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El Barça se enreda en el derbi catalán

BARCELONA (Jordi Blanco, corresponsal) -- Al cabo de siete derbis el Espanyol volvió a frenar al Barcelona. La última vez fue el 8 de enero de 2012 y, como este sábado, llegaba a Cornellá el equipo azulgrana, entonces al mando de Guardiola, tras conquistar el Mundial de clubes.

El Barcelona se dejó dos puntos y quizá el liderato después en una triste tarde de futbol en la que no hizo gala de su teórica superioridad. Y pagó el no entrar ciertamente en juego hasta la segunda mitad.

¿El árbitro fue demasiado permisivo con la dureza del Espanyol? Puede que sí, pero en otras ocasiones y ante otros rivales que se emplearon con la misma intensidad el equipo de Luis Enrique salió adelante. Y esta vez no.

"Sabíamos que iba a ser un partido difícil", admitió al acabar el choque Roberto Fernández, el secretario técnico de un Barça que dio la impresión de no entrar en competencia hasta la segunda mitad, después de que en la primera fuera frenado y hasta empequeñecido por la intensidad de un Espanyol soberbio.

Mejor, o no, en futbol, la llegada de Galca al banquillo ha provocado en el Espanyol un cambio evidente de mentalidad. Y si a ello se le suma la presencia del nuevo dueño del club en el palco podría entenderse esta nueva versión periquita, que llegó a poner de los nervios al campeón.

Luis Enrique, que guardó ante el Betis a algunos de sus intocables, puso en el campo de entrada a su equipo de gala. La intención, clara, era dominar el juego desde el primer minuto y con ese dibujo se presentó en el césped. Pero se encontró, por sorpresa, con un Espanyol sobredimensionado. O supermotivado. O un poco de todo.

Bajo el mando futbolístico de Marco Asensio y el liderazgo mental y físico de Diop o Álvaro, el equipo blanquiazul no sólo le presentó batalla al Barcelona, sino que le discutió y tuteó como no se recordaba. Sigue sin ganarle en su nuevo estadio, pero acabó recibiendo ese 0-0 como un triunfo. De hecho, a la vista de uno y otro club no es para menos.

Apagado Messi y frenado Luis Suárez, el campeón se puso en manos de Neymar, que le condujo como buenamente pudo ante la dureza e intensidad. "Era el partido que esperábamos", convino Luis Enrique al acabar, admitiendo que no se sorprendió de lo que propuso enfrente el Espanyol, por mucho que sí sorprendiera lo que pasó.

Entre esa intensidad y la dureza que imprimieron los jugadores periquitos, el Barcelona se sorprendió, no pasando de una falta lanzada a la cruceta por Messi y un disparo al palo de Suárez. Porque no tuvo mucho más en cuestión de oportunidades el campeón.

El Espanyol le devolvió el sabor al derbi. Después de haber perdido los siete últimos le sacó un empate que le supo a gloria y lo hizo frente al campeón del mundo, tal como el 8 de enero de 2012, cuando el Barcelona estrenó el mismo escudo que llevaba este sábado.