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Desde la tribuna: así se vivió el Mundial Sub 20 ganado por Uruguay

La Selección uruguaya Sub 20 se consagró campeona del mundo en Argentina 2023, permitiendo que la Celeste volviera a quedarse con un título mundial en fútbol desde 1950, logro que como pueblo tan futbolero vivimos con inmensa alegría e intensidad.

El fútbol es como la historia, porque en él también va la vida. ‘La historia va en espiral, puede parecer que se repite exactamente igual, pero ahí, en ese punto, la curva es diferente’. “El corsi e ricorsi”, del historiador italiano Giambattista Vico que en varias charlas tirando música al ángulo me mencionaba el profe Pablo de los Reyes.

El sábado 5 de julio de 1997 yo no quería salir a festejar. ¿Festejar qué? Si habíamos perdido. Con siete años la derrota de la Sub 20 uruguaya ante Argentina en el Mundial de Malasia me había golpeado, yo no podía celebrar nada cuando mi padre y mi madre me avisaron que nos teníamos que subir a aquel Fitito rojo porque nos íbamos al Centro de Montevideo.

Lo que realmente me había molestado era la sensación de injusticia en el resultado de aquella final. No sé qué tan preciso habrá sido mi análisis, tampoco volví a ver el partido, pero es fuerte aún ese sinsabor, parecer que en un niño de siete años puede ser inexacto, pero no erróneo ni mucho menos irreal.

Veintiséis años después el Mundial juvenil, que debía realizarse también Asia, se jugó en Argentina y entonces la oportunidad de ver a esta generación cuyo signo infantil está en Sudáfrica 2010 ya a nivel de mayores, a diferencia de los pibes de la década anterior que seguimos a las Sub 20 y Sub 17 no para completar el abrazo celeste, sino por ausencias de logros en los más grandes.

Y llegó el debut ante Irak, la exuberancia física de Alan Matturro, la solidez del triángulo final con los aplausos a los cierres y valentía para jugar de Facu González, los saltos de Seba Boselli. Nos preguntamos por qué pedía el cambio Mateo Ponte, vibramos con los eléctricos arranques del Cepillo González. Inglaterra dejó otro relato de única y lenta fila para ingresar al Estadio Único de La Plata, protestas al árbitro y derrota. Fue cierre de fase con victoria ante Túnez en Mendoza y pasaje a octavos.

Las piernas pudieron aguantar ante Gambia, apareció el goleador Anderson Duarte y luego se venció con más fútbol aún a Estados Unidos para alcanzar las semis, donde Israel cantó fuerte en La Plata, aunque se impuso la Celeste, sin varios de los suyos, pero con todos creyendo de nuevo en los pibes. Así, el gol de Duarte tras la patriada de Matturro, que hasta embistió a un fotógrafo, hizo que merecidamente la calidad de Fabriico Díaz y la seguridad de Randall pudieran definir el torneo ante Italia.

No puede ser que no estemos ganando. No puede ser que justo ocho de los ¿quince? italianos presentes en el estadio estén justo en la fila de adelante. El resultado se hacía el otro ante la valentía, la presión y las divididas ganadas de nuevo en el Único. Los tanos no tenían ni qué festejar, viendo cómo su equipo salía obligado en largo y su arquero hacía tiempo porque sabía la superioridad celeste.

Y para el segundo tiempo más disfrute con el juego de los de Broli, aunque ellos ya se habían posicionado más adelante y el 0-0 se sentía cada vez más peligroso y traicionero. Pero el gol de Luciano a pesar de las dudas del VAR, y es alegría, nervios, los once minutos de adición y los hinchas italianos saben mejor que nosotros que el partido ya está.

Cuando el Cepillo González erró el 2-0 en ese contragolpe vino la foto de Zalayeta y Olivera no pudiendo marcar el segundo ante Argentina en el ‘97, como la escena del crítico de cocina de la película Ratatouille con un recuerdo profundo sí, pero amargo en mi caso. Otra vez tan cerca, otra vez sabiéndome sobre todo injusto.

Esta vez mi viejo no tuvo que señalarme lo importante que era salir a festejar un segundo puesto. El ‘Dale campeón’ se impuso, y hubo abrazos, sinceras felicitaciones de los locales, festejos y el saber qué es aquello de sentirse, al menos en juveniles, los mejores del mundo.

Porque qué bien que de color celeste se vista el mejor equipo Sub 20. Y que el resultado también lo diga. Porque la historia, el fútbol, se escribe en espiral y en un volver a hacer, siendo casi que el mismo, pero amagando en ir por un carril idéntico pero completamente distinto. Porque necesitamos metáforas, y el fútbol es la que mejor se nos da en el Sur de América.