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La gloria mundialista de Argentina se construyó en Europa mientras las ligas sudamericanas pierden importancia

El documental, que puede verse en FIFA+, ofrece imágenes inéditas de la competición en la que Argentina consiguió el título contra Francia. EFE

Argentina es campeona del mundo y por fin se ha quebrado el dominio europeo sobre el título. ¿Un triunfo para el fútbol sudamericano? Sí, pero con restricciones, dudas y preocupaciones.

Los hinchas argentinos consiguieron convertir el Estadio Lusail de Qatar en una versión de la Bombonera, el mítico estadio de Boca Juniors. La fiesta en el estadio fue tan intensa que resultaba difícil saber dónde acababa el equipo y empezaban los jugadores. Todo se fundió en una masa de alegría. La ocasión no podía ser más argentina, una celebración del fútbol sudamericano.

¿Y los jugadores? Sólo uno de ellos, el arquero suplente Franco Armani, juega en Argentina. Esto se ha convertido en un patrón familiar. En todo el Mundial, sólo dos jugadores basados en Sudamérica lograron encontrar la red: el uruguayo Giorgian De Arrascaeta (Flamengo, Brasil) y el defensor costarricense Juan Pablo Vargas (Millonarios, Colombia). En el Mundial 2018 también hubo dos goleadores, contra cinco en 2014.

Es imposible evitar una conclusión alarmante: sea quien sea el vencedor en Qatar, la cruda realidad es que el fútbol de clubes se ha vuelto cada vez más periférico. La atención se centra al otro lado del Atlántico.

El estatus de Lionel Messi en el panteón argentino está asegurado, pero no siempre fue fácil. Messi fichó en Barcelona a los 13 años. Había una distancia inevitable entre Messi y sus compatriotas, quienes lo veían más como un catalán que como uno de los suyos. Es similar la situación del arquero y ahora héroe nacional Emiliano Martínez. Pero hace un par de años, podría haberse paseado por la calle más concurrida de Buenos Aires sin la menor expectativa de ser reconocido. Llegó a Arsenal a los 18 años, y pasó una década aprendiendo su oficio en la reserva o en préstamo. A Martínez le llevó mucho, mucho tiempo despuntar en Aston Villa, y luego se convirtió en una sensación argentina de la noche a la mañana.

La dupla formada por el mediocampista Enzo Fernández y el delantero Julián Álvarez funcionó a las mil maravillas durante el Mundial. Ninguno de los dos era titular cuando empezó el torneo; ambos se abrieron paso a la fuerza, y el segundo gol de Argentina contra Polonia y el tanto inicial contra Croacia fueron consecuencia del entendimiento entre los ex-compañeros de River Plate. Además, ambos arrancaron con buen pie su primera temporada europea, Fernández con Benfica y Álvarez con Manchester City.

Los talentos así de sobresalientes no se quedan mucho tiempo en Sudamérica. Los clubes europeos quieren fichar a los jugadores que prometen tan pronto como sea posible. Si los dejan demasiado tiempo existe el miedo de que no se puedan adaptar al estilo de juego más veloz e intenso en el más alto nivel.

Y América del Norte también ha entrado en acción. El joven mediocampista ofensivo, Thiago Almada, hizo una breve aparición desde la banca durante la Copa del Mundo. Pero de todas maneras hizo historia. Cuando el hombre de Atlanta United piso la cancha, fue la primera vez que un jugador de la Major League Soccer representaba a la Argentina en una Copa Mundial. Y el surgimiento de la MLS como importadora de talento es un factor que claramente ha debilitado a unas cuantas ligas de América del Sur.

Esta tendencia no sólo se ve limitada a Argentina. La Copa del Mundo mostró cómo se recurre al fútbol sudamericano en general. Echemos un vistazo al Seleccionado Brasileño. Nombres clave como Marquinhos (Paris Saint-Germain) y Raphinha (Barcelona) apenas han jugado en casa y han construido sus carreras en el extranjero. Vinicius Junior es un breve recuerdo que partió hacia Real Madrid a los 18 años. Ederson (Manchester City), Bremer (Juventus), Fabinho (Liverpool), Gabriel Martinelli (Arsenal) – todos estos han sido desconocidos para los millones de fanáticos brasileños que sólo siguen el juego doméstico.

Con su pequeña población, hace tiempo que Uruguay se ha acostumbrado a perder sus mejores talentos a edades tempranas. El enfoque del país en el equipo Sub-20 fue diseñado con esto en mente – con el fin de identificar y construir una relación a largo plazo con los jóvenes que inevitablemente se irán a jugar al extranjero. Y dos del equipo de Uruguay están basados en la MLS – junto con cuatro del grupo que Ecuador llevó a Qatar. Muchos de los otros jugadores de Ecuador han tenido muy poco contacto con el fútbol del primer equipo en casa antes de ser transferidos a otros países. Como el caso del jugador de Brighton, Jeremy Sarmiento, nacido en España y un ex internacional inglés en el nivel juvenil antes de optar por representar a Ecuador, lugar de nacimiento de sus padres.

El caso de Sarmiento es similar al de muchos jugadores africanos en el Mundial. La fortaleza que África mostró en Qatar (más notablemente Marruecos que llegó a las semifinales) fue claramente ayudada por el proceso de las dos últimas décadas en el que la FIFA ha hecho que la nacionalidad dentro del mundo del fútbol sea una cuestión mucho más flexible. Hubo ex internacionales juveniles de Francia, Países Bajos y Alemania representando a los países de sus orígenes familiares. Y sin dudas se puede argumentar que el progreso de África ha tenido más que ver con los jugadores dentro de la diáspora europea que cualquier cosa que se haya podido llevar a cabo en las ligas domésticas.

Y al mismo tiempo, aunque la canción de la final de la Copa Mundial y el impulso emocional que llevó al equipo directo al título fueron 100% argentinos, no hay dudas de que Europa tuvo un rol en el triunfo al ayudar en el desarrollo de muchos de los jugadores.