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Matt Ryan, al filo de la grandeza

Su monólogo interior es una erupción de profanidad. Acaba de lanzar otra intercepción. En la artificialmente plácida temperatura del Georgia Dome de Atlanta, Matt Ryan está observando al safety alejarse a la distancia. Ryan, también, corre tan rápido como puede. Diligentemente, instintivamente, sale en la persecución, pero no tiene ninguna oportunidad de atrapar al ladrón. En el instante del error, todo mundo sabe que el safety devolverá el ovoide 100 yardas hasta las diagonales del lado opuesto. La afición se queja. Momentos antes, Ryan había armado una remontada eléctrica: una serie de 80 yardas culminando con una escapada del mariscal de campo para primera oportunidad en tercera y 9, luego un pase rápido para el touchdown de la victoria, 28-27. La victoria sobre los Chiefs en la Semana 13 parecía asegurada. Pero para poner arriba a los Falcons por un gol de campo, sellar el partido y mejorar la marca del equipo a 8-4 de cara a la recta final de la temporada como favorito para playoffs, el entrenador en jefe Dan Quinn había decidido ir por la conversión de 2 puntos. Luego, el profundo de los Chiefs, Eric Berry, se paró frente al envío de Ryan, dirigido a un ala cerrada, y anotó la primera "pick-two" en la historia de la NFL. Más tarde, Ryan asumirá la culpa. Dirá que "miró" a Berry antes de recibir el centro, lo que sirvió de indicio.

Las estadísticas para la temporada regular del 2016: índice de pasador de 117.1, primero en la NFL. Un TotalQBR de 83.3, primero en la NFL. Casi 5,000 yardas por aire, un porcentaje de pases completos de 69.9, 38 touchdowns, todos dentro de los tres mejores en la liga. Sus 9.26 yardas por intento de pase son el promedio más alto en la historia de la NFL (con un mínimo de 500 intentos). Trece jugadores diferentes de los Falcons atraparon pases de touchdown de Ryan en la campaña regular; ningún otro mariscal de campo había lanzado anotaciones a tantos objetivos diferentes. En medidas tanto conocidas como oscuras, aficionados al fútbol americano han atestiguado en el 2016 un florecimiento ofensivo sin precedentes de Matt Ryan.

Y todavía así, la decepcionante naturaleza de aquella "pick-two" de KC fue, de algún modo, emblemática para la carrera de Ryan: en las ocho campañas pasadas, ha vivido a la orilla de la grandeza. Pero en los peores momentos posibles, Ryan ha mostrado una propensión a hacer lo peor posible. Estuvo la "pick-six" que ayudó a sellar el destino de los Falcons en la postemporada frente a los Packers, en enero del 2011. Estuvo la derrota de último segundo a manos de los 49ers dos años más tarde en el Juego de Campeonato de la NFC, cuando una intercepción y un balón suelto en el intercambio ayudaron a despilfarrar una ventaja de 17 puntos. Estuvo la totalidad de la campaña pasada, durante la cual Ryan tiró cuatro intercepciones de zona roja.

Todos los pasadores atraviesan momentos complicados. Todo mariscal de campo comete entregas de balón aberrantes que conducen a derrotas. Pero los pasadores que nunca han ganado títulos rara vez son perdonados por sus pecados. En una era de Mozarts --Brady, Manning, Rodgers, Roethlisberger-- Ryan ha sido un Salieri, luchando por elevarse al nivel de maestro. Y mientras entraba a la actual postemporada, a la edad de 31, era la personificación de una pregunta: ¿puede un mortal por voluntad propia convertirse en inmortal?


El complejo de los Falcons está situado a 50 millas al norte del centro de Atlanta, en un exurbio denominado Flowery Branch. Cuenta con un aspecto vagamente militarizado. Una enorme berma de tierra de 30 pies de altura escuda al complejo por su flanco sureste, como si lo protegiera de un posible asalto. La sesión semanal de preguntas y respuestas de Matt Ryan con los medios se lleva a cabo en una sala sin ventanas con techos bajos, una alfombra azul de uso industrial, y una pizarra blanca a lo largo de una pared. Se pueden crear planes para escuadrones allí.

