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Gerardo Martino, no estás solo... Son muchos los culpables

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El Tri debe aprovechar al máximo sus recursos para vencer a Arabia Saudita (4:47)

Carolina Guillén y Rodrigo Fáez analizan cuales pueden ser las claves para que el equipo que dirige Tata Martino pueda ganar este miércoles. (4:47)

Gerardo Martino es el villano de moda en el futbol mexicano. El técnico del Tri es señalado prácticamente por unanimidad como el principal responsable de la inminente eliminación de la Selección Nacional en Fase de Grupos de la Copa del Mundo.

Es un efecto tan común como natural que al entrenador en turno se le culpe cada cuatro años por los fracasos de un equipo que aspira a codearse con la élite (quinto partido), pero que no tiene la estructura, estrategia ni el trabajo para alcanzar dicho objetivo.

Durante los cuatro años del proceso del ‘Tata’, en su momento Gerardo Torrado (exdirector de selecciones nacionales) y Yon de Luisa, presidente de la FMF, se cansaron de cacarear que el objetivo de México en el Mundial de Qatar era colocarse entre las ocho mejores selecciones de la justa.

Nunca explicaron cómo se intentaría llegar a dicho objetivo, tampoco el plan de trabajo que se estaba llevando a cabo, ni mucho menos si el entrenador argentino estaba al tanto de dicha exigencia.

A escasas semanas de Qatar 2022, el futbol mexicano sufrió un par de reveses históricos: las selecciones varonil (Sub 20) y femenil fracasaron en su intento de clasificar a los próximos Juegos Olímpicos de París 2024 y a los mundiales de cada especialidad, con todo y que se enfrentaron a los conocidos —y pobres— rivales de la Concacaf.

Por si fuera poco, el Tri mayor venía en franca decadencia, con dos años a la baja en los que el proceso de Martino fue en picada sin reacción alguna del técnico ni de directivo alguno.

Con todo y las alarmas encendidas, los altos mandos de la Federación se atrevían a declarar públicamente que confiaban plenamente en el trabajo realizado y hasta tuvieron la osadía de ofrecerle al ‘Tata’ la renovación de su contrato por cuatro años más… ¡Sin conocer el resultado en el Mundial!

La inercia negativa, un desempeño claramente pobre y la ausencia de respuestas no hacían augurar que el Tricolor pudiera tener resultados distintos a los que se han obtenido en Qatar, por más que la esperanza y fe del ‘aficionado de a pie’ se abrazara al clásico que dicta que “México se crece ante los grandes” o que “el Mundial es otra historia”.

La historia ha sido la misma o peor, porque hoy es altamente probable que luego de siete Copas del Mundo consecutivas, el Tri no avance ni siquiera a Octavos de Final y firme un fracaso histórico que podría estar aderezado por la vergüenza de no marcar un solo gol en el Mundial.

Ante la inminente hecatombe, la figura de Martino y sus decisiones en cuanto convocatorias, alineaciones, táctica y estrategia, aparece como la justificación perfecta para explicar el nuevo tropiezo de México en una justa mundialista.

Nada más alejado de la realidad. Cierto que el argentino lleva buena dosis de responsabilidad, pero no está solo, y lo más importante, no es culpable de una historia recurrente en la Selección Nacional.

Antes tampoco lo lograron Miguel Mejía Barón, Manuel Lapuente, Javier Aguirre (en dos etapas), Ricardo La Volpe, Miguel Herrera y Juan Carlos Osorio, por referir sólo los últimos 30 años.

Se tiene la errónea creencia de que un solo hombre será capaz de terminar con las arraigadas miserias del futbol mexicano, y que por arte de magia se llegará a un Mundial, se avanzará al quinto partido y hasta se podrá aspirar a ser campeones del mundo.

Poco o nada se repara en el paupérrimo nivel de la Liga MX que está diseñada para privilegiar el negocio y no la competencia; en que no existe hoy en día un solo futbolista mexicano que pueda ser considerado dentro de la élite mundial; que los directivos encargados de diseñar la planeación rumbo a una Copa del Mundo y la elección del entrenador son buenos mercadólogos, pero neófitos futboleros; y que el jugador nacional vive en una burbuja en la que es un privilegiado y poco le interesa abandonar su comodidad.

En caso de confirmarse la nueva decepción nacional, vendrán los ya conocidos anuncios de una “reestructura”, el adiós de Martino con los bolsillos llenos (sexto mejor pagado de los DTs del Mundial), la supuesta planeación de cara a 2026, y nada cambiará.

La Liga seguirá con su mismo formato que fomenta la mediocridad, el excesivo número de extranjeros, las escasas oportunidades y proyección a los jóvenes, y el interés económico por encima del deportivo.

De nueva cuenta empezará la pasarela y búsqueda de entrenador nacional con Guillermo Almada y Miguel Herrera como los principales candidatos; quizá vuelvan a entrevistar a 24 prospectos como lo hicieron en 2018, y se nombrará al ‘elegido’, otra vez con la errónea creencia de que ese hombre será capaz de llevar por sí solo a México al quinto partido.

Bien lo dice el exfutbolista y ahora analista de televisión Luis García: “No sabemos por qué ganamos cuando ganamos, y tampoco por qué perdemos cuando perdemos”.

Señor Martino, no está solo, lo acompañan muchos culpables.