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El Inter Miami de David Beckham puede convertirse en un gran equipo. Pero primero tiene que ganar

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Beckham: 'No es tan complicado que lleguen Messi, Ronaldo o Neymar a Miami' (1:21)

David Beckham explica por qué él no considera difícil que llegaran Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar al Inter Miami de la MLS. (1:21)

FT. LAUDERDALE, Florida – David Beckham sale de una camioneta suburbana Cadillac todo terreno para meterse dentro del polvo de un sitio de obras en construcción. Corría el mes de diciembre de 2019. Frente a él, se encontraba el armazón de un nuevo estadio con capacidad para 18.000 personas, ubicado en lo más profundo del Condado de Broward; donde el Inter Miami jugaría sus primeras dos temporadas antes de mudarse, si todo salía bien, a una sede valorada en $1.000 millones cercana al Aeropuerto de Miami. Detrás de él, comenzaban a emerger un complejo de entrenamientos y las oficinas del equipo.

Después de pasar casi siete años luchando para hacerse con una franquicia de expansión de la MLS ubicada en algún lugar del Sur de la Florida, Beckham sentía ansias por implementar su visión de un club que empezara en grande y solo se hiciera más grande. “No creo que exista otro club en algún sitio que cuente con la oportunidad que tenemos en el ámbito mundial”, comentó a ESPN.

Desde entonces, casi nada ha salido como se planificó originalmente. Una tarde, no hace mucho tiempo, Beckham y Jorge Mas, uno de sus copropietarios, se encontraban en una terraza del segundo piso del edificio de oficinas y observaban la escena. Del otro lado de la calle, el estacionamiento del estadio había sido transformado en un centro de vacunación contra el COVID-19; los autos hacían fila hasta el infinito.

El estadio fue alquilado por un día al Boys & Girls Club de la localidad, generando ingresos que ayudan a costear la gestión de un equipo de MLS durante la pandemia. Similar al entrenamiento que Brandon Marshall, ex receptor de los Miami Dolphins, organizó en una cancha de prácticas para jóvenes jugadores con potencial para ser elegidos en el draft de la NFL, aparte de la decisión de arrendar el estadio al Club de Foot Montreal para disputar sus partidos como local durante la temporada 2021 de la MLS.

“Tienes que adaptarte a la situación”, afirma Mas, quien ostenta el título de Propietario Gerente (el ex CEO de la telefónica Sprint Marcelo Claure y el empresario del ramo de la tecnología Masayoshi Son, del poderoso conglomerado japonés SoftBank, poseen cuotas accionarias en el club). “Con la temporada reducida, con la ausencia de aficionados, con las restricciones a las que nos enfrentamos, el año pasado fue un reto”.

Sobre la cancha fue peor.

El Inter Miami se convirtió en el primer equipo en la historia de la liga en perder sus primeros cinco partidos. Terminó la campaña con siete victorias, tres empates y trece derrotas, para quedar en el noveno puesto de la Conferencia Este, conformada por 12 equipos; aparte de ser el peor registro con el que Beckham se ha visto asociado en su trayectoria profesional. Miami quedó a dos peldaños por debajo del otro equipo de expansión de la MLS que debutó el año pasado, el Nashville S.C., quien incursionó en el circuito con expectativas mínimas y un dueño cuyos intereses económicos, evidentemente poco románticos, incluyen barcazas de transporte y la impresión de libros por encargo. El Nashville ganó más partidos de los que perdió durante la temporada regular; posteriormente, eliminó al Inter Miami de los playoffs al imponerse por marcador 3-0.

Como jugador, Beckham sentía atracción por clubes exitosos, y éstos la sentían por él. El mediocampista jugó con cuatro de los equipos más importantes de Europa (Manchester United, Real Madrid, AC Milan y PSG) y ganó campeonatos con tres de ellos, al igual que en la MLS con Los Angeles Galaxy. Desde que negoció una opción a futuro para obtener una franquicia de expansión entre las cláusulas de su primer contrato como jugador en la MLS Beckham, de 45 años, ha contado con muchísimo tiempo para imaginarse cómo sería asumir la propiedad de un equipo. El fracaso, aunque fuera temporal, nunca cruzó su mente. “Nos pusimos un listón alto”, afirmó. “Como individuos, Jorge y yo establecemos altos estándares en nuestros negocios, y así es cómo queremos dirigir el club”.