En días de prácticas, Ryan es diligentemente el primero en arribar y el último en irse. Un aura de competencia profunda le rodea. Su capacidad de trabajo no es la de una persona normal. Proviene de los suburbios de clase alta de la costa este (específicamente, Main Line Philadelphia) donde hijos de abogados y gerentes corporativos agonizan sobre sus calificaciones antes de librar batallas en el campo de las admisiones universitarias. De no haber sido jugador de fútbol americano, uno tiene la sensación de que Ryan hubiera sido la clase de persona que trabaja como secretario para un Juez de la Suprema Corte y es ascendido a socio antes de los 30, además de competir en triatlones.

La atención mediática d esta semana es alta. Los Falcons se preparan para recibir a los Seahawks en la Ronda Divisional de los playoffs. En el podio ahora, Ryan es el blanco de las preguntas, pero sólo hasta cierto punto. Si hay una cosa adicional que ha aprendido a dominar aparte del juego de mariscal de campo, es la habilidad de entregar respuestas casi vacías a los medios sin que parezcan respuestas vacías... la clase de habilidad que sería apreciada en el Pentágono.

Frente a las cámaras y grabadoras y cuadernillos, existe el habitual aborrecimiento a la especificidad. Existe la renuencia a quedarse en el pasado. Existe una imparable borradura al pasado. "No me iré más atrás que la pasada temporada", dice. Casi todos los atletas profesionales, especialmente los quarterbacks, son hasta cierto grado del mismo modo. Pero incluso jugadores como Tom Brady y Aaron Rodgers son incapaces de suprimir totalmente cierta cuota de personalidad, incluso la parte rara, que sale a la superficie pese a sus esfuerzos. No así con Ryan.

Cuatro días más tarde, en el vestidor de los Falcons, casi dos horas después de que el reloj de juego ha alcanzado el cero, después de que Atlanta ha asegurado apenas su segunda victoria de playoffs en la era de Ryan, sigue allí. Sus compañeros se han marchado. La sala ha quedado hecha un desastre. Cintas y guantes usados y vendajes y sandalias para ducha y lo que parecen ser gasas manchadas de sangre marrón y vasos de plástico y comida y toallas están regadas por el suelo. Ryan en su casillero se ha duchado y rasurado. Porta una sudadera de cierre gris y pantalones negros. Luce como si acabara de dormir ocho horas y está a punto de salir al club de yates por un almuerzo. Un puñado de reporteros forma un semicírculo a su alrededor.

"¿Alguna sensación de alivio, ganar este partido?", pregunta alguien.

Ryan, quien acaba de entregar una actuación casi perfecta de 338 yardas, tres touchdowns sin intercpeciones --una previa de las increíbles 392 yardas y cuatro pases de touchdown que sumó frente a Green Bay en el Juego de Campeonato de la NFC-- responde a la pregunta como si saliera de un libro de texto de hipocresía: "Ustedes saben, tenemos más negocios de los que debemos ocuparnos ... simplemente es un paso más en nuestro viaje ... Tenemos más trabajo por delante".

Luego de unos 10 minutos, el encargado de medios de los Falcons parado en la proximidad señala que se ha acabado, final de la entrevista.

"Bien", expresa Ryan, casi a los gritos. "¡Me voy! ¡Les di lo mejor que tenía!".

Cuando el coordinador ofensivo Kyle Shanahan arribó a Atlanta con el nuevo régimen de entrenadores en el 2015, Ryan debió reinventarse. A lo largo de sus siete campañas previas de NFL, solamente había conocido un sistema. En él, retrocedía tras recibir el centro y lanzaba desde el bolsillo. Ahora, el sistema de zonas externas de Shanahan requiere que Ryan role, salga en movimiento, mueva el bolsillo, se mueva. Por primera vez en su carrera, se vendó los tobillos como precaución en contra de una lesión.

