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El Barcelona quiere vender a Philippe Coutinho. ¿Por qué ningún club grande lo quiere?

El Barcelona ansiaba tanto contar con Philippe Coutinho, que pasaron todo un verano persiguiéndolo, perdieron la puja, parecieron unos tontos y a pesar de ello, volvieron a intentarlo cuatro meses después, convirtiendo al brasileño en el jugador más costoso fichado por el club blaugrana. Lionel Messi también lo quería como compañero: así se lo hizo saber al presidente del club Josep María Bartomeu.

Andrés Iniesta dijo que Coutinho contaba con el perfil apropiado para cosechar éxitos. Y el director deportivo del club expresó que el mediocampista podía convertirse en, vamos, el próximo Andrés Iniesta. En el caso de Luis Suárez, el uruguayo se ríe ante la sugerencia de que pudo haber fungido como agente inmobiliario, pero sí ayudó a Coutinho a conseguir una vivienda. También advirtió a su excompañero del Liverpool que jugar en el Barça no sería cosa fácil.

Excepto que, no se suponía que sería tan difícil.

El mercado se había vuelto "loco", todos estaban conscientes (incluyendo el presidente, quien fue citado afirmando dicha expresión) y $135 millones (€120 millones) junto a $45 millones (€40 millones) en cláusulas adicionales era demasiado dinero. A pesar de ello, el Barcelona consiguió asegurar su fichaje estratégico. "Una necesidad, no un capricho", afirmaba un titular de un prestigioso diario español. En la noche de la víspera a la presentación del brasileño en enero de 2018, Suárez insistía: "Coutinho nos aportará mucho". Ivan Rakitic dijo: "Lo sabemos todo con respecto a su calidad".

"Un gran jugador", fue la frase con la que Paulinho describió a Coutinho. "Es un futbolista excepcional, totalmente compatible con el estilo Barça", agregó Jordi Alba.

Por supuesto que todos dirían eso (nadie será capaz de afirmar una frase similar a: Este chico que acabamos de contratar es algo maloso), pero por lo menos, Suárez lo sabía. Había descrito a Coutinho como aquel hombre que le dio al Liverpool confianza suficiente para mantener el balón, con "una cualidad técnica tan buena" y que "siempre elegía dar el pase correcto". Perfecto para el Barcelona, lo que daba causas para sentir optimismo. "Coutinho consigue los goles, aporta asistencias y puede ayudar a crear jugadas. Puede jugar por dentro o por fuera, por la izquierda o por la derecha", afirmó Ernesto Valverde, en ese entonces director técnico del club. "Se trata de un fichaje importante".

Por estos días, cuesta evitar la sensación de que el Barcelona se conformaría con que Coutinho fuera un fichaje... de otro equipo. Cualquier club de cualquier parte. Para hacer borrón y cuenta nueva. Coutinho, quien tenía 25 años cuando llegó al Barcelona, se suponía que pasaría varios años jugando en el Camp Nou; que era su jugador del futuro, una solución a largo plazo. Dos años y medio después, la única solución que consideran podría aportar es de índole económica y hoy en día, hasta eso es puesto en duda.

Por estos días, la adquisición más cuantiosa en la historia del FC Barcelona representa un problema.

El Barça, sumido en deudas, necesita generar $80 millones (€70 millones) en dividendos durante este verano, según una información de Sam Marsden y Moisés Llorens, corresponsales de ESPN en la Ciudad Condal. El presupuesto del club ya tenía estimados ingresos por el orden de $140 millones (€124 millones) en ventas para este año y eso fue previsto antes de sentir el impacto de la pandemia del coronavirus. El Barcelona ya ha recaudado $70 millones (€62 millones) de dichos ingresos, pero necesitan más dinero. Coutinho es la clave, el jugador que piensan podría ayudarles a cuadrar las cuentas.

En los círculos internos del club, se aferran a la idea de que Coutinho tiene mercado en Inglaterra, donde aspiran recaudar $90 millones (€80 millones). Eso representa apenas la mitad de lo que costó su contratación e incluso, dicha cifra podría ser un estimado optimista. El Barcelona pensaba lo mismo en la temporada anterior y, enfrentado a la carencia de alternativas factibles, terminaron cediéndolo en préstamo al Bayern Munich. A cambio, obtuvieron una comisión de $9.5 millones (€8.5 millones) y que otro equipo asumiera su salario ($15 millones o €13.5 millones al año, después de impuestos), junto a la aspiración de una solución duradera en la forma de una opción a compra. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que el Barça supiera que el Bayern no estaba dispuesto a ejercer dicha opción. Por ende, vuelven a encontrarse en el mismo dilema.