Fue así como Beckham, quien tiene el timón en todos los aspectos futbolísticos, despidió en enero pasado al director técnico Diego Alonso para contratar a Phil Neville, su excompañero del Manchester United. Sustituyó al director deportivo Paul McDonough, quien fuera arrebatado al Atlanta United con bombos y platillos, por Chris Henderson, proveniente del Seattle Sounders. Adicionalmente, Beckham supervisó la adquisición de 13 nuevos jugadores, lo que supuso la reforma de prácticamente la mitad del equipo. Un año después de jugar el partido inaugural del Inter Miami en Los Ángeles, ver tantos rostros nuevos en el salón de entrenamientos fue casi tan inesperado como la larga fila del centro de vacunación.

Beckham pasó los primeros 10 meses de la pandemia en Inglaterra. Volvió al complejo por primera vez a finales de diciembre y no ha dejado la región desde entonces. De todos los cambios experimentados por el Inter Miami, su presencia en el lugar podría ser la más significativa. El club ha sido esculpido a imagen y semejanza de Beckham, desde el énfasis en una cantera fuerte e intensas sesiones de entrenamiento, hasta el singular logotipo de las Garzas Blancas que él ayudó a diseñar. Con Beckham fuera de vista, el Inter Miami se asemejaba a cualquier otro equipo de expansión, esforzándose por conseguir una identidad.

A pesar de que sigue siendo una de las personas más famosas del mundo, Beckham sorprende por su accesibilidad. Si ve a alguien que no conoce, se acercará a saludarle, viéndole a los ojos. “Es David Beckham, nacido en Essex”, afirma Neville. “El chico que muestra el mismo respeto por el chef del piso de arriba que por el utilero de abajo, al igual que por Gonzalo Higuaín”, delantero que tuvo un largo paso por la selección argentina, Real Madrid y la Juventus antes de fichar con el Inter Miami.

Como propietario del club, Beckham parece sentirse igual de cómodo en el ala deportiva del edificio, donde se ubican el gimnasio y camerinos, que en el ala comercial. “Su presencia diaria en el lugar, incluso si sólo está arriba en su oficina, significa que actualmente existe una conexión entre todos los que formamos parte del club”, afirma Neville.

Y al menos hasta que Lionel Messi decida adquirir un equipo, ningún otro dueño de un club de fútbol tiene su prestigio. “Tener a David aquí es simplemente inspirador”, expresa Henderson.

Anteriormente, Henderson fue arquitecto de gran parte de los éxitos de los Sounders, desde su temporada inaugural en 2009 hasta alzar dos MLS Cups. Sintió atracción por Miami, como tantos otros, gracias a la oportunidad de poder trabajar con Beckham. El mero hecho de ver a Beckham en el estacionamiento basta para recordarle a sus jugadores que lo que ocurre en Miami no es un proyecto común. “Sólo eso puede hacer que los chicos den un cinco o 10 por ciento adicional”, indicó el artillero escocés Lewis Morgan, Jugador Más Valioso del Inter Miami en la temporada 2020.

Con la minuciosidad que lo caracteriza, Beckham se ha sumergido en todos y cada uno de los aspectos de la propiedad del equipo. Le ha ayudado el hecho que sus viajes frecuentes por China y toda Europa en busca de patrocinios y apoyando la empresa de moda de su esposa tomaron una pausa durante la pandemia.

“Me gusta estar físicamente presente, viendo las sesiones de entrenamiento, viendo las rutinas que practican”, afirma Beckham. “Hablo con nuestros fisioterapeutas, nuestros médicos, nuestros preparadores físicos, nuestros chefs, los padres de nuestros jugadores sub-13 y sub-14. He sido sumamente afortunado por haber jugado con los clubes más importantes, los directores técnicos más importantes, con los jugadores más grandes, en el escenario más importante del fútbol. Me gustaría creer que mi participación, incluso si los jugadores solo me ven aquí sentado mientras entrenan, ha marcado una gran diferencia”.

