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Veinte títulos de Grand Slam

ESPN

Habitualmente hablo de futbol; es el deporte que mas me apasiona y del que creo tener mayor conocimiento, sin ser un experto y sabiendo que tengo mucho por aprender, pero hay otro deporte que me genera mucho interés, el tenis. Inclusive intento practicarlo; antes de la pandemia por lo menos jugaba tres días a la semana y créanme, me urge volver.

Es un deporte fascinante. Respetuoso, exigente y en el que se requiere de una gran mentalidad para salir adelante. Eso sí, no hay deporte mas celoso que el tenis. Basta con dejar de practicar unos días para perder la sensación en el golpe y cometer muchos errores no forzados.

Hemos sido privilegiados por vivir una época dorada en el famoso deporte blanco, que de blanco ya tiene poco o nada gracias a la moda de los tenistas o a la mercadotecnia de las marcas deportivas que los visten.

A lo largo de los últimos quince años hemos sido testigos de lo que pueden hacer en una cancha dos monstruos como Roger Federer y Rafael Nadal.

El suizo, con la perfección y exactitud de todo helvético. Con el mejor revés que me ha tocado ver, con el aplomo y la seguridad para plantarse en una cancha sin importar el escenario e imponer condiciones. Juega con la cadencia que el partido le exige, a pesar de llegar forzado a una pelota saca el golpe con toda naturalidad y hace ver un passing shot como un golpe sencillo y de rutina.

Hoy se recupera de una cirugía de rodilla; aprovechó la pandemia para hacer un alto, sabiendo que el tiempo no perdona y que el retiro cada vez esta mas cerca que nunca. Quiere ganar la medalla de oro en Tokio y quizá, después de eso, hablemos de Roger Federer como el gran jugador que ha sido y la leyenda que siempre será.

El otro es el español, que nació en Manacor y que desde niño entrenó con su tío. Ese que se hizo para pegarle a la pelota en una cancha de arcilla, el toro que desde muy chico destaco por su gran mentalidad. Por esa fuerza que tiene para no caerse ante las adversidades. El roble que solo se dobla ante la emoción de ganar un Grand Slam.

Ver a Rafael Nadal es ver a un deportista fuera de serie. Ese que nunca puedes dar por muerto. El que se levanta de dos sets abajo y que es capaz de llegar al quinto con fuerza para ganar el titulo. Ese que tiene las vitrinas llenas pero que no se cansa de ganar. El que juega con los tobillos bien fijos para no recaer en lesiones, el que padece de ampollas en los dedos y que todos los días le duelen las rodillas, el que espera el servicio cuatro metros atrás de la raya.

Ese es Rafael Nadal, el que volvió a ganar en París, el que ha hecho de Roland Garros su mejor torneo. Ya son trece títulos y mientras tenga fuerza seguirá sumando, por que a pesar de que hay rivales que le pueden competir, en esa superficie parece imposible ganarle a Rafa.

Y lo ha dejado de manifiesto ante Novak Djokovic. A quien le gano con autoridad, si bien es cierto que el tercer set se apretó. Los dos primeros los ganó con facilidad y estamos hablando que enfrente estaba otro muy buen tenista, que para su mala fortuna le ha tocado competir en la misma época de Roger y de Rafa.

Es increíble la fortaleza física y mental de Rafa. Un jugador que cada vez evoluciona mas. El servicio lo ha perfeccionado, su drive es impecable, tiene un revés profundo, el slice venenoso y su ataque en la red es perfecto.

Simple y sencillamente esta hecho un jugadorazo y por eso ha llegado ha veinte títulos de Grand Slam, los mismos que tiene Roger Federer, situación que desata la polémica por saber quien será el mejor de la historia.

Detalle en el que no pierdo ni perderé el tiempo, por que el día de mañana cuando mis hijas me pregunten por ellos o cuando mis nietos me digan si de verdad fueron los mejores, yo simplemente les contestaré que tuve la gran de fortuna de ver a dos jugadores que potencializaron lo maravilloso que es este fantástico deporte.