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Super Bowl 2026: Datos curiosos rumbo al Seahawks vs Patriots

Llegar al Super Bowl no siempre significa ganar. A veces significa quedar marcado


El Super Bowl LX no es la excepción. Es el punto exacto donde dos trayectorias opuestas chocan con el mismo peso histórico: Drake Maye y Sam Darnold, dos quarterbacks formados en contextos distintos, con narrativas radicalmente diferentes, pero enfrentados al mismo examen final. Porque el Super Bowl no es solo un partido: es el lugar donde la historia cobra facturas.

Desde 1967, el Super Bowl ha sido menos un espectáculo aislado y más un tribunal. No solo se define un campeón, se decide qué carreras se elevan, cuáles se reescriben y cuáles quedan atrapadas para siempre en una sola noche. El MVP, los números en el jersey, las universidades de origen, los errores cometidos en el momento equivocado y hasta el manejo del reloj construyen una narrativa paralela: cómo se gana en el escenario más grande de la NFL.

Cuando los datos se observan con lupa —sin confundir campeonatos con premios individuales— la historia no se romantiza: se ordena.

MVP del Super Bowl y el espejo que enfrentan Maye y Darnold

En 59 ediciones del Super Bowl, el premio al Jugador Más Valioso ha sido otorgado 33 veces a quarterbacks, más del 55% del total. No es coincidencia ni tendencia reciente: es diseño. El quarterback controla ritmo, riesgo y error, y en un solo partido eso equivale a control del resultado.

Bart Starr ganó los dos primeros MVP’s con una eficiencia inédita para su época. Joe Montana perfeccionó la ecuación: cuatro Super Bowls, cuatro victorias, cero intercepciones. Terry Bradshaw legitimó el pase profundo en los setenta. Tom Brady convirtió el Super Bowl en una prueba de longevidad, ganando MVP’s en tres décadas distintas. Peyton Manning lo dominó desde la mente. Patrick Mahomes lo redefinió desde la improvisación. Eli Manning demostró que el escenario puede transformar carreras completas en una sola noche.

Hay una regla silenciosa que nunca se ha roto: ningún quarterback ha sido MVP del Super Bowl y ha perdido el partido. El premio no contradice al marcador. El Super Bowl LX no rompe reglas: las confirma.


Selección #3 global: peso histórico sin red de seguridad

Drake Maye llega con el peso histórico de ser selección #3 global, una posición que ha llegado al Super Bowl, pero que nunca ha producido un MVP en este escenario. El antecedente más cercano es Matt Ryan, también #3 global (2008), recordado no por consagración, sino por encabezar la mayor ventaja perdida en un Super Bowl (LI).

Sam Darnold, también ex selección #3 global (2018), llega desde un lugar distinto: como sobreviviente. Y el Super Bowl distingue con claridad entre llegar… y resistir.

Maye podría convertirse en el primer egresado de North Carolina en ganar un MVP del Super Bowl. No hay precedente. Sería una línea completamente nueva en el archivo de la liga —irónicamente, de una universidad cuyo egresado más famoso es Michael Jordan, no un quarterback, ni siquiera jugó en la NFL-.

Sam Darnold, por su parte, podría ser el segundo quarterback formado en Georgia en lograrlo, después de Matthew Stafford en el Super Bowl LVI. Stafford llegó como validación de talento; Darnold sería como redención. La diferencia no es menor. El Super Bowl no mide potencial: mide quién resiste cuando la historia ya pesa.


El número del jersey también juega

No es superstición. Es una tendencia.

El dorsal #12 domina el Super Bowl con 18 títulos combinados (Tom Brady, Terry Bradshaw, Roger Staubach, Bob Griese, Aaron Rodgers, Joe Namath). El #16, con Joe Montana y Jim Plunkett, simboliza precisión y redención. Otros números aparecen… pero no se repiten.

Drake Maye porta el #10, un número asociado a Super Bowls ganados desde el control y la ejecución (Eli Manning), pero también a derrotas memorables (Fran Tarkenton con Vikings). Sam Darnold viste el #14, un dorsal que ha llegado cuatro veces al Super Bowl y sólo una terminó en campeonato: Brad Johnson con Tampa Bay en el SB XXXVII.

