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Barcelona, a seis años de su última Champions que fue el inicio del derrumbe en Europa

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BARCELONA -- El Barcelona renueva su proyecto consciente de lo alejado que se encuentra de la aristocracia del futbol europeo que hace una década le señalaba como paladín del juego y del que comenzó a caer tras la conquista de su última Champions League, de la que se cumplen ya seis años. Un 6 de junio, de 2015 y en Berlín, el Barça del Tridente doblegó a la Juventus por 3-1 y logró su quinto y hasta hoy último trofeo continental.

A partir de allí el derrumbe deportivo del club azulgrana ha sido una constante en Europa. Cuatro eliminaciones en cuartos de final, una en semifinales y otra, esta última, en octavos de final, demuestran la pérdida de competitividad y caída. Goleadas encajadas frente a Juventus, Roma, Liverpool, Bayern y PSG han dejado señalado a un equipo en cuya plantilla se mantienen de aquella temporada 2014-15 Ter Stegen, Piqué, Busquets, Messi, Jordi Alba y Sergi Roberto, considerándose los primeros cinco poco menos que indiscutibles.

Del once de Luis Enrique en Berlín que ganó a la Juventus en junio de 2015 al de Quique Setién que fue aplastado por el Bayern Múnich en agosto de 2020 en Lisboa repitieron Ter Stegen, Piqué, Jordi Alba, Busquets, Messi y Luis Suárez, a los que habría que sumar a Rakitic y Sergi Roberto, protagonistas también en una u otra cita de la que desaparecieron Dani Alves (2016), Neymar (2017) y Mascherano e Iniesta (2018).

Desde el verano de 2015 el Barça ha invertido más de 1.350 millones de dólares en fichajes y ha ingresado cerca de 900 en traspasos, en un flujo inacabable de idas y venidas, ingenierías contables de dudoso gusto y apuestas fallidas, cuando no desastrosas, que le han descabalgado del pelotón de los grandes.

Han sido 850 millones de dólares de gasto en jugadores llamados a ocupar puestos trascendentales y de los que apenas si se sostienen los nombres de Pedri o De Jong, esperándose aún a Dembélé, confiando mínimamente en Griezmann y provocando sonrojo recordar a Coutinho o André Gomes, Arda Turan, Aleix Vidal o Alcácer... Y los que quedan.

La renovación de la plantilla desde el verano de 2016, desde la marcha de Dani Alves, ha sido tan constante como fallida. El Barcelona va por el sexto lateral derecho en busca de su sucesor ideal que no encontró con Aleix Vidal (que nunca llegó a ser competencia de Alves), Semedo, Wagué, Dest, Emerson y Sergi Roberto (recolocado desde la época de Luis Enrique sin alcanzar nunca la excelencia esperada).

Cerca de 115 millones de dólares invertidos en cinco fichajes que, a falta de conocer el rendimiento de Emerson Royal y sin atender al folclórico Douglas Pereira por quien en agosto de 2014 se pagaron 5 millones de dólares al Sao Paulo, dejan en el plano el desastre... Que ni es el único ni, quizá, el más disparatado.

Mascherano, central de urgencia primero y de solvencia después, vio desfilar a su lado a Mathieu o Vermaelen y perdió su condición de trascendental con la llegada de Umtiti (hoy inservible para el club). Marlon, Yerry Mina, Lenglet, Murillo o Todibo han desfilado igualmente por un equipo que suspira con acertar por fin con el fichaje de Èric García y la confirmación de Araújo, fichado para el filial por 5 millones de dólares. La operación centrales, sin embargo, le ha significado al Barça desde 2014 una inversión superior a los 138 millones de dólares.

La sucesión de Iniesta parece, por fin, en vías de ser una realidad a través de Pedri González y Frenkie de Jong. Por el canario el Barça lleva pagados 12 millones de dólares, los mejor invertidos se afirma en la última década y que acompañan a los 100 que costó el holandés. Nada que ver con los desastres de Arda Turan (42 millones), André Gomes (45), o el record de Coutinho (164) para totalizar 251 millones en fichajes fracasados en mayúsculas.

Y ahí habría que añadir el caso de Arthur Melo, cuya incorporación costó 39 millones de dólares en 2018 para ser intercambiado por Pjanic en agosto de 2020 en una operación contable que le significó recuperar apenas 14 de lo invertido... Y eso sin contar que el mediocampista bosnio, solo un año después de su llegada ya no es tenido en cuenta en el Camp Nou.

En un apartado impersonal, sin jugador teóricamente a suceder pero con hueco por rellenar, se debería colocar a Paulinho, Malcom, Trincao y Arturo Vidal. El primero, a fin de cuentas, le significó al Barça una plusvalía cercana a los 10 millones de dólares, no hubo pérdida ni beneficio con Malcom y mientras el chileno supuso un gasto cercano a los 20 millones, los más de 36 invertidos por el portugués no han dado ningún resultado.

Con todo, rellenar el hueco de Neymar ha provocado la mayor sangría. Sin tener ya en cuenta a Coutinho (especificado anteriormente), el Barcelona lleva pagados 165 millones de dólares por Dembélé y 146 por Griezmann (a los que se deberían sumar otros 18 pagados al Atlético en un concepto paralelo). Una inversión total de 329 millones que superan de largo los 270 que se cobraron del PSG en el verano de 2017 por la fuga de Ney.

¿Más nombres? ¿Más fichajes improductivos desde 2015? Entre los porteros Cillessen y Neto, en otra de esas operaciones de ingeniería contable, el Barcelona ha pagado 6 millones de dólares por tener un suplente poco menos que invisible para Ter Stegen, le costó 11 millones Alcácer (pagó 36 al Valencia y cobró 25 del Borussia Dortmund), pagó 1,6 millones por cuatro partidos de Boateng y le busca desesperadamente una salida a Braithwaite, Junior Firpo y Matheus cuyo coste global rozó los 53 millones de dólares.