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La trayectoria de Chimy Ávila al Osasuna: 'Mi cuerpo es la historia de mi vida'

La trayectoria personal y profesional de Chimy Ávila ha sido extraordinaria. Foto cortesía: Pablo García

Chimy Ávila es un libro abierto, y vaya libro. Una historia extraordinaria, impresa sobre su piel: un relato de supervivencia y milagros; de pobreza, armas y delitos. También de fútbol. Todo contado de forma cruda y sin filtros. "Ésta es mi trayectoria hasta ahora", afirma señalando los tatuajes impresos por todo su cuerpo, los mensajes y momentos que le han convertido lo que es. Un camino siempre presente, aún sin culminar. "La gente dice que no debes mirar hacia atrás, pero siempre miro hacia atrás; porque si no sabes de dónde vienes, no sabrás hacia donde te diriges", expresa.

Todo está escrito aquí. Sentado sobre la banca del complejo de entrenamientos del Osasuna ubicado en la localidad de Tajonar, el artillero argentino y equipo de demolición de un solo hombre se ocupa, explicando como se hizo su primer tatuaje, conectando un cable y un bolígrafo al motor de un reproductor de DVD. "Cuando conectábamos el motor, la cosa esa giraba y la aguja salía arriba", recuerda. "Así lo hacíamos en el barrio. Mi primer tatuaje fue el escudo de Rosario Central, donde ahora juega mi hermano. Somos grandes hinchas". Tenía 10 años. Después vinieron muchos, muchos más.

¿Se vio bien? "Pues", dice Chimy para empezar a reír, en una especie de respuesta. "Dolió, pero lo aguanté", sonríe. "He visto muchos cables, pero como dicen en Argentina: 'sarna con gusto no pica'. Básicamente, toda la belleza tiene un precio. Todos los placeres tienen su dolor".

Bien podría ser su lema. Otro para la aguja.

"Mi cuerpo es la historia de mi vida. Mi brazo izquierdo simboliza a mi mamá. Las piernas, a mis hermanos y hermanas. Mi pecho, a mi esposa. Las manos de mi hija recién nacida. Sobre mi pierna, está el pez koi que nada contracorriente. Mis hermanos. Cada momento de mi vida está ahí".

Chimy hace una pausa y vuelve a reír. "Llegará un momento en el que no quede espacio. He decidido hacerme dibujos pequeños, para así tener espacio para esos momentos que conforman mi vida. Los padres cuentan sus historias a sus hijos con fotos. Cuando sea mayor, o cuando me vaya al otro mundo, esto contará la mía. El problema es: cuando mi hija quiera hacerse un tatuaje, ¿cómo le diré que no? Intentas guiarlos y si hay una cosa que me gustaría tener, es un cuerpo limpio, ser un ejemplo".

La historia que Chimy Ávila puede contar a sus dos jóvenes hijas (y hay ciertos pasajes que admite que aún no puede contar, no sin llorar) comienza en Empalme, Rosario. "Un lugar", afirma, "donde no sabías cuando empezaba un balaceo".

Y así comienza.

ESPN: Espera. ¿De verdad es así?

Chimy Ávila: Sí, claro. Siempre. No sabías qué te podía pasar. Tengo amigos que murieron por una bala perdida. Tengo muchos amigos que ya no están aquí, otros en la cárcel. Tenía dos caminos. Puedes crecer estudiando, trabajando y yendo por el camino correcto, pero eso era difícil. ¿Por qué? Porque el camino a la izquierda, el del otro lado, era más fácil. La tentación estaba más cerca de estudiar o trabajar. Era más fácil comprar un revolver que un libro de texto.

Entonces, ¿Cómo se las arregló tu familia?

Soy el quinto hijo. Somos nueve en total, y soy el primer varón. Mi mamá y papá se separaron cuando era joven. Mi papá siempre estuvo cerca, pero mi mamá hizo más. Hizo cosas que no puedo lamentar, porque le estoy agradecido. Le digo: "vieja, no sientas vergüenza, porque todo lo que hiciste fue por tus hijos. Soy lo que soy gracias a ti". Pero ella hizo cosas que considera vergonzosas.