El número no decide el partido. Pero acompaña el contexto.

Corredores: cuando el partido se empieza a ganar sin el balón en el aire

La historia del Super Bowl es clara: cuando un quarterback joven gana, casi siempre lo hace protegido por el juego terrestre. Larry Csonka, Franco Harris, John Riggins, Marcus Allen, Emmitt Smith y Terrell Davis no solo corrieron el balón: le quitaron posesiones al rival.

El último running back MVP fue Terrell Davis en el Super Bowl XXXII. Desde entonces, ninguno ha vuelto a ganar el premio. No porque no sean importantes, sino porque su función es más silenciosa: acortar el partido.

En el Super Bowl LX, los corredores no compiten por el MVP. Compiten por el reloj. Por Seattle, Zach Charbonnet y Kenneth Walker III. Por New England, Rhamondre Stevenson y TreVeyon Henderson.

Y en este escenario, el reloj casi siempre tiene razón.


Cooper Kupp y la anomalía que se niega a desaparecer

En una liga dominada por mariscales de campo, Cooper Kupp sigue siendo una grieta real en la narrativa. MVP del Super Bowl LVI, fue el primer receptor desde Jerry Rice en dominar todas las fases ofensivas de un Super Bowl, además de ganador de la Triple Corona. Si Kupp volviera a ganarlo, rompería dos barreras históricas: Ser MVP del Super Bowl con dos equipos distintos
Ser el primer no quarterback en ganar el premio más de una vez

La historia dice que es improbable. El Super Bowl vive de improbables que solo duran una noche.


Equipos especiales: el factor que decide sin aviso

El Super Bowl ha sido claro: cuando el margen es mínimo, los equipos especiales dejan de ser complemento.

Desmond Howard (244 yardas totales y TD de 99 yardas en el SB XXXI, único MVP de equipos especiales), Jacoby Jones (regreso de kickoff de 108 yardas en el SB XLVII) y Kadarius Toney (regreso clave en el SB LVII) no tocaron el balón ofensivo… y aun así cambiaron la historia.

En esta edición aparecen nombres capaces de hacer lo mismo: Rashid Shaheed, Marcus Jones y Kyle Williams, todos con antecedentes de jugadas explosivas que pueden romper un partido sin previo aviso.

Un error en cobertura, una patada mal ubicada o un regreso largo no solo alteran el marcador: rompen el plan completo. El Super Bowl castiga más los errores en equipos especiales que en cualquier otro partido.


El error no se esconde:

Cinco intercepciones de Rich Gannon (SB XXXVII).
Tres pases interceptados de Rod Martin (SB XV).
Cuatro capturas de L.C. Greenwood (SB X, antes de que la estadística fuera oficial).

El Super Bowl no disimula errores: los amplifica. No hay revancha inmediata. No hay contexto que los suavice. Las defensas no esperan regalos: los toman o los arrebatan.

Para Drake Maye, el riesgo es la prisa.
Para Sam Darnold, la tentación de forzar la redención.
Aquí no existe la segunda oportunidad.

El reloj: el último defensor

Los Giants lo demostraron dos veces: Super Bowl XXV y XLII, con series de casi diez minutos. No fueron touchdowns. Fueron sentencias.

El récord de la serie más larga pertenece a los Bears: 96 yardas en el Super Bowl XX. Controlar el tiempo es negar oportunidades.

En el Super Bowl LX, el equipo que domine el reloj probablemente no se lleve el highlight… pero sí el trofeo.

La idea central

El Super Bowl LX no se va a decidir solo por talento.
Se va a decidir por contexto, control y memoria histórica.

Drake Maye y Sam Darnold no solo juegan por un trofeo: juegan contra 59 ediciones de datos que explican cómo se gana… y cómo se pierde.

El MVP, los corredores, los especialistas, el reloj, el número del jersey y los errores cuentan la misma historia desde ángulos distintos: en el escenario más grande de la NFL, nada ocurre por accidente.

El partido puede seguirse a través de ESPN y Disney +, donde continúa la cobertura completa de un Super Bowl que no solo define un campeón, sino la forma exacta en que será recordado.