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El VAR estercola una legítima victoria de Cruz Azul

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Pietra considera culpable a Juan Reynoso de la sufrida victoria de Cruz Azul (1:51)

La Máquina sufrió en los primeros minutos del encuentro para conseguir la victoria ante Toluca y consumar su pase a semifinales. (1:51)

LOS ÁNGELES -- Delirante. Dramático. Intenso. Espectacular. Cardíaco. En una exaltación suprema del futbol. Y con los ancestros de Cruz Azul con el Jesús en la boca y estertores en el alma. El #Shinkansen celeste está en Semifinales. 3-1 (4-3, global) sobre Toluca.

Claro: nunca falta un Judas en las batallas eternas entre el bien y el mal. Sí, de nuevo, el arbitraje. Fernando Hernández y el VAR percudieron el juego, regalándole un penalti a La Máquina, como lo habían hecho sus colegas con Toluca en el Juego de Ida. La mafia es así: da y quita, sin escrúpulos.

Cierto: Cruz Azul fue mejor en la cancha, ante una gallarda combatividad de Toluca. El marcador hace justicia, pero a través de una injusticia. Insisto: el delito organizado, como parece ser el arbitraje mexicano, estercola al salpicar, revolcándose en su propio estiércol.

Pero marginemos a los delincuentes, y celebremos por los artistas y los guerreros. Fue un juegazo. Una batalla colosal por las cuatro esquinas. Porque los Diablos Rojos y su Luzbel Sambueza no montaron una trinchera, por el contrario, apostaron por la hazaña.

Azuzado, acuciado por la desesperación, por la urgencia, fue sorprendente ver a un Cruz Azul con prisa, pero sin miedos, sin angustias, sin nerviosismos, pero sí con una ciega convicción en levantarse de esa tumba donde lo habían colocado sus propios errores y los de los aviesos jueces, en el Juego de Ida.

Hubo de todo. Conatos de bronca. Roces. Rencillas. Sin embargo, todo fue puesto al servicio del futbol. Cruz Azul asediaba al Infierno itinerante de este Toluca, y nuevamente como el miércoles pasado, el arquero Luis García se convertía en la figura.

Pero, Cruz Azul estaba entero. Bufaba, presionaba, pero sin precipitaciones, sin ansiedades. Todo el vértigo era parte de la dinámica espiritual y espartana por conseguir la victoria.

A los ’11, Brayan Angulo pepena un servicio excepcional de Cabecita Rodríguez, de volea, de alta complejidad y de gran eficiencia, desfilando la pelota por el área hasta el remate implacable.1-0, 2-2 en el global.

Pero si de elevada precisión técnica fue el gol de La Máquina, Toluca repitió esa fórmula tan suya del asesinato anunciado. Sambueza controla, elude, se acomoda, y con la parte externa, mete, con la certeza de un maldito dron terrorista, el pase a Alexis Canelo, cuyo balazo significa el 1-1 y el 2-3 en el global.

De nuevo, contracorriente. Cruz Azul asumiendo la obligación, pero, insisto, sin nerviosismo, sin arrebato, sin apremios, sólo dando la justa dimensión al cronómetro desesperado de las necesidades.

Precisamente, al minuto 79, cuando el partido se acercaba a esa zona crítica, espectral, concluyente, en la que los augurios se ceban sobre Cruz Azul históricamente, aparece el árbitro Hernández. Un trompicón sobre Luis Romo lo sentencia como penalti. Ignora al VAR. Las imágenes televisadas no desnudaban una falta sobre el cruzazulino.

Cabecita se apodera del balón. Ni asomo de duda en el rostro. Al disparar, se resbala, pero el impacto al balón es potente, colocado, certero: 2-1, y 3-3 en el global. Cruz Azul estaba en ese momento ya en Semifinales.

Esa tensa calma, apoltronada y azul en la tribuna del Estadio Azteca, ese silencio ominoso, esos corazones celestes detenidos en micro infartos, estallaron en esa alquimia, en esa catarsis, en esa explosión de saber que aún no han ganado nada, pero que aún pueden ilusionarse con ganarle todo.

Era una victoria sucia, poluta por la inmundicia arbitral, pero Cruz Azul lo entendía como un saldo del saqueo en el Juego de Ida. El crimen lavándose las manos con otro crimen. Los facinerosos del silbato.

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1:04

'Hubieramos querido resolver la eliminatoria de mejor forma': Juan Reynoso

Las palabras del estratega celeste luego de la victoria y pase de Cruz Azul a semifinales.

Sin embargo, Cruz Azul higienizaría su esfuerzo. Minuto 93. El Luzbel Sambueza tenía pulmones de jovenzuelo y empujaba su horda. Un milagro por la señal de la cruz. En un veloz contragolpe, Cabecita Rodríguez se impone por velocidad y astucia. Encara a Luis García, con todo a su favor, para sentenciar. Generoso, cede al centro sobre la llegada de Santiago Giménez, quien remata con la rabia de esa mezcla extraña, de mexicano, de raigambre celeste y los genes de la Provincia del Chaco: 3-1 y 4-3 en el global.

El sonido ambiente desparrama de nuevo por la transmisión la explosión galopante, intensa de una afición que ha hecho de su tributo, de su veneración, de su lealtad, esa esperanza indestructible, imperecedera, sin exterminio de que pronto terminará ese prolongado padecimiento, ese martirio, ese ayuno de festejar nuevamente.

Este domingo Cruz Azul conocerá a su adversario. Poco debe preocuparle. Porque este sábado ratificó que los terrores, las dudas, las fragilidades, los demonios propios, los basiliscos internos, aparentemente, recibieron sepultura clandestina y con misa negra, aquella jornada tétrica, del 6 de diciembre de 2020 en Ciudad Universitaria.