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Cien historias rumbo a Qatar 2022: Kevin De Bruyne, el raro

De Bruyne llega a la Copa del Mundo Qatar como jugador estrella de la Premier League ESPN.com

“No quieren que vuelvas. No te quieren por cómo eres”. Menudo y doloroso desplante recibió uno de los mejores jugadores del mundo de la actualidad en su temprana adolescencia. Antes de ser el exitoso De Bruyne que brilla día a día en Manchester City y que condujo a Bélgica al tercer puesto de Rusia 2018, fue “Kevin, el raro”. Un niño invitado a retirarse de la casa que lo acogía en los primeros pasos de su carrera.

Así como le cerraron la puerta en aquel hogar de Genk, también lo menospreciaron en el Chelsea de José Mourinho. El belga tuvo una pésima experiencia con el DT portugués, que no le daba minutos de juego y hasta lo citó en su despacho para humillarlo. En 2013, Mou reunió a los jugadores que compartían su puesto y leyó en voz alta sus estadísticas para que se acabaran los berrinches: en el último lugar estaba Kevin con una asistencia y cero goles. Claro que sin tiempo en cancha es difícil recopilar buenos números, pero el mensaje del técnico fue contundente: “Deja de quejarte. No te necesitamos, puedes irte”.

Sin embargo, después de tanto rechazo, KDB hizo su camino y hoy disputa el trono del jugador más exiquisito del fútbol mundial sin discusión. El secreto, en sus palabras: “¿Me tiraron a la basura? Gasolina pura para mi carrera”.

Convertir adversidad en virtud es requisito excluyente de campeones. Tener talento y mentalidad ganadora también es parte de los pretendidos en la lista del éxito. Sin embargo, De Bruyne no tiene ese perfil estrepitoso del que aparece como protagonista del póster. Es posiblemente la figurita más valiosa del Manchester City de Guardiola, pero no es lo suyo salir en la tapa de los diarios besando la copa. Tanto fuera como dentro de la cancha, Kevin hace el trabajo silencioso y se sirve de su talento para que otros brillen. “No me siento cómodo hablando. Me expreso jugando al fútbol”, resume.

KEVIN, EL RARO
Porque es hijo de Herwig juega para Bélgica, pero como hijo de Anna pudo jugar para Burundi. En África Oriental nació la madre de Kevin, ya que su abuelo estaba trabajando en la indisutria petrolera en aquella zona. Pero en realidad su familia tiene origen en Earling (Reino Unido). Allí pasaron muchos veranos y por eso De Bruyne se hizo fanático de Liverpool en su infancia.

El belga tenía la habitación decorada con los Reds y dormía con una camiseta de Michael Owen, su ídolo. Es que en sus inicios Kevin era delantero, añoraba ser como él y, sobre todo, poder jugar algún día en la prestigiosa Premier League.

Los De Bruyne vivían en Drongen, a unas dos horas de Genk. Esa distancia complicaba la incipiente carrera del pequeñito talentoso y decisiones drásticas debieron tomarse. Con 14 años dejó su casa para mudarse a las cercanías del club y buscar un lugar donde alojarse.

Así como en algunos países los clubes cuentan con pensiones para recibir a los jugadores forasteros, en Bélgica muchas instituciones buscan lugareños que estén dispuestos a recibir a los jóvenes y convertirse en su hogar de acogida.

A Kevin lo mandaron con unos anfitriones con los que rápidamente se sintió a gusto. Callado, como siempre, pasaba sus días entrenando y haciendo la tarea encerrado en su habitación. Cuando llegaron las vacaciones fue momento de visitar a sus padres y se despidió de su familia de acogida con total normalidad, prometiendo reencontrarse una vez pasado el verano. Pero cuando entró a casa sorprendió a su mamá llorando. “Pensé que alguien había muerto”, recuerda haber pensado.

“No quieren que vuelvas”, sentenció Anna. “No te quieren por como eres”, dijo para explicar algo que para Kevin era inexplicable. ¿Cómo podían echarlo si lo habían despedido con una sonrisa unas horas más temprano? Además, ¿Qué significa eso de ́por como eres?. Introvertido, tímido, excesivamente callado... raro. Esas palabras quedaron resonando en su mente.

Una de las actividades preferidas en la casa de sus padres era salir a jugar a la pelota en el jardín. Y para no romper las plantas de su vecino, desde chiquito se obligaba a jugar con la pierna inhábil para controlar su fuerza. Así pulió su zurda, esquivando flores. Aquel día pasó un largo rato pateando como siempre, pensando y pensando qué explicación tenía el rechazo desgarrador que acababa de experimentar.

“Se sintió como algo muy personal. 'Ellos ya no te quieren ahí por lo que eres, eres demasiado callado, no pueden interactuar contigo, eres raro, difícil'. No me dijeron nada en la cara. Recuerdo haber visto llorar a mi madre, agarré la pelota y me fui a donde siempre jugaba solo. Una cosa realmente me quedó grabada: POR LO QUE ERES. Pateé la pelota contra la cerca durante horas, con esas palabras dando vueltas en mi cabeza. En algún momento dije en voz alta. ́Todo va a estar bien, en dos meses voy a estar en el primer equipo, no voy a volver a casa con el fracaso, pase lo que pase’”.