¿Qué quieres decir? ¿Trabajo, o ...?

De todo, de todo. Todo lo que te puedas imaginar, lo hizo mi mamá para que yo pudiera tener botines, para que mi hermana pudiera tener útiles escolares. Mi mamá lloraba. Salía de noche, descalza, con mis hermanas cuidándome para que yo no me descarrilara. Salía con mis amigos, por las calles, a los 13 o 14 años y hacía mis travesuras, mis cosas… Llegó un punto en el que otros niños no querían salir conmigo, porque mi mamá aparecía, gritando que llamaría a la policía.

Mis amigos estaban ahí, armados, y mis hermanas gritaban: "¡dejen en paz a mi hermano!" Y ellos respondían: "tu hermano está aquí porque quiere". Las cosas te cambian: mi familia; mis agentes, los hermanos Carlos y Jorge, mi hija ... pero era más fácil ser delincuente que tomar un libro.

¿A qué te refieres con 'travesuras'?

Salía armado y peleaba en los clubes nocturnos, andaba todo el tiempo con gente que iba por mal camino. Cuando me refiero a "travesuras": todo lo que te puedas imaginar, lo hice. A veces pienso en ello y pienso en cuántas personas inocentes estaban allí, que quizás tenían las mismas necesidades que yo, y les hice daño.

¿Cómo te hace sentir eso?

No del todo mal, aunque sí me arrepiento de muchas cosas. Hubo un momento en el que decidí que uno de nosotros debía cambiar el camino para todos nosotros, para la familia, y ese sólo podía ser yo. No tengo vergüenza en decirlo: mi papá tenía problemas con el alcohol y las drogas. Cuando lo necesitábamos, mi papá siempre estuvo allí, siempre. Gracias a Dios. Pero consumía toda clase de cosas. Entonces, dije: "alguien tiene que cambiar nuestro camino y si mi papá es así ...", pues había un círculo y dije: "alguien tiene que romperlo". Y ese alguien era yo.

Es una responsabilidad muy grande, pero me siento orgulloso de hacer las cosas de forma correcta, para que mis hermanos menores, la familia, no cometan los mismos errores que cometí yo.

¿Fue el fútbol la ruta de escape? ¿O es eso un cliché??

Me metí en el fútbol como ruta de escape. Amo el fútbol, pero salté a la cancha con la necesidad de hacer dinero, para así dar de comer a mis hermanos y hermanas. Aunque una vez la pisas, lo disfrutas todo, cada toque. Sabía que era bueno. Me dije: "llevar comida a la casa depende de mí".

Siendo profesional, puedes empezar a hacerlo ...

No: mira, lo que voy a decir va a sonar extraño, y quizás a algunos no le guste, pero comencé a creerme "profesional" cuando sabía que tenía que llevar comida a la casa; por eso, siempre fui profesional. Dejé de jugar por diversión tan pronto como comencé a jugar por dinero, y eso no sólo implica el fútbol profesional.

Salía a la calle a altas horas de la noche para cobrar penales y así ganar dinero para mi mamá. Gente muy importante iba al barrio y decía: "cobra penales para mí, apostaré por ti". Ahora, cuando cobro un penal, es divertido. ¿Por qué? Porque cuando cobraba penales en aquel entonces, podía ser contra un portero con una ametralladora colgada al cuello.

¿De verdad?

Sí, sí, sí. Gente fuertemente armada que apostaba por mí. Me decían: "Marcá ..."

¿Y si no marcabas?

No pasaba nada. Pero te ponías a pensar: "Y si ataja el penal, ¿entonces qué? ¿Me van a disparar?" Y tenías que salir a cobrarlo. La gente que apostaba por ti era gente pesada, ¿sabes? Debes ganarte la vida de algún modo. Y yo hice mis travesuras, a pesar de todo. Salía a cobrar penales, jugaba cartas, vendía ropa. Conocí a mi esposa cuando teníamos 14 años: éramos unos niños y ella fue fundamental [para mí] ...

¿De qué forma?

