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La MLS, un roble con raíces de bonsai

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La MLS cumple 25 años (1:47)

Para Rafa Ramos la Major League Soccer alcanzó la adultez, pero no la madurez necesaria. (1:47)

LOS ÁNGELES -- 25 años. Mayoría de edad. Adultez, sin duda, pero no madurez. La Major League Soccer (MLS) se expande, pero no evoluciona; crece, pero no se desarrolla; se abulta, pero no se fortalece.

Simple: es un árbol cada vez más frondoso, cada vez más exuberante, pero, con raíces pequeñas. Un roble con raíces de Bonsai.

Tiene un vecino incómodo: México. Parafraseando a Alan Riding, son “Vecinos distantes”. La Liga Mx y la MLS cohabitan en un planeta llamado futbol, pero en universos diferentes, antípodas casi.

La MLS ha dado golpes impensados que constriñen las entrañas del futbol mexicano. Brutales golpes mediáticos: David Beckham, Zlatan Ibrahimovic, con intentos como Sebastián Giovinco y Wayne Rooney, y en menor escala, Carlos Vela y hasta los vestigios de Javier Hernández y Giovanni dos Santos, casos, estos dos últimos, en los que es evidente que quien los elige sabe poco o nada de futbol.

México alguna vez lo intentó. América firmó a una figura como Dirceu Guimaraes. Salió huyendo con una sentencia histórica: “entregaba (en México) un balón y me devolvían una sandía”.

Equivocándose como la MLS, o peor aún, contrató las momificaciones de Ronaldinho y Landon Donovan. Sí, en México hay directivos que saben menos de futbol o más de negociaciones sospechosas, que los de su vecino del norte.

¿Por qué la MLS es un roble con raíces de Bonsai? Porque en esa obsesión por la abundancia, por esa lujuriante pretensión de impactar estruendosamente, se ha olvidado de hacer crecer sus raíces. Su cepa germina por accidente.

La MLS presume que su Liga puede ser vista en 190 países. Es decir, dos países menos que los afiliados a las Naciones Unidas, y 21 más que los afiliados a la FIFA. Es un Shaquille O’Neal que calza del cinco y medio. Es decir, en cualquier momento se viene abajo.

190 países con transmisión abierta de la MLS. Es distinto que pueda ser vista a que sea vista. Alguna vez con Javier Aguirre se discutía eso. La podía ver en Egipto, pero no necesariamente la veía en Egipto. En todo el mundo hay aparadores con baratijas.

Insisto, en 25 años, la MLS ya es un ente adulto, pero lejos de su madurez. Y mientras más pretenda ser un roble ubérrimo, pletórico, pero siga anclado a la tierra con raíces de bonsái, su majestuosidad aún está lejos.

Más allá de una transparencia financiera, epítome de mercadotecnia deportiva, y una sensibilidad mediática, la MLS ha descuidado fundamentos de un futbol nacionalista.

La MLS tiene una poderosa riqueza que desdeña. Encandilada por el morboso impacto de contrataciones de relumbrón, olvida a su propia sangre.

El atleta estadounidense tiene una savia distinta. Una furiosa sangre de competencia, de conquista, de invencibilidad. Es un gen poderoso de irreverencia. Sus blasones lo confirman.

El futbolista estadounidense no es distinto. Por el contrario, sus mejores exponentes, con Donovan de referencia, amenazaron la historia misma.

En el Mundial 2002, el arbitraje los aniquiló ante Alemania. Había consigna, era evidente. Hasta un hombre justo y ciego, con lazarillo incluido, habría levantado el brazo de los estadounidenses.

Y en la Copa Confederaciones, EEUU batió, a futbol y gallardía a la esplendoroso España, y llegó a tener 2-0 a un Brasil de primerísima línea en la Final de ese torneo, con una superioridad absoluta. Claro, en el segundo tiempo, Brasil fue Brasil, y terminó ganando 3-2.

Pero, el testimonio quedó ahí. Con futbol, claro, pero, con una dosis de esa esencia que se encuentra en el atleta estadounidense, el alemán, y otrora, en el argentino.

Más allá de esa desconexión, y a veces divorcio, entre la MLS, la USSoccer, el futbol universitario, las escuelas privadas de este deporte, encima, el futbolista estadounidense tiene qué elegir entre una carrera profesional bien pagada o años de bicocas salariales en el futbol.

En otros países, en tantos países, el futbol es la ruta de escape, la salvación de toda una familia. A Diego Maradona, padre, en pleno Mundial de 1986, le preguntó este reportero qué fue lo primero que pensó con el éxito de El Pelusa: “Que mi familia estaba a salvo”, respondió.

Para el estadounidense, el futbol no es el futuro, los estudios universitarios sí lo son. Y uno de los cinco países más ricos del mundo, no contempla el lúdico mundo del futbol, como la ruta a la excelsitud financiera.

En EEUU la respetabilidad absoluta está detrás de un escritorio en un pent-house, y tal vez en un terreno de juego, pero no de futbol.

Alguna vez Sigi Schmid confiaba que había encontrado un extraordinario futbolista avecindado en San Diego, que cambiaría al futbol de EEUU. “Cuando hablamos con él, por decisión de su familia y de él, se determinó que iba a ser administrador de las empresas familiares. No había un sueldo que compitiera para ofrecerle”.

La MLS tiene materia prima que desdeña. Tiene candidatos a reclutar con un biotipo y una mentalidad poderosa, pero, a veces, elige dilapidar fortunas en los Jorge Campos, los Luis Hernández, los Hugo Sánchez, los Chicharitos, los Giovanis, etc…

La MLS seguirá así, creciendo como poderoso roble, a puro gigantismo, pero con raíces de bonsái, mientras no unifique y clarifique el desarrollo de sus propios jugadores. Y sí, parece tan sencillo, porque es lo más complicado.

Llegará, tal vez el momento, en que deje la MLS de recolectar estrellas ajenas, para entender que debe vivir con los pies propios en la tierra.

Tal vez, algún día, y entonces a la adultez, agregará esa madurez que, hoy, a los 25 años, parece lejana.