<
>

Fluminense, el equipo invertebrado que disputa la hegemonía táctica europea

EFE

Fluminense Football Club confía en Fernando Diniz, su entrenador, su líder y su filósofo. El Flu se prepara para jugar este sábado 4 de noviembre, en el Maracaná ante Boca Juniors, uno de los partidos más importantes de su historia. En esta final de la CONMEBOL Libertadores, busca la gloria internacional que le es esquiva desde su fundación. Llegó hasta acá con un fútbol ofensivo y asociado, pero no uno cualquiera. Su revolucionario estilo de juego tiene un nombre propio: "Dinismo".

Este segundo año de su segunda etapa en Fluminense, Diniz puso de moda su rupturista estilo de juego. Y lo legitimó a fuerza de resultados, Flu es el vigente bicampeón carioca, protagonizó el Brasilerao 2022, en el que terminó en el podio, y ahora está en la final de la Copa Libertadores. Pero, sobre todo, lo que atrae del Dinismo es que se trata de un estilo de juego muy ofensivo y divertido. Sus partidos son emocionantes, dinámicos y, cuando hay goles, suelen ser golazos producto de atractivas combinaciones de pases. Es como ver un picado de barrio por la TV.

En realidad, el estilo de juego que impuso Diniz en el Flu tiene varios nombres. Hace meses, especialistas sudamericanos y europeos analizan su estrategia con asombro y admiración. El británico Jamie Hamilton, que destaca su faceta filosófica, lo bautizó “relacionismo” por valorar más el fútbol asociado que la ocupación de espacios. Un analista brasileño que escribe con el pseudónimo Jozsef Bozsik lo considera parte de la “poesía del pueblo brasileño” y lo conceptualiza como “ataque funcional”. Como explica The Purist Football, en su canal de Youtube, un elemento central en esta revolución táctica implica romper con la dependencia con Europa y revalorizar la historia del fútbol brasileño. Veamos, entonces, de qué hablamos cuando decimos: “Dinismo”.

El equipo invertebrado: así juega el Fluminense de Diniz

Lo que distingue al Fluminense de Diniz es que es un equipo sin una estructura táctica definida. Es un animal invertebrado dentro del ecosistema del fútbol moderno. A diferencia de lo que vemos en el primer nivel de Europa, los jugadores del Flu se desparraman por la cancha de una forma irregular sin ocupar todos los espacios del campo en todo momento.

En Europa, y en buena parte del resto del mundo, casi todos los equipos juegan de un modo similar. La estrategia que hegemoniza el fútbol profesional hoy, incluso en categorías de ascenso con jugadores menos habilidosos y campos de juego en malas condiciones, es el “juego posicional”. Todos salen jugando de abajo, los arqueros son una zaguero más, los equipos progresan con pases cortos entre futbolistas que ocupan lugares prefijados del campo y, recién en zona de definición, tiene algo de libertad para romper la firme estructura rival.

En el juego posicional, los movimientos individuales de cada jugador son un pequeño fragmento de una estructura mayor que los define. Hay circuitos de pases automatizados, patrones de juegos que son fruto de la repetición en las prácticas. Los pequeños espacios de libertad son, sobre todo, movimientos de rotación que no alteran el esquema general. Apenas son cambios de posiciones porque la premisa de este modelo es la ocupación de los espacios. De tan estructurados, y de tan extendiendo en todos los equipos, los partidos se parecen a partidas de ajedrez destinadas a hacer tablas, como se vio, por ejemplo, en el último duelo entre Arsenal y Manchester City, por la Premier League.

El Dinismo tiene bases similares. El Fluminense de Diniz también sale jugando desde abajo, confía en el juego asociado y quiere dominar los partidos con una posesión abrumadora. Pero la forma de alcanzar estas premisas es completamente diferente. Como se dijo, en el “relacionismo” de Diniz no hay una estructura clara. Los futbolistas parten de un sistema tradicional, un 433 o un 4231, pero cuando empiezan a moverse no solo rotan de posición sino que cambian ese dibujo en formas completamente impredecibles.

