Algunos años más tarde, he tenido que forzar "la retirada". "La retirada" desde una trinchera donde no me cansaba de ser y presumirme como su detractor número uno. Para mi, el 'Canelo' no era más que un invento de la publicidad, de la televisión, de la necesidad de la industria y del negocio. Hoy me doy cuenta de mi error. Lo acepto, tal y como es, sin rodeos, como lo hace el propio 'Canelo' cuando embiste al rival y cuando me confronta en una entrevista: Me equivoqué. Me tapó la boca un boxeador que ha mejorado noche con noche, que nos han enseñado valentía sobre el ring y disciplina y trabajo fuera de él y que este sábado tiene una gran oportunidades de dar el salto hacia una privilegiada y sagrada zona del boxeo mexicano. El 'Canelo' me tapó la boca.

Canelo
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LAS VEGAS, Nevada.- Tengo que admitirlo. Fui el primero de sus detractores. Aquel que lo juzgaba tajantemente como un producto falso de la necesidad de la industria, de la televisión, del negocio más apegado al mundo de la farándula que al universo real, para mí sagrado y serio que significa la historia del boxeo mexicano y de sus grandes héroes. Para mí, él era sólo un farsante. Algunos años mas tarde, debo reconocer mi error. Noche con noche, Saúl 'Canelo' Álvarez, se ha encargado de taparme la boca y de hacerme creer que en realidad posee alguno de los "aromas" más respetables para pertenecer a una clase privilegiada del boxeo mexicano. Lo ha hecho. Enfrentó valientemente la "vergüenza" de no hacer demasiado frente a Floyd Mayweather. Fue y le ganó a un histórico del boxeo latinoamericano como Miguel Cotto y trabajó ante diferentes estilos -Erislandy Lara, Austin Trout y James Kirkland- hasta ganarse el reconocimiento de sus críticos. Acumuló dinero, dos títulos del mundo y una condición mediática que le transformó en la cara del boxeo hispano. Todo ello lo ha hecho sin llegar todavía a los 28 años de edad.

El 'Canelo' es un tipo serio. A veces, parece antipático, arrogante, soberbio -'mamón', como diríamos aquellos que crecimos en las calles de la Ciudad de México-, pero también es un hombre serio, que a pesar de la gran fortuna y de la fama que ha acumulado a su joven edad, sigue conservando el hambre del trabajo, del gimnasio, de la disciplina por su profesión y el respeto por sus manejadores y mentores, el 'Chepo' y Eddie Reynoso, sin duda, los dos hombres que lo han conducido magistralmente en el difícil mundo del boxeo. La realidad es la realidad: ha mejorado mucho boxísticamente mientras ha madurado en el ring. Hoy, no es más ese boxeador parado que basado en su gran fortaleza tiraba golpes al son por son descuidando su defensa. El 'Canelo' es ahora un boxeador más equilibrado. Temible al contragolpe, con un "uppercaut" que asusta a cualquiera y con condiciones que le permiten caminar sobre el ring, quitarse golpes y mantenerse a salvo en los momentos más delicados de la pelea. El 'Canelo' ha avanzado, se ha hecho mejor boxeador desde aquellos días donde José Miguel Cotto, el hermano del seis veces campeón mundial Miguel Cotto, estuvo a nada de llevarlo a la lona en el primer round de una pelea que ganó más tarde por nocaut, desde que abusaba de la veteranía de Carlos Baldomir o de la inocencia de Mathhew Hatton o tal vez desde aquella etapa donde parecía sólo dispuesto a pelear ante boxeadores más chicos que él, ventaja que hacia evidente sobre el ring.

Yo le digo 'Canelo' y él me habla de usted. Es un chico de pocas palabras, pero al igual que como es sobre el ring, le gusta ir de frente. Dice lo que tiene que decir en frases breves, puntuales y nada más. Todos podemos cometer un error al momento en que juzgamos, en que damos un punto de vista, en que tomamos riegos. Yo lo hice con el 'Canelo'. Le di la espalda porque pensaba que su carrera se fincaba sobre bases endebles, poco sólidas. Algunos años más tarde, la verdad es que me equivoqué. Él no es ni será, tal vez, un Julio Cesar Chávez. Tampoco se acercará a las condiciones de Rubén Olivares y quizá no tenga los dones técnicos de Ricardo López, del 'Mantequilla' Nápoles o de Erik Morales. Pero dentro de sus aptitudes -que las tiene de sobra- es un gran boxeador, un boxeador que me tapó la boca.

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El boxeo es un deporte caprichoso, extraño, lleno de circunstancias, accidentes, decisiones, momentos, detalles. En apariencia, todo ello está por debajo de las condiciones técnicas, físicas y mentales de los dos protagonistas del combate en la T-Mobile Arena, pero uno nunca sabe. Lo que parece claro es que tanto el mexicano como el kazajo tendrán una responsabilidad mucho más marcada que su propia gloria particular en la cita de este sábado: la de darle credibilidad a todo un deporte que ha conocido una de sus peores crisis en los últimos tiempos. 'Canelo' y Golovkin tienen todo para hacerlo, pero...

