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Milla

Camerún consiguió en Italia 90 una clasificación histórica para disputar los cuartos de final de una copa del mundo. Líder del grupo B tras derrotar de manera sorprendente a Argentina y Rumania en la fase de grupos, los leones indomables se constituyeron en el orgullo del continente africano con señas de identidad claras. Juego asociado. Posesión. Profundidad. Fútbol de alta calidad mezclado con un alta dosis de eficacia.

En los octavos de final, Roger Milla, santo y seña del grupo dirigido por el ruso Valeri Nepomniachi, a los 38 años provocó el delirio en su país al destrabar la eliminatoria frente a la selección Colombia con un doblete inolvidable en el tiempo suplementario.

El primer gol, después de fusilar a Higuita previa combinación con François Oman-Biyik. El segundo, tras aprovechar un exceso de confianza del propio arquero colombiano, quien intentó sobrarle con una gambeta imposible.

África rugió, y el amanecer de la generación colombiana de oro (Pibe Valderrama, Leonel Álvarez, Freddy Rincón, René Higuita, Bernardo Redín...), promovida por Francisco 'Pacho' Maturana, se truncó en un segundo fatal, a los 108 minutos de partido.

Los 50.026 espectadores que se habían dado cita el 23 de junio en el estadio San Paolo de Nápoles, y los televidentes de todo el mundo se restregaban los ojos sin poder dar crédito. Camerún se había ganado el afecto ajeno con una propuesta desinhibida y el descaro de referentes como N'Kono, Makanaky, Tataw, Oman-Biyik más el propio Milla, la leyenda nacida en Yaoundé el 20 de mayo de 1952. También Colombia, que cuatro días antes había logrado empatarle (1-1) a la poderosa Alemania. Pero el error de cálculo de Higuita provocó que fuera despedazada por la crítica.

Camerún fue el primer conjunto africano no anárquico de los mundiales. Su dibujo 4-4-2 sobre plano y una táctica definida fueron una plataforma excelente para exhibir sus mejores virtudes. Tanto en el aspecto futbolístico como en el apartado físico.

De ambas cosas volvieron a dar una prueba fehaciente días después, al dominar a Inglaterra en la mayor parte del partido de cuartos de final el 1 de julio, y ceder la clasificación nuevamente en el tiempo agregado al reglamentado (2-2, 1-0).

Camerún finalizó 7º la Copa del Mundo de Italia 90, delante de potencias como Brasil (9º), España (10º), Holanda (15º) y Uruguay (16º), y la imagen que brindó fue inmejorable. Sus partidos fueron seguidos con fervor por todo lo que aquel equipo había logrado transmitir. Camerún se constituyó en aquel mundial en la típica selección que durante la máxima cita futbolística del planeta gana adeptos y respeto por su modestia, propuesta y simpatía.