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Cartas desde Barcelona: Ronaldo y el 'odio' inocente

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Barcelona, Setién y el delantero que urge (3:37)

El club blaugrana no puede apostar por una gran contratación tras la ausencia de Dembelé y el cierre de la temporada parece más que difícil. (3:37)

BARCELONA -- Diego Armando Maradona tuvo un don que no se ha visto nunca más en el Camp Nou: El estadio del Barcelona se llenaba media hora antes de comenzar el partido... Porque era un espectáculo por sí mismo ver al Pelusa en el calentamiento.

Su marcha, argumentada de mil maneras pero no explicada nunca de manera racional y lógica, dándose incluso a entender que fue una bendición para el (https://espndeportes.espn.com/futbol/equipo/_/id/83/barcelona) Barcelona, provocó una decepción que se logró apagar rápido por la Liga ganada un año después. Pero Maradona...

Dos años duró Diego en el Barça, algo inexplicable, y uno, ¡solo uno!, Ronaldo Nazario. Algo inaudito. Entre inverosímil, chistoso, dramático y vergonzante. Los dirigentes seguían siendo los mismos. Y los mismos que en 1984 disfrazaron a Maradona como un diablo del que había que apartarse, al cabo de 13 años, en 1997, presentaron a los agentes de Ronaldo como los únicos y grandes culpables de su marcha. Porque las imágenes del Fenómeno, llorando al conocer la imposibilidad de quedarse en el Camp Nou, no podían ser borradas.

Diego quedó como lo que pudo ser y no fue; Ronaldo como un amor efímero. La magia del argentino llenaba el Camp Nou y la sonrisa del brasileño, sumada a su magnificencia, provocó que terremoto sufrido en el club por el despido improcedente e intempestivo de Johan Cruyff no afectase a toda la masa social. Los niños, impactados por aquel jovenzuelo simpático que repartía sonrisas y goles a partes iguales, le declararon su amor incondicional.

Y no pudieron entender que el Barça, su Barça, fuera incapaz de retenerlo solamente un año después.

¿Se imaginan que en 1985, acabada su primera y excepcional temporada en la NBA, Michael Jordan hubiera abandonado Chicago? Es inimaginable, claro. Como pensar que Dan Marino dejase Miami en 1984 o que Mike Piazza se fuera de Los Angeles en 1993? Impensable que los ejecutivos de los Bulls, los Dolphins o los Dodgers dejasen escapar a quien estaba considerado el crack del futuro. Nadie lo haría. Bueno, el Barcelona sí.

Después de sufrir la fuga de Maradona en 1984, con todas las connotaciones que rodearon su marcha y trasladándose que era tan inevitable como positivo para el club porque Diego era “muy problemático”, debiera entenderse imposible que el Barça volviera a sufrir la pérdida de un jugador llamado a dominar el mundo del fútbol. Más aún cuando el impacto que causó Ronaldo, al cabo de 23 años, sigue presente alrededor del Camp Nou.

Porque mirando al futuro, el barcelonismo no olvida el pasado. El bueno y el malo. Y redescubrir, en palabras del propio Ronaldo, que se marchó contra su voluntad es un golpe demasiado difícil de aceptar así como así, por muchos años que pasen.