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Ansu Fati es la luz de resistencia del Barça; clave en el triunfo ante Valencia

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Por algo usa la 10: golazo de Ansu Fati para igualar el encuentro (0:50)

El joven crack del Barça la clavó a un palo para empatar ante Valencia. (0:50)

Ansu Fati sigue quemando etapas tras su reaparición. Sigue empeñado en demostrar que merece, de sobras, ser el heredero de Leo Messi con el 10 a la espalda del Barcelona. En su primera titularidad en casi 11 meses se bastó con 13 minutos para anotar un gol soberbio, un remate sutil, duro, colocado e inalcanzable para Cillessen desde el vértice del área. Fati está tocado por un don especial.

Precisó una hora de juego, hasta que Coutinho ocupó su puesto, para reafirmar que lo tiene todo para convertirse en el nuevo faro de este Barça, al que primero despertó con el golazo del empate y después, rozándose el descanso, catapultó al provocar el penalti (discutido) que transformó Memphis Depay (un socio de garantías del canterano) para confirmar la necesaria remontada.

Sufrió como de costumbre el Barça de entrada (como le ocurrió también al final) y se encomendó a la resiliencia para no venirse abajo. Al crecimiento colectivo con una actuación, otra, magnífica de Gavi (a quien colocó Koeman otra vez en el once por delante de Coutinho) y una confianza ciega en sacar adelante el partido. Tiene ratos de juego atractivo, instantes incluso magníficos, pero sigue siendo un equipo en construcción, tanto en los futbolistas como en lo táctico, entregándose a una locura que roza lo caótico.

Anárquico en ataque, sin un plan definido, acompaña un tembleque en defensa impropio de lo que se le supone y de los galones que, se supone, tienen sus jugadores. Da igual quién forme en el centro de la zaga, que ésta siempre va dejando huecos impensables, convertidos en pasillos agradecidos para los rivales. Y, claro, eso le pasa factura. Siempre.

Ocurrió que a la salida en tromba del Barça, con una magnífica y eléctrica contra en el primer minuto, respondió el Valencia con un jarro de agua fría. Un golazo, soberbio, de Gayá que sorprendió con su obús raso y lejano a todo el mundo para despertar, de pronto, todos los fantasmas en el Camp Nou cuando ni tan solo se habían cumplido cinco minutos y el optimismo o esperanza daba paso a la duda, creciente además...

Llueve sobre mojado en un Barça condenado a sufrir un colapso demasiado a menudo. Granada y Benfica, en su primer remate a palos y nada más comenzar el partido, ya marcaron sendos goles que dieron paso al suplicio azulgrana, y el golpe de Gayá hacía otra noche de sufrimiento. Pero ahí apareció la rabia colectiva y, sobresaliendo entre ella, la estrella rutilante de Ansu, quien en su primera titularidad desde el siete de noviembre de 2020, la tarde en que se lesionó frente al Betis, confirmó con solvencia, brillantez y magnificencia la razón por la que se le entregó el dorsal 10.

En una jugada que habría firmado el mismísimo Messi, pero partiendo desde el costado contrario, el izquierdo, el canterano se inventó un gol estupendo que motivó la alegría de una hinchada a la que cuesta reenganchar. No en vano, en el primer partido sin restricciones de público, apenas 48 mil espectadores se dieron cita en las gradas.

Para ellos, y para los que no vinieron, está la figura de Fati y el acompañamiento de Gavi, de Nico, Dest, Èric García y una nueva generación necesitada de cariño y confianza, cuyo crecimiento todavía está a expensas del sufrimiento.

Así ocurrió, cuando Ansu y Gavi hacía rato que ya estaban fuera de concurso, sustituidos, y el Barça no supo si ir adelante o atrás, si defender con el balón o hacerlo de cualquier manera... Hasta que Coutinho, asistido por un magnífico Dest, logró el 3-1 instantes antes de que la fiesta fuera completa con el ingreso, estreno, del Kun Agüero.

El Barça empezó la 'Semana Grande' superando el examen del Valencia. Quedan por delante Dynamo y Real Madrid... Pero la estrella de Fati invita a soñar.