Mis amigos iban a los clubes nocturnos, por ejemplo, o a hacer sus travesuras y ella decía: "tú no sales". Teníamos peleas terribles, la verdad chocábamos. Y ella me decía: "mañana, te sentirás orgulloso de cada pelea". Iba con mi familia [a arrastrarme para sacarme de la calle]. Lecciones de vida, incluso hoy en día. Ahora, me dice: "Ezequiel, pon tu pie sobre el balón, desacelera, piensa en lo que quieres para ti y para tu familia. Porque si conduces rápido, chocarás. Y la vida es igual".

Eras "profesional" ya que jugabas por dinero, pero para convertirse en todo un profesional ...

Requerías de muchas cosas ...

¿No las tenías?

Cuando estás en el barrio y ya juegas por dinero, ese sueño de jugar con los mejores equipos de España, Inglaterra o Alemania, o en la propia Argentina, se ve muy lejano debido a que la realidad de la vida, condiciones de vida, no te lo permiten. Mi papá no podía comprarme botines, no podía comer bien ...

¿Qué comías?

Me echo a reír cuando hablo con mi mamá sobre esto. Le digo: "eras una mentirosa". Cada vez que nos sentábamos a comer, ella tenía dolor de estómago, o de cabeza, o algo similar. Y después me di cuenta de que fingía para así darnos toda la comida a nosotros. Como padre, lo entiendo, pero lo he cargado conmigo hasta ahora. [Hacía] cualquier excusa a la hora de cenar.

¿Trabajabas mientras jugabas?

Me hice con un caballo y un carrito, andaba por ahí recogiendo cartón, metal, aluminio, hojalata. Hice todo lo que podía hacer. Fui albañil, pintor, corté cabellos… No me gustaban esos empleos, porque yo quería vivir del fútbol. Pero me gustaba la sensación de hacer las cosas de la forma difícil, honesta: levantarme a las 6 a.m., llegar a casa a las 10 p.m., sabiendo que no le había hecho daño a nadie. Ese era el mejor trabajo.

¿Lo dices porque acaso llegaste a hacerle daño a la gente?

Sí, me arrepiento, pensando que la gente a la que hice daño tenía las mismas dificultades que sufrieron mis padres, ¿sabes? A veces, hice cosas que te pesan; pero eso no me importaba entonces. Me importaba que mis hermanos pudieran comer. Y nunca hice daño a nadie con violencia. "Tomaba prestadas" cosas, pero nadie puede decir que El Chimy le hizo daños físicos a nadie. Nunca, jamás.

¿Hay gente que podría decir: 'ese Chimy es un hijo de pu... '?

Pues sí, pero el tema es que nunca le hice daño a nadie de mi barrio, donde vivía. Era un barrio humilde, pobre. Nadie de allí podrá jamás decir: "El Chimy me quitó una sudadera", "El Chimy me robó esto". Nunca. La gente de afuera, sí. Salía para llevar cosas al barrio. Había un código: respetas a la gente de aquí.

No te ca—es en tu patio, como dicen ...

¡Eso! En Argentina, decimos "entre perros no nos vamos a me—los propios árboles". El grupo de amigos que tenía robaba cosas de afuera y las llevaba al barrio. El otro día hablaba con mi esposa y comenzamos a mencionar a amigos de allá: este y aquél, fulano, zutano… y de los 30 que mencionamos, 15 han muerto y los otros 15 están presos, ¿sabes?

¿Eso te hace sentir que fuiste el afortunado? ¿O el más fuerte?

Todas las noches, agradezco a Dios por ponerme en mi camino a la familia que tengo, porque de lo contrario… Mi esposa, mi mamá, mi papá. Mi papá fue rudo y peleaba para mantenerme a raya. Solía decirme: "haz lo que digo, no lo que hago". Iba por el camino equivocado y mi familia me sacó de ahí a la fuerza. Y ellos ganaron.

También hubo otros que te ayudaron: tus agentes, amigos de la familia ...

