<
>

Nada como un juego inaugural en Dodger Stadium

AP

LOS ANGELES -- La experiencia de un juego de pelota de grandes ligas adquiere dimensiones especiales en Dodger Stadium.

Un juego inaugural en Chávez Ravine, es otra cosa. Y este martes, los Dodgers de Los Angeles iniciaron su peregrinar por los 82 juegos de la campaña 2016 frente a su fiel afición, en un ambiente de fiesta, aunque, también, con algo de nostalgia y hasta el dolor que siempre deja una derrota.

Se trata del juego inaugural de temporada número 55 en Dodger Stadium, desde su inauguración en 1962.

De esos, me ha tocado asistir casi a la mitad y debo de confesar que no termino de sorprenderme por todo lo que ha cambiado, cómo ha evolucionado y la forma en que se ha modernizado este inmueble al que yo conocí a principios de los años setenta y todavía alcancé a ver a Hank Aaron botar la pelota del parque, durante su persecución de la marca de vuelacercas de Babe Ruth.

Este Dodger Stadium que hoy se vistió de luces para darle la bienvenida al nuevo conductor del equipo, Dave Roberts y para rendirse ante Vin Scully, quien inicia la temporada de despedida de los micrófonos, por ahí, por donde me senté por primera vez para ver un juego de los Dodgers, en el primer nivel, muy cerca de la primera base, una butaca por la que pagué 2.50 o 3.50 de aquellos dólares, no lo recuerdo con precisión, hoy en día hace parte de una sección reservada para aficionados privilegiados, en una zona que se denomina Base Line Club.

Lo que antes era el menú principal, los Dodgers Dogs y las bolsas de cacahuates, con las que un vendedor se hizo famoso, lanzándolas a los aficionados en las tribunas, hoy se ha convertido en toda una aventura gastronómica.

Porque si el aficionado recorre los pasillos que rodean las tribunas del primer nivel, podrá encontrar, además de los siempre populares Dodgers Dogs, con una buena cantidad de variantes, en cuando a ingredientes adicionales, antojitos mexicanos como tacos, nachos y elotes.

Y ni les cuento de la oferta que existe en materia de hamburguesas, sandwiches, pizza, hasta llegar a una variante de las papas fritas: Garlic Fries.

Claro, no puede faltar un expendio de cerveza cada tres pasos, a los que se han agregado estaciones donde se sirven bebidas mezcladas, con todo tipo de licores, sin faltar el tequila.

Pero no todo tiene qué ver con el paladar y con las bebidas espirituosas en Chávez Ravine.

En esta temporada, en Dodgers Stadium también se puede encontrar una tienda AM PM, como en las gasolineras.

Asimismo, el inmueble ofrece una exhibición de pinturas, fotografías, y algunos objetos relacionados con el beisbol, en una sección denominada Art of the Game.

Ahí se puede encontrar un óleo de Kirk Gibson con las manos en alto, recorriendo las bases, luego de su histórico cuadrangular en el Clásico de Otoño de 1988.

O un cuadro en el que aparecen Fernando Valenzuela, durante una cita en el montículo, con su receptor, Mike Scioscia, autografiada por ambos.

La pintura, vale como 13 mil dólares, pero si se adquiere una litografía de la obra, cuesta como 2 mil dólares.

La pieza más cara en esta exposición, es un cuadro del artista William Purdom, que describe una tarde pelota en Chávez Ravine, valorada en más 24 mil dólares.

Así es Dodger Stadium, un templo al que, religiosamente, durante los últimos 20 años, ha acudido Juan Torres, residente de Los Angeles,

“Siempre compro paquetes de boletos para esta sección,” indicó, mientras el reportero de ESPN Digital charlaba con él, en el cuarto nivel del estadio, la tribuna más alta.

“Es la mejor,” agregó Torres.

Y tal vez tenga razón, porque además de ver todo el diamante, detrás -o virtualmente encima- del home plate, teniendo como fondo al Elysian Park, si se camina hacia un costado, rumbo al final del jardín derecho, se obtendrá una panorámica de Lincoln Heights.

Ahora que si el aficionado, desde esta sección, vuelve la vista hacia atrás, puede encontrarse con una preciosa postal del centro de Los Angeles.

Y si se desplaza hacia la izquierda, con rumbo al vértice del jardín izquierdo, usted podrá hablarse de tú con las estrellas, pues casi puede tocar la ‘D’, la última letra del famosísimo letrero de HOLLYWOOD.

Aunque, de acuerdo al alcalde la ciudad de Los Angeles, Eric Garcetti, la mejor sección del estadio, son las tribunas más económicas, las que se asoman a los jardines izquierdo y derecho, las populares, las que no tienen butacas, sinó, simplmente bancas.

“Esa es la sección de los verdaderos aficionados de los Dodgers,” aseguró Garcetti.

Pero en un juego, como el inaugural, uno se puede encontrar de todo en Dodger Stadium.

Hasta a un aficionado mexicano, ataviado con la camiseta del Tri, la negra.

“Soy aficionado al futbol y al beisbol,” confesó Leonel Zavaleta, un oaxaqueño quien vino al juego acompañado de su esposa Paola, desde el Valle de San Fernando.

A quienes se les olvidó, o no les importó, que esta fuera la fiesta inaugural de los Dodgers, fue a los D’Backs, que terminaron aguando el Juego de Apertura 2016, en Chávez Ravine, con su triunfo.