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El Camp Nou de Barcelona cumple 64 años con poco que festejar y en un estado alarmante

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Barcelona no pudo ante Cádiz y se conformó con empate (2:52)

El equipo Blaugrana terminó 0-0 ante Cádiz y Ronald Koeman salió expulsado con tarjeta roja sobre el cierre del encuentro. (2:52)

BARCELONA -- El Camp Nou, estadio del Barcelona, celebra, es un decir, este viernes 64 años desde su inauguración, el 24 de septiembre de 1957, y en estado de alerta, pendiente de una profunda remodelación como obra más destacada del proyecto 'Espai Barça' pero necesitado de obras de adecuación "urgente", revelaron a ESPN fuentes del club, recordando que ya durante el verano se tuvieron que invertir 2.2 millones de dólares con objeto de cumplir con las mínimas condiciones de seguridad para poder reabrirlo a los aficionados tras la pandemia del coronavirus.

Más aún, alejado de toda grandeza y esperando a que pueda comenzar a ser realidad el cacareado 'Espai Barça', se debe hacer una obra inicial presupuestada en 30 millones de dólares para mantener la seguridad de los aficionados después de una década de dejadez impropia en el interior del estadio. Mientras el Real Madrid disfruta ya de un Santiago Bernabéu espectacular y en Europa se multiplican edificios deportivos modernos, acogedores y cómodos, el barcelonismo contempla con una mezcla de rabia y resignación la pérdida de empuje de un Camp Nou en estado de semiruina.

El Barça no solo sufre una evidente crisis económica, gravísima atendiendo a la deuda superior de 1,600 millones de dólares y contra la que lucha con determinación la nueva junta de Joan Laporta, que en mayo firmó un crédito urgente con Goldman Sachs por valor de 587 millones, de los que ya usó cerca de 100 para hacer frente a los pagos salariales más urgentes.

Tampoco puede ponerse en el primer plano la crisis deportiva que tiene en el punto de mira a un Ronald Koeman, cuyo despido se sospecha más pronto que tarde, con una plantilla debilitada tras la marcha de Lionel Messi y que amenaza con apartar al equipo azulgrana de la aristocracia europea... Entre todos los conflictos y problemas a los que se enfrenta el club emerge la necesidad de adecuar cuanto antes un Camp Nou al que se deberá inyectar una obra calculada por la directiva de 30 millones de dólares y que, de momento, nada tiene que ver con el faraónico 'Espai Barça' que la directiva confía en hacer realidad en los próximos cinco años... Si todo se desarrolla bajo los parámetros establecidos.

GRANDEZA Y MISERIA
Presentado como uno de los coliseos deportivos más modernos en su momento, con una cabida para 90 mil espectadores (tras descartarse un primer boceto que cifraba en 150 mil aficionados su capacidad), el Camp Nou fue producto de varias reformas y mejoras en sus primeros 40 años de existencia... para ir quedando durante la última década muy por detrás de otros grandes estadios en cuanto a modernidad y, lo más trascendente, perdiendo tanto comodidad como seguridad para sus hinchas.

Con motivo del Mundial de 1982 se llevó a cabo la mayor obra, la construcción de una tercera gradería que amplió sus plazas hasta las 115 mil de aforo, y doce años después, en el verano de 1994 y con una velocidad de vértigo, se rebajó en casi 3 metros el nivel del terreno de juego, ampliando la primera gradería, reconvirtiendo las localidades de pie tras las porterías en asientos y desapareciendo el foso que rodeaba el césped, una seña de identidad histórica de un Camp Nou que en 1999 disfrutó de su última gran actuación, con la desaparición total de las gradas de pie en tercera gradería, con asientos en todo el estadio y una capacidad definitiva para 99 mil 354 espectadores.

Desde entonces... La nada. O casi nada. Durante la primera etapa de Joan Laporta en la presidencia el club llevó a cabo pequeñas obras de adecuación en los interiores del estadio, se modernizaron los palcos y se solventaron problemas surgidos por la antigüedad de la obra inicial que descubrieron la necesidad de realizar una intervención más contundente que motivó que en 2007 se aprobara el proyecto de Norman Foster como remodelación y modernización definitiva del estadio.

