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Héctor Herrera y Andrés Guardado: Las miserias de la 'vieja guardia' Tricolor

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En días recientes, dos futbolistas mexicanos de jerarquía, referentes de la Selección Nacional y en teoría ejemplos a seguir, han dado de qué hablar por comportamientos y declaraciones lamentables.

El primero fue Andrés Guardado con su lastimosa burla hacia Joan Jordán, jugador del Sevilla que en el derbi fue golpeado con un tubo lanzado desde la tribuna, lo que provocó que se suspendiera el partido y se reanudará un día después sin aficionados.


Al experimentado mediocampista de 35 años le pareció gracioso simular que una botella le impactaba la cabeza y lo hacía caer al césped, mientras celebraba con algunos de sus compañeros la clasificación del Betis a los Cuartos de Final de la Copa del Rey. 


Por si no fue suficiente dicho comportamiento, posteriormente Guardado aclaró” en redes sociales que lo malinterpretaron, que no lo conocen quienes lo criticaban y que no se burló de Jordán, pues el jugador del Sevilla estaba bien o de lo contrario no habría escenificado la situación referida. Todo mal.


 FRÍA AFICIÓN


Tocó el turno a Héctor Herrera, quien desde hace varios meses en el aspecto futbolístico no vive sus mejores momentos, relegado a la banca del Atlético de Madrid y con un nivel paupérrimo cada que asiste con el Tricolor. 


Resulta que el mediocampista se aventó la puntada de criticar a la afición mexicana que asiste al Estadio Azteca a los juegos de la Selección, porque no es lo suficientemente intensa para intimidar al rival y lograr que los futbolistas visitantes digan “estoy cagado”.

Herrera refirió que cuando el equipo mexicano va a países como Honduras, El Salvador, Panamá, Jamaica o Costa Rica, esas aficiones asisten al hotel de concentración del Tri y ponen música para no dejarlos dormir, mientras que en el estadio hacen patente su hostilidad hacia el visitante.

A Héctor le gustaría, según se entiende con estas declaraciones, que los seguidores de México llegaran a ese grado de fanatismo e hicieran lo mismo, “sentir que la gente verdaderamente está metida”, señaló. 


Valga decir que Herrera y Guardado son parte de una generación de futbolistas que tienen entre dos, tres y hasta cuatro Copas del Mundo en las que no han ganado absolutamente nada, salvo igualar lo hecho desde hace casi 30 años que es instalarse en Octavos de Final.

También es oportuno recordar que la Selección Mexicana viene de un 2021 para el olvido en el que perdió dos finales (Copa Oro y Nations League) ante Estados Unidos, que dicho sea de paso, en ninguno de estos torneos contó con su equipo estelar. 


Y qué decir de la eliminatoria mundialista en la que el Tri está en tercer lugar de ocho, abajo de Canadá y el equipo de las ‘Barras y las Estrellas’, con lo que para nada es seguro su boleto directo a Catar, y por ello los tres partidos en puerta serán vitales.

¿En verdad Herrera tiene argumentos, motivos o razón alguna para calificar de fría a la afición y exigirle, cuando la Selección ofrece más decepciones que alegrías?

¿Sabrá Héctor el esfuerzo que hace un aficionado al pagar un boleto —ya no se diga si se trata de familias completas—, trasladarse, apoyar al equipo, consumir en el estadio, y en la mayoría de las ocasiones regresar a casa con un mal sabor de boca?


¿Quién aconseja a estos futbolistas, por qué no reciben asesoría alguna, qué pensarán al ser tan irresponsables cuando lamentablemente son ejemplo, sobre todo para muchos niños que los ven como ídolos?

Y aquí cabe hacer un alto y aclarar que desde luego que hay miles de pseudoaficionados que, amparados en una supuesta pasión y apoyo al Tricolor, persisten en otro tipo de comportamiento lamentable como lanzar el incontenible grito homofóbico. Pero eso, como dicen por ahí, es otra historia. 


Así las cosas, ni Andrés ni Héctor se enterarán de la gravedad de sus actos porque los futbolistas viven en una burbuja y nadie se atreve a llamarles la atención para que quepa en ellos un mínimo de reacción o autocrítica. 


Sí, los veteranos, los referentes, los experimentados ya no solo dan tumbos en la cancha ante selecciones tan pobres como las de la Concacaf, ahora también les dio por mostrar sus miserias fuera de ella.