Canelo Alvarez vs. Gennady Golovkin
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LAS VEGAS, Nevada.- Saúl 'Canelo' Álvarez y Gennady Golovkin podrían tener un reto mucho más importante y decisivo que su propia victoria la noche del sábado en la T-Mobile Arena de esta ciudad: Un triunfo por la credibilidad de un deporte que ha sido "vapuleado" en la ultima época. Los pronósticos sobre quién será el ganador por la batalla del campeonato mundial mediano no son muy claros ni contundentes. Lo que sí es concluyente en casi todos los expertos y aficionados es que será un duelo memorable que reivindique la historia misma del boxeo. "Es una pelea que será recordada dentro de 20 años", dice el promotor Oscar de la Hoya. Nada puede fallar. Golovkin es un boxeador serio, trabajador, honesto que ha tenido una gran carrera, primero como boxeador olímpico en su país natal y después como boxeador profesional, donde no ha perdido en 37 peleas y ha logrado construir, justo en la etapa final de las trayectorias de Mayweather y de Pacquiao, una reputación de pegador endemoniado, hecho que logró transformarlo en la gran estrella de la cadena HBO. El público del boxeo, cansado del boxeo defensivo y elusivo de Mayweather, buscaba y encontraba satisfacción a sus necesidades en el implacable boxeador kazajo. Y el 'Canelo' es un boxeador al que yo, en lo personal, siendo uno de sus grandes detractores, aprendí a respetar noche con noche. Su boxeo ha mejorado. Se ha convertido, tras peleas ante superestrellas de la época -Floyd Mayweather y Miguel Cotto- en un temible contragolpeador. Tiene un "uppercaut" imponente, ha aprendido a moverse sobre el ring y a sus 27 años luce como "un roble", físicamente apto para cualquier empresa que proponga la noche del sábado.

Tenemos dos grandes boxeadores, auténticos merecedores de la expectativa que ha generado la pelea. Dos personajes que pueden respirar o aproximarse a figuras legendarias en el filo de las 160 libras: Sugar Ray Robinson, Sugar Ray Leonard, Tommy Hearns, Marvin Hagler, Carlos Monzón, Archie Moore, Marcel Cerdán o Roberto 'Manos de Piedra' Duran. El boxeo presiente y cree que tiene en sus manos una noche en la que nada puede fallar para vivir una memorable jornada de emociones, de buen pugilismo, de equilibrio, de argumentos técnicos y físicos. El mismo boxeo que en el pasado reciente ha vivido de la incertidumbre, de las carencias, de momentos que resultaron traicionados por los propios protagonistas de la industria, de cuestiones más apegadas a la necesidad de un espectáculo y de un circo que a la seriedad e historia que establece este deporte. 'Canelo' y Golovkin pueden y deben darle la certeza que tanto ha buscado el boxeo en los últimos tiempos. Las condiciones de ambos, las estadísticas, los hechos fehacientes indican que nada puede fallar, pero el boxeo es un deporte donde siempre hay espacio para incidentes, circunstancias y accidentes. Cualquier detalle puede terminar lastimando lo que parece una combinación perfecta. No falta mucho para que suene la campana. Veremos qué sucede.

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El viernes por la noche en el Estadio Jalisco volvieron a aparecer los síntomas más temibles y lamentablemente comunes del futbol mexicano: los de la corrupción. Una pantalla mal colocada y una decisión rápida, tomada bajo la mesa, sin consulta y obviamente sin apego a los reglamentos. El juego se reprograma. Así de fácil y de sencillo se resuelven las cosas en una Liga presumida como de "primer mundo" y resguardada siempre en prácticas que solo sirven para cuidar los intereses más poderosos de la industria. Lo del Atlas y la pantalla no fue solo un ridículo, también una escena más de la vulnerabilidad de las leyes en el futbol mexicano...

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LOS ANGELES, CA.- La Federación Mexicana de Futbol ha amanecido este lunes con un "colorido" boletín, donde entre reglas, artículos y señalamientos intenta esquivar la parte más importante de cualquier competencia deportiva: la legalidad. Una pantalla casi "a nivel de cancha" aparecía de forma espectacular, dramática y yo diría que hasta ridícula el viernes por la noche en el Estadio Jalisco haciendo imposible la celebración del juego por la Fecha 8 del Apertura mexicano entre el Atas y los Tigres. La culpa, más allá de que seguramente buscarán otros culpables y pretextos, es del club local y el reglamento establece con claridad que cuando un equipo incurre en este clase de fallas -o irresponsabilidades- puede y debe hacerse acreedor a una sanción que destaca la pérdida de los tres puntos. ¿Qué hizo la Liga MX? ¿Qué hizo la Federación? Tapar el tema y rápidamente ponerse de acuerdo, entre ambos equipos, para un celebrar el juego en otra fecha. No se trata del Atlas. Tampoco de lo que hay detrás del Atlas. Se trata de otro triste escenario donde la justicia pasa a segundo término y donde se imponen los poderes, las influencias, los intereses del juego. Alguien cometió una falta y alguien debe pagar por ello. La seriedad dista mucho de una liga presumida como de "primer mundo" y la legalidad desparece cuando aparecen los intereses que están de por medio. El futbol se maneja así en México. Lamentablemente, sin independencia, sin coherencia, sin transparencia, sin claridad y sin justicia. El futbol se maneja siempre bajo los intereses de aquellos que mandan, que protegen sus beneficios, sus ventajas y sus ganancias. Dejemos el tema del Atlas y concentrémonos en otros asuntos que son tratados con el mismo sentido de despotismo: el Draft, el llamado "Pacto de Caballeros", el Sindicato de Futbolistas, la Selección Nacional, las reglas que favorecen las contrataciones de futbolistas extranjeros, los multipropiedades, el arbitraje, la Comisión de Disciplina y muchos otros asuntos. De la misma forma en cómo se resolvió esta controversia, se resuelven otras: bajo la mesa, pisoteando el reglamento, defendiendo sus intereses, cuidando los beneficios de quienes mandan. Después de todo, el futbol mexicano no puede ser distinto o ajeno a la gran problemática que envuelve el país en la mayor de parte de sus instituciones y de sus actividades en general. Hay una gran corrupción de por medio. La hubo el viernes en el Estadio Jalisco y ha existido en muchos otros escenarios de una pasión nacional convertida en una rica industria llamada futbol.