"Es completamente decisión del Bayern", afirmó esta semana Kia Joorabchian, agente de Coutinho, consciente que los bávaros habían decidido que Coutinho volviera a España. En cuanto a un precio tentativo, el representante insistía: "Realmente no hemos discutido nada, por los momentos".

Joorabchian sí dijo que a Coutinho le gustaría volver un día a la Premier League y cada día que pasa, según los medios de ese país, surge un nuevo equipo interesado. Newcastle, Manchester United, Arsenal, Leicester... el que sea. La lista crece a cada momento. Es una historia fácil de escribir, ciertamente basada en mucho humo, aunque también tiene algo de certidumbre: la disposición de comprometerse con cualquier vía de escape.

En ocasiones, parece ser una situación casi desesperada. Tiene un aspecto extraño, casi triste. Es lamentable que todo termine de esta forma.

Es una verdad generalmente aceptada que Coutinho fue un desastre en su paso por el Barcelona; en parte, producto de este acuerdo aparentemente universal de que ahora, el brasileño debe partir. Sin embargo, esta tesis puede ser debatida útilmente y, al igual que tantas verdades generalmente aceptadas, esta "verdad" no es del todo cierta. En su primera mitad de temporada en La Liga de España, cuando Coutinho no podía jugar en la Champions League, tuvo sus momentos. Formó parte del plantel que se hizo con el doblete de Liga y Copa, incluyendo un gol en la final de la Copa del Rey. Sumó 10 tantos en 22 partidos. Su segunda campaña con la camiseta del Barça comenzó anotando el gol que abrió el marcador del Clásico Español.

A pesar de lo anterior, también es cierto que su estilo no lograba encajar del todo y que su nivel decayó rápidamente, gracias al peso de su costoso pase y las expectativas que éste ponía en sus hombros, que aceleraron su caída; o por lo menos, esa era la impresión. Coutinho convirtió un solo gol en sus últimos 20 partidos de liga y durante mucho tiempo, parecía estar fuera de lugar. Hubo cambios de posición y de formaciones, con esa extraña percepción de que sus mejores partidos se produjeron con Messi en la cancha. Hubo lesiones y mucha impaciencia, junto a la duda de cuál era su verdadera posición: ¿mediocampista o delantero?

"Siempre creí que Coutinho era el sustituto ideal de Iniesta", expresó Robert Fernández, director deportivo del Barcelona, pero ¿cómo podía serlo? Coutinho no era lo mismo, ni como jugador ni, aparentemente, en lo que respecta a su personalidad. Valverde prefería colocar a Coutinho como extremo izquierdo de un tridente delantero, en vez de un trio de volantes, a pesar de que decidió darle cierta flexibilidad. Asimismo, el entonces técnico culé también afirmó que le gustaba el hecho de que Coutinho seguía intentando cosas, aunque también le rodeaba una molesta percepción de que cada vez lo intentaba menos, replegándose en sí mismo. Se mostraba tímido, sensible.

Quizás esa característica de su personalidad siempre estuvo presente: Suárez recuerda haberle dicho "relájate, sólo juega" cuando jugaban juntos en el Liverpool; mientras que, en su paso por el Bayern, el director general del club rojiblanco Karl-Heinz Rummenigge sugirió que, en ocasiones, el brasileño se mostraba inhibido. Eso siempre es un problema en el Barcelona. Suárez advirtió a Coutinho: debes ser fuerte, estar listo para asumir las críticas y la presión en un sitio donde los jugadores quedan expuestos y los hinchas no dudan en abuchearlos. Y así lo hicieron; sólo que Coutinho respondió, mostrando cuánto le afectaban las críticas. Cuando anotó un gol contra el Manchester United en un partido de Champions, Coutinho celebró tapándose un oído con el dedo.

