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Por qué el pateador mexicano de San Diego State, Matt Araiza, es la atracción obligatoria del futbol americano universitario

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¡Qué clase de despeje en el fútbol americano universitario! (0:32)

El pateador de San Diego State, Matt Araiza, patea desde la zona de anotación y el ovoide recorre 81yardas.Tremenda patada de despeje. (0:32)

Eres un apoyador listo para hacer una carrera contra el pateador rival para intentar bloquear su gol de campo. Te abres camino, pero no lo suficientemente rápido; la patada es buena y terminas chocando con el aguantador en vez. De repente, el pateador está justo en tu cara, señalándote con el dedo, gritándote. Él no dejará que te salgas con haberle lanzado un golpe a su aguantador. Este pateador, no.

Tal vez eres un receptor abierto buscando devolver una patada de despeje. Estás parado cerca de tu propia línea de las 35 yardas porque la pelota la sacan dentro de la línea rival de las 10 yardas. Seguramente, la patada de despeje no viajará más de 70 yardas, piensas. Pero la pelota explota botando de la pierna del pateador y te hallas tomando pasos hacia atrás, y atrás y más atrás. La pelota da contra el suelo y aterriza dentro de tu propia línea de las 20 yardas. Se ha volteado la situación en el emparrillado.

O tal vez eres un compañero de equipo preparándote para hacer ejercicios. Entras al salón de pesas, listo para hacer algunas sentadillas profundas, solo para ver el pateador instalarse en una máquina cercana, lograr el mismo peso que estás por intentar - y haciéndolo fácilmente. Piensas: Este no es un pateador normal.

Matt Araiza no es tu pateador típico. Su pierna izquierda es una navaja suiza que envía las patadas de despeje a la estratosfera, clava los goles de campo y destroza las patadas iniciales. Su cerebro lo procesa todo como parte swing de golf, parte remate de futbol y parte ecuación de matemáticas. Su pasión es una que entrenadores y compañeros de equipo, del pasado y del presente, alaban con entusiasmo. Es lo que a menudo lo hace uno de los jugadores más competitivos en el terreno, listo para repartir tacleadas tan fácilmente como provocaciones, y lo que lo motiva a hacer todo en su poder para asegurarse de que la gente lo respete a él y a sus compañeros especialistas.

Esta temporada, Araiza se ha convertido en un fenómeno pateador y un arma ofensiva para los San Diego State Aztecs, 8-1, propensos a la defensiva. Él tiene múltiples goles de campo de 50 yardas y tiene una tasa de touchback de 83% (top 10 en la nación con al menos 40 patadas iniciales). Él tiene dos patadas de más de 80 yardas, seis patadas de más de 70 yardas, una marca de la NCAA con 15 patadas de más de 60 yardas y promedia 363 yardas por la vía de patadas de despeje por partido y justo sobre 52 yardas por patada de despeje (ambos número uno en la nación). Él ya quebró la marca por más yardas por la vía de patadas de despeje en una temporada y va camino a quebrar la marca de más yardas por patada de despeje también. Si esas patadas de despeje que a menudo parecen como videos falsos que ha convertido a Araiza en un vehículo para videos virales.

"Todas esas cosas son de locura para mí. No esperaba recibir tanta atención por patear", Araiza le dijo a ESPN la semana pasada. "Pero si puedo ser un pedacito del cambio en el discurso sobre lo que todos creen que es un pateador y un pateador de despeje, estaré contento con eso".

El camino de Araiza a la gloria entre los pateadores y a la fama en las redes sociales no pasó de la noche a la mañana, pero hace solo unos meses se hallaba en problemas. Pensó que tal vez sus patadas le harían perder su rol de titular a menos que se aplicara y arreglara las cosas. Ha hecho eso y hasta más.

"Yo sabía que el talento y la fuerza de pierna estaban ahí", dijo Tyler Holcomb, quien fue el aguantador de Araiza durante tres temporadas en la preparatoria Rancho Bernardo. "Y él trabajó duro, pero no sé si podrías esperar jamás que alguien fuese el mejor pateador de despeje en la nación".

Los campos de futbol en el Parque North County en Poway, California, justo 25 millas al norte del centro de San Diego es donde el zurdo Araiza, a sus 5 años, primero aprendió que la fuerza de la pierna no era tan importante como la técnica, la coordinación óculo-manual y la repetición. Allí, su padre Rico, quien nació en México, le hizo participar en ejercicios de futbol como pases a un toque y disparos desde ángulos y posiciones diferentes una y otra vez con ambas piernas. Hoy en día, Araiza puede patear 48 yardas con su pierna no dominante.

"Recuerdo que todos siempre estaban impresionados por cuán lejos yo podía patear una pelota para mi edad", dijo Araiza. "Yo siempre estaba probablemente uno o dos años adelantado".

