<
>

Messi: La radiografía de una falsa 'decadencia'

Para los amantes de las estadísticas –y los que no lo son tanto– el dato es escalofriante: ¡Lionel Messi perdió 29 balones en el partido del pasado fin de semana ante el Cádiz!

No hay un error en la cifra: 29. ¿Cómo se puede explicar que el considerado mejor futbolista del mundo –y para algunos de la historia– pueda perder casi 30 veces la pelota en 90 minutos, además ante un equipo tan modesto como el recién ascendido Cádiz? ¿Cómo?

El panorama se agrava porque en esta temporada también sumó 27 pérdidas frente al Alavés (empate 1-1), 26 ante el Real Madrid (derrota 3-1), y 23 contra el Atlético de Madrid (derrota 1-0).

Más allá de la certeza de aquella frase anónima que dicta que “las estadísticas son como los bikinis: lo que revelan es sugerente, pero lo que esconden es vital”, no hay que ser un genio o experto en futbol para identificar que Messi no es el mismo de años pasados.

Ahora, de eso a que esté acabado o en plena decadencia, hay un largo trecho…

Sí, se hizo un escándalo por los 29 balones perdidos ante el Cádiz; la prensa en España que comulga con el Real Madrid habló de una “debacle” del argentino; sin embargo, no se dijo que en ese partido que el Barça perdió 2-1 en ‘La Tacita de Plata’, Leo tocó en 121 ocasiones el balón… Saquen sus cuentas y porcentajes.

HARTAZGO E INFELICIDAD

El aspecto emocional y futbolístico van de la mano, y no es casualidad que en la temporada en la que Messi anunció públicamente su deseo de irse del Barcelona, para después ser obligado a quedarse, su rendimiento esté a la baja.

Tampoco es que su desempeño sea terrible, sencillamente no está en el nivel superlativo que se le conoce y eso, cuando se trata de Leo, es motivo de escándalo.

Un ejemplo: En el partido ante la Juventus el Barcelona disparó siete veces a gol, y los siete tiros fueron de Messi. El que buscó por una y otra vía fue siempre el ‘10’, que se topó con un Buffon monumental que no le permitió hacer más decoroso el 0-3.

Su imagen cabizbajo con la mirada perdida o hacia el césped se ha vuelto recurrente en la presente campaña. No es el futbolista que sonríe cada tres días y festeja sin parar sus anotaciones con la dedicatoria tradicional a su abuela Celia.

No se le ve cómodo en la cancha, y aunque luego de que lo forzaron a quedarse, aclaró –en caso de que fuera necesario– que su compromiso y entrega con el club seguían a tope, la realidad es que no denota estar cómodo jugando en el esquema de Ronald Koeman.

El holandés ha intentado disminuir la ‘Messidependencia’, pero esto ha mermado al argentino. Han llegado a jugar al lado de Leo en el ataque Ansu Fati, Coutinho, Pedri, Trincao, Braithwaite, Dembélé y Griezmann… ¿Y quién de éstos es un verdadero socio para el ‘10’?… Ninguno.

El mejor socio de Leo en los escasos minutos que ha jugado en la temporada, ante la Juve por ejemplo, fue Riqui Puig, joya de la cantera que ha sido despreciado por el entrenador y recibe oportunidades a cuentagotas cuando los partidos están cuesta arriba.

Puig es un generador de juego, sabe encontrar a Messi y Messi lo busca con frecuencia cuando lo tiene cerca, pero el técnico todavía no descubre esa sinergia… Riqui no ha sido titular un solo partido.

Así, a lo largo de la presente competencia ‘La Pulga’ ha jugado de falso ‘9’, libre cargado por derecha o sencillamente muy retrasado regresando a campo propio a tomar el balón para organizar los avances. Esta situación seguramente refleja muchas cosas, pero la más reveladora es que no se trata de la posición, si no de los compañeros.

LA VIDA SIN SUÁREZ

La mancuerna Messi-Suárez sobrevivió al abandono de Neymar, cuando prácticamente todo el mundo apostó por lo contrario.

Los tres sudamericanos rompieron todos los récords de productividad y goles y se convirtieron en la mejor, o una de las mejores ofensivas de la historia; sin embargo, se fue el brasileño, y tanto argentino como uruguayo siguieron siendo una dupla letal.

¿Y qué pasó? Sencillo, que el ‘genio’ y otrora presidente del FC Barcelona, Josep María Bartomeu, en conjunto con Koeman, decidieron dejar solo a Messi.

