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Héctor Huerta: A rezar por el Atlas...

“El único consuelo es entrar en el

caos, volverse caótico también.”

Mario Benedetti.

MÉXICO --Ya se fue el Morelia a Mazatlán…

Dicen que ya se va el Querétaro a la Ciudad de México…

Elevemos oraciones para que al rato no se lleven al Atlas a Tulancingo, Xalapa, Delicias, Navojoa, Lerdo, Tlaxcala o cualquier otra ciudad que se les ocurra.

Michel Platini, aquel brillante futbolista francés, mundialista, astro de su tiempo, que luego empañó su carrera al hacerse directivo de la UEFA, decía que “un equipo de futbol representa una manera de ser, una cultura”.

Cuando le preguntan a un aficionado del Atlas porqué le va a su equipo dice -y dice bien-: “Si te lo explico, no lo entenderías”.

Lo que pasó con el Morelia es una señal de alerta para varios equipos, el Atlas entre ellos.

Es una crueldad de cualquier directiva pasar años y años pidiendo fidelidad por los colores; es una mezquindad exigirles que compren todos los productos originales del equipo, al precio que ellos quieran; es un acto deshonesto y un duro golpe al bolsillo cobrarles anticipada la temporada comprando el bono anual para asegurarse un lugar en el estadio, y a los pocos años, te despojo de todo y cambio el equipo de plaza.

En el proceso de enamoramiento te venden camisetas, gorras, bufandas, calcetines, relojes, cobijas, lentes, calzones, tenis; todo con los colores o el escudo del equipo de tus amores.

Y al poco tiempo, pum, porque se les ocurre a los dueños, te arrancan todo y se llevan al que tú creías “mi equipo” a otra plaza. Así, con total descaro, aduciendo que ya no es negocio estar en la que fue su casa durante décadas.

Así arrancaron al Necaxa y al Atlante de la capital del país. Así el Gallos Blancos dejó de ser de Torreón y se convirtió en Leones Negros de UdeG. Así desapareció también La Laguna y se transformó en Deportivo Neza. Así Oaxtepec desapareció y se convirtió en Ángeles de Puebla y hoy los dos no son nada.

En Morelia dijeron: 'ahí se ven, lloren, quédense con los recuerdos, protesten, hagan marchas, igual nos vale. Ya decidimos que nos vamos a Mazatlán porque allá nos prometen más dinero'. Esa es la moneda de cambio. Amor a los colores es prenda antigua. Lo que vale es el dinero contante y sonante.

La Federación Mexicana de Futbol tenía reglas y flexibilizaba todo para favorecer a los amigos. Hoy, convertida en el 'Club de Toby', todo es más fácil. Antes se exigía (letra muerta, pero obstáculo al fin) cierta cantidad de meses para solicitar un cambio de nombre y sede. Hoy basta que los señores dueños digan, 'sí, hay que ayudar al amigo', y asunto arreglado. Que lloren los aficionados mientras los patrones ríen.

Ese es el temor con el Atlas. Yon de Luisa dijo que Gianni Infantino le exigió acabar con la multipropiedad antes del Mundial de 2026. O sea que el Atlas podría estar hoy con un tanque de oxígeno en las calles de Guadalajara, aferrado a la historia y a la vida, pero con el riesgo de ser vendido en este lustro.

El Atlas ya ha sido vendido dos veces, pero sin salir de la ciudad.

Ya los 123 socios con certificado de aportación (buenos cuates, pero inútiles para el manejo de este club, inmerecedores de los cargos que detentaron), además del Grupo Salinas (dirigentes incompetentes y cínicos los que estuvieron al frente cinco años), y desde hace doce meses el Grupo Orlegi, todos ellos, han sido ineptos en el manejo de un Atlas cuya desgracia histórica ha sido la gente que lo maneja en las oficinas.

Como rojinegros, a rezar a su santo preferido, porque en una de esas, el Grupo Orlegi se cansa y decide dejar a Guadalajara sin uno de los pulmones emocionales de la ciudad. Porque cuando se vea en la obligación de no ser multipropiedad, por supuesto que va a preferir quedarse con Santos en Torreón.

¿Qué harían con el Atlas? Venderlo de nuevo, al mejor postor, de la ciudad que sea. Recen, tapatíos, para que la rica historia del Atlas, la fidelidad de su afición, los emblemáticos colores y el bellísimo escudo, no terminen en otra ciudad. O peor aún: que desaparezcan el nombre y la historia de 104 años, con un cambio de nombre y sede que la FMF les aprobaría con votación unánime.