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Marcela Marañón no conoce los límites de su cuerpo para ser una mujer y atleta exitosa

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Marcela Marañón y su historia de cómo romper los límites (4:42)

El deporte ha sido un camino para empoderar a esta atleta de origen peruano. (4:42)

DALLAS -- Para Marcela Marañón no existen los límites, sólo los que cada persona quiera ponerse a sí misma.

Ni un terrible accidente automovilístico que la dejó paralizada de la cintura para abajo y con una amputación en extremidad inferior han sido factor para llevar su vida mucho más allá de lo que cualquiera hubiera imaginado.

Mucho menos ha impedido que sea una exitosa mujer atleta y empresaria, capaz de triunfar en cada aspecto de su vida, física y mentalmente.

Si pudo convertirse en la primera mujer latina discapacitada que alcanzó la cima del mítico Monte Kilimanjaro, de jugar hockey sobre hielo, practicar el ciclismo, esquí, boxear y lanzarse de una tirolesa en las más elevadas montañas de Dubai, cualquier otra cosa considera que es mínima.

“Soy una mujer que trata todo", dijo Marañón. “Si me dices ‘Marcela vamos a saltar de la montaña’, yo voy y lo hago. Mientras me sienta segura, voy y lo hago. Me gusta experimentar diferentes deportes. La próxima semana me voy a esquiar a Utah y voy a hacer esquí nórdico".

Marañón, de 39 años, llegó a Dallas, Texas, en el 2001 para estudiar inglés y tener mejores oportunidades como diseñadora gráfica en su natal Perú.

Sin embargo, en septiembre del 2002 sufrió el accidente que marcó para siempre su vida; de una manera positiva, como ella misma, reconoce con el mismo optimismo que siempre enfrenta las situaciones adversas.

A partir de ahí, Dallas se convirtió en su hogar, donde consideró que tendría muchas mayores oportunidades de triunfar con su discapacidad, acompañada de su familia.

“Aquí tenemos más derechos y más posibilidades", dijo. “No quiero hablar mal de mi país, pero creo que allá no hubiera logrado ser una atleta".

Desde el principio, el deporte, que nunca practicó de manera formal antes del accidente sólo como recreación, comenzó a ayudarla en el proceso de recuperación y adaptación, como ella misma señaló. Más importante, a vivir como si no tuviera discapacidad alguna.

“Primero comencé a hacer bicicleta adaptada", recordó. “De ahí empecé a esquiar con un equipo adaptado para mi y poder esquiar en las montañas. Comencé con el kayak, ‘ziplining’, empecé a hacer todo… Soy una mujer que trata todo".

También jugó tres temporadas de slede hockey, que es la modalidad sobre silla de ruedas, en Nashville, a tan alto nivel que fue a las pruebas selectivas para el equipo nacional de Estados Unidos.

“Pero no lo logré y no importa, disfruto demasiado el deporte, igual amo el deporte y eso no me desanimó", mencionó. “Yo igual le echo ganas, me encanta experimentar diferentes deportes y estar empoderada, eso te hace sentir el deporte, sentirte empoderada".

Fátima Navarro, amiga de Marañón desde hace casi dos décadas, dijo que su personalidad, energía, motivación, manera de disfrutar la vida es contagiosa y motivante, que siempre ha sido así en todos los aspectos, ya sea de trabajo, familiares, fiesta, en cualquiera de las facetas que han compartido.

“No había pasado mucho tiempo desde el accidente. Probablemente, había pasado año, año y medio", comentó Navarro. “Las dos trabajábamos, íbamos a conciertos, íbamos a bailar, íbamos a todos lados y yo batallaba para seguirle el ritmo".

Marañón también ha triunfado como empresaria, modelo, diseñadora, “influencer" en redes sociales, aventurera de deportes extremos alrededor del mundo, como un ejemplo para el resto de la comunidad de personas discapacitadas.

Al principio fue complicado, costeando sus deportes extremos y viajes de su propio bolsillo. Después comenzaron a llegar los patrocinadores, que vieron su enjundia y motivación para ella y el resto del mundo entero.

El 9 de febrero del 2020, Marañón alcanzó la cima del Kilimanjaro, a pesar de todas las trabas y sacrificios que conlleva. Se convirtió en la única latina y sólo una de 10 personas discapacitadas en general que lo han conseguido, de acuerdo a los registros del parque que lleva el mismo nombre que el Monte.

Fueron siete días de esfuerzo físico y mental; valor, miedo, pero de grandes experiencias y aprendizajes en todos los aspectos, apoyada por una fundación altruista israelí, que la buscó gracias al trabajo y exposición que ha logrado a través de sus redes sociales.

“Tuvimos una silla especial", explicó. “Esa silla está diseñada para empujar a la persona discapacitada encima de las rocas. Tiene como amortiguadores y eso fue lo que a mi me ayudó. Yo estaba sentada en la silla y me empujaban".

“Los guías hicieron casi todo el trabajo, ellos lo hicieron posible por mi", agregó. “Pero simplemente, el hecho de estar sentada ahí y estar pensando y estar con frío y pasar por todo eso, es como que también es mi logro".

“Sí, a veces veía hacia abajo. Al precipicio me quería morir, pensaba ‘me voy a mata’. Yo le rezaba a Dios todo el tiempo. A veces da miedo. Es tan alto que da miedo, pero cuando llegué arriba no podía creerlo.

“Cuando llegas arriba puedes mirar el cielo y cómo el sol pasa la luna. Puedes ver los glaciales arriba, estás viendo las nubes. Es impresionante".

Marañón lleva un estricto programa de entrenamiento físico que incluye el boxeo, ciclismo y gimnasio, al menos cuatro veces por semana, también para relajarse mentalmente.

Aún tiene metas por alcanzar

Pero su ascenso al Kilimanjaro dista de ser el último de sus objetivos. Aún tiene muchas aspiraciones por cumplir y lugares por conocer, incluyendo las Siete Maravillas del Mundo, de las que ya conoce cuatro. Sólo le faltan Cristo Redentor en Brasil, el Coliseo Romano en Italia y la Gran Muralla China.

“En deportes, me gustaría aprender a esquiar mejor y patinar en hielo en un futuro", añadió.

Pero Marañón quiere que su legado en la vida tiene que ser mucho más que ser una gran madre, atleta, empresaria, viajera o cualquier otro aspecto de los muchos en los que ha tenido éxito.

“Si yo hago esto, puedo ayudar o motivar a alguien que tiene la misma discapacidad que yo a que esa persona pueda explorar el mundo, a que esa persona pueda aceptar su condición y pueda salir adelante".

“Cuando empecé fue un poquito difícil", agregó. “Pero cuando seguía, seguía y seguía, las cosas se ponían mejor. No sólo me beneficia a mi, sino a toda la comunidad, y a los que no son de la comunidad a ver que una persona con discapacidad también pueda hacer cosas como una persona que no tiene discapacidad".