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Cartas desde Barcelona: El Barça nunca fue amigo de ningún régimen

BARCELONA -- Este jueves murió en Barcelona, a los 82 años, Josep Maria Fusté. Su nombre, probablemente, no diga nada a las nuevas generaciones de aficionados pero fue un futbolista imprescindible para entender al Barça de la década de los 60 del pasado siglo, deportivamente la etapa más oscura del club zulgrana.

Entre 1962 y 1972 Fusté, un volante de calidad exquisita y que con la selección española ganó la Eurocopa de 1964, disputó 277 partidos oficiales con el Barça y ganó tres Copas de España, entonces del Generalísimo, (1963, 1968 y 1971), una Copa de Ferias (1966) y la Supercopa de Ferias en 1971 antes de dar paso a la Copa de la UEFA.

En sus once temporadas de azulgrana, sin embargo, nunca ganó la Liga. En aquellos años el Valencia levantó un título (1971), el Atlético de Madrid dos (1966 y 1970) y el Real Madrid... Los ocho restantes. Fusté, como muchos de sus compañeros de vestuario, siempre proclamó con vehemencia que la superioridad del equipo merengue durante aquella década fue acompañada de arbitrajes "que siempre nos hacían la puñeta".

Recordaba especialmente las temporadas 1963-64, cuando el título se decidió a pocas jornadas del final con un Clásico en el Camp Nou que ganó el Madrid por 1-2 en medio de un gran escándalo "y una semana después de que nos fastidiaran en Elche", 1966-67, 1967-68, 1970-71 y 1971-72.

Esa década es recordada como la de la resistencia en el Barça. Cuando el Real Madrid, a rebufo de la gran época de Di Stéfano, mandaba con puño de hierro en el deporte español, el club azulgrana sobrevivía a duras penas... Mientras experimentaba su primer gran crecimiento social por su carácter catalanista y contestatario, ya fuera política o deportivamente, más aún, en un tiempo en que, como sentenciaba Fusté, los arbitrajes fueron en muchos casos sibilinos. En otros, Guruceta en un Clásico de Copa, escandalosos...

Fusté, aquejado de una enfermedad desde hacía muchos meses, no alcanzó a conocer la polémica desatada esta semana tras la rueda de prensa de Joan Laporta y la consiguiente respuesta del Real Madrid a través de un vídeo en el que el club merengue pretendió convertir al Barça en amigo/protegido del régimen del General Franco. De haberlo sabido, seguro, no se habría quedado callado.

LAS MEDALLAS

El Barcelona, sí, concedió dos medallas de oro al dictador: la primera en 1971 por la inauguración del Palau Blaugrana y la segunda en 1974 por la celebración del 75 aniversario del club. No fueron, sin embargo y como se ha querido trasladar a la opinión pública, condecoraciones con el honor que se explica. Juan Gich, ex gerente del club y delegado nacional de Deportes en 1971, forzó una audiencia en la residencia de Franco para "agradecer la colaboración" gubernamental en la construcción del pabellón. Hasta dos directivos del club evitaron acudir a la audiencia... Y en las actas del club se obvió expresamente la condecoración por la incomodidad que supuso.

Tres años después el Barça tenía previsto otorgar la medalla de oro por su 75 aniversario a la Peña Blaugrana de Manresa... Pero el delegado de Deportes del Gobierno anuló esta decisión. La primera distinción de primer nivel de cualquier club debía ser concedida forzosamente al Jefe del Estado. Tampoco se hizo constar oficialmente, nunca, la entrega de esa medalla.

LA POLÍTICA

El Barcelona, desde sus primeros años y sin que exista una razón principal, fue un club muy cercano al catalanismo y fue en la década de los 20 del pasado siglo cuando este hecho se reforzó de manera ya indiscutible, provocado a partir de un hecho especial, en el verano de 1925, que motivó que la dictadura del general Primo de Rivera, por recomendación del general Joaquín Milans del Bosch, capitán general de la IV Región Militar y Gobernador Civil de Barcelona, ordenase la clausura del club, de todo el club, durante seis meses por haber silbado el público el himno español antes de un partido amistoso en el estadio de Les Corts.

No hubo actividad hasta el día de Navidad del mismo año, con un nuevo presidente, Arcadio Balaguer, que fue nombrado a dedo mientras Joan Gamper se marchaba a Suiza.

En 1940, meses después de acabar la Guerra Civil, el primer gobierno de Franco impuso a Enrique Piñeyro, Marqués de la Mesa de Asta, como presidente del Barça para "borrar el caracter separatista del Barcelona", constando en un informe secreto, que vio la luz muchos años después en un libro llamado 'El Barça secuestrado' que el club nunca apreció "el nombre sagrado de España, el cual nunca han pronunciado los rojo-separatistas".

Años antes, al inicio de la contienda fratricida, el presidente Josep Sunyol, que tenía cargo en un partido político catalanista, fue asaltado y fusilado en la Sierra de Guadarrama cuando se dirigía a Madrid... El Barça mantiene en la memoria al dirigente, de hecho el palco del Camp Nou lleva su nombre mientras que, por ejemplo, el Real Madrid ni hace constar a Antonio Ortega, presidente del club durante la Guerra Civil, militar republicano con el rango de coronel y que fue fusilado en 1938 en Alicante.

El poco, o nulo, cariño entre el barcelonismo, catalanismo, y el Franquismo fue una evidencia que no puede borrarse. Al Barça se le cambió el nombre de FCBarcelona por CFBarcelona, se obligó a variar su escudo, borrando las cuatro franjas de la bandera catalana y se prohibió expresamente la utilización del catalán en sus comunicados, incluso en sus oficinas.

Cuando se hace mención a la recalificación de los terrenos del estadio de Les Corts, favorecida por el gobierno de Franco, para dar aire a la entonces desesperada situación económica del Barça no se dice ninguna mentira... Pero se obvia que dos décadas antes se había favorecido igualmente al Real Madrid en la adquisición de los terrenos de Chamartín para la construcción de su nuevo estadio, cuya inversión fue facilitada por un banco cuyo dueño era una persona muy cercana al poder gubernamental surgido de la Guerra Civil...

DI STÉFANO

Mucho se ha hablado y escrito del caso Di Stéfano. El crack argentino acabó en el Real Madrid por la desidia final de los dirigentes del Barcelona, que no aceptaron la decisión salomómica de que el futbolista jugase dos años alternativmente en cada club... Pero el tema nace de una premisa que no puede dejarse de lado.

¿Qué ocurriría si hoy el Barça se fuera a Italia para fichar a Brahim Díaz al Milan o el Madrid negociase con el Osasuna el fichaje de Abde Ezzalzouli sin atender a que ambos futbolistas son propiedad de su gran rival? Eso es, de entrada, lo que hizo el club merengue en 1952: tratar su fichaje con el Millonarios de Colombia cuando su licencia oficial era propiedad de River Plate, con el que negociaba el Barcelona.

No. El Barça nunca fue, ni por asomo, un club adicto a ningún Régimen en la España del pasado siglo. Menos aún mimado y estimado cuando siempre fue considerado "sospechoso". Ya desde antes de la Guerra Civil y hasta mucho después de vivir en democracia. Solo hace falta recordar el "hay que ayudar al Madrid" del presidente José Maria Aznar o la proximidad de Florentino Pérez con los círculos de poder financieros, algo de lo que nunca disfrutó, ni disfruta, el club azulgrana.