<
>

Amarga despedida de España rumbo a la Eurocopa 2016

MADRID (Paola Núñez, ESPN Digital) -- España siembra temor en su despedida tras caer por marcador de 0-1 ante Georgia, en el último amistoso de preparación rumbo a la Eurocopa 2016 disputado este martes en el Coliseum Alfonso Pérez de Getafe.

La tarde se empezó a descomponer para los hombres de Vicente del Bosque al minuto 39. Hasta entonces dominaban con relativa comodidad sin hacer mucho más esfuerzo que las carreras por las bandas de los laterales Jordi Alba y Juanfran Torres, y un entusiasta Lucas Vázquez, que quería dejar una buena imagen en su debut con la selección.

Raro era que cedieran el balón, como era casi de esperarse de un equipo que acude a la Eurocopa con la intención de refrendar el título y que se enfrentaba a uno de los rivales más débiles del continente europeo. Y por lo mismo más raro era que realmente no tuvieran una idea clara de qué hacer con el balón.

Había tenido sus intentos, tibios, en general, pero nada que preocupara al arquero georgiano. Había una tranquilidad relativa; lo lógico era que tarde o temprano, uno de los disparos españoles encontrara su destino en el fondo de la red. Nadie, ni los once que vestían de Rojo en el campo, esperaban que Georgia pegara primero.

España no había sufrido pérdida alguna en una zona comprometida, pero con una bastó para exhibir una preocupante fragilidad en defensa.

Un descuido de Jordi Alba, que cedió el balón a Kazaishvili para que este emprendiera la carrera y llegara prácticamente sólo al área. Demasiado adelantados, los centrales no lograron llegar a tiempo para evitar que centrara para que Okriashvili anotara a placer. De Gea, esperanza de medio país para ocupar el puesto de titular en Francia, se había quedado congelado esperando a que el asistente levantara el banderín por un posible fuera de lugar.

Con el 0-1 los nervios traicionaron al cuadro español, que empezó a errar los pases más inocentes, sobre todo a Thiago, que se llevó algunos abucheos al abandonar el campo al final de la primera parte. Ya no volvió tras el descanso. Su lugar fue cedido al único director de orquesta de aquella generación dorada que le queda al cuadro español, Andrés Iniesta. Junto a él entraron Koke, Bellerín y Mikel San José, para ocupar los puestos que habían dejado el desaparecido Cesc Fàbregas y los agotados Juanfran y Sergio Ramos.

Con Iniesta en la cancha, España hizo el amago de volver en sí; o al menos hilaban más de dos pases seguidos, que ya era ganancia, porque no estaban más cerca que antes de marcar el del empate. Del Bosque arriesgó entonces con Silva, que llevaba media semana entre algodones por molestias. El canario ocupó el lugar de Lucas Vázquez, el único que había intentado hacer la diferencia hasta ese momento.

Con un equipo que parecía entenderse un poco mejor, España ganó terreno y estabilidad para empezar a bombardear la portería geogiana, donde el técnico Vladimir Weiss se había visto obligado a quemarse un cambio luego de que Revishvili chocara con Busquets y se hiciera daño en una ceja. No hubo gran diferencia para sus hombres, pues a España no le salía un remate a puerta.

Se marchó también el mediocampista del Barça, cuya herida tras el cabezazo había requerido varias grapas. Nada cambió. Por más que encerraron a Georgia en su mitad y por momentos hasta emularan el famoso 'tiki-taka', que Silva se luciera quitándose a cuatro, o que Aduriz mostrara que puede moverse entre líneas con comodidad, no había manera de hacer entrar el balón en la portería.

Un despiste le costó a España la fe de la afición, que con angustia despide a su equipo mientras intenta espantar, sin éxito, al fantasma del 'desastre' de 2014.