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Henry Martín, de olla de depresión a olla de presión para el Tata

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América se impuso por las bandas (1:31)

Henry Martín aprovechó los centros de los laterales para anotar en dos ocasiones ante Juárez. (1:31)

LOS ÁNGELES — Hace casi cuatro meses, Henry Martín se trepaba al cadalso. Por decisión propia. No pedía comprensión, ni empatía. Sólo, acaso, se desplomaba públicamente, para reconstruirse íntimamente.

Hace casi cuatro meses, el 14 de abril, Henry Martín por motivos diferentes y circunstancias diferentes, emitía e imitaba el lamento que años antes había hecho Javier Hernández. “Ya toqué fondo”. Y se auto diagnosticó de la misma manera: “depresión, pero debes salir de eso porque, si te quedas tirado, te hundes más”, dijo el americanista en conferencia de prensa.

Había mandado señales de que estaba ya abandonando ese pantano de la depresión. Marcó en amistosos ante el Manchester City y el Real Madrid. Goles inútiles, anecdóticos, excepto para él. Le hizo además dos al León, que poco sirvieron, tras la victoria de La Fiera (3-2).

Este domingo, Henry hizo dos más, cierto, ante un frágil Juárez, que lleva la misma cantidad de puntos que el América, pero con dos partidos más. Llegó a cuatro anotaciones en el torneo, una por debajo de otro mexicano, Santiago Giménez, quien ya emigró al Feyenoord.

Parecería, que con seis goles en seis partidos jugados con el América, Henry Martín ha salido de esa inmensa olla de depresión, para avivar el fuego a la olla de presión de Gerardo Martino, quien apenas se quita las lagañas sobre el torneo mexicano, tras prolongadas vacaciones en Argentina.

Sepultado boca abajo, con toneladas de desprecio sobre su tumba, Javier Hernández está fuera de órbita para Martino. El Tata tiene una baraja sin ases, pero con opciones de gol, hasta donde cabe: Henry Martín, Santiago Giménez, Rogelio Funes Mori y Raúl Jiménez.

Para beneplácito de Martino, que sus delanteros encuentren el gol, aligera las jaquecas aunque aumente la presión. Aunque claro, en la lista extendida a 26 para el Mundial de Qatar, podría llevar a los cuatro.

Como sea, esta carrera parejera, casual y eventual, entre sus atacantes, le permitirá a Martino ponerlos a prueba en los amistosos de agosto (Paraguay) y septiembre (Perú y Colombia), aunque, cierto, los tres rivales son segregados del Mundial, están en reconstrucción absoluta, y sus propios jugadores, prefieren que no los molesten con estas minucias.

Más allá de que Martín desapareció cuando América más lo necesitaba en el cierre del torneo anterior, en este 2022, en total, suma diez goles con El Nido y dos con el Tri, y sí, ciertísimo, otra vez, ante Surinam y Jamaica.

¿Qué hay detrás de esa aparente resurrección de Henry Martín? ¿Psicólogo? ¿Antidepresivos? ¿Terapias? Él lo simplificó la noche del domingo, tras cumplir 150 partidos con el América: trabajo.

“(Todo se debe) al trabajo, a no darse por vencido nunca, a seguir esforzándote, seguir trabajando y no rendirse”, explicó el delantero del América, quien estuvo en la pasarela de las negociaciones para ser transferido a Chivas, según reconoció el mismo Ricardo Peláez.

¿Han sido las facilidades de Juárez y sus licencias defensivas, a pesar de que antes del juego con América sólo había aceptado cinco goles en siete partidos, incluyendo el adelantado de la Fecha 16 ante San Luis? Henry Martín tendrá un desafío sabroso para dejarlo en claro.

Este sábado, América visita a unos Pumas en horas bajas. Los aplastó –a medio gas--, el Barcelona (6-0), y deberán pagar la cuota del jet lag, además de soportar la resaca de un largo fin de semana cargado de burlas y de memes, tras su paso por el #Troleo Joan Gamper.

Pero, precisamente, Pumas pretenderá curar sus males ante el América. Regresa un guiñapo desarticulado desde España, y Andrés Lillini y Miguel Mejía Barón, en cancha y diván, tendrán que levantar los añicos, los fragmentos del equipo pomadoso y soberbio que viajó a Barcelona.

Al menos, sin embargo, el escenario ha cambiado para Henry Martín. Ha salido de esa implacable olla de depresión, para avivarle la llama a la olla de presión de Gerardo Martino, para elegir de esa baraja de cuatro, donde no hay ases, pero sí eventuales soluciones