Trabajé como albañil con mi papá [en un sitio supervisado por] un amigo muy cercano de la familia, a quien siempre le estaré agradecido, llamado Ariel Galarza. Me dio un empleo para que no tuviera que tomar ese otro camino. Hice mi debut en primera división en [el club argentino] Tiro Federal cuando tenía 15 o 16 años; pero tuve un problema con ellos y pasé dos años sin jugar. Incluso entonces, Ariel siempre creyó en mí, me vio capaz de lograrlo. Pero, para lograrlo, no podía tomar ese otro camino.

Hablas mucho de Dios. ¿De dónde proviene tu fe?

Me hice creyente cuando nació mi hija y ella contrajo una enfermedad respiratoria. Un virus que causó que se bloquearan los canales entre sus pulmones y la tráquea, y no podía respirar. Cuando ella nació, dejé de jugar al fútbol porque el club me acusó de algo que nunca cometí y no creía que pudiera hacer carrera. Mi hija se enfermó y todo pasó tan rápidamente, y corrimos a la clínica sin saber que era un establecimiento privado. Entró en shock cardiógeno y terminó pasando dos meses en el hospital.

Estuviste al lado de su cama todo el día ...

No podíamos. Mi esposa tenía que estar despierta a las 6 a.m. para tomar la leche. Yo debía salir a las 6:30 de la mañana, en bicicleta, a una hora de distancia, para trabajar en la obra. Trabajaba todo el día y llegaba al hospital a las 8 p.m., que era la única hora en la que podía visitarla. Solo te daban 15 minutos. Directo de trabajar y montar bicicleta, vistiendo ropa sucia, cubierta de piedras, polvo, materiales [de construcción]. Mi esposa llegaba sin comer porque si comía, no tendríamos dinero para el autobús de regreso a casa. Esperábamos afuera, en medio del frío, hasta las 8 p.m. para nuestros 15 minutos de visita. Entraba, y después mi esposa le daba el biberón.

¿Qué paso?

Un día, no nos dejaron entrar porque mi hija sufrió un paro cardiaco. Lograron resucitarla, pero volvió a suceder a la semana siguiente. Y seguía pasando. Un día, sufrió un paro cardíaco muy serio. Hasta los médicos lloraban. No podían hacer nada. No se nos permitió el ingreso. Teníamos que ir a casa. Yo, en bicicleta; mi esposa, en autobús.

Llegué a casa, me quité la ropa, me tiré al suelo a llorar, y le dije al Señor que, si Él salvaba a mi hija, dejaría por completo todas esas cosas que hacía fuera del trabajo (delitos, hacerle daño a la gente). Totalmente. Me concentraría en mi verdadero objetivo, que era el fútbol. "Sólo salva a mi hija". Y si Él no me creía, le dije: llévate mi vida, en vez de la de mi hija. Cambiaría mi vida por la de ella. Yo tenía 20 años.

Y esa noche, ¿esperabas, aterrado, sin saber qué pasaba?

Volvimos al día siguiente. La cama de mi hija estaba vacía, limpia. Nada. Mi esposa empezó a llorar. Comencé a arrojar cosas, a correr de un lado al otro, perdido. Quería golpear a los policías, lloraba. No escuchaba lo que decían, lo los podía escuchar. Mi esposa se tiró al suelo, cubierta de polvo. Pensamos [en lo peor]… Sin embargo, los médicos y los policías intentaban hacernos ver que no, no, que no era así. Que habían llevado a nuestra hija a la sala. La habían resucitado. Dijeron que estaba bien, que no estaba infartada ni en cuidados intensivos.

Había pasado la noche bien. Miré al cielo y dije: "hiciste tu parte, yo haré la mía". Desde entonces, nadie puede decir que he hecho algo [malo].

¿Tú hija está consciente de lo que ocurrió?

Nunca llegamos a contar el final de la historia, porque mi esposa y yo comenzamos a llorar. Cada noche que la acuesto, cada mañana que la llevo a la escuela, lo hago con un beso, un abrazo. Me gusta jugar con ella, cepillar su pelo. Quiero que mis hijas tengan ahora lo que yo no pude tener en casa. Es allí donde se origina mi creencia en Dios: los milagros existen, sólo debes esperar. Pero hubo un problema.