Esa campaña comenzó de manera avasalladora: cinco victorias consecutivas y charla sobre los playoffs. Luego, la ofensiva se detuvo, el equipo cayó en una racha de seis derrotas en fila y Ryan pareció involucionar. Observadores cercanos comprendieron que los Falcons estaban jugando con una línea ofensiva parchada y lesionada. "El bolsillo se colapsaba, había presión por todas partes", dijo un ex jugador de los Falcon. "Matt tiene suerte de no haber muerto. Pudo haber quedado lastimado y lastimado mal".

Conforme el 2015 llegó a su cierre, hubo mucha conjetura sobre un choque de personalidades entre el hipercompetente Ryan y el nervioso e hipercompetente Shanahan. Esa conjetura creció cuando Roddy White, líder receptor de todos los tiempos de los Falcons, criticó la química del vestidor tras ser cortado por el equipo en la temporada baja. "He estado en edificios donde se pierden dos partidos y se siente que el lugar se incendia", reconoce Shanahan. "Perdimos seis en fila tras comenzar 5-0. Estoy muy orgulloso de cómo lo manejamos".

De acuerdo a sus propias palabras, Ryan estaba enamorado de la ofensiva de Shanahan; dijo nunca haber perdido la fe en ella. Y quizás por buen motivo. Los mentores de Shanahan han incluido a Jon Gruden, Gary Kubiak y, por supuesto, su padre Mike. La base de los esquemas de ambos Shanahans es un juego terrestre de zonas por el exterior, taladrado en los jugadores hasta que funciona como un reloj. Y así fue como Ryan estaba inmerso en un sistema que, casi genéticamente, tenía sus raíces con un equipo de los Broncos dirigido 20 antes por Mike Shanahan y liderado por un quarterback que también había experimentado la decepción antes de ganar finalmente títulos múltiples: John Elway.

Durante un partido a inicios de la campaña del 2015, NFL Films capturó una porción de diálogo en la banca entre Shanahan y Ryan. "No puedo esperar a conocer la ofensiva por dentro y por fuera, hermano", decía Ryan, "porque vamos a matar a la gente con ella".

En marzo del 2016, Ryan invitó a 27 jugadores de posiciones de habilidad de los Falcons para unírsele en Miami para tres días de recorrido de rutas. De día regían sobre el campo de la cercana potencia de fútbol americano de preparatoria, St. Thomas Aquinas. Gozaban cenas de lujo en South Beach por las noches. Fue el momento que impuso el tono del 2016. Entre los jugadores de los Falcons, existe mucha charla sobre la cultura, y se predica "la hermandad", Durante el receso de temporada, el equipo en lo colectivo compuso un texto inspirador, denominado el Estándar de los Falcons, que ahora está inscrito en el interior de cada casillero. El equipo se rehúsa a que alguien de fuera lo lea, como una escritura que sólo los convertidos pueden acceder. Los Falcons comprenden que existe cierto de burla hacia ello. Pero dijo el safety Ricardo Allen, "lo trillado gana".

Pero no gana por sí solo. Y la pregunta respecto a qué generó el cambio en Ryan sigue presente durante la presente postemporada. Quizás ayudó el amor fraternal. Quizás también fu la llegada del centro All-Pro, Alex Mack, el centro más talentoso con el que haya jugado Ryan desde el 2013, cuando el caballo de batalla Todd McClure se retiró tras 14 años con los Falcons.

Quizás fue la visita veraniega de Ryan a la clínica de Tom House, un ex lanzador de Grandes Ligas convertido en mentor para tiradores profesionales de toda clase de pelotas y balones, incluyendo quarterbacks (Brady y Drew Brees son clientes). La práctica de House no solamente se enfoca en curar la mecánica de lanzamiento, sino también consultas profundas respecto a la presión psicológica del deporte a su más alto nivel. Aunque Ryan declina elaborar acerca de su tiempo allí, es sencillo imaginar que sus sesiones con House involucraron una transformación completa de su aproximación cognoscitiva al juego. "Había tenido el peor año de su carrera en lo estadístico", dice el ala cerrada retirado Tony Gonzalez, amigo de Ryan y ex compañero de equipo. "Ellos lo describen como el poder de transformación de una crisis".

