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Ernesto Canto, un hombre que hizo camino al andar

Se fue Ernesto Canto, el único mexicano que logró ser campeón de las cuatro competencias más importantes en un solo ciclo olímpico

MÉXICO -- En México, un medallista olímpico es siempre una historia deportiva que fue en contra de la estadística. Hombres y mujeres cuyos logros son una rareza entre millones y millones de mexicanos. Son el ejemplo de atletas que salieron victoriosos en medio de un sistema árido y rasposo. Y por eso inspiran a las nuevas generaciones. ¿Qué infancia no soñó con ser Joaquín Capilla, Felipe Muñoz, Soraya Jiménez o María del Rosario Espinoza? ¿Quién no deseó que todo el mundo escuchara su Himno Nacional en horario estelar? Ese sueño se ha repetido poco en México. Para ser específicos, sólo 13 veces se ha escuchado el himno de manera oficial en unos Juegos Olímpicos. ¡13 veces en casi 100 años de competir oficialmente en el evento deportivo más importante del planeta! Y por eso significa tanto. Son hazañas que quedan tatuadas en la memoria de un país. Momentos en que los mexicanos creyeron en el sí se puede.

Hoy se fue Ernesto Canto, uno de esos pocos deportistas que han logrado estar en lo más alto de un podio olímpico. El día de sus éxitos, en Los Ángeles 84, llegó a la meta primero que nadie en los 20 kilómetros de caminata. La carrera había sido extenuante, pero minutos después de que se colgó la medalla, su andar y su sudor era imitado por miles de niños mexicanos en las calles.

Pocos sabían entonces que el principio de su vida había sido muy parecido al de todos. Canto fue hijo de una familia sin grandes carencias, pero tampoco tuvo muchos lujos. Probó en varios deportes antes de llegar a la caminata, pero cuando la conoció ya nunca se detuvo. Su talento lo llevó pronto al mejor equipo del mundo, el del polaco Jerzy Hausleber, que era entonces la Meca de la marcha mundial.

Sus pasos fueron rápidos. Una lesión lo dejó fuera de los Juegos Olímpicos de Moscú 80, pero empezaba entonces el mejor momento de su carrera deportiva: en 1982 fue campeón Centroamericano en La Habana; en 1983, ganó los Panamericanos de Caracas y el Mundial de Helsinki. Ya parecía mucho, pero apenas se preparaba para ponerle sal a la carne: venían los olímpicos de Los Ángeles 84 y un oro que lo ratificaba como el mejor del mundo. Ningún otro mexicano ha logrado ser campeón de las cuatro competencias más importantes en un solo ciclo olímpico.

Era la época dorada de la marcha mexicana.

Ese día se volvió inmortal. Y aunque hoy dejó la vida terrenal, sus éxitos seguirán como un faro para cada niño que duerme con el sueño olímpico. Ernesto Canto hizo camino al andar. Hoy se fue un medallista. Un hombre que, por un día, nos enseñó que México sí puede.