¿Qué pasó?

Estábamos tan contentos porque ella estaba fuera de peligro, pero ¿quién iba a pagar la cuenta del hospital? ¿Quién pagaría los exámenes? ¿El tiempo que pasó en el hospital? ¿El tratamiento? Yo ganaba €100 al mes. Estaba en lágrimas, llamé a [mi amigo] Ariel. Le dije: "Ariel, dieron de alta a mi hija, pero no me permiten llevarla a casa porque debo mucho dinero". Me respondió: "ven a la obra, vamos a conversar". Y mientras me dirigía hacia allá, él dio instrucciones a su secretaria para pagar el tratamiento de mi hija.

Llegué a la obra. "Ariel, ayúdame…" Me dijo: "tu hija está en un taxi, camino a casa".

Esa promesa inicia una nueva fase y tu regreso al fútbol. Contaste que habías dejado de jugar ...

Sí, porque Tiro Federal me acusó de haber robado balones, camisetas, chalecos ...

¿Para qué? ¿Para venderlos?

Exacto. El presidente del club (a quien ni siquiera nombraré) me llamó para decirme que fuera a las oficinas del club. Después, puso al cuidador del club a llamar para decir: 'ven, tendremos un asado'. Fui en un pequeño ciclomotor. Llegó allí [Chimy apunta a la entrada de Tajonar], pero ni siquiera llego a este punto [donde están los edificios], porque la policía ya me esperaba. El presidente publicó un comunicado, afirmando que yo había robado camisetas, balones, esto y aquello.

¿Te montaron una trampa?

Por supuesto.

Pero ¿por qué? ¿Qué intentaban lograr?

No lo sé. Me sigo haciendo esa pregunta. Me declararon inocente. Dos años de mi carrera perdidos por una acusación falsa. También expulsaron a mi hermano Gastón. Expulsaron a mi familia del club. Mi mamá trabajaba allí en limpieza. Cuando obtuvimos los papeles del tribunal que declaraban mi inocencia, le dije a mi agente: "Yo perdono, pero no olvido. Un día se hará justicia". Mi agente contrató abogados para defenderme y el club los compró. Y cuando [posteriormente] me transfirieron a mí y a mi hermano, este tipo ganó dinero por derechos de desarrollo del futbolista. Fui acusado, pero yo nunca me ca— donde me dan de comer. Y ese club me dio de comer.

No solo son dos años. El incidente pudo haber acabado con toda tu carrera. Tu vida. ¿De verdad no jugaste en todo ese tiempo?

Para nada. En absoluto. Mi contrato seguía vigente [por lo que estaba estancado], pero no me pagaban y había un caso judicial pendiente. Así que trabajé en la obra como albañil. Salía con mi esposa a vender ropa, en medio de la lluvia. Ella estaba embarazada. Desde los 17 o 18 años hasta los 20, me puse a vender ropa, recolectar basura, rebuscando, recolectando cartón, aceptando cualquier empleo.

Las cosas cambiaron después del nacimiento de tu hija, pero la necesidad persistía.

Cuando hice esa promesa, la hice. El fútbol profesional empezó de verdad cuando fiché por San Lorenzo hace siete u ocho años [en 2015, a los 20 años]. Salía a la cancha, consciente de que había gente que dependía de que yo marcase goles. Jugaba todos los balones hasta la muerte.

¿Ha bajado esa tensión? Actualmente tienes estabilidad económica, así que puedes jugar sin sentir esa necesidad urgente, ¿cierto?

No. Yo no cambio así de fácil, así es como juego. [Se le muestra a Chimy una foto de una bola de demolición]. Ah, bolas de derrumbe. Sí, así soy yo.

Eso encaja dentro del estilo del Osasuna; sin embargo, la clave para ficharte fue un DVD de los hinchas, en vez del fútbol. Te vendieron la idea de estar en el medio del Estadio El Sadar, escuchándolos corear tu nombre.