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México logra el boleto para Rusia 2018 y lo hace como no lo había hecho en los últimos dos procesos mundialistas: con tranquilidad y coherencia en la tabla clasificatoria. El problema surge cuando buscamos otro tipo de elementos en la cancha que nos permitan establecer que cuando afronte el nivel competitivo del Mundial y se aproxime a un juego de octavos de final ante Alemania, Brasil, Francia, Argentina o España, las posibilidades de éxito sean mayores que en el pasado. No hay garantías de nada y sí, por el contrario, descubro cierto conformismo y hasta apatía por dejar una "zona de confort" y exigirle a este futbol de acuerdo al potencial que tiene en el campo de juego y no en los productivos negocios que siempre involucra. Ir al Mundial cumple con un cometido en lo económico. Competir en el Mundial es otra cosa, una asignatura que el futbol mexicano ha dejado pendiente y que de acuerdo con lo que ha mostrado en los últimos tiempos, no ofrece ninguna clase de garantía.

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CIUDAD DE MEXICO.- Me pregunto: ¿De qué sirve "caminar" en la Concacaf para luego "gatear" en el Mundial...?

Mexico se ha clasificado a Rusia 2018. Hay algunos que lo celebran y lo ponderan. Habemos otros mucho más cautos que suponemos que el boleto mundialista, logrado bajo las condiciones en las que lo ha hecho la Selección Mexicana --primero, sin un estilo de juego definido y de buen futbol y segundo, en una de las zonas del peor nivel futbolístico del mundo-- no debe ser motivo de ninguna exaltación. México, hasta ahora, ha cumplido. Ha cumplido con "el negocio" de clasificarse a una Copa del Mundo (la numero 16 de su historia) y nada más. Sus expectativas parecen estar más allá de un grisáceo triunfo sobre Panamá y del dominio de un área que históricamente le ha favorecido. De nada le sirve a México clasificarse "caminando" en la Concacaf si una vez en el Mundial su futbol va a "gatear" como lo ha hecho en esta misma era cuando ha tratado de probarse en un nivel superior del juego (la Copa América del Centenario y la Copa Confederaciones).

No podemos cruzarnos de brazos y conformarnos con que esta es nuestra realidad y que la distancia con respecto a las grandes potencias del futbol es y será siempre la misma. Las pruebas, aunque escasas, existen. México ha mostrado una imagen más avanzada de su futbol en los últimos mundiales, donde se ha asomado, de forma competitiva hasta la instancia de los octavos de final. Llegar al Mundial es un requisito. Mostrar una forma, una manera con la cual se pueda establecer un avance con respecto al pasado es una necesidad y casi una obligación de este futbol.

La mejor noticia del viernes por la noche, cuando se consumó oficialmente la clasificación mexicana para Rusia 2018, ha sido la continuidad del entrenador Juan Carlos Osorio. El colombiano, como casi todos sus antecesores, no ha escapado de la polémica. Y aunque es verdad que su "sistema" --más que de juego, de trabajo, el de las ya famosas "rotaciones"-- no ha terminado por establecerse favorablemente, él no parece el único responsable de que el juego mexicano no haya alcanzado su potencial y un convencimiento pleno.

Los futbolistas, los que corren, meten la pierna y también los goles. La materia prima y fundamental de este deporte. Los que ganan y pierden en la cancha. Yo creo que es el momento de exigirle a los futbolistas mexicanos que sean responsables de sus actos y que cumplan, finalmente, con todas las expectativas que han generado. Hubo, incluso, quien llamó a esta generación como "la mejor de la historia" y la ponderó, también, como la más solida basado en el sitio en dónde actúan sus futbolistas, la mayor parte de ellos en ligas europeas de una alta competitividad. La realidad es que no han alcanzado los niveles para los que se les concibió. Sin especificar en algún nombre en particular, todos ellos, vestidos de verde, han quedado a deber.

Como sucedió hace cuatro años y como ha ocurrido en la mayor parte de la historia, la Selección Mexicana no ofrece una garantía de productividad y de competitividad para el próximo verano. Hay quien ve esto con buenos ojos: "Cuando llega el evento grande, la selección se sublima y termina jugando mejor de lo que esperábamos". Sí ,estoy de acuerdo, pero no puede ser la historia eterna de nuestro futbol. México tendría que mostrar avances juego a juego, presentación a presentación , sin importar el torneo o el tamaño del partido para que cuando vuelva a presentarse la ocasión de un juego en octavos de final del Mundial, ante Holanda, Argentina, Alemania, Brasil o España se eleven las posibilidades de sortearlo con éxito.

Entiendo que alrededor de la Selección Mexicana exista todo un "aparato" de comercialización, de ventas y de la explotación de la imagen y que para ese negocio sea imperativo ir al Mundial, pero para efectos exclusivos del futbol, lo importante no es tan sólo ir al Mundial, hay que buscar la trascendencia que este futbol ha amagado y que jamás ha alcanzado, teniendo, insisto, el potencial de sobra para hacerlo.

Queda poco menos de un año por delante. Esta selección debe mejorar. Debe mejorar el entrenador y debe mejorar cada uno de sus futbolistas, porque con el nivel de juego que han mostrado hasta ahora, Rusia 2018 no ofrece ninguna garantía genuina. Por lo demás y atestiguando la reacción de alguna parte del medio y de la afición ante la clasificación mundialista, me queda claro que hay algo peor que la realidad y la mediocridad. La desesperanza y el conformismo de pensar que esa es nuestra realidad y que de ninguna forma salimos de ella. Los niveles existen en el futbol como existen en otros muchos aspectos de la vida. Reconocer tus avances y tu potencial es tan importante como vivir y aceptar tu realidad. Lo que nunca deben faltar son motivos para seguir creyendo y soñando que puedes ser mejor de lo que has sido.

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Para tratar de jugar bien al futbol. La era de Juan Carlos Osorio en la Selección Mexicana ha tenido fundamentos en los resultados de la eliminatoria, pero tan sólo ha presentado breves parajes de buen futbol. Juntándolos todos, no alcanza aún para ofrecernos una certeza de que México competirá en el verano próximo de Rusia. Y este viernes tiene otra gran oportunidad para “volver a empezar”, para tratar de que sus mejores futbolistas, llenos, todos de ellos grandes condiciones que les han conducido a jugar en un nivel mayor del juego, empiecen a hacerlo con orden, con idea y con profundidad. Y lo demás, estoy seguro, llegará sólo: los goles, el triunfo, los tres puntos, la clasificación mundialista e insisto, la tranquilidad de saber que México tiene un equipo de futbol que juega a algo y que esta convencido de sus condiciones. Nunca es tarde...