Nunca se llevó a cabo y después de 14 años el Camp Nou es un edificio tan viejo como obsoleto, cuando no peligroso. Más allá de las imágenes coloristas de la tribuna y su fachada, el interior del templo azulgrana muestra una tristeza y dejadez impropia del club, que en la última década, y a pesar de los informes existentes aconsejando (o incluso exigiendo) obras menores para mejorar la seguridad nada se ha realizado.

Laporta denunció públicamente a mediados del mes de agosto que el proyecto del nuevo Camp Nou de Bartomeu "está obsoleto y se ocultó la realidad a los socios. Está basado en una serie de falsedades y falta de transparencia por lo que estamos rehaciendo el proyecto para que sea viable económicamente".

GRANDILOCUENCIA... Y REALIDAD
En abril de 2014 y a través de un referéndum organizado por la directiva de Josep Maria Bartomeu (ya proyectado bajo el mandato de Sandro Rosell), los socios del Barcelona aprobaron la reurbanización completa del Camp Nou y alrededores, con su punto más destacado en la reforma profunda del estadio y la construcción de un nuevo pabellón de deportes en la zona donde se encontraba el Miniestadi y cuyo coste se cifró inicialmente en 704 millones de dólares.

De esta manera se enterraba definitivamente el primer proyecto de renovación total del Camp Nou presentado por Norman Foster en 2007, bajo la presidencia de Joan Laporta y presupuestado en 290 millones de euros. Ya en 2010 Sandro Rosell, al llegar a la presidencia, calificó de "innecesaria y para nada urgente" aquella reforma, asegurando que el estadio "solo necesita retoques y no una obra faraónica"... Una afirmación de la que comenzó a desdecirse al cabo de tres años, cuando se comenzó a estudiar una nueva y mucho más ambiciosa obra.

El retraso en la solicitud por parte del club, y aprobación de permisos desde el ayuntamiento de Barcelona provocó que el proyecto, que debía iniciarse en 2017 y estar terminado en 2021, fuera demorándose y su presupuesto aumentando. Con la contrariedad de las asociaciones de vecinos y los cada vez mayores inconvenientes legales, primero se estableció el verano de 2019 y después de retrasó hasta 2020, anunciando el presidente Bartomeu en ese momento que el precio de las obras ya había aumentado hasta los 900 millones de dólares, que alcanzaban ya los 960 en el último informe presentado por la junta de Bartomeu, inmediatamente antes de su dimisión en octubre de 2020 y en plena pandemia del coronavirus.

La grandilocuencia con que se había presentado todo el proyecto seis años y medio antes había dado paso a un baño de realidad y de preocupación evidente. Más aún al descubrirse que el club ya había utilizado casi 130 millones del crédito firmado con Goldman Sachs para "cubrir las obras iniciales" y que incluyendo la demolición del Miniestadi (nunca explicado con lógica y cuyo coste fue de 33 millones de dólares), la construcción del estadio Johan Cruyff (presupuestado inicialmente en 14 millones y cuyo coste final se fue por encima de los 23) o los trabajos de 'nuevo cableado eléctrico' del Camp Nou dejaban al descubierto la imposibilidad manifiesta, por las monumentales pérdidas del club, 560 millones de dólares, y la mastodóntica deuda arrastrada superior a los 1.600 millones, de llevar a cabo ninguna clase de gran obra en el estadio.

Hoy el Barcelona celebra los 64 años del Camp Nou, una obra monumental en su momento y que provocó una grave crisis financiera, ya que del presupuesto inicial de medio millón de dólares se pasó a un coste total superior a los 2,3 millones y que debieron ser sufragados en parte con diversas emisiones de obligaciones hipotecarias y bonos de caja, lo que permitió financiar la construcción del Estadio a costa de endeudar el club durante no pocos años.

Una situación que en 2021 vuelve al primer plano... Con el agravante de que la deuda actual del Barça ya es mastodóntica.