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Max Caldas, el argentino que aclama el hockey mundial y hoy disfruta España

Maximiliano Caldas es nativo del Club Ciudad de Buenos Aires, cuna de grandes entrenadores que el mismo Maco –como se lo conoce en el ambiente- no se abstuvo en nombrar en sus respuestas. El exjugador de Los Leones logró ser respetado a lo largo del planeta hockey por sus actuaciones en las mejores ligas del mundo y luego de haber sido parte de largos procesos con los seleccionados mayores de Países Bajos, la actualidad lo encuentra en un camino Olímpico dirigiendo a España.

Al empezar su camino en el hockey español todo era incertidumbre y desazón, pero el conocimiento que logró inspeccionando a los rivales en Países Bajos lo ayudaron para arrancar su nuevo desafió con mayor claridad. “Conocía a parte de los Red Sticks porque uno de mis roles era estudiar a los rivales, luego de ver distintos europeos sub 16, 18 y 21 sabía lo que se aproximaba. Cuando inicié en España había ánimos de funeral, muchas personas me decían ‘uh la que se viene’ porque se retiraban muchos jugadores con más de 300 partidos internacionales y yo siempre les mencionaba ‘no se preocupen que lo que viene es de puta madre’ como dicen los españoles. Me encontré con un gran desafío de hacerles entender que los caps no ganan encuentros, que los jugadores son los que lo logran, desarrollándose, compitiendo y luchando”, afirmó Caldas.

En Valencia se realizó uno de los Preolímpicos para acceder a París 2024 y Max dialogó con ESPN.com antes de llevar a cabo su plan frente Irlanda que significó sellar el boleto de los Red Sticks a la capital francesa.

Creo que estamos en muy buen camino, desde que comencé he intentado estar cerca de los jugadores, conocerlos tanto por dentro como fuera del campo, que me conozcan a mí -al entrenador y la persona- y sepan que mi tarea está abocada a ayudar a que mejoren como deportistas de alto rendimiento. Estoy siempre para cualquier charla, discusión, comentario y lograr que sea algo vivo su crecimiento. Mi función es crear contextos donde puedan ser quienes son y que ellos vayan expresando su máximo nivel”, afirmó Caldas.

El miedo a perder se hace parte en los ámbitos donde un partido te deja afuera de un proceso olímpico, pero Max tiene su fórmula para generar la confianza suficiente en su grupo de trabajo y lograr que las instancias cúlmines se sientan una más del propio camino: “Es un equipo de procesos, entendemos que los resultados mandan porque si ganás ya estás en los Juegos Olímpicos, lo último que tenemos que hacer es transmitirles a los jugadores que estamos nerviosos, que no creemos en lo que hacemos, tener muchas más reuniones o de repente hacer cosas que nunca hemos realizado; es justamente lo contrario, simplificar las temáticas ya habladas, el vocabulario y enfocarnos en ser mejores en lo que hacemos bien y entender que esta clase de partidos traen consigo unas emociones diferentes y extras. ¿Es posible que perdamos? Claro que lo es, pero porque aceptamos ese contexto y los libramos de sentir otras presiones, entendemos lo que hacemos y porque lo hacemos, es un tema de ejecutarlo bien y si las cosas no van como queremos… irradiar tranquilidad, mucha tranquilidad”.

Al seleccionado ibérico le tocó hacer de local en el Preolímpico de Valencia y si bien la cercanía con el público fue un factor preponderante para el bienestar del equipo, el clima ideado por el cuerpo técnico ha sido algo fundamental para cumplir los cometidos: “Hemos viajado meses antes a la zona del torneo para elegir el lugar adecuado donde instalarnos, encontramos unos departamentos en el que nos cocinamos, hacíamos las cosas nosotros y no había otros equipos del certamen. Residimos a cuatro kilómetros de la cancha, frente a la playa, nos despertábamos por las mañanas en el mar, súper tranquilos y relajados. Teníamos un espacio para poder desconectar cuando sea necesario, compartir comidas y libertad de horarios que no te permite tanto un hotel, eso nos ayudó a que la relación de los jugadores con el staff sea mucho más informal y abierta. Además de que jugar en casa, para cualquier equipo del mundo, es más divertido que jugar fuera porque te desata otras emociones de cercanía con tu público”, se pronunció Caldas.