CIUDAD DE MEXICO.- Ni rotaciones ni experimentos. Ni muy ofensivo ni muy defensivo. El futbol escapa de polémicas porque siempre se ha tratado de lo mismo. Y no es tan sólo ganar por ganar, como aseveran algunos, llevarse los tres puntos y golear al rival. No es ni siquiera una clasificación prematura para el Campeonato Mundial del próximo año. Sigue tratándose de lo mismo: Jugar bien al futbol. Y este viernes por la noche, México vuelve a su zona de confort futbolístico. Aquí, en la Concacaf, donde se siente “Rey”, donde en algunas ocasiones lo han llamado “Gigante” o “todopoderoso”, donde despierta susceptibilidades, envidias, pasiones desenfrenadas y muchas veces odio y encono. Y sigo pensando que no se trata de humillar al rival. Nadie espera que México llene de goles esta noche a Panamá. Se trata de jugar bien, en armonía de líneas, mostrar seguridad, orden en la zona baja e ideas, fundamentos y profundidad al momento de atacar. Jugando bien, México estará más cerca de todos sus objetivos: ganar, clasificar al Mundial, afianzar su distancia con respecto a los rivales del área y darnos cierta certeza de que el futbol mexicano mostrara una escena competitiva para el próximo verano.

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La era de Juan Carlos Osorio se ha distinguido más por su efectividad en el proceso eliminatorio que por una condición propia de juego. México debe y puede dominar la Concacaf, pero ello, al final del día, no le garantizará nada cuando intente dar el salto de calidad que tanto anhelan los aficionados a este deporte en México y más allá de sus fronteras.

Futbolistas hay, existen, puede que no sea la mejor generación de la historia como llegaron a señalar algunos de forma exagerada, pero es un equipo que tiene sus fundamentos, líderes, jugadores de personalidad y un estatus distinto al pertenecer, la mayor parte de ellos, a ligas de un mayor tamaño competitivo que nuestra liga doméstica. En Guardado, en “Chicharito”, en Vela, en Ochoa, en Moreno, en Jonathan, en Giovani, en Herrera, en Jiménez, en Lozano y en Corona, México tiene a un grupo de futbolistas apto, que, lamentablemente, durante el verano no mostraron sus mejores condiciones, ni individuales ni colectivas, cuando afrontaron el reto de la Copa de las Confederaciones.

El entrenador, el señor Osorio, que contra viento y marea debe llegar a dirigir en Rusia 2018, debe entender también que necesita empezar a buscar un cuadro base y que sin perder su método para funcionar, las famosas rotaciones, puede encontrar una alineación que basada en la regularidad, el trabajo, las repeticiones, halle un fundamento para competir como equipo. Es tiempo de encontrar un equipo en la selección mexicana. Sin son 25, 23, 15, está bien, pero 11 que en realidad empiecen a entender a qué y cómo juegan.

El futbolista también tiene una responsabilidad. “Defender” al entrenador en los medios es bueno, cuando la razón les asista, pero el mejor sitio para “defender” al entrenador es en la cancha. Ellos no han estado en el nivel que pueden estar. Deben mejorar. Estar plenamente concentrados y entregados a la tarea de compenetrase como grupo y ofrecer sus mejores habilidades individuales.

Las ventaja mexicana no radica tan sólo en jugar como local en el Estadio Azteca. Reside en su mejor futbol, en su mayor historia, tamaño de la industria y pasión por el juego. Por ello, México es más que Panamá y que muchos de sus rivales del área futbolística. Pero, eso hay que hacerlo evidente en la cancha y no en los medios.

Jugar como equipo siempre será la mejor arma de una selección mexicana, pero individualmente hay futbolistas que pueden marcar diferencia en una noche que se presume húmeda y tensa en el estadio y cerrada y complicada sobre el césped. El liderazgo de Andrés Guardado, oficialmente el nuevo capitán de la Selección Mexicana tras el retiro de Rafael Márquez. Guardado llevara la batuta hasta Rusia y nadie mejor que él para hacerlo. Un chico, un hombre que se ha esmerado en una carrera limpia y competitiva sobre las canchas. Hoy, debe poner el carácter que tiene de sobra para “comandar” al equipo en los momentos más importantes. Otro nombre que sin duda tiene un alto grado de responsabilidad en la moral de esta selección es Javier “El Chicharito” Hernández. No sólo por los goles o por su peso histórico en el equipo, sino también por su temple y porque ha demostrado que es un futbolista que no se esconde en los momentos de mayor presión. Hay otros personajes que pueden darle a México un sentido diferente en los últimos metros de la cancha: Carlos Vela, sin duda, el futbolista de mayor alcance en cuanto a condiciones técnicas. Los otros dos, jóvenes, ambos con características distintas a la que suele tener el futbolista mexicano: “El Tecatito” Corona y “El Chucky” Lozano. Ellos deben tener la jugada distinta cuando el partido se vuelve áspero, cuando el rival se planta con 10 futbolistas por delante de su área chica y cuando la tribuna comienza a apretar con silbidos de impaciencia.

México tiene fundamentos para ser mejor de lo que ha sido en este verano futbolístico. Se sigue tratando de lo mismo. Para mí, no se trata ni siquiera de ganar por ganar o de golear o de tener ya el boleto para Rusia. Se trata de jugar mejor, de jugar bien y con ello, seguramente, aparecerá los demás. Porque nunca debemos olvidar que el futbol es un juego, donde los único que ganamos, la mayoría, son sentimientos, pasiones, recuerdos, fantasías. Hay que tratar de jugar bien. Lo demás, tarde que temprano, llegará.

