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Marruecos, la selección más internacional que amenaza a España

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Marruecos vence a Canadá y avanza como líder del grupo F (1:10)

Como en México '86, los marroquíes clasifican a la ronda de 16. Es la segunda vez en su historia que lo logran. (1:10)

Marruecos disputará el martes su segundo partido de octavos de final de un Mundial. Al cabo de 36 años de hacer historia en el torneo de México 1986, pasando como primero de grupo por delante de Inglaterra, Polonia y Portugal para caer en el primer cruce frente a la después finalista Alemania Federal, víctima de un gol a última hora de Lothar Matthäus, el combinado africano se asoma otra vez a una misión monumental: hacer frente a la España de Luis Enrique en busca de un nuevo techo en su biografía mundialista.

Eliminada Senegal por Inglaterra, en un partido que no tuvo apenas competencia, Marruecos es el último representante africano en Qatar, después de las eliminaciones en la liguilla de Túnez, Camerún y Ghana, y sigue en el torneo con tanta ilusión como conciencia de enfrentarse a un reto mayúsculo, como sería eliminar a la campeona de 2010, a la que nunca derrotó (dos derrotas y un empate) en sus enfrentamientos precedentes.

Es esta la sexta participación de los Leones del Atlas en una Copa del Mundo y han acudido a Qatar con el equipo más internacional que nunca tuvieron y, también, con el más internacional de todos los participantes. Si 137 de los 832 futbolistas inscritos por las 32 participantes en el Mundial no nacieron en el país al que representan en el Mundial, es Marruecos el que se lleva la palma: 14 de los 26 representantes del combinado africano (un 54 por ciento de la plantilla) nacieron fuera del país y en el vestuario están representadas hasta siete naciones distintas.

Cuenta el seleccionador Hoalid Regragui con cuatro futbolistas nacidos en Países Bajos (Zakaria Aboukhal, Sofyan Amrabat, Noussair Mazraoui y Hakim Ziyech), tres originarios de Francia (Sofiane Boufal, Amine Harit y Romain Saïs), otros tres de Bélgica (Selim Amallah y Bilal El Khannous), dos nacidos en España (Achraf Hakimi y Munir Mohamedi) y uno canadiense (Yassine Bounou) e italiano (Walid Cheddira).

Y aún podría, en cierta manera, añadirse a la lista al extremo Ez Abde, nacido en Marruecos pero que vivió en España desde los cuatro años y estuvo a un paso, el año pasado, de formar parte de la Roja, hasta que en marzo de 2022 decidió descartar tal posibilidad y se ofreció para jugar con su país de origen, con el que debutó en septiembre durante un amistoso frente a Chile antes de ser convocado para la cita mundialista, un sueño que hace apenas quince meses, cuando el Barça le fichó del Hércules para jugar en el filial.

VALOR

Es esta mezcla de culturas futbolísticas, y la mano izquierda de un entrenador que llegó al cargo el 31 de agosto sustituyendo al despedido Vahid Halihodzic (suyo es el mérito de recuperar para el equipo nacional a Hakim Ziyech), la que ha catapultado contra todo pronóstico a Marruecos para convertirla, de momento, en una de las selecciones de moda del Mundial.

Si en 1986, a las órdenes del brasileño José Faria, hicieron historia superando a equipos del calibre de Portugal, Polonia e Inglaterra, en 2022 no se han quedado atrás: se estrenaron empatando, y tuteando, con la subcampeona Croacia y después derrotaron, con todo merecimiento, a la semifinalista de 2018 Bélgica.

Es Marruecos un equipo muy competitivo a partir de explotar sus virtudes. Acompañan a Ziyech (indiscutible en el equipo nacional y habituado a partidos de alta exigencia en el Chelsea), dos laterales de la talla de Achraf Hakimi (PSG) y Noussair Mazraoui (Bayern), que siendo diestro juega con la selección por la izquierda. Ambos acostumbran a sumarse al ataque con peligro y será esa una circunstancia a la que deberá prestar especial atención España el martes, tanto como a la movilidad y capacidad de remate del delantero del Sevilla Youssef En-Nesyri o a la capacidad física del mediocentro de la Fiorentina Sofyan Amrabat.

Firme en defensa con la pareja que forman Rmain Saïs (Besiktas) y Nayef Aguerd (West Ham), el sevillista Bounou resguarda una portería que solo encajó un gol en la fase de grupos y se ha mostrado más solvente de lo que se aventuraba antes de comenzar el torneo.

Esto es Marruecos, rival del todo inesperado por España al comenzar un torneo en el que sus cuentas le enfrentaban a Bélgica o Croacia en octavos de final y cuya derrota contra Japón la acabaron llevando a un escenario impensable y para muchos más asequible. Pero los Leones del Atlas, en puertas de la historia, quieren seguir escribiendo más páginas en su leyenda mundialista.