID-19 sigue siendo un virus silencioso y amenazante, pero ahora lo entendemos mejor. Hay menos caos y más traumas silenciosos, luego de vivir un año entre cuarentenas y miedos.

En lo que respecta a estas cinco mujeres, algunas han podido regresar a la práctica de sus disciplinas deportivas. Cooper ha vuelto a jugar con el Surrey Storm de la Netball Superleague. Knight ha tomado una pausa en su labor como partera, para prepararse con miras a la edición 2021 del Torneo Six Nations, que se celebrará dentro de un mes. Gossage planifica su próximo reto alocado.

Sin embargo, Adams y Gilroy siguen esperando conocer la fecha de retorno a sus entrenamientos y partidos. En el caso particular de Gilroy, cuya condición de discapacidad mejora considerablemente con la actividad física, éste ha sido un duro año de espera.

“Los entrenamientos se paralizaron por completo; por ende, eso fue verdaderamente difícil por mi discapacidad”, expresa. “Si no estoy entrenando, es obvio que mis niveles de dolor y discapacidad empeoran mucho. Por eso, tengo que lidiar con una condición médica que se ha visto sumamente perjudicada”.

“Tendremos que participar en un evento clasificatorio [para los Juegos Olímpicos de Tokio], e intentar vencer a las mejores del mundo, cuando hemos disputado pocos partidos competitivos, o ninguno. No hemos jugado contra atletas extranjeras por más de un año; entonces, ese será un evento sumamente retador”.

En el Reino Unido, el lacrosse es considerado como deporte “recreativo”, al no formar parte del programa Olímpico o de los Juegos de la Mancomunidad de Naciones. Esa carencia de estatus como disciplina competitiva ha hecho que Adams y sus compañeras se encuentren en una especie de purgatorio.

“Creo que, como atleta de talla internacional, que entrena por espacio de muchas horas a la semana (y no somos remuneradas por ello), el hecho que denominen a nuestro deporte como ‘recreativo’, lo encuentro tan ofensivo, porque pienso: ‘¿acaso no entiendes la cantidad de horas que dedicamos?’”, afirma. “¿Cómo puedes referirte a nosotras como ‘atletas recreativas’? Y estoy segura de que estas decisiones son producto de múltiples factores, pero es esa carencia de un estatus como deporte de elite la que realmente nos ha castigado”.

Se tenía previsto celebrar el Mundial de Lacrosse en julio de 2021; sin embargo, en diciembre pasado se decidió aplazarlo por un año, debido a los efectos crecientes de la pandemia. Cooper expresa su acuerdo con la decisión de posponer el evento y, en cierta medida, siente alivio por ello; ya que les dará una mejor oportunidad para entrenar.

“Actualmente, estamos inmersas en un limbo, donde estamos listas para empezar a entrenar con miras a ese Mundial y ahora estamos atascadas”, afirma. “No podemos, y tenemos ese miedo al pensar: ‘¿cuándo podremos?’”.

“Entrenas para jugar, entrenas para jugar a nivel competitivo, esa es la mejor parte del deporte. Me encanta competir”.

“Creo que eso ha sido lo realmente difícil, no tienes esa motivación. No tienes ese objetivo. Tener un objetivo en 2022 es algo bastante difícil, porque necesitas trazar metas a corto plazo y no las tienes”.

“Por eso, creo que ése ha sido el mayor reto para nosotras, ese altibajo constante, la felicidad que representa volver a entrenar y entonces, nos la arrebatan. Realmente, no tenemos una meta en el horizonte”.

Prespectiva

Si existe un elemento que se repite en las múltiples conversaciones sostenidas con estas damas, es la perspectiva el año recién transcurrido les ha dado sobre la vida. Para algunas, la experiencia les ha ayudado a reorganizar sus regímenes de entrenamiento; mientras que, a otras simplemente les ha dado la confianza de que pueden lograr cualquier objetivo que se propongan.

En el caso de Gossage, la atleta de 41 años siente que la pandemia y el descanso obligado le han ayudado a bajarse de la “cinta de caminar” del entrenamiento a altos volúmenes y reducir la intensidad a la que se había acostumbrado por varios años.

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“Me di cuenta de que siempre haré ejercicio para ayudar a mi salud mental. Me ayudó a evaluar por qué seguía haciendo lo que siempre había hecho, pero creo que lo otro es que me hizo entender que necesito vivir aventuras, y me puse creativa, consiguiendo formas de salir de mi zona de confort, incluso en medio del confinamiento”, expresó Gossage a ESPN.

“No necesito entrenar como una profesional, no necesito participar en carreras para sentirme desafiada; pero si preciso salir de mi zona de confort y tener cosas que me asusten y emocionen”.

Knight ha vuelto a la práctica del rugby a tiempo completo y se prepara para competir en el aplazado Torneo Six Nations dentro de un mes. Suelta una risa ligera cuando se le pregunta si siente nervios por volver a competir:

“A mi criterio, ya he estado inmersa en lo más profundo; así que volver al deporte es un alivio, de hecho; es un mecanismo de supervivencia, ya sabes. Los beneficios superan a los riesgos, personalmente para mí. Los demás pensarán de otra forma; pero creo que preferiría estar allí, mucho más que no estarlo”.