Al crecer, el futbol le parecía violento a Araiza. A él le interesaba volverse futbolista profesional, pero cuando llegó a la preparatoria, él ya había estado pateando pelotas de futbol americano para diversión en los parques locales y considerando probar el futbol americano. Su padre lo empujó, su madre cedió y sus compañeros de equipo transmitieron el mensaje a los entrenadores de futbol americano: Hay un futbolista que quiere patear.

No tardó mucho para que los entrenadores se dieran cuenta que tenían algo especial en el atleta que era tan rápido y grande como cualquiera en el equipo en aquel momento. Con apenas 14 años, Araiza acertaba goles de campo desde más allá de las 40 yardas. Él siempre había tenido una pierna fuerte, pero nunca tuvo una escala para medirlo hasta que empezó a patear en un campo de futbol americano.

"Él no pareció tener que tomar un swing demasiado grande y la pelota como que explotó saliendo de su pie", dijo el entrenador de preparatoria de Araiza, Tristan McCoy. "Parecía cómodo para él".

El entrenador de equipos especiales de San Diego State, Doug Deakin, primero vio a Araiza como un prospecto de preparatoria en un video mientras era el asistente de operaciones en SDSU. Él quedó impresionado, y los Aztecs no titubearon en ofrecerle una beca a Araiza. Pero nada pudo haber preparado a Deakin para el sonido que hacía el pie de Araiza al golpear la pelota. Cuando Araiza llegó al campus y comenzó a realizar patadas de despeje de 60 yardas o más como novato, Deakin quedó cautivado por el sonido; aun lo está. Al Araiza patear un balón, casi puedes escuchar cuán lejos viajará.

"La pelota simplemente suena diferente saliendo de su pie", dijo Deakin. "Asciende de inmediato".

Pero McCoy y el actual entrenador de Araiza, Brady Hoke, mencionaron cómo tener a Araiza cambió de inmediato cómo ellos abordan las marchas ofensivas, especialmente en situación de cuarta oportunidad, sabiendo que Araiza podría ganar la posesión y probablemente lo haría.

"Estás pensando por adelantado un poco, sabes el tipo de arma que tenemos", dijo Hoke. "Realmente, me emociona verlo salir y hacer lo suyo".

Como McCoy señala, la gente no vino a ver a Araiza patear en la prepa, pero para cuando el partido se había terminado, no podían evitar sino comentar sobre su talento. Pronto, la broma en Rancho Bernardo era que no necesitaban practicar la cobertura de la patada inicial porque Araiza era una máquina automática del touchback.

Lograr que Araiza explique cómo se ha convertido en un pateador de élite requiere un poco menos de romanticismo y un poco más de contexto. Primero que nada, tienen que entender que estudia informática y sabe captar conceptos mejor si se entregan en una manera cuantitativa. Si hubiese una fórmula para la patada perfecta, Araiza está en camino a definirla.

"Desde el momento en que el saque se mueve hasta que pateo el balón, necesita ser menos de 2.1 segundos", dijo Araiza. "Y el saque tarda aproximadamente 0.7. Así que eso me deja con más o menos 1.4, 1.5 segundos con los cuales trabajar".

Escucharlo ahora hablar sobre patear, se puede ver cuán obsesivo es Araiza sobre cada detalle -- desde cuántos pasos toma hasta el balón a la manera en que inclina su cuerpo hacia adelante. Araiza dice que cuando llegó a SDSU él estaba estancado, atrapando el balón con ambos pies plantados en el suelo. Ahora, como que se inclina al dirigirse al balón y cobra más impulso.

"Él tiene pasos muy relajados y utiliza mucha rotación de la cadera en su swing en las patadas de despeje y los goles de campo", dijo Filip Filipović, un ex pateador de la NFL que ahora dirige una clínica de patear que presume de múltiples ex pateadores de la NFL como ex alumnos. "Siempre hay una delgada línea con la rotación de cadera. Más rotación de cadera es igual a más potencia, pero menos consistencia ... En general, él parece un atleta completo con rapidez en las piernas y una técnica sólida al patear".

Como Araiza dice, el método de un pateador se determina no solo por la fuerza de su pierna sino también por su estatura y peso. Él ha identificado al pateador de la NFL que más se le parece en ambos (Jake Bailey de los New England Patriots) y lo ha estudiado, entre otros.

Lo segundo que tienen que entender sobre Araiza es que es un golfista. De igual manera que es un pensador lógico motivado por conceptos matemáticos, él también reconoce que patear es un arte. Él ha adoptado una disposición para intentar cosas, para cambiar las cosas e incluso para aceptar la regresión a corto plazo como parte de un crecimiento necesario. Además, Araiza sabe tan bien como cualquiera que solo te puedes preparar hasta cierto punto. Si de repente tienes un mal saque, la lógica se va por la ventana y el instinto se activa.

"La analogía en el golf es, tienes que poder encontrar tus manos en tu backswing", dijo Araiza. "Esa coordinación puede salvar gente y para mí, esa coordinación y atletismo me puede salvar cuando yo debería estar pegando una mala pelota. No tengo que hacer un swing muy pesado porque tu pie encuentra la pelota".