Como la estructura es lo de menos, este Flu de Diniz solo es posible por los jugadores con los que cuenta. Marcelo, un veterano que parte del lateral izquierdo para ser salida clara en todo la línea defensiva y que sabe llegar al área rival asociando juego. André, el pivot del medio que balancea la defensa y se desplaza por todo el campo relacionando el juego del Flu. Cano, el goleador letal que participa de estos armados y les da la última puntada para que el rival saque del medio. Y, sobre todo, Ganso, el Riquelme del Flu, un talento inconmensurable que compensa sus limitaciones físicas con su enorme velocidad y creatividad mental. Fluminense juega a su ritmo y Ganso encarna como nadie el Dinismo.

En el Fluminense de Diniz hay roles definidos, Felipe Melo y Nino son sus centrales, Marcelo es lateral, André es el 5, Ganso en su enganche, Arias es uno de sus wines y Cano es el centrodelantero. Pero los jugadores no están anclados a determinados lugares del campo. La libertad de movimiento para asociarse con otros jugadores es absoluta. Son las decisiones de los futbolistas las que determinan el formato que asume el equipo. Marcelo saca la pelota como central, los centrales van al medio o a los laterales, los volantes se desplazan como atacantes. Los movimientos son, en realidad, una exigencia del entrenador. Quedarse quietos, aislados, está prohibido: eso define el espíritu del Dinismo.

Lo importante para el relacionismo de Diniz no es la estructura, ocupar los espacios de forma racional, sino tener la mayor cantidad de jugadores cerca de la pelota. Bajo esa lógica, la circulación, de forma lateral o al espacio, para buscar brechas en la defensa rival, no tiene sentido. La clave del Dinismo está en algo más sencillo, vertical y primario: pasarle la pelota a un compañero para que él haga lo mismo con otro y, así, avanzar hasta el arco rival.

Diniz explica su fútbol con la metáfora del equilibrista. “Al igual que el tipo que camina sobre la cuerda floja, si camino me voy a caer. Pero el tipo que camina constantemente va a ser un espectáculo”, filosofa el brasileño. Para el DT, es más importante que sus jugadores se relacionen en todo el campo que generar espacios y aprovecharlos, como se obsesionan los mentores del fútbol posicional.

La manera más clara de verlo es seguir el recorrido de sus extremos que suelen desplazarse hasta la banda contraria para generar superioridad numérica sobre los costados. Es habitual que 6 o más futbolistas del Flu se agrupen en alguno de los laterales de su ataque desaprovechando por completo la otra mitad o más del campo de juego.

Parecería que se encierran solos pero el Dinismo confía en el talento de sus futbolistas para resolver situaciones en espacios cerrados. Hay, además, un argumento defensivo en esta propuesta. Al colapsar sus ataques por las bandas, y sobrepoblar la zona, en caso de perder la pelota Fluminense puede aplicar contrapresión y recuperar rápido la posesión al estar en ventaja numérica y tener como aliado a las líneas laterales que limitan, aún más, el juego de los rivales.

Sudamérica impone a Europa su revolución táctica

Desaprovechar los espacios, como hace el Fluminense de Diniz, es, probablemente, el mayor sacrilegio para los cultores del fútbol posicional. Ver algo así en Europa es inimaginable. Con sus variantes, todas las grandes mentes del fútbol europeo, de Pep Guardiola a Mikel Arteta, pasando por Xavi y Roberto De Zerbi, incluso una versión más defensiva como la de José Mourinho, cumplen con los preceptos del juego estructurado de pases y ocupación fija del territorio.