Esa participación conlleva una enorme ventaja potencial, especialmente en un momento en el cual los nombres más sonoros de la última década en la MLS (Didier Drogba y Frank Lampard, Zlatan Ibrahimovic y el propio Beckham) ya no juegan en sus canchas. “Tenemos un dueño que podría considerarse una de las personas más famosas del planeta”, expresa David Bruce, vicepresidente senior de la liga. “Trasciende los mundos del deporte, la cultura y el estilo de vida de una forma que no mucha gente puede hacer”. Sumen el glamour de Miami, y tenemos el potencial de contar con un equipo estadounidense emblemático por primera vez desde los New York Cosmos de la década de 1970. “Miami puede ser una gran franquicia y un gran mercado”, expresa Bill Manning, presidente del Toronto FC. “Me siento increíblemente emocionado por ello”. Sin embargo, advierte Manning, “tienen que ganar”.

De no hacerlo, corren el riesgo de someter a la vergüenza pública a alguien que ha pasado una carrera evitándola de forma meticulosa. La marca Beckham está en juego. No extraña entonces que él desee quedarse para supervisarlo todo.


La rutina se repetía semana tras semana en la casa de campo de los Beckham, ubicada en Chipping Norton en los Montes Cotswolds, donde la familia pasó el verano pasado para refugiarse en medio de la pandemia. A la medianoche o la 1 a.m., Beckham se acomodaba en el sofá con un hijo o dos, su viejo amigo y socio de negocios Dave Gardner y altas expectativas. No pasó mucho tiempo hasta que la frustración comenzó a aparecer.

Los ciclos de juego inspirado del Inter Miami incluían a menudo un casi gol de Morgan o del volante ofensivo mexicano Rodolfo Pizarro; sin embargo, inevitablemente terminaban con un contraataque exitoso del otro lado del campo, un penal concedido, o una tarjeta roja. “Era desconcertante e incomprensible”, afirma Ray Hudson, narrador oficial del Inter Miami. Hudson, mediocampista oriundo de Inglaterra que jugó más de 300 partidos con equipos norteamericanos entre 1977 y 1981, para fungir posteriormente como director técnico del Miami Fusion, el intento fallido de la región de tener una franquicia de la MLS, y también fue entrenador del D.C. United. Insiste que, a lo largo de su trayectoria jugando, entrenando y relatando fútbol, jamás había visto una temporada como esta. “Cada semana había algo diferente”, indicó. “Te golpeabas la cabeza con la mano. ¿Qué vendrá después?”

En el caso de Beckham, ver derrota tras derrota desde una zona horaria remota era insoportable. Nunca había querido ser uno de esos dueños de equipo que llamaba a su técnico y, tal como lo afirma el propio Beckham, “exigir que sustituyan al lateral izquierdo”. Pero allí, en la quietud de la noche, Beckham podía ver que su equipo no estaba bien. “No era cuestión de decir: ‘¿Por qué no jugamos con una formación 4-4-2?”, expresó. “Se trataba de los pequeños detalles, que en realidad son los más importantes, porque se convierten en problemas mayores”.

“Siendo exjugador, puedes entender cosas que van mal en ciertas posiciones, o en la forma en la que jugamos, o solo en la manera en la que saltamos a la cancha. Llegas a conocer las señales”.

Siendo justos, pocos clubes en cualquier parte del mundo fueron afectados por la pandemia de la misma forma que el Inter Miami. Contrario a clubes como el Nashville, que hicieron el grado a la MLS después de pasar un periodo en la United Soccer League (USL), el Miami fue construido desde cero. Los jugadores apenas se conocían. Algunos arribaron pocos días antes de disputar el encuentro inaugural. “No pudimos efectuar ninguna sesión para estrechar lazos dentro del plantel”, afirma Morgan. “Después, no podíamos poner nuestra temporada en peligro saliendo a almorzar en grupo”.

No contar con la presencia de hinchas en el estadio evaporó gran parte de la emoción inherente a una campaña inaugural. En septiembre, llegaron como refuerzos el “Pipa” Higuaín, artillero de clase mundial y cuyo hermano mayor Federico también juega con el club; y el elegante mediocampista Blaise Matuidi. Sin embargo, los fichajes arribaron provenientes de la Juventus de Italia, club acostumbrado a arrollar a la mayoría de los rivales; y adaptarse a la mentalidad de un equipo de expansión durante el transcurso de una temporada fue previsiblemente difícil. Finalmente, se permitió la presencia de los hinchas en cantidades limitadas en octubre pasado; pero en aquel momento, el nivel del Inter Miami era irreversiblemente malo.

