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El Barcelona de Quique Setién no arranca

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Griezmann anotó el 2-1 y salvó a Barcelona de una eliminación histórica (1:08)

Copa del Rey. (1:08)

El Barcelona ganó por la mínima al Granada el domingo y remontó, en tiempo añadido, al Ibiza, un equipo de 2ªB, este miércoles.

Si se le juzgó con benevolencia el fin de semana, destacando un cambio de hábitos y su fútbol de combinación para no poner énfasis en la falta de remate y en ocasiones lentitud de juego, su debut en la Copa dejó al descubierto todas sus carencias.

Carencias que empiezan con la ausencia de Messi y siguen por la dificultad de hacerse con los planteamientos de su nuevo entrenador, quien solventó una alineación novedosa y un esquema revolucionario, poblando el campo de centrocampistas, con la intención de mandar en el terreno de juego y que, sin embargo, desembocó en un desastre mayúsculo.

En un partido lamentable y salvado al final. No de casualidad por cuanto los últimos 20 minutos fueron suyos, pero sí, desde luego, por fortuna. Que el Barça depende de Leo Messi es una realidad tan palpable como preocupante. Más aún atendiendo a que su ausencia se convierte en un suplicio cuando atraviesa un periodo de dudas como le ocurre ahora.

Setién ha querido meter mano en el vestuario con sus ideas personales, agitando tanto a los jugadores como los planteamientos y al equipo le cuesta horrores hacerse con la novedad.

Toca y toca sin parar pero no encuentra la profundidad esperada. “No me ha gustado el equipo” reconoció el entrenador a la conclusión, admitiendo que el partido no fue tal y como esperaba. “De partidos así se pueden sacar buenas conclusiones” resolvió el técnico azulgrana, quien le dio “todo el mérito” al Ibiza y sostuvo que hubo “demasiadas imprecisiones y pérdidas de balón innecesarias” producto de los nervios que se dispararon entre sus jugadores a partir del tempranero gol del conjunto local.

El Barcelona jugará los octavos de final de la Copa y sigue sin perder una eliminatoria del torneo desde 2013, pero tal y como rozó el desastre en el marcador, reviviendo pesadillas ya olvidadas como las que sufrió a principios de siglo ante Figueres, Novelda y Gramenet, lo mostró en su juego, terriblemente alejado de lo esperado y que catapultó al escenario que es un equipo herido.

Setién no cargó personalmente contra sus futbolistas, excusó lo sucedido en la magia del torneo, en la “intensidad” del rival y en las dificultades que se encontró el equipo… Pero en la frase “no me ha gustado el equipo” evidenció que ni podía estar satisfecho ni podía, tampoco, ocultar una realidad palpable.

Y es que su equipo, que acumula posesión de balón hasta un 80 por ciento del tiempo, no arranca, de momento, futbolísticamente. A veces es fácil reconocerlo: Sin Messi, el Barça sobrevive en el alambre.