Maximiliano estuvo muchos años dedicándose al hockey fuera de Argentina y repasó algunas de sus huellas.

Luego de décadas en el exterior Maco ha acumulado conocimientos y experiencias por distintas partes del mundo, y también se tomó un momento para reflexionar sobre ello: “Espero cada vez ser mejor entrenador, creo que estoy comenzando mi carrera deportiva a mis 50 años y me doy cuenta de que, si bien el juego es relevante, la parte fundamental es la persona y el jugador, o la jugadora”.

Caldas fue parte de los seleccionados neerlandeses por 11 años y aunque su comienzo en aquellas tierras no fue como esperaba la forma en que lo topó lo hizo crecer. "Lo más relevante de mi estadía de Países Bajos es mi mujer y mis hijos, pero por lejos. El haberme encontrado como persona en un momento delicado de mi vida (en el 2000 cuando me divorcié de mi primera esposa) donde aún no tenía idea de quién era yo, en aquel entonces un inmaduro de 28 años. Entendí ahí lo que realmente me gustaba hacer, me miré al espejo y los Países Bajos me brindaron la chance de descubrirme y eso es impagable. ¿Qué siento que dejé? He hecho cosas buenas, otras no tanto y hay que saber aprender de las dos. No soy un tipo que le interese mucho el tema del legado, cuando pasa el tiempo y reflexionás sobre lo que hiciste aparecen las respuestas que no tenías y piensas ´hubiera hecho esto diferente´ pero la vida no va de eso, para mí la vida va de aprender de lo que hiciste y entender que las cosas menos buenas también son parte y hay que saber aceptarlas”, mencionó el entrenador.

Maco es un fanático de Muni, su club de la infancia, y si bien cada vez que regresa a la Argentina intenta pasar por la institución de Avenida del Libertador a la distancia continúa dialogando con sus maestros: “Sigue prevaleciendo de aquel chico que surgió del Club Ciudad de Buenos Aires el contacto con Sergio Vigil, Marcelo Garraffo, Fernando Ferrara, Carlos Geneyro, Miguel Castaño, gente que realmente me gusta preguntarles, pedirles feedback y sean críticos con lo que ven. Manu Brunet es otro con el que converso mucho, personas de confianza que tengo la certeza de que van a ser honestos conmigo y dirán las cosas como las ven”.

Respecto al trabajo hecho en España y el que queda por pulir, Maxi no anduvo con rodeos para mencionar los siguientes pasos a mejorar: “Tenemos una intención muy ofensiva de jugar agarupando mucha gente, atacar rápido y encontrar combinaciones a la carrera, nos gusta defender y presionar arriba, hay mucha juventud y velocidad en el equipo y muchas veces tus virtudes también son tus defectos, lo que tenemos que hacer para ser todavía mejores es ser más consecuentes con las cosas que debemos hace siempre bien y eso nos cuesta. Técnicamente, si hay que parar diez bolas no cuenta si lo hacemos bien con ocho y dos le erremos por ir de sobrados, entender lo que toca en cada momento del partido y subir nuestras bases de jugadores es algo que todavía podemos mejorar muchísimo. Tanto a nivel clubes como selección”, sentenció Maco.

El futuro también forma parte de lo planificado para los que contemplan el presente como la única vía: “Lo que me motivó es poder hacer un trabajo integral con el seleccionado, juntar un staff que me diga que no y me enseñe desde las entrañas lo que es el hockey español, que los más jóvenes crezcan sabiendo el significado de jugar para la absoluta; además del estilo de vida, el clima, la comida, y escaparle a la lluvia por el sol del mediterráneo y la verdad que fue una elección que me ha llenado el corazón, tanto a mi como a mi familia”, finiquitó Maximiliano.