¿O no?

Cuando analizas sus partidos al detalle, [ves que los jugadores] fueron increíblemente desafortunados”, expresó Jim Curtin, director técnico del Philadelphia Union. El Union se impuso al Inter Miami en par de ocasiones, en julio y septiembre, por marcador combinado 5-1. “Sin embargo, nos dominaron por largos periodos”, dijo Curtin. Describe al club de la Florida como gigante durmiente. “En las posiciones clave, en la médula del campo, creo que lo hicieron bien”. El propio Curtin deseó contar con los servicios de Pizarro, objeto de la transferencia más costosa en la historia de la Liga MX hacia la MLS. Con un campamento de entrenamiento completo a sus espaldas Higuaín, de 32 años, está “listo para destacarse”, afirma Curtin. Y el entrenador votó por Morgan como parte de su XI ideal de la MLS.

Lo que nos deja con el tema de los entrenadores. Antes de contratar a Alonso, Beckham y Mas sostuvieron discusiones con una lista de candidatos que parecían más apropiados para un club con la historia y reputación de un AS Mónaco, o Aston Villa, que una franquicia de la MLS sin jugar un solo partido.

Roberto Martínez, quien alzó la FA Cup con el Wigan, quedó en el quinto puesto de la tabla de Premier League con el Everton y actualmente labora como seleccionador de Bélgica, era una posibilidad evidente. Al igual que Gennaro Gattuso, quien fungía como técnico del AC Milan y actualmente labora con el Napoli; y Santiago Solari, compañero de Beckham en el Real Madrid y que ahora lidera el Club América de México. Patrick Vieira, destacado volante de la generación de Beckham que pasó tres temporadas como DT del NYCFC, estuvo “cerca, extremadamente cerca” de llegar, según indica Mas. Marcelo Gallardo, entrenador de River Plate, accedió ir a Miami, pero no pudieron acordar los términos de su contrato.

Alonso, el eventual elegido, no pudo evitar que pareciera ser un premio de consolación. Había entrenado seis clubes (dos en Uruguay, dos en Paraguay, dos en México) y el combinado nacional de Uruguay. En una ocasión, específicamente en la temporada 2001-02, marcó 22 goles vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid; sin embargo, era difícil que su nombre fuera conocido por el seguidor futbolero promedio del Sur de la Florida. No fue contratado sino hasta después de Navidad y aparte de sus breves interacciones en La Liga de España, no contaba con historial previo con Beckham. Todo ello no habría importado, si la temporada hubiese avanzado normalmente. Pero el pasado verano, mientras Beckham intentaba desesperadamente comunicarse telepáticamente con su técnico a un océano de distancia, no podía evitar sentir no tener idea de lo que pensaba Alonso.

Se ha dicho mucho con respecto al hecho de que Beckham contrató a uno de sus más viejos amigos para dirigir su club de fútbol. Desde la distancia, parecía un acto de desesperación. El historial de Neville como entrenador es corto e inexistente a nivel de clubes. Asumió el mando de la selección femenina de Inglaterra en 2018 y lo hizo bastante bien, antes de terminar con siete derrotas en sus últimos 11 encuentros. Antes de ello, formó parte durante sola temporada, la 2013-14, del cuerpo técnico liderado por David Moyes en el Manchester United, y posteriormente lo hizo con el Valencia durante la tumultuosa campaña 2015-16 con Nuno Espirito Santo y después, al mando de su hermano Gary. Cuesta imaginar que su resumen curricular haya caído en la misma pila que los de Gattuso y Vieira, si Beckham no lo conociera.

Pero Beckham sí lo conoce bien. “Desde que teníamos aproximadamente 14, 15 años”, dijo Beckham.