@Faitelson_ESPN

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Mientras el futbolista panameño del Houston Dynamo, Adolfo Machado, ha tratado de calentar el juego eliminatorio del viernes, los aficionados panameños, y alguna parte del periodismo de ese país, han escogido la casi tradicional manera, o “receta centroamericana”, para avivar la esperanza de una victoria en el Estadio Azteca. Mezclar orgullo, patria y la imagen de una nación con un partido de futbol no ha sido, nunca, una combinación sana y exitosa. Creo que ganar en México, lo que ellos llaman “Aztecazo”, es posible, siempre ha sido posible, pero también creo que hace rato que las grandes aspiraciones mexicanas en el futbol dejaron de ser un triunfo sobre Panamá o eventualmente una clasificación mundialista.

LOS ANGELES, CA.- “Aztecazo”, un término tan simple y vano para algunos como espectacular y fantasioso para otros.

Y ahí vamos, otra vez. La presencia de un equipo centroamericano en el Estadio Azteca para una eliminatoria mundialista supone siempre una carga emocional que parece sentir y disfrutar más el aficionado, y hasta el periodismo, centroamericano que lo que realmente ocurre y se percibe a nivel local en México. Y casi siempre, sean costarricense, hondureños, salvadoreños y en los últimos años panameños cometen el mismo error: suponer que en el Azteca se gana con orgullo, con la patria y con la bandera por delante. Se equivocan. En el Azteca se gana con futbol, con futbol y nada más.

“Mexicanos se sienten la última coca del desierto...”, dice el futbolista panameño Adolfo Machado. Me gusta. No pasa nada. Sirve para calentar el duelo y nada más. Machado juega en la liga de los Estados Unidos (la MLS), en Houston, y sabe perfectamente bien cómo es y que siente el aficionado mexicano por el futbol y por su selección. Insisto: para mi no hay controversia, al contrario, visto desde otro aspecto, me parece interesante que finalmente en el mexicano se descubra un sentido de superioridad cuando generalmente, en futbol, sigo hablando sólo de futbol, hemos sido reconocidos, muchas veces, como faltos de carácter y de personalidad por no llegar a un término más común o vulgar determinado como “agachones”.

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Lo mismo pasa con la televisión panameña, como ocurrió con la costarricense, que me pide un comentario donde mis palabras sirvan para generar una motivación extra en sus futbolistas y en sus aficionados y que al final se descompone de tal forma, o la descomponen, para generar distancia, encono y odio a través de un juego de futbol.

Y caen el misma pregunta de siempre: “¿Ve usted posible un “Aztecazo”? Y mi respuesta varia de acuerdo, obviamente, a la época en la que transita tanto el futbol de México como el futbol del rival, porque al final del día esto se resuelve con goles. Jugando al futbol y no mostrando las riquezas o las carencias e injusticias que tiene tanto uno como otro país. El primer error que han cometido las selecciones centroamericanas que vienen al Estadio Azteca por un buen resultado es confundir los sentimientos de sus jugadores y de sus aficionados. En la medida en que el jugador de Panamá, de Costa Rica, de Honduras, de El Salvador y de Guatemala entienda que se trata de un juego, donde puede ganar o perder, entonces, estoy seguro que la travesía y la odisea de triunfar en México será mucho más sencilla. Cargan tanto en lo emocional, mezclan demasiados aspectos que en nada tienen que ver con la cancha, que al final, terminan, me parece, presionando más al futbolista que visita la ciudad de México.

El “Aztecazo” es posible, siempre es posible, hoy, quizá más que nunca, con una selección mexicana confundida durante el verano, sin un estilo definido de juego, con futbolistas por debajo de su nivel, con ausencias, Oribe, Márquez y Layún, y con un entrenador que seguirá haciendo rotaciones y experimentos a pesar de no encontrar la base y la solidez de un cuadro competitivo. Este es el panorama mexicano en el final de un periodo poco afortunado, ni Copa Confederaciones ni Copa Oro fueron exámenes positivos, y ante la posibilidad de clasificarse prematuramente al Mundial de Rusia 2018.

Las oportunidades de que Panamá juegue bien y obtenga un buen resultado son viables, siempre y cuando entienda que no viene a una “guerra” y que no se está jugando “la vida” en el Estadio Azteca. Es un simple juego de futbol.

Percibo, al mismo tiempo, un desgano normal del aficionado mexicano. Los dos torneos del verano no sirvieron para “calentar” el cierre de la eliminatoria y la realidad es que, históricamente, tal vez por el área donde juegue, en México no se suele celebrar las clasificaciones a los Mundiales. Hace rato que las aspiraciones mexicanas en el futbol están más allá de ganarle a Panamá o de un boleto mundialista. Eso, suponemos algunos, aunque luego nos califiquen como que “la última coca del desierto”.

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¿Cuál crisis en el Tri?
Juan Carlos Osorio
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Tras una verano desastroso -no hay otra manera de calificarlo- la Selección Mexicana vuelve a la actividad y está muy cerca de celebrar la obtención prematura -y también tranquila- del boleto para el Mundial de Rusia 2018. La realidad de la cancha no se refleja en la tabla eliminatoria de su zona geográfica futbolística. La realidad se reflejó en la Copa América de hace un año y en la Confederaciones de este verano. ¿Hacia dónde va la selección mexicana? ¿Podrá competir en canchas rusas como lo hizo en los últimos tres mundiales? Las respuestas no son precisas, más bien son inciertas y tenebrosas.