Lo tercero que deben comprender sobre Araiza es que pese a su talento, él ha tenido que hacer el trabajo. Hace apenas unos meses, salía de una temporada donde, en sus propias palabras, él no estaba listo para cargar con las tres facetas de patear y sufrieron sus patadas de goles de campo. La realidad de que tal vez no podría promover su carrera como pateador más allá de la universidad le asustó, así que respondió.

"Trabajé más duro de lo que he trabajado en mi vida por cualquier cosa esta temporada baja", dijo Araiza.

No trabajó su pierna demasiado ni añadió más patadas a sus rutinas, pero se aseguró de que cada patada importara.

"Recuerdo que le envié un mensaje de texto a mi padre donde le dije que quería esto más de lo que he querido cualquier cosa en mi vida", dijo Araiza. "Y creo que esa mentalidad y esa motivación me ayudaron mucho".

A través de todo, Araiza se ha dado cuenta que, aunque él esté más cómodo abordando las patadas como una ciencia, frecuentemente, se reduce a las emociones.

No le digan a Araiza que se quede tranquilo.

Su fuego es parte del paquete, aunque le haya merecido tarjetas rojas y expulsiones de partidos antes. Entrenadores y compañeros recuerdan cuando la preocupación más grande que tenían no era si el gol de campo de Araiza atravesaría las verticales, sino si le sancionarían por conducta antideportiva después de meterse en la cara de un defensa que se acercó a su pierna. O cuando se frustraba tanto con un fallo que arrojaba la pelota con ira. Holcombe recuerda una vez durante un partido de playoff en la preparatoria cuando estaba aguantando para Araiza y un apoyador lo aplastó en su lado ciego. Araiza de inmediato se abalanzó sobre el apoyador y lo enfrentó por atacar por el lado ciego a Holcomb y tuvieron que separarlos a los dos.

"Nunca estuvo fuera de control o fue un mal perdedor", dijo McCoy. "Es que estaba tan metido en el partido y quería conseguir éxito y tenía tantas ganas de triunfar, que a veces perdía su compostura".

Araiza recuerda que sus entrenadores le dijeron en el pasado que no podía reaccionar a los altibajos de un partido como un jugador normal. Él debía quedarse tranquilo en caso de que tuvieran que hacerle un llamado en una situación de alta presión. Sin embargo, este año, él se ha dado cuenta que esto no funciona para él. Su inversión en el juego y su naturaleza competitiva lo hacen mejor adecuado para tener un buen rendimiento cuando está absorto con los altibajos de un partido.

"He dejado que mis emociones salgan a relucir después de las patadas de despeje o los goles de campo, o las tacleadas que he hecho", dijo Araiza. "Creo que eso ayuda a motivarme y me ayuda a tener un mejor rendimiento".

Sus entrenadores aprendieron eso también. Además de darle una rutina para seguir en práctica, ellos se aseguraron de ponerlo en situaciones de alta presión con riesgos. En SDSU, Araiza tenía que competir con y seguir a John Baron, dueño de la marca de goles de campo en una temporada hasta que Araiza la quebró como novato 'redshirt' en 2019 (22 logrados), y el pateador de despejes all-conference Brandon Heicklen. McCoy y Deakin, ambos, tornaron las patadas de Araiza al equivalente de un tiro de último segundo en el básquet así como un castigo, dependiendo de dónde Araiza podría pegarle.

"Cuando realizamos los goles de campo, es frente al equipo completo", dijo Deakin. "Generalmente hay consecuencias, ya sea otro 'gasser' para el equipo si él no lo logra o solo la presión personal de no querer decepcionar a sus compañeros de equipo frente a ellos".

Ser considerado parte del equipo es fundamental para Araiza. Una vez le dijo a Deakin que si escuchaba a otro jugador hablando mal de un especialista, ya fuese un aguantador o un pateador, que le dejase saber y él lo confrontaría. Por supuesto, todo en cuanto al porte de Araiza se traduce en respeto. Cuando el equipo corre, él corre. Cuando el equipo levanta pesas, él levanta pesas. Hoke lo compara con el ex pateador de Michigan, Jay Feely, quien siempre buscaba hacer una tacleada después de una patada. Es llamativo ver cómo Araiza ha pasado de ver el futbol americano como un deporte violento que veía desde lejos a su propio patio.

"Creo que está reescribiendo la manera en que la gente piensa sobre la posición de especialista", dijo Deakin.

Hasta en las raras ocasiones cuando comete un error, Araiza halla la manera de dar una buena impresión. Deakin recuerda un partido de 2019 contra UCLA cuando Araiza falló el punto óptimo en una patada inicial e hizo una patada de squib que llevó a una gran devolución de los Bruins. Fue Araiza quien rastreó al regresador y lo tacleó, pero para cuando regresó a la banda de SDSU, Araiza estaba fuera de sí y frustrado por la patada fallida. Deakin le dio un cumplido, "Oye, lindo golpe".

Araiza respondió, "Sí, eso es lo que se supone que hagas".