O quizás se trate simplemente de un segundo año de repeticiones en el sistema de Shanahan, un sistema capaz de crear la impresión de que los coordinadores defensivos jamás han visto una ruta de slant antes. Ahora, después de apenas una campaña exitosa con Ryan, Shanahan va para afuera, con reportes señalando que será el nuevo entrenador en jefe de los 49ers. Y si la transformación de Ryan desde Salieri a Mozart es completa, entonces él, como Peyton Manning antes de él, podría tener que convertirse en su propio coordinador ofensivo. Gonzalez, para empezar, cree que puede: "Siempre fue bueno, pero este año tomó ese último paso hacia la maestría, y no lo veo mirando hacia atrás".

Entre prácticas durante la semana previa al duelo de playoffs de los Falcons frente a los Seahawks, la atmósfera aquí en el vestidor principal en Flowery Branch es suelta, incluso festiva. Se escucha un suave R&B en el sistema de sonido. Tres mesas de pingpong han sido colocadas en el medio de la sala. Los Falcons se han obsesionado con el pingpong esta temporada. Los duelos son altamente competitivos. Existen las burlas y las provocaciones. Tienen un sistema elaborado de ranking. Julio Jones, evidentemente, es el Roger Federer del pingpong para los Falcons.

Matt Ryan va perdiendo ahora contra el receptor abierto Nick Williams y no le gusta. El quarterback deja un derechazo en la red.

Vocifera una profanidad. Se inclina sobre la mesa, preparándose a devolver el servicio. "¡Vamos!".

El fullback Pat DiMarco mira mientras progresa el encuentro. DiMarco habla sobre la sobresaliente actuación de Ryan en el 2016. Dijo estar particularmente impresionado con el juego del pasador en el duelo de la Semana 7, derrota ante Seattle. ¿Por qué?" Porque recibió algunos golpes fuertes, violentos. Se mantuvo allí. Sabía que sería golpeado pero lanzó el ovoide perfecto". Ambos fueron en tercera y largo. Ambos resultaron en primera oportunidad. Después de cada golpe, DiMarco dice, "regresaba allí y decía: inténtenlo".

En una de sus apariciones de pretemporada con los medios, Shanahan habló sobre las intercepciones de Ryan y la necesidad de aprender de ellas. Fue una lección que aparentemente absorbió. Del 2012 al 2015, Ryan tiró 14, 17, 14 y 16 intercepciones, respectivamente. Esta campaña: siete. Aun así, la idea de aprender del pasado tiene sus límites. "Las revisas hasta cierto punto, pero lo que nunca quieres hacer es asustar a tu quarterback por lanzar el balón", dice Shanahan. "Debes dejarlo hacer que la vuele en esta liga".

Ryan está muy consciente de ello, también, conocido entre sus compañeros por su habilidad no solamente de sacudirse el dolor físico, sino también la mala jugada, el error, la aberrante intercepción. Es exageradamente celoso en su persecución a la hora de estudiar el plan de juego semanal. Y en el podio radica el Matt Ryan de la radical no-controversia.

No mucho tiempo antes del juego de Ronda Divisional, al final de la entrevista con Ryan, saco el tema de la "pick-two". Es una pregunta cargada, dadas sus constantes humillaciones: la estéril persecución a Berry, el seguro triunfo convertido en tropiezo, el reincidente error en una campaña de calibre JMV. Al mencionar el término "pick-two", Ryan me estudia con una expresión en blanco. "Hmm", dice, serio, mientras se levanta, terminando la entrevista, acabando la noción misma de su "pick-two" de la que yo hablé, sepultándola seis pies bajo tierra. "¿Qué es eso?".