"La cosa más pequeña que hagas... la más pequeña, como la que hizo Philippe el otro día, que fue una nimiedad [tiene repercusiones] y todo se hace más grande [de lo que realmente es]", afirmó Suárez. "[Un jugador] escucha los abucheos cuando pierde el balón, y oye el zzzzzzzhhhhiiii, escucha ese zumbido, los murmullos; eso lo afecta; y piensa 'Ay, los hinchas, ay, si pierdo otro balón..."

Y así lo sintió Coutinho. Poco después, no sólo había perdido el balón, según concluyeron. Se había perdido a sí mismo. El Bayern picó adelante, ofreciendo un nuevo comienzo, aunque era un inicio falso. Sólo permanecería en Alemania por un año y ahora, no quieren retenerlo; por ello, debe volver al Barcelona, aunque sea sólo a hacer maletas. Después, ¿qué? ¿A dónde? ¿Ahora, quién?

Si el Barcelona cree que Coutinho podría ser un futbolista que valga $90 millones (€80 millones), también deben saber que probablemente no llegará a serlo. Si desean venderle, deben estar conscientes de que, al menos, un préstamo les daría cierto margen de respiro y podría ser la única solución. Pero incluso un préstamo no constituye garantía de alivio financiero, sin que ellos asuman parte de su salario. Quizás nadie salga ganando.

El mediocampista brasileño no es el único jugador que se ha visto atrapado en una jaula de oro, prisionero de su precio y alto salario, un activo dentro de un mercado que ya no existe para jugadores como él. Saltan a la mente los casos de James Rodriguez y Gareth Bale. Y Coutinho no es el único jugador que el Barcelona utiliza desesperadamente (y quizás infructuosamente) para recaudar fondos en busca de fichar a otro futbolista que probablemente intentarán vender en cuestión de un año. Pero el caso del brasileño es particularmente sorprendente, porque pareciera que su suerte ya está echada.

El fichaje estratégico, el jugador más costoso de la historia, el joven de 27 años: acabado, sin futuro en el Camp Nou. Coutinho debería estar disfrutando del apogeo de sus condiciones físicas; por el contrario, parece que todos se han rendido con él, como si la relación entre él y el Barcelona estuviera dañada sin posibilidad de reparación. Todos parecen haber lanzado la toalla después de apenas 18 meses vistiendo una camiseta que pesa muchísimo y a la cual otros jugadores han dedicado el doble de tiempo intentando adaptarse. Si bien el director técnico no es el mismo del principio, tampoco lo es la identidad de juego de los culés. Incluso, ya no cuenta con algunos de los compañeros con los que comenzó su travesía. A pesar de que, con mayor probabilidad, él también deba partir.

Vaya fichaje estratégico. Por el contrario, hoy en día todos buscan una estrategia de salida. Ahora, quieren desprenderse de él, con la misma energía con la que ansiaban contratarle hace apenas un par de años. Ven a Coutinho y todo lo que pueden ver son cifras en dólares, fotos de otros jugadores que su venta podría ayudar a subsidiar... pero ¿y si no puede lograrlo? ¿Qué pasaría si su cotización se encuentra sumamente devaluada, con una tasa de cambio en caída libre? Muy dentro de su ser, los ejecutivos del Barcelona deben estar conscientes de ello. Y es importante tener presente que así lo perciben los tentativos candidatos a hacerse con los servicios de Coutinho. El Barcelona no puede evitar estar consciente de que su posición es débil. Tienen muchos elementos para temer permanecer estancados en esta situación. Así lo sienten todos y no están del todo contentos.

Aquí nos encontramos, encerrados en esta sensación latente de que todos esperan que algún club, de alguna parte, venga al rescate, para así acabar con el estancamiento. Sin embargo, al dar un paso atrás, es inevitable preguntarse si vale la pena buscar otras soluciones, en caso de que dicha paralización llegue a prolongarse. De hecho, el estancamiento podría terminar siendo la solución. Vale la pena preguntarse si, en estos momentos, todos carecen de la imaginación y creatividad para resistir caer en la espiral; incapaces de alzar las cabezas para mirar más allá de un mercado deprimido y un jugador deprimido, más allá del escenario donde la única estrategia es la salida, cualquiera que ésta sea.

¿Qué hacer con un problema como el de Coutinho? Pues bien, si todas las opciones fracasan, podrían intentar ponerlo a jugar.