Venía de jugar una buena temporada con el Huesca [marcando 10 goles en 34 encuentros en LaLiga] y había muchos clubes de primera división interesados. Pero cuando Braulio, el director deportivo, me envió ese DVD, le dije a mi agente: "Haz todo lo necesario para cerrar trato con el Osasuna". Me dijo: "hay muchas ofertas, de clubes más grandes, más dinero". Pero ese [ambiente], era todo lo que quería. Y fue perfecto.

El juego del Osasuna es imparable. Juegan como si se les hubieran cortado los cables de los frenos.

Cierto. Cuando me fracturé la rodilla por primera vez, se debió a que no tenía frenos. Y cuando me fracturé por segunda vez, fue porque nunca reparé esos frenos. ¡Jajaja! Es la verdad.

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Es difícil, pero sabía que me repararían la rodilla, mientras que tanta gente no pudo superar el coronavirus, así que me identifiqué con eso. Hubo momentos bonitos: niños que llevaban cosas a mi casa, gente gritando para mostrar su apoyo a las afueras de la casa, tocaban mi puerta para pedirme que les firmara cosas. Recientemente, fui a un concierto [del cantautor colombiano] Camilo: es el ídolo de mi hija y a ella le encantó, y así pude ver lo afortunados que hemos sido.

¿Cuántos chicos tienen un ídolo? ¿Cuántos llegan a conocerlo? Y si para algunos ese ídolo soy yo, ¿por qué no pasar un poco de tiempo con ellos? Esos chicos fueron yo una vez.

Esa lesión te costó el pase al Barcelona.

Graciela, la esposa de mi agente, dice: "Chimy, cuando no pasa, es que quizás no era para ti". Cuando las cosas deben ocurrir, nada las detiene. Y esa es la verdad. Los sueños son bonitos, y mucho más cuando se hacen realidad. Pero ¿y qué pasa si ocurre algo en el camino? ¿Cuántas personas tenían sueños y perdieron sus vidas debido al COVID-19? Mañana, cuando abra los ojos, planificaré mi día.

¿Es el fútbol de selecciones uno de tus sueños?

Espero pronto jurar lealtad a la bandera española [para obtener el pasaporte español] y hacerme europeo. Enloquecería por jugar con la selección argentina, pero mis hijas han encontrado la felicidad en España. Los dos sitios que conozco significan todo: Huesca, el amor de una madre. Osasuna, Pamplona, el amor de un padre. Cuesta tanto conseguir esa felicidad. Llegué [a España] tras haberla pasado mal en Argentina, y me siento muy agradecido por el apoyo que he encontrado aquí.

Físicamente hablando, ¿cómo te sientes ahora, después de tu lesión? Anotaste 651 días después, y el pasado fin de semana convertiste otro gol.

Me siento bien: fuerte, rápido. El preparador físico tiene las estadísticas y estoy bien. Sin embargo, siempre habrá algo que necesite. Y el día que crea que he llegado al mejor nivel que puedo conseguir, más vale que deje de jugar. Si crees que lo has logrado todo, lo estás dañando.

¿No sentiste miedo? Lo natural, después de todo lo que has pasado, sería contenerte.

No [Chimy hace un gesto de desaprobación]. Salí, vi hacia el cielo y dije. "Dios, mi destino está en tus manos". Lo primero que hice fue perseguir y acelerar, deliberadamente. Cuando tuve la primera lesión [de ligamentos], le dije a mi esposa: "Churi, si me vuelvo a fracturar, me fracturaré. Pero la intensidad nunca cambiará". Siempre será así, sin importar los riesgos.

Y, ¿cuántas horas deben trabajar los hinchas para pagar un boleto, venir al estadio y verte jugar? ¿Por qué no hacer que ese gasto de €30, €40, €50 valga la pena? Hazlo por ellos, por la gente que se quita dinero del bolsillo para dártelo a ti. ¿Puedes perder? Pues sí. Pero nunca será porque no lo intentaste. Y fueron los hinchas los que alentaron mi rehabilitación. Ellos se aseguraron de que yo no volviera a caer cuando volaban las balas.

Balas metafóricas, en esta ocasión.

Exacto. No pensemos en las balas de antes.