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Atletas Campesinos, un pájaro que escapó de la jaula de la FMF

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LOS ÁNGELES - Armando Presa Fernández era un visionario. Y claro, como afirma Jodorowski, “los pájaros que nacen en jaula creen que volar es una enfermedad”.

El 22 de junio de 1980, asciende a Atletas Campesinos, derrotando a Osos Grises de Toluca en la Final de la Segunda División, y Armando Presa, agricultor, por lo tanto oficioso y oficiante de sembrar y cosechar, vislumbró un éxito futbolístico y financiero en Querétaro.

No se imaginaba el empresario y agricultor que los pájaros de jaula tratarían de exterminar esa presunta enfermedad de volar.

La camiseta de los Atletas Campesinos portaba, orgullosamente, un tractor en el pecho. Parecía una alegoría autóctona: el tractor llegaba a desplazar a los bueyes.

Armando Presa tenía negocios con John Deere, la empresa fabricante de esos productos. Su capital le había permitido comprar a los dos equipos de Querétaro (Lobos y Estudiantes), vender a uno de ellos y fortalecer a otro: Atletas Campesinos.

Antonio La Tota Carbajal y Antonio Ascencio se identificaron con el proyecto. Ascendieron al equipo y pusieron a Querétaro en la fiesta de la Primera División.

Una idea fresca, en un futbol donde abundaban aún los mecenas, las universidades o poderosos capitales de empresas privadas. El futbol mexicano transpiraba y transparentaba salud financiera.

Querétaro estaba de fiesta. Jesús Trelles, con experiencia en Tecos como auxiliar de Arpad Fékete, Helmut Senekowitsch y Horacio Casarín, se hizo cargo del equipo, priorizando un plantel de mexicanos. Debut y victoria. Después vendrían descalabros.

El histórico jugador uruguayo Roberto Matosas, entraría al relevo de Trelles. El reclutamiento de jugadores despertó ilusiones, por la fama, más allá de la veteranía de algunos de los nombres.

El brasileño Cándido, goleador con Pumas y Tecos, además de la repatriación de Leonardo Cuellar (de la NASL en EEUU), y dos referentes del Toluca: el portero Walter Gassire y el atacante Ítalo Estupiñán, alborotaron el torneo mismo.

Para entonces, ya Armando Presa empezó a conocer a sus socios en la Primera División del Futbol Mexicano. Con la mano derecha saludaban y con la izquierda blandían el puñal de la traición.

La Federación Mexicana de Futbol, con el recién impuesto doctor en Derecho, y posteriormente el padre putativo de los 'cachirules', Rafael del Castillo empezaría una etapa de hostigamiento, exigiendo que el tractor desapareciera del pecho de las camisetas de Atletas Campesinos.

La FMF aseguraba que estaba violando reglamentos, al comercializar el frente de la camiseta, lo cual, estaba prohibido.

Armando Presa se opuso. Argumentos sobraban. Puntualmente, la imagen del tractor no se vinculaba con marca alguna ni citaba un intento de comercialización, concretamente con John Deere.

Aunque ciertamente el mensaje subliminal ahí quedaba, y eso el propietario de Atletas Campesinos lo sabía, técnicamente no violaba reglamento alguno.

Además, el empresario desafiaba. ¿Por qué la Universidad Autónoma de Guadalajara promocionaba a una universidad privada, y la UNAM y la Universidad de Guadalajara, ostentaban los nombres de sus patrocinadores, descaradamente, como ejemplos iniciales?

Armando Presa estaba dispuesto a confrontar todos los escenarios, para defender su derecho de seguir portando el tractor como emblema de los Atletas Campesinos.

Por esa época, este reportero interrogó sobre el tema a Juan José Leaño, presidente de los Tecos de la UAG.

“No se le puede permitir, viola el reglamento”, dijo Leaño en esa ocasión.

¿Tecos no anuncia una marca, no estaría dispuesto a portar publicidad en su camiseta?

“No, nunca”, dijo Leaño.

¿Pero el Real Madrid lo hace?

“Nosotros (Tecos) somos más importantes que el Real Madrid”, y concluyó la entrevista. Varios años después, el equipo de la UAG desaparecería por conflictos financieros.

Campesinos entonces empezó a sufrir de malos arbitrajes. Su primer año lo terminó en el sitio 17, agobiado por decisiones extrañas en el arbitraje y la presión de la FMF para que retirara el tracto del uniforme.

Su segundo año, con el goleador Ricardo Brandón en el equipo, aún con Matosas al frente, Atletas Campesinos sólo alcanzó el sitio once. Curiosamente los hombres de negro seguían equivocándose.

Se le preguntó entonces a Javier Arriaga, cabeza de la Comisión de Arbitraje, si era una consigna contra Atletas Campesinos, por ese desacato y por atreverse a enfrentar a la FMF. “Absolutamente no. Cuenta con excelentes arbitrajes como cualquier otro equipo”, expresó Arriaga.

Sin embargo, Armando Presa entendió que podía contratar al mejor entrenador y los mejores jugadores, pero su desafío al poder, condenaba al equipo, y fue agobiado hasta vender la franquicia.

Alberto Cortez lo sintetizaría así: “La conclusión, es clara y contundente/ Lo condenaron por su chifladura/ A convivir de nuevo con la gente/ Vestido de cordura”.

Curiosa y sospechosamente, en un movimiento político, saltó un interesado. El Sindicato de Trabajadores de Petróleos Mexicanos se llevó el equipo a la ciudad de Tampico.

Años después se fue extendiendo en el mundo, la urgencia por comercializar las camisetas como sólidos aportes financieros a la economía de los clubes. Los clubes en México entendieron que los pájaros enfermos eran los que se negaban a salir de la jaula.

Hoy, descendientes de Armando Presa, han intentado rescatar a aquellos Atletas Campesinos, con un proyecto a largo plazo.

Sí, el tractor sigue en la camiseta... 40 años después.