Dicho y hecho. Terminado el verano estaba sacándole brillo a los botines en Genk, convocado en Primera. “Después de eso el club le dijo a mi familia que querían pagar nuevamente por una familia de acogida. Es divertido ver cómo te trata la gente en el fútbol cuando te va bien. Un día, la familia anterior se presentó como si todo hubiera sido un gran malentendido. La mujer dijo 'queremos que vuelvas, puedes quedarte con nosotros el fin de semana'. Le dije que no, ¿me tiraste a la basura y ahora que me va bien me quieres de vuelta?”.

Kevin recuerda aquella época como “los años más solitarios de su vida”. Pero, con latente resentimiento y una sonrisa revanchista, destaca: “En realidad debí decirles gracias: esa experiencia fue el combustible para mi carrera”.

El desenlace de ese pibe de las inferiores de Genk es por demás conocido: después de una temporada en Werder Bremen tuvo un paso errático por el Chelsea de Mourinho, se fue a ganar rodaje con Wolfsburgo en la Bundesliga (donde fue campeón y elegido el mejor jugador) y dio el gran salto a la que aún hoy es su casa: Manchester City. Juega en la liga que siempre soñó y ahí acumuló cuatro títulos de Premier League, cinco Copas de la Liga, dos Community Shield, una FA Cup. Además de sus múltiples distinciones individuales y cinco nominaciones al Balón de Oro.

CALLADO, ASTUTO, SIEMPRE UN PASO POR DELANTE
"Un jugador diminuto, con muy buena técnica y mucha perspicacia futbolística. Un tipo tímido, bastante tímido. Muy tranquilo y calmado. Pero que siempre le daba su opinión sobre las tácticas a sus entrenadores", le dijo Ronny van Geneugden a ESPN.com al ser consultado por el pasado de De Bruyne. Así lo recuerda el exjugador y formador de Kevin, que lo vio crecer en la cantera de Genk.

La personalidad introvertida de KDB es evidente e invita a transpolar esa actitud a lo que muestra en el campo de juego. Tiene clase y una técnica inapelable, pero no es magnético. Sería raro imaginar a los niños de Manchester con carpetas y cartucheras que tengan su cara. Seguramente se compraban las que tenían al Kun Agüero, el argentino goleador y carismático que facturó todas las asistencias ofrendadas por The Prince (así le decían en el vestuario por su parecido al Príncipe Harry).

“Voy a trabajar para demostrarle a Chelsea que está equivocado”, vaticinaba Kevin en 2014 cuando Mou prescindió de su talento, y “Es un jugador hermoso para contemplar”, decía Guus Hiddink en 2016 como DT de los Blues, con el belga como rival en el City.

Años más tarde, el entrenador portugués explicaba que KDB era “un chico difícil, con problemas para comunicarse”. Pero De Bruyne tal vez ni se enteró porque no le gusta mirar fútbol, le gusta avistar aves. Tanto le llaman la atención los pájaros que decidió convertirse en patrocinador y embajador de Weltvogelpark, uno de los refugios más grandes del mundo.

Entre sus aficiones menos conocidas, Kevin también hizo el curso para convertirse en entrenador y se graduó. Y aunque su retiro no parece estar tan cerca, fue previsor y ya se encuentra habilitado para ejercer avalado por la UEFA.

Se trata de un personaje definitivamente hermético, que analiza cada una de sus pisadas. Así como anticipa las jugadas y los movimientos para su equipo en el campo de juego, se ocupa de estar un paso por delante y tener un tiempo más para decidir también fuera del césped. Tal es así que fue artífice de su propia negociación exorbitante en Manchester City con una estrategia magistral.

A De Bruyne no le gusta hablar. Ya está dicho. Tan poco le gusta que sus amigos lo apodaron “la secadora”, por lo desabridos que son sus mensajes de WhatsApp. Pero cuando le toca tomar la palabra, lo hace fuerte y claro.

A la hora de sentarse a negociar con los Citizens, Kevin no quiso ser representado por ningún agente. Junto a su padre y a su abogado presentó un estudio, más que detallado, que elaboraron analistas que él mismo contrató. En resumen, utilizó el Big Data para argumentar cada centavo que pediría en su contrato con estadísticas concretas que demostraban sus aportes en el juego, su eficacia y su proyección a futuro. No pudieron decirle que no, la evidencia era contundente y se convirtió en el jugador mejor pago del club.

El sigiloso y preciso Kevin llega a la Copa del Mundo de Qatar 2022 elegido el mejor jugador de la temporada 2021-22 en la Premier, con la vara muy alta después de ser partícipe del bronce en Rusia 2018: la mejor actuación histórica de Bélgica en una Copa del Mundo. Posiblemente mucho se espera de su despliegue futbolístico, pero poco se sabe sobre la sombra que proyecta una historia llena de abandono, rechazo y, tal vez, incomprensión y resentimiento. El hombre que ve espacios donde otros no ven nada, predice movimientos ventajeando al tiempo. Aprendió en el mutismo y el ostracismo, en diálogo con su autoconfianza inalterable.