Los runners, especialmente los que viven en grandes ciudades, sufren a diario los efectos que causa la contaminación del aire en la salud. Estos pueden ir desde los síntomas respiratorios, como tos, expectoración y disnea, a la función pulmonar reducida y la hipersecreción de moco, o las enfermedades pulmonares crónicas tales como bronquitis, enfisema y asma. Como contrapartida, el ejercicio aeróbico prolongado como por ejemplo correr al aire libre, es capaz de ayudar a reducir este daño, ya que influye en la mejora de la calidad de vida, la recuperación vascular, e incluso el potencial anti-inflamatorio del organismo.
No obstante, en el proceso de transferencia de oxígeno del aire a la sangre hay contaminantes que se fijan en las células rojas. En lugares con alta contaminación, este proceso se intensifica. Por ello si vives en una gran ciudad, trata de correr por las mañanas, cuando hay menos concentración de contaminantes en el aire. También evita correr junto al tráfico pesado, especialmente en la tarde, y da atención especial a las respuestas de tu cuerpo: ardor en los ojos, picazón y estornudos, nariz o garganta seca, son signos claros de presencia de agentes contaminantes. Y si no tienes posibilidades de escapar de los horarios de contaminación más alta, prueba cambiando en algunos días los trotes al aire libre por los ejercicios en espacios cerrados, como por ejemplo en el gimnasio, sala de spinning, o la natación.
También es importante destacar que el running ofrece beneficios a la hora de minimizar los problemas de la contaminación ambiental sobre nuestra salud. Algunos de ellos se producen en nuestra nariz, ya que el contacto con el aire contaminado se introduce en las fosas nasales, donde se filtra a través de los capilares y la mucosidad que las recubre. Correr estimula la producción de esta mucosidad en las fosas nasales, y eso es bueno, ya que favorece la eliminación de contaminantes y gérmenes. Otros beneficios están relacionados con las vías respiratorias en general, tanto las superiores como la cavidad nasal, la faringe y la laringe, o las inferiores, que son la tráquea, bronquios y pulmones. Al correr se liberan hormonas con potencial analgésico y anti inflamatorio que contribuye a la regeneración de estas zonas, constantemente dañadas por la contaminación.
Pero eso no es todo: nuestros huesos también se ven beneficiados en este aspecto cuando corremos. Hay que entender que, en un ambiente contaminado, los huesos se verán debilitados debido a la mala calidad de la sangre llega a la médula ósea. El running ayuda a la sustitución activa de las células de la sangre, el calcio y el mantenimiento de la calidad de los huesos. Lo mismo ocurre con nuestra sangre, ya que corriendo se motiva la sustitución de sus células y se mejora el mecanismo de intercambio de gases en ellas. En la práctica, esto significa que las células rojas de la sangre tienen gran participación en el proceso esencial de intercambio entre el monóxido de carbono (CO2) y oxígeno (O2).
¿Vives en algún lugar con un grado alto de contaminación?