Neville, quien es un año menor que Beckham, cree que se conocieron por primera vez cuando tenía once años. Incursionaron juntos en la cantera del Manchester United a principios de la década de 1990 como parte de la “Clase del 92”, junto a Ryan Giggs, Paul Scholes, Nicky Butt y Gary Neville, bajo la supervisión del legendario Sir Alex Ferguson. Para 1996, los Red Devils habían ganado el doblete de Premier League y FA Cup. Beckham, dotado con inmensos talentos, logró afinarlos gracias a una extraordinaria ética de trabajo. Los hermanos Neville, cuyos talentos eran menos evidentes, laboraron con mayor fuerza. Sumaron tanto tiempo de trabajo que, según confiesa el propio Beckham, “solíamos reírnos de ellos”.

Pero es precisamente esa devoción la que Beckham considera que faltaba en la plantilla del año pasado. “Veía los partidos, pensando: ‘¿Qué hicieron durante la semana de la previa?’”, afirma Beckham. “¿Se habían preparado bien? ¿Los jugadores vieron videos del rival al que nos enfrentábamos? ¿Están los entrenadores viendo a los chicos de la cantera los fines de semana? ¿Y por qué nos replegamos en el minuto 60? ¿Por qué no presionamos?” Beckham no tiene que transmitir sus expectativas a su nuevo técnico; las aspiraciones de Neville provienen del mismo sitio. “Phil ya me ha dicho: ‘Si un jugador no alcanza cierto nivel físico, no saldrá a la cancha’”, dijo Beckham. “Sin importar quién sea”.

Neville llega aproximadamente a las 6 de la mañana en la mayoría de las ocasiones. “Y sigue allí a las siete de la noche”, afirmó Beckham en señal de aprobación. Lo que hace durante todo ese tiempo es adaptar la filosofía táctica de Ferguson a la Norteamérica actual. “Muchos de los valores que David desea implementar dentro del club de fútbol provienen de los valores implementados en el Manchester United”, dijo Neville. Dichos valores van mucho más allá de lo que sucede durante la acción del partido, o incluso en los entrenamientos. “Humildad”, indica. “Hacer lo correcto, cada minuto de cada día. La forma como te vistes. La forma en la que le hablas a los demás. Y simplemente, los valores básicos que probablemente nos enseñaron nuestros padres. Si hay una botella sobre la cancha, te acercas y la recoges”.

Aún está por verse si la filosofía de Ferguson funcionará en el mundo de la MLS. Por un lado, los técnicos europeos tienden a subestimar la dificultad de la liga, sin mencionar la complejidad bizantina de sus reglamentos de contratación de jugadores. Entre sus decepciones más notables se incluyen Ruud Gullit, Frank De Boer y Thierry Henry. “Hemos tenido entrenadores europeos que llegan a esta liga y realmente no comprendieron las reglas, no anticiparon realmente los viajes o el clima”, afirma Beckham. El exjugador se refiere, entre otros, a Gullit, quien era entrenador del Galaxy durante la llegada de Beckham. Luego de expresar su asombro por su incapacidad de fichar jugadores por la cantidad que quisiera, Gullit duró menos de una campaña antes de volver a Europa.

“Es una liga particular, de muchas formas”, dijo Curtin, DT del Union. “Tienes montones de estilos de juego diferentes. Toma ciertos elementos de la liga argentina, la lucha y la intensidad; pero otros partidos pueden verse y sentirse como un encuentro de Premier League. Los viajes son duros, y el clima cálido implica que no siempre puedes jugar de la forma que quieres. Tienes que adaptarte, no sólo mes a mes, sino semana a semana”.

Neville cree que está listo para asumir el reto. Hace quince años, cuando Beckham fue por primera vez a Los Ángeles, comenzó a ver transmisiones televisivas de partidos de la MLS. “Después de David, estuvo Robbie Keane, y Steven Gerrard y Frank Lampard”, afirmó. Insiste que vio todos y cada uno de los partidos del Inter Miami de la pasada temporada, mucho antes de tener alguna idea de que terminaría asumiendo las riendas del club. A su llegada volvió a verlos, aunque con otros ojos. “El año pasado fue una decepción, pero hubo múltiples factores”, expresó. “Este año, hicimos borrón y cuenta nueva”.

