MÉXICO --
Nicholas Andreas Lauda nació en Viena el 22 de febrero de 1949, dentro de una prominente familia de banqueros austriacos. Su padre no le apoyó en sus intenciones de ser piloto de carreras, pues no quería el apellido Lauda jugando. Así que Niki dejó la universidad y se inscribió en una escuela de competición de autos con dinero prestado por los bancos. Comenzó en un Mini en 1968 y después siguió a la Fórmula Vee y F-3. En 1972 compró su asiento para un March de F-2 y F-1 gracias a otro préstamo bancario respaldado por su seguro de vida. Los lentos March significaron que Lauda no pudiese probar su valía como piloto y estuvo a punto de la bancarrota. Sin ninguna otra certificación en alguna área de trabajo, tuvo que mantenerse en las carreras de autos.
En 1973 negoció con BRM para rentar un auto. Durante esa temporada, sus resultados pagaron dividendos y el equipo olvidaría sus deudas si se mantenía en sus filas por otros dos años. Pero no lo aceptó pues su nuevo jefe estaba dispuesto a pagar; ese jefe era Enzo Ferrari.
Ferrari no tenía un campeón del mundo desde John Surtees en 1964, y Enzo quedó impresionado por el flacucho y dientón austriaco, con gran autoconfianza y nada de esa tontería llamada ética. Niki era brutalmente honesto y tras su primer test en el Ferrari 312 informó a Enzo que el coche “es un pedazo de mier…”, pero le prometió que lo haría un auto valioso. Ya en los reflectores como el ‘salvador’ de Ferrari, los medios notaron lo frío y calculador que era Niki y lo nombraron ‘La computadora’. Sin embargo, ‘La computadora’ aun cometía errores de manejo que fueron costosos en 1974. Niki decía que aprendiendo de los errores es la manera más rápida de mejorar, y ratificaría su teoría al lograr su primera victoria de F-1 en España y después ganar de nuevo pero en Holanda.
En 1975, el Ferrari 312/T irrumpiría con victorias en Mónaco, Bélgica, Suecia y Francia. En Estados Unidos se coronaría campeón mundial. Era el primer título para Ferrari en una década pero la gloria no representaba nada para el insensible héroe. Tan poco significaban los trofeos, que cuando ya no cabían en su casa en Austria los comenzó a intercambiar en un auto-lavado por servicio gratis a su coche.
Para mediados de 1976 había ganado cinco carreras y parecía que sería campeón de nuevo. Pero llegó el Gran Premio de Alemania en el peligroso Nurburgring: En la segunda vuelta el Ferrari de Lauda inexplicablemente chocó y comenzó a incendiarse. Cuatro valientes pilotos y un comisario de pista lo sacaron de aquel infierno. Ya en el hospital, debido a las quemaduras de tercer grado, los pulmones también quemados por el humo que inhaló y múltiples fracturas, Niki Lauda recibió de un sacerdote los santos óleos.
Seis semanas después, con las vendas de su cabeza manchadas de sangre, finalizó cuarto en el Gran Premio de Italia. Los asombrados médicos argumentaron que se recuperó con pura fuerza de voluntad. Jackie Stewart dijo que era el regreso más valiente en la historia del deporte. Niki bromeó con la pérdida de la mitad de una oreja diciendo que era más fácil usar el teléfono.
En 1976, la temporada culminó con un gran show entre Niki y el McLaren de James Hunt en Fuji, Japón, en medio de una torrencial lluvia. Niki decidió que era muy peligroso y se detuvo, dejando el título para su amigo Hunt quien sentenció que fue muy valiente el retiro de Niki. En Italia algunos lo llamaron cobarde. Incluso Enzo Ferrari tenía dudas e hizo planes para reemplazarlo algo que enfureció a Lauda e hizo de su triunfo en 1977 una especie de revancha. En aquella campaña, una vez asegurado el campeonato con dos fechas por correr, Niki decidió no competir e informar a ‘Il Commendatore’ que abandonaba Ferrari. El italiano lo llamó traidor por firmar con el equipo de Ecclestone, Brabham.
Fueron dos años duros y al final de 1979, después de solo hacer cuatro puntos en la campaña, informó que se retiraba: “estoy cansado de dar vueltas en círculos”, y se dedicaría a su aerolínea. Pero el negocio de los aviones era caro y necesitaba más dinero así que llegó a un buen arreglo con McLaren.
Consiguió cinco millones de dólares, hasta entonces el contrato más lucrativo en la historia del automovilismo. Niki dijo que McLaren pagaba un dólar por sus servicios como piloto y el resto era por su personalidad. En 1984, Lauda ganó su tercer campeonato mundial, venciendo por medio punto a su joven y prometedor compañero de equipo, Alain Prost. Al año siguiente se retiró definitivamente como piloto, aunque nunca dejó el Paddock.
Ha sido consejero en Ferrari, jefe de equipo en Jaguar y comentarista para la televisión. Antes de la temporada 2013, Niki Lauda añadió más trofeos a su colección (si es que aún tiene una) al convertirse en presidente no ejecutivo del equipo Mercedes de F-1, miembro de la junta directiva de Mercedes AMG y consejero especial de la Junta en Daimler AG.
