<
>

Cuatro momentos de una victoria que Argentina recordará por siempre

AL RAYYAN (Enviado especial) -- Cuatro momentos. Cuatro instantáneas que ilustran la historia de un triunfo que puede ser mucho más que eso para la Selección Argentina. Cuatro hechos que explican la clasificación a cuartos de final de la Copa del Mundo de Qatar 2022 en un partido contra Australia que será muy difícil de olvidar, más allá de lo que suceda a partir del duelo frente a Países Bajos.

El equipo de Lionel Scaloni sufrió para ganarle a un rival inferior. Sí, esa es una parte del análisis. La más fácil de ver. No pudo liquidar el resultado y un gol fortuito puso en carrera a los dirigidos por Graham Arnold, que apretaron sobre el final y estuvieron al borde de un empate insólito. Sin embargo, más allá de esa lectura exigua, la sensación es que este desenlace, en el que se vio una entrega conmovedora del equipo, con Lionel Messi como líder absoluto en lo fútbolístico y espiritual, será otro momento clave del torneo. Quizás definitivo.

PRIMER MOMENTO

Iban 33 minutos de la parte inicial y el encuentro se presentaba muy duro. Argentina tenía la pelota, pero no encontraba receptores en los alrededores del área rival y casi no había pateado al arco salvo por un tiro muy desviado de Alejandro Gómez. Entonces, Messi hizo una corajeada. Fue a presionar una salida de Aziz Behich, ganó la posesión y quedó cara a cara con el lateral australiano fuera de los límites del terreno de juego. Enseguida después del lateral, comenzó la jugada del primer gol.

Pase largo al Diez, que la bajó con una calidad descomunal y tocó atrás con Alexis Mac Allister. El hombre de Brighton, otra vez uno de los más claros del seleccionado, dio un pase vertical que Nicolás Otamendi amortiguó casi sin querer y que el propio Messi recibió para, de primera, definir al segundo palo en un pase a la red hermoso. Todo comenzó con esa muestra de valentía casi salvaje al costado de la cancha. Así se gestó esta victoria que ya forma parte de la historia del fútbol nacional.

SEGUNDO MOMENTO

Argentina fue muy superior durante todo el segundo tiempo. Desde el principio hasta el final. Mucho más punzante en ataque y con vuelo para aprovechar el cansancio de Australia. A los 12, Rodrigo De Paul fue con gran decisión a presionar la salida del arquero Mathew Ryan y generó el error que terminó de capitalizar el incansable Julián Álvarez para convertir el 2-0. Gracias a esa búsqueda casi obstinada de ambos, el seleccionado nacional consiguió un gol fundamental.

Merece un reconocimiento la tarea del número 7 en los últimos minutos. Su esfuerzo estuvo a la par de Messi, cuya actuación esta noche en el colmado estadio Ahmad Bin Ali amerita mil y una noches de alabanzas. A pesar de la fatiga, corrió, presionó, anticipó y, sobre todo, jugó. Se mostró y, junto con Enzo Fernández (otro que volvió a brillar), sostuvo el mediocampo en el momento más turbulento del juego.

TERCER MOMENTO

Con el marcador todavía 1-0, Scaloni decidió armar una línea de tres para afirmarse todavía más en defensa y para soltar a los laterales, no solo para que marquen a los mediocampistas extremos adversarios, sino también para que puedan sumarse al ataque en los contragolpes. El plan funcionó, pero lo que quedará en el recuerdo del pueblo argentino será el despeje patriota de Lisandro Martínez contra Ajdin Hrustic que evitó el gol australiano.

Iban 35 minutos de la segunda etapa y solo unos segundos antes un disparo de compromiso de Craig Goodwin se había colado en el segundo palo de Emiliano Martínez tras un rebote en Fernández. Era el momento más delicado del encuentro, porque siempre después de un descuento llega una reacción por inercia en busca del empate. Entonces, la pierna salvador del central de Manchester United sostuvo la victoria. Su estirada será emblema.

CUARTO MOMENTO

Argentina había jugado un muy buen segundo tiempo, pero en el final solo quedaba aguantar el 2-1 como se pudiera. En esos últimos 20 minutos, Messi pudo demostrar que el fútbol lujoso y el coraje animal pueden habitar un mismo cuerpo. Fue el líder de la conmovedora entrega de la Selección. Lo siguieron De Paul y Enzo adelante y Cristian Romero, Martínez y Nicolás Otamendi detrás. Incluso, los ingresados Gonzalo Montiel y Exequiel Palacios fueron muy importantes en esos minutos angustiantes.

Sin embargo, en medio de la valentía criolla de los jugadores de campo, ocurrió lo que puede ocurrir cuando hay un partido ya roto en el que las piernas no obedecen al cerebro sino al corazón. A diez segundos del final, quedó una pelota en el área y Garang Kuol definió de primera ante el achique de Dibu Martínez. La pelota rebotó en el brazo del arquero y quedó muerta, para que el 23 se abrazara a ella y a la clasificación. Enseguida, sus compañeros se tiraron encima de él como en el festejo de un gol. Porque eso valió.

Para gozar hay que saber sufrir, dice el cuestionable refrán popular. Si fuera cierto, Argentina ya sufrió y al mismo tiempo demostró que tiene un corazón de guerrero y que está lista para todo lo que depare el destino.