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3-2, peligroso embuste para México ante la abulia de Brasil

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Paco Gabriel: 'En cuanto a talento, esta generación ha sido la más escasa' (1:35)

Contundente comentario de Paco Gabriel de Anda comparando a esta generación de Selección Mexicana con las anteriores. (1:35)

Quien pretenda glorificar el 3-2 de Brasil y rescatar la actuación de México, deberá resistir todos los cuestionamientos sobre su moral o sobre su inteligencia.


LOS ÁNGELES -- Todos esperaban la Samba, a pura Batucada, pero Brasil eligió la cadencia exquisita y perezosa del Bossa Nova. Por eso sólo fue 3-2 sobre México. Pudo ser una noche de carnaval, pero el Scratch do Ouro respetó la artrosis física y mental de la defensa del Tri.

Hace mucho tiempo que Brasil administra sus esfuerzos. Y por eso sufre. O parece sufrir. Y con sus opciones B en la cancha, le bastó para tener un 2-0 (Andreas y Martinelli) tempranero sobre México, tan calamitoso, desordenado y caótico en el fondo, que los 85 mil de la tribuna se aterraban o se regocijaban ante una humillación como la de Uruguay.

El 3-2 visto con fanatismo o con gafas de asalariado por el establishment podrá vitorearse, cuando, en el verdadero análisis, México mejoró muy poco respecto a Uruguay, sólo que los amazónicos no tienen el instinto asesino de los charrúas.

Quien pretenda glorificar el 3-2 de Brasil y rescatar la actuación de México, deberá resistir todos los cuestionamientos sobre su moral o sobre su inteligencia… o sobre ambas.

Pero, con el 1-0, ya Brasil había apagado el motor. Circulaba la pelota, hasta la ponía en riesgo, pero fue entendiendo la inferioridad del adversario, una Selección Mexicana que pareció reponerse, pero no para superar, sino sólo para jugar a las hormigas ante la complacencia de una cigarra que condicionaba sus esfuerzos físicos.

México se agitaba entre la histeria, con las reminiscencias penosas y lacerantes del 0-4 ante Uruguay. Y trataba de reaccionar en medio del desorden.

Sí, desde el 1-0, Brasil ronroneaba y México se asfixiaba. Uno porque sabía, podía y quería; el otro, porque ni sabía, ni podía, ni quería.

El 2-0 (Martinelli ‘54) creó un espejismo. Brasil se recluyó aún más. Ya le había puesto el cascabel al gato, metafórica e historicamente estigmatizado como un verde ratoncillo ataviado de verde. Pareció, a ojos de los porristas o de miopes, que México mejoraba. No: tenía más espacio y tiempo, porque Brasil sabía que aquel chimuelo adversario no le podía mostrar los colmillos.

Nada rescatable de México en el primer tiempo. Porque sería un acto de mendicidad patética y cretina, resaltar un par de jugadas de Julián Quiñones, un disparo de Gerardo Arteaga, y una rayita más de pundonor de Uriel Antuna.

Para la segunda mitad, con el 2-0 a cuestas, pero ya con los brasileños alistando utensilios para refugiarse en las playas de la Florida, donde, en Orlando, concretamente, deberá enfrentarse el miércoles a la selección de Estados Unidos, humillada, sobajada por Colombia 5-1.

Lo menos peor del Tri llegaría con cambios ordenados por Jaime Lozano que terminaron siendo efectivos. Los ingresos de Alexis Vega (Luis Chávez) y Orbelín Pineda (Carlos Rodríguez), le dieron al menos más dinámica al Tri. Y el 2-1 se genera a partir de un servicio de Vega a Quiñones.

Santiago Giménez había estado siendo “casting” con la esperanza de que el equipo mexicano –o argentino-- de clavados lo llevara a los JJOO de París, y entró Guillermo Martínez por él, y quien en vistoso remate hizo el 2-2 al ’92.

Sin embargo, Brasil decidió salir de su modorra. Y le molestó que le despertaran. Se fue encima, ya con Vinicius, Endrick, Paquetá y Guimaraes, y la flamante nueva contratación del Real Madrid, olvidado, desdeñado por el capitán Ederson, el decadente “Machín”, remató de cabeza para el 3-2 al ‘94.

Sí, cuando le sacan de la sensual exquisitez del Bossa Nova, Brasil, irritado, retoma el ritmo de batucada y aniquila al adversario, especialmente si es uno como esta Selección Mexicana que debió resultarle más aburrido y depresivo que bailar tango con la madre superiora.

Por eso, insisto: quien se atreva a bendecir el 3-2 de Brasil y magnificar la actuación de México deberá resistir todos los embates que cuestionen tanto su moral como su inteligencia… o ambas.