El mejor ejemplo del dogmatismo que impera en el juego posicional lo aportó Thierry Henry, hace unos años en TV, al relatar su adaptación al Barcelona de Guardiola. “En los primeros dos tercios del campo hay estructura. Pep te da un plan y hay que ejecutarlo. Pero en el último tercio nos daba libertad para hacer lo que queríamos”, recordó Henry. El plan es sencillo: “Quedate en tu posición, confía en tu compañero y espera por la pelota”.

Pero si el jugador no obedece las cosas se complican. “Una vez quise ser inteligente”, admitió Henry recordando un partido de Champions ante Sporting CP. Aburrido de esperar, viendo a Messi divertirse en la otra punta de la cancha, decidió cambiar de banda para asociarse. “Fui para ese lado a tirar unas paredes con Leo. Y lo escuchaba a Guardiola enojado porque no estaba pegado a mi banda como él quería. Yo seguí en el otro lado y anoté un gol. Me fui contento al entretiempo y Guardiola me sacó”, remató el francés.

Bajo el relacionismo que propone Diniz para Fluminense las cosas son muy distintas. Tras escuchar muchas comparaciones con Guardiola, porque ambos proponen un juego ofensivo y de posesión, el propio DT brasileño se encargó de marcar sus diferencias. “Su forma de tener el balón es casi la contraria a la mía. Es un juego más posicional. Los jugadores respetan mucho la posición y el balón se va al espacio. Mi forma de ver el fútbol es casi ‘aposicional’", explicó Diniz. “Los jugadores pueden cambiar más de posición, el campo está más abierto, en ciertos sectores nos acercamos. Uno es un juego más confinado en posiciones y el otro es más libre”, agregó.

Que Fluminense no tenga una estructura definida no quiere decir que todo en su juego sea improvisación. Por el contrario, sus jugadores aplican principios básicos para progresar y generar peligro. Ideas sencillas, básicas y muy antiguas. El Dinismo se apoya en el fútbol del potrero, el toco y me voy, “tabelas” como le dicen en Brasil a tirar paredes para avanzar, y en encadenar pases verticales y laterales hacia adelante, las "escadinhas". Son las bases del fútbol, las primeras lecciones que aprendemos cuando nos enamoramos del juego. Esos son los pilares del relacionismo de Diniz.

Para muchos, el Dinismo es un movimiento táctico y, también, filosófico que recupera la identidad del fútbol brasileño y le permite romper con la europeización que arrastra Brasil hace décadas. El contexto actual ayuda a que las ideas de Diniz en Fluminense tengan este impacto. El ADN del fútbol sudamericano, siempre más creativo e imprevisible que el europeo, hoy es dominante a nivel mundial. Esa hegemonía que puso en cuestión el mecanisismo ofensivo europeo se consolidó tras la consagración de la Argentina de Scaloni en el Mundial de Qatar. Cuando su mediocampo veloz y dinámico se impuso a las estructuras europeas quedó claro que algo nuevo llegaba desde el sur.

La propuesta de Diniz, mucho más radical que la de Scaloni, generó tal impacto en Brasil que el entrenador del Flu asumió también en la Selección este año. Por ahora, apenas dirigió seis partidos de Eliminatorias, el DT no logra imponer sus ideas en el Scratch. Tener poco tiempo de trabajo y un plantel repleto de jugadores formados en el juego posicional de Europa no ayudan a que el dinismo se arraigue. Los malos resultados recientes, además, reducen la paciencia de los hinchas ante la experimentación.

En Fluminense, donde Diniz aún mantiene su prestigio intacto, sus ideas están más vivas que nunca. Su revolución táctica llegó para enriquecer el mundo del fútbol. Para imponer una era en Sudamérica y para romper con la hegemonía europea. La renovación táctica que arrancó con Scaloni en Qatar 2022 ahora en 2023 se puede profundizar con Diniz. Para eso, claro, su Fluminense deberá ganar su Copa Libertadores ante Boca. Con más pases cortos y con menos estructura. Con menos de las ideas europeas y más del fútbol sudamericano que todos llevamos en la sangre y nos emocionamos al ver.