LOS ANGELES, CA.- ¿Crisis? ¿Cuál crisis? Basta con ver la tabla de la eliminatoria de la Concacaf para darse cuenta de que México podría celebrar en las próximas horas una prematura clasificación mundialista, dejando de lado todos los contratiempos y hasta los "fantasmas" que le acompañaron hace 4 años, cuando se tambaleaba en camino al Mundial de Brasil. Supongo que esa es la forma en la cual se percibe el clima alrededor de la selección en las oficinas de la Federación Mexicana de Futbol y en aquellos que están para cuidar los "sagrados" intereses de la industria. Pero hay algo que no podemos tapar ni olvidar. La Selección Mexicana procede de un verano sumido en el fracaso. No se lograron los objetivos que se habían trazado para la Copa Confederaciones y la Copa Oro y ninguna de los dos equipos que se vistieron "de verde" mostraron condiciones futbolísticas. En lugar de avanzar, la selección pareció mostrar un retroceso.

El gran problema -que para muchos más que un "problema" es una "bendición"- ocurre cuanto llega el momento de volver a la comodidad de tu zona futbolística. Y ahí, en medio de la pobreza, la mediocridad y muchas veces la mezquindad futbolística de sus rivales, México sigue consiguiendo resultados. "En tierra de ciegos el tuerto es rey".

Por más que el proceso anterior haya sido complicado, escabroso y por momentos vergonzoso, sigo pensando que Juan Carlos Osorio no fue contratado por el futbol mexicano para lograr una clasificación mundialista. Osorio fue traído México para tratar de continuar con el proceso evolutivo que ha tenido el futbol mexicano en los recientes mundiales. El nivel de juego y las sensaciones alrededor de esta selección no son, de ninguna manera, positivos. Con el mejor nivel de juego que ha mostrado la Selección Mexicana en los últimos meses, no parece existir ninguna certeza de que competirá en los estadios rusos como lo hizo en Brasil, en Sudáfrica o en Alemania -en las ultimas tres Copas del Mundo-.

El verano confirmó y al mismo tiempo descubrió un México confundido en la cancha. Sin un estilo definido para jugar el futbol, con jugadores lejos de su nivel y con un entrenador que en medio de la polémica por la rotación de alineaciones, se daba el lujo de experimentar con futbolistas fuera de su posición. Irónicamente, ello ocurre justo en la época donde el futbol mexicano podía presumir a la mayor cantidad de futbolistas integrados a clubes europeos.

La crisis de una selección se vive mejor en el primer lugar de tu zona eliminatoria mundialista, pero parece una justificación muy pobre y una mentalidad muy mediocre para un futbol que si bien no respira entre las grandes potencias mundiales del deporte, sí que, de acuerdo al tamaño de su futbol, confiaba en encontrarse en un proceso que en lugar de alejarle la aproximaba a la zona de competitividad y de excelencia. El futbol mexicano parece ir en dirección contraria. La Copa América del año pasado y la Copa Confederaciones de este verano lo corroboran. Las actuaciones en el campo de juego abren un gran sendero de dudas y de incertidumbre.

Sigue Panamá, en el Estadio Azteca y luego Costa Rica, en San José, en tu engañosa área geográfica, en un sitio donde no corres peligro y donde te puedes conformar con la mediocridad esperando que ocurra un "milagro" cuando llegue el momento de jugar antes los mejores. No, que va, no hay "crisis", no parece existir una "crisis", aunque en el fondo, algunos presentimos que esto no va a ninguna parte.

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Tigres le dejó un mensaje al América. Uno puso todo lo que tenía y el otro, por momentos, pareció reservarse. Y por algún momento, el equipo de Ferretti parecía con las condiciones para darle un "baile" al América en su propio estadio. No fue así, porque el América encontró la manera, primero, de sobrevivir y después de competir e igualar. Lo hizo más con ímpetu y mentalidad que con futbol. Y de ahí se desprende la duda sobre la capacidad que tendrá este equipo cuando intente aspirar a cosas más trascendentes en el campeonato. Tigres le dejó un "mensaje" al América.

Piojo
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LOS ANGELES, CA.-- El verdadero mensaje fue más allá del marcador y de un final que supuso un equilibrio de fuerzas. Durante poco más de 20 minutos, Tigres hizo lo que quiso con el América. Lo llevó de un lado a otro de la cancha, no le prestó el balón y lo tuvo a un ritmo vertiginoso contra su propia portería mientras los gestos del "Piojo" Herrera se retorcían desde un costado de la cancha. Pero había más en ese "mensaje" de Tigres y del "Tuca" Ferretti: Lo había hecho con tres jugadores que en apariencia son titulares -Gignac, Sosa y Vargas- en la banca. "Siempre hay una primera vez...", le respondió "El Tuca" a un periodista cuando se le cuestionaba sobre el hecho de dejar en el banquillo de suplentes al francés Gignac, para muchos, el mejor o el más determinante futbolista de la Liga MX, cuando afrontaba un partido de alta tensión emocional en la cancha del Estadio Azteca ante el América. Me parece haber entendido el recado que Ferretti le dejó al América en su propio estadio: Van a necesitar más que el ímpetu del "Piojo" para poder trascender en el torneo. El América ha recuperado una intensidad emocional que le permite mantenerse en un estado competitivo durante los juegos. Lo hizo anoche, cuando Tigres amenazaba con darles un "baile" en su propio estadio, pero va a requerir más que eso si quiere terminar trascendiendo en el campeonato. Carlos Darwin Quintero está otra vez en gran forma y Miguel Herrera espera que tanto Cecilio Domínguez como Renato Ibarra terminen por ser más regulares en su juego. El América terminó teniendo oportunidades ante el marco de Tigres, pero la realidad es que un error del portero Nahuel Guzmán abrió las puertas para la igualada. No sé por qué, pero tengo la sensación de que Tigres jugó sin emplearse a fondo, sin "despeinarse" y que el América lo puso todo, todo lo que tiene hoy. Y sí, puede que al final existiera un equilibrio y la idea de que fue un juego cerrado y peleado. La verdad fue otra. Tigres fue mucho mejor que el América. El América encontró la manera de que ponerse en el nivel que le exigían. Eso es bueno, pero tampoco promete ni garantiza nada.