Decidido a que no lo tomen desprevenido, Neville se rodeó de veteranos de la MLS, tales como Henderson y el exdirector técnico del NYCFC Jason Kreis, quien funge como asistente. “Sé que no ha habido muchos entrenadores extranjeros que hayan tenido éxito”, dijo Neville. “Esa es mi motivación personal e individual. Cuando regreso a mi apartamento y pienso en Philip Neville, en vez del equipo, hay un poco de ‘les voy a demostrar que un entrenador extranjero es capaz de triunfar aquí’. Sabes, un poco de ‘les demostraré que sí se puede”.


Es una soleada mañana sabatina de marzo, un mes antes del inicio de la temporada 2021. Beckham sostiene reuniones inherentes a su condición de propietario dentro del complejo. Neville cumple con sus deberes con el primer equipo. Sin embargo, el atractivo de ver fútbol en vivo es demasiado fuerte.

El Fort Lauderdale F.C., equipo afiliado del Inter Miami en la USL, tiene un entrenamiento de pruebas para jugadores semi-profesionales en una de las canchas ubicadas en la zona trasera del complejo. A las 11 en punto, los viejos amigos se han unido a Henderson y el entrenador asistente Anthony Pulis, hijo del itinerante técnico inglés Tony Pulis, en la esquina cercana. Beckham muestra su acostumbrado aspecto pulcro, vestido con una camiseta de entrenamientos negra del Inter Miami adornada con esas garzas emblemáticas y de aire aspiracional. Neville viste una camiseta genérica Adidas con el rojo del Manchester United. La calidad del juego es enérgica, aunque irregular. Beckham considera que algunos de los aspirantes tienen potencial para jugar en el profesional; lo pudo constatar, según afirma, “luego de dos minutos viéndolos jugar”.

Para una persona con una reputación tan glamourosa, Beckham pasa mucho tiempo inmerso dentro de las canteras del Inter Miami. Considera que la manera de construir un club de clase mundial es contar con un sistema de reclutamiento capaz de identificar y atraer talentos durante la adolescencia, para luego formarles hasta alcanzar la edad adulta. “He dicho desde el inicio que no solo se trata del equipo que juega en el estadio”, expresó. “Se trata de los chicos de 13, 14, 15, 17, 23 años. Porque a final de cuentas, somos un club. Cierto, tenemos un equipo que juega en la MLS. Pero más que eso, somos un club. Todos nuestros entrenadores, en todas las categorías, deben estar alineados con lo que hacen estos jugadores en estas dos canchas aquí ubicadas. Si no lo están, nos estamos equivocando”.

Afortunadamente, el sistema de la MLS premia el desarrollo de jugadores. Los futbolistas que provienen de la academia de un equipo no están sujetos al draft de la liga y tampoco son considerados a los efectos de restricciones salariales. Los equipos que han invertido recursos en sus equipos juveniles, tales como Philadelphia y Dallas, se vieron recompensados con un constante flujo de talento destinado a su primer equipo. “Si es capaz de conseguir que unos pocos jóvenes se conviertan en futbolistas de primer nivel, eso ayudará muchísimo”, expresa Bryan Robson, quien fue capitán del Manchester United durante las dos primeras campañas de Beckham con el equipo absoluto. “Y David sabe que comprar éxitos es muy difícil. Los jugadores pueden convertirse en mercenarios al final de sus carreras. Debes tener cuidado con ello”.

El problema radica en que el mundo ya está pendiente del Inter Miami. Construir progresivamente no es un lujo que los presentadores de podcast ni los redactores de tuits le dieron a David Beckham cuando éste decidió ser dueño de un club de fútbol, especialmente al insistir que el Miami puede eventualmente “ser el club más grande del mundo”. Prácticamente todos los jugadores importantes mayores de 30 años han sido propuestos como fichaje sensación para el próximo año o dos, frecuentemente por sus propios agentes. Neville recibe llamadas a diario. “Jugadores de posición brillante, muy brillante, dentro del mundo del fútbol”, afirmó.

Uno de ellos fue Higuaín, quien parece no haber perdido condiciones con 32 años. Matuidi, cuyo fichaje por parte de McDonough es objeto de una investigación de la liga como posible violación del tope salarial, ya tiene 34 años. Mas reconoce que muchos de los nombres de gran relieve que circularon como objetivos tentativos hace exactamente un año (Edinson Cavani, Dries Mertens) querían venir. La pandemia acabó con toda