En aras de una prometida “renovación” y para “rejuvenecer” la plantilla, literalmente regalaron a Luis Suárez al Atlético de Madrid. El tercer mejor goleador histórico del club fue echado por la puerta de atrás.

Porque más allá de la amistad fuera del campo, de que tomaban mate y llegaban juntos a los entrenamientos, de la cercanía de sus familias, etcétera, etcétera, Leo y Lucho se entendían a ojos cerrados.

El charrúa le abría espacios, hacía el trabajo sucio desgastando a los defensas, era el que mejor se movía para explotar sus servicios, y eso, en un parpadeo se acabó.

¿Quién llegó en el lugar de Luis Suárez? Nadie. El único centro delantero del Barça es el danés Martin Braithwaite, contratación de emergencia la temporada pasada cuando el equipo se quedó sin atacantes ante las lesiones de Ousmane Dembélé y el propio Suárez.

Braithwaite no es un mal futbolista, pero no es un futbolista ‘nivel Barcelona’. Así de sencillo. Los fichajes de ciertos equipos (Barcelona, Real Madrid, Manchester United, Juventus, etcétera), y más si se trata de extranjeros, están obligados a marcar diferencia y a tener la etiqueta de ‘crack’.

Así las cosas, tampoco es que Messi esté rodeado de ‘bultos’, pero no tiene a un solo compañero que asuma las responsabilidades y el rol que sí asumía Suárez, quien incluso en un clásico ante el Real Madrid en 2018, sin Messi, jugó con la ‘10’ y marcó un ‘Hat-Trick’ inolvidable (5-1).

Antoine Griezmann es una figura decorativa. Y es una lástima porque es un jugadorazo, pero ya está en su segunda temporada en el club y ha recibido oportunidades hasta el cansancio sin justificar su millonario fichaje (120 millones) y condición de estrella.

A Pedri se le desborda el talento, pero debutó con el equipo a los 17 y recién se hizo mayor de edad, así que no se le puede exigir que sea determinante en cada partido.

Ansu Fati se lesionó en el momento más inoportuno cuando incluso andaba mejor que Messi, marcando casi en cada partido con el equipo y la selección, y en plena irrupción como titular.

Con Coutinho y Dembélé no hay cambio alguno: el brasileño regresó del Bayern (donde fue suplente) para seguir siendo el intermitente de años atrás en el Barcelona. Y el francés reapareció de una larga lesión para volver a lesionarse. Nada nuevo con ninguno.

Lo de Trincao es difícil de comprender. Procedente del Sporting Braga de la mediana liga portuguesa, con 20 años y algunas apariciones en su selección, Ronald Koeman le ha dado trato de ‘figura’.

Algunas apariciones como titular o es un cambio recurrente, pero juega sí o sí, y hasta ahora poco y nada. En cada acción quiere lucirse con alguna filigrana, adornarse o fintar al viento enemigo, sin trascendencia alguna.

En lo que va de la temporada ha jugado más que cualquier canterano del Barcelona que ya tuvo que irse por las escasas o nulas oportunidades que recibió. Y la lista es larga: Thiago Alcántara, Rafinha, Marc Cucurella, Juan Miranda, Carles Pérez, Gerard Deulofeu, Eric García y Adama Traoré, entre otros.

¿LA DESPEDIDA?

Nadie más que Messi y su entorno conocen si es su última temporada en el Barcelona, pero a partir del 1 de enero de 2021 es libre de negociar con quien mejor le apetezca e irse libre a mediados de año.

Los hechos y el presente indican que está convencido de irse. Ya lo dijo en aquella entrevista con ‘Goal’ luego de que Bartomeu lo forzó a quedarse: “no hay un proyecto” y Leo no quiere vivir sus últimas temporadas alejado del protagonismo.

Messi tiene 33 años y más de una década en la cumbre del futbol. La reconstrucción del Barcelona, si es que se da con alguno de los candidatos a la presidencia del club, llevará tiempo y es lo que no tiene el argentino.

Aunque llegue Xavi a la dirección técnica, a Leo se le ve fastidiado, incluso antes de todos los traspiés que ha tenido el equipo en esta joven campaña. ¿Qué o quién lo puede convencer? ¿Un proyecto? ¿Cuál? ¿Con qué dinero?

El directivo que asuma el mando de la institución se encontrará con la peor crisis financiera en mucho tiempo. Vamos, al Manchester City le regatearon los 15 millones que pedía por Eric García, un defensa central tan bueno como necesario, que finalmente no ficharon.

Hoy, como en su momento le dijo a Koeman en su primera toma de contacto, Messi está “más fuera que dentro” del FC Barcelona.