El mensaje es contundente: Van a necesitar más que el ímpetu del "Piojo".

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David Faitelson

El equipo universitario debió agotar todas las posibilidades de Palencia antes de tomar una decisión delicada. Se entienden los primeros síntomas de desesperación que han comenzado a manifestarse desde la siempre "caliente" y "expresiva" tribuna de Pumas, pero no será nada fácil encontrar a un personaje que reúna tantas similitudes con el futbol y hasta con la estilo de vida de los Pumas. Antes de terminar con Palencia, Pumas debió estar completamente convencido de ello. Tiempo y paciencia, algo que no existe en el futbol de nuestros días.

LOS ANGELES, CA.- Las necesidades de Pumas siempre han sido un tanto inciertas y peligrosas. Es un club al que llaman, destacan y alardean como "grande" y al que se le colocan con las mismas obligaciones que Chivas, América o Cruz Azul, pero también con el deber, casi perene, de apostar por "su sangre", por "su cantera", por sus propias "raíces".

En medio de todo ese dilema -que alguna vez resolvieron con prontitud y eficacia Mejía Barón, Ferretti, Hugo y Memo Vázquez- se encuentraba hasta hace algunas horas Juan Francisco Palencia. El juego de anoche en el Olímpico Universitario -una derrota de 2-1 ante el modesto Morelia- acabó con el reclamo casi generalizado de una tribuna universitaria siempre caliente y siempre participativa en los malos momentos de su equipo. Algunos, sí, pedían "la cabeza" de Palencia. La dirigencia les ha favorecido este mediodía con la decisión.

Pumas ha atravesado por algunas dificultades a partir de la caída en los últimos meses de la empresa que como patronato sostenía su "esqueleto" económico. El desplome de "ICA" terminó conduciendo a Pumas hacia otros terrenos administrativos. A pesar de todo, el equipo ha tratado de mantenerse a flote en lo deportivo con una vieja fórmula instaurada por el "padre fundador" Guillermo Aguilar Álvarez y por personajes como Cesarini y Bora Milutinovic: la combinación de la cantera, una base de futbolistas producidos, fabricados y amamantados en el Pedregal con tres, cuatro o cinco futbolistas extranjeros que se adapten al estilo y a las condiciones de Pumas y que terminen marcando diferencia en la cancha.

Tras la exitosa segunda época de Ricardo Ferretti, y las "idas y venidas" de Guillermo Vázquez, Pumas empezó a buscar al entrenador apropiado. Y la brújula indicaba, desde el mismo día de su retiro glorioso en Ciudad Universitaria, hacia Juan Francisco Palencia. Él era el personaje en quien confiar al querido y preciado club.

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Un año más tarde de su nombramiento, las críticas aparecen por todas partes. Pumas no ha logrado estabilizar su futbol. El inicio de este campeonato ha sido titubeante e incluyó una muy dolorosa derrota para sus aficionados en el Clásico ante el América. La llegada del seleccionado chileno Marcelo Díaz promete reforzar un plantel que cuenta con algunas figuras destacadas -sobresale el también chileno Nicolás Castillo-, el español Abraham González y los canteranos Jesús Gallardo, David Cabrera y José Carlos Van Rankin. Se espera pronto el regreso de Pablo Barrera, quien se ha perdido el inicio del campeonato por una lesión.

Entiendo los primeros síntomas de desesperación de los aficionados de Pumas, pero tampoco me parece adecuado abortar el proyecto de Palencia de manera tan abrupta. Pumas debió agotar hasta las últimas posibilidades que Palencia tenga de transformarse en un entrenador exitoso. No será fácil -por más que algunas "voces" pidan el regreso de Guillermo Vázquez- encontrar un personaje que reúna tantas similitudes apegadas al estilo universitario de entender el futbol y la vida misma.

En su primera campaña como director técnico, Palencia logró clasificar a la Liguilla del Apertura 2016, sin embargo en su siguiente torneo solo pudo sumar 12 unidades en 17 juegos, cifras que lo dejaron como penúltimo general.

En total Juan Francisco Palencia ha dirigido 48 encuentros con los felinos, de los cuales 40 son juegos de liga, dos de Liguilla, cinco de la CONCACAF Liga de Campeones y un partido de Copa MX.

El saldo para el timonel auriazul es negativo. Hasta el momento suma 18 victorias, 10 empates y 20 derrotas. La cosecha de puntos es baja, ya que en la era Palencia los Pumas han conseguido 61 de 131 puntos posibles que dejan un pobre 45 por ciento de efectividad.

En medio de lo que supone ser ya una intempestiva "tormenta" alrededor de Pumas, yo creo que el mejor refugio era tener tiempo y paciencia para Palencia. Había que desperdiciar hasta la ultima suspiro de esperanza con él. Pumas no lo hizo. Se equivoca.

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Parece, finalmente, adquirir la efectividad y empieza a jugar con cierta idea al futbol, pero tiene en las próximas horas una cita que podría marcarle para el resto del campeonato. Tigres, el mejor equipo de la época en el futbol mexicano, puede ser el "termómetro" ideal para medir al conjunto de Miguel Herrera. ¿Es realmente confiable la racha ganadora en la que está metido? ¿Ha mejorado futbolísticamente desde la pobreza del torneo anterior? ¿Sus futbolistas más importantes -Quintero, Cecilio y Renato Ibarra- están recuperados para darle la amplitud de juego que necesita? El América se pone a prueba ante el mejor del futbol mexicano de los últimos tiempos y puede que confirme las sospechas sobre su mejoría o que descubra sus más temibles y vergonzosos defectos.

Miguel Herrera
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LOS ANGELES, CA.-- El América está en un proceso de insinuación. Insinúa ser ganador e insinúa intentar jugar bien al futbol. Mientras atraviesa por esa vertiente, se le aparece el mejor equipo de la última época que puede probar, de una vez, para qué está hecho.

