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Ronaldinho: A 18 años del fichaje de la sonrisa y magia que cambiaron al Barcelona

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Barça tuvo su primer entrenamiento con balón de la temporada (2:07)

Sin Messi ni Pedri, entre otros, Barcelona saltó al terreno por primera vez en esta nueva temporada (2:07)

BARCELONA -- Ronaldinho en azulgrana. Sonrisa franca, saludo surfista, alegría contagiosa y una historia con final menos feliz del que habría soñado el barcelonismo pero que comenzó un 19 de julio de 2003 (se cumplen 18 años) para dar inicio a la mejor época de la historia moderna del Barcelona

El astro brasileño aterrizó en el Camp Nou tras una operación soberbia dirigida por el binomio formado por Joan Laporta y Sandro Rosell que tuvo a David Beckham como secundario de lujo, presentado el inglés como el gran fichaje mediático que se perseguía mientras se negociaba discretamente con el PSG, que aceptó una oferta de 25 millones de euros al tiempo que el inglés rechazaba el principio de acuerdo azulgrana con el Manchester United para forzar su pase al Real Madrid.

Ronaldinho llegó a Barcelona aquel 19 de julio provocando una expectación que adivinaba el impacto que tendría en un Barça que escapaba a toda prisa de la depresión que atenazaba al club desde hacía cinco largos años.

Laporta, convertido un mes antes en nuevo presidente el club con el mayor apoyo social de toda la historia (27 mil 138 votos en las elecciones del 15 de junio), se marcó como principal objetivo recuperar la ilusión del barcelonismo y apoyado en su entonces colaborador más directo, Sandro Rosell, comenzó a revolucionar una plantilla que puso en manos del nuevo entrenador, Frank Rijkaard y que tuvo en el Gaucho a la guinda del pastel.

De hecho, su fichaje no estuvo extento de problemas por cuanto el PSG recibió no pocas ofertas y acabó siendo la decisión del propio jugador lo que decantó la balanza en favor del Barça, cuando comunicó a los representantes del club francés que su deseo era ir al Camp Nou. Entre las llamadas que recibió su hermano Roberto de Assis se destacó una directa de Florentino Pérez, que le propuso la posibilidad de continuar un año más en París y fichar por el Real Madrid galáctico en 2004, lo que el futbolista rechazó de pleno.

La incorporación de Ronnie supuso la salida, ya sospechada, de Riquelme, de quien tomó el 10 en la camiseta para convertir al argentino, fichado un año antes como crack indiscutible, en la víctima propiciatoria y que marcharía cedido al Villarreal al no entrar en los planes de la nueva dirección deportiva comandada por Txiki Begiristain y con el apoyo de la directiva de Laporta.

"Tengo el gusto de presentarles a Ronaldo Assis de Moreira, conocido como Ronaldinho, campeón del mundo con Brasil y que con sus 23 años destinará sus mejores años como futbolista al Barça" anunció el entonces joven presidente, dos

días antes de que la puesta de largo del jugador, en el Camp Nou, mostrase la fuerza mediática que perseguía el club con su fichaje. Casi 25 mil aficionados se dieron cita en las gradas del estadio para aclamar a un jugador cuyas primeras palabras desprendieron aquella ambición mezclada con alegría incontenible... Y que desde el primer día contagió a todo el mundo.

Si los inicios del proyecto no fueron tan fáciles como se esperaba y cinco meses después llegó a peligrar el puesto de Rijkaard en el banquillo, la figura de Ronaldinho siempre se mantuvo al margen de cualquier discusión, convertido desde su debut en el líder indiscutible que con su primer gol (golazo), una medianoche inolvidable ante el Sevilla, mostró lo que estaba en disposición de ofrecer.

Contratado por cinco temporadas, Ronnie totalizó 207 partidos con el Barça, en los que marcó 94 goles y repartió 56 asistencias para conquistar dos títulos de Liga, dos de Supercopa de España y una Champions League, la de 2006 en París y que fue la segunda del club tras 14 años de espera.

Para entonces, primavera de 2006, a su lado ya brillaba con luz propia un joven llamado Leo Messi, a quien Ronaldinho apadrinó personalmente y a quien asistió en el primer gol del argentino con el primer equipo azulgrana.

Fue a partir del verano de 2006, en el inicio de su cuarta temporada y después de tres años monumentales, que la brillantez y luz del brasileño comenzó a menguar, sufriendo un apagón en la temporada 2007-08 en que tras jugar una media de 45 partidos por curso apenas llegó a los 26, marcando solo nueve goles y provocando que Laporta le abriera la puerta de salida en la primavera de 2008, acordando su traspaso al Milan por los 25 millones de euros que se habían pagado cinco años antes.

Pep Guardiola, el nuevo entrenador, anunció públicamente que no contaba con él y ahí acabó la historia de Ronaldinho en el Barça. Una historia que pudiendo ser mucho más brillante de lo que fue, como su propia carrera deportiva, significó el punto de inicio de un Barça que bajo su liderazgo recuperó la sonrisa, el orgullo, la brillantez y el espectáculo.