Aunque nada es definitivo en un futbol afectado siempre por la irregularidad, el América se mide a Tigres para saber qué tan verdadera es su racha de cuatro triunfos al hilo y qué tan avanzado se encuentra el proceso de readaptación del entrenador Miguel Herrera. Todos los indicios, hasta ahora, son positivos. A diferencia del torneo anterior, el América de hoy juega o intenta jugar a algo. Empieza a dar una idea de lo que puede significar el máximo potencial de sus futbolistas y de paso, eso sí está más avanzado, recupera el carácter y la personalidad de su técnico, una característica que suele gustarle al aficionado del América y que reflejó maravillosa y sensiblemente en aquel mayo del 2013, cuando el América le ganó la final al Cruz Azul en una épica noche que quedó plasmada para la posteridad en la historia del americanismo y del futbol mexicano. El América está recuperando el "ADN" del América y eso en parte se lo debe ya al trabajo de Herrera.

Futbolísticamente hablando, va de menos a más. Jugadores como Carlos Darwin Quintero, Renato Ibarra y Cecilio Domínguez, afectados pos lesiones que mermaron su continuidad en la temporada pasada, parecen estar de vuelta. Y con ideas frescas, con profundidad, el América crece competitivamente. No es fácil ganarle y ha demostrado, tanto en la Liga como en la Copa, que es capaz de volver situaciones difíciles para transformarles en situaciones favorables.

Tigres es una magnifica prueba para saber dónde esta y hacia donde se perfila este América. El equipo de Ferretti atraviesa por un inicio donde también se ha visto afectado por la inconsistencia, pero tiene al entrenador y a los futbolistas para recomponer el camino en cualquier momento. Tigres es el equipo más completo y más peligroso del futbol mexicano. Si te descuidas un poco, descubre tus defectos más temibles. De ahí la peligrosidad de la jornada en el Estadio Azteca para el América.

Sea como sea, y siendo aún demasiado temprano para "echar las campanas al vuelo", el América está en el sitio donde tiene que estar en la tabla e insinúa, insinúa con encontrar la regularidad, la confianza y el buen futbol que tanto anhelan sus aficionados.

@Faitelson_ESPN

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¿El Madrid de Cristiano o el Madrid de Zidane? Como usted quiera, pero es un Madrid que cumple con sus condiciones más sagradas: esmerar su juego y recoger trofeos. Y empezamos a reconocer una época de un entrenador francés que en tan sólo algunos meses lo ha ganado prácticamente todo con la virtud de manejar a la perfección uno de los vestidores más complejos del futbol y darle un nuevo aliento a la carrera del legendario delantero portugués. No es que Zidane haya hecho mejor a Cristiano, pero lo ha enseñado a cuidar los tiempos y sin duda a extender sus grandes facultades en beneficio directo del propio CR7, del club y del mismo futbol. ¿El Madrid de Cristiano o el Madrid de Zidane? El Madrid de siempre...

Real Madrid, Zinedine Zidane/Cristiano Ronaldo
AP PhotoCristiano Ronaldo ha adoptado de gran manera el nuevo 'rol' que le ha conferido el estratega

LOS ANGELES, CA.- Tarde que temprano, llegará el momento en que dejemos de llamarle a este equipo "el Real Madrid de Cristiano Ronaldo" para bautizarle formalmente como "el Real Madrid de Zinedine Zidane". La tarde hoy, en el Bernabéu, se prestó, definitivamente, para ello.

El Madrid ha cumplido con uno de los preceptos básicos de su historia: "Levantar" trofeos. Lo hizo la semana pasada ante el Manchester United por la Supercopa Europea y lo hace este miércoles, ante su acérrimo rival, el Barcelona, por la Supercopa de España. En tan solo algunos meses como entrenador (18 meses, desde enero del 2016) ha acumulado una marca imponente, que lo separa ya de la mayor parte de sus rivales, incluyendo el inicio que tuvo Pep Guardiola cuando comenzaba su carrera (2008) en el Barcelona. Zidane ha ganado, en números, prácticamente todo lo que ha tenido por delante: dos Champions, una Liga, un Mundial de Clubes, una Supercopa de la UEFA y ahora una Supercopa de España. Pero hay algo más que no dicen exactamente los números y que parece estar ocurriendo en este Madrid: el club ha tomado el sello del mítico jugador francés. El Real Madrid no solamente gana los trofeos, también empieza a mostrar, de acuerdo con la gran plantilla que presume, un futbol que agrada y llena a sus más escépticos y refinados aficionados. El Madrid procura jugar bien, de acuerdo con el estilo y la marca de la casa y en el camino recoge trofeos, otras de las grande condiciones que tiene el que muchos consideran el mayor club de futbol en la historia del juego.

Es indudable que la aportación de Cristiano sigue siendo fundamental en este Real Madrid. Habría que ver, analizar y disfrutar sus estadísticas en los últimos meses, justo cuando algunos expertos empezaban a considerar la posibilidad de que a los 32 años comenzara un declive natural de sus facultades. No ha sido así y gran parte de la responsabilidad de ello también en recae en Zidane. El entrenador le ha hecho entender al futbolista que ha llegado el momento de repartir mejor las energías y lo ha convencido a tal modo que el casi siempre empecinado portugués ha admitido que puede y debe ausentarse en algunos momentos del futbol del Madrid sin que ello le signifique desprenderse de la etiqueta que lo marca y consagrada como la gran estrella que es. Zidane le ha dado nuevos ánimos a la carrera de Cristiano. Lo ha hecho en beneficio del jugador, del propio Real Madrid y yo diría que hasta del futbol en general que puede seguir disfrutando de las grandes condiciones que tiene el delantero portugués.

El Madrid lo ha hecho otra vez. Una sana costumbre de un club grande, poderoso e histórico: llevar trofeos a la vitrina, El Madrid de Cristiano o el Madrid de Zidane. Como usted quiera. Es, finalmente, el Madrid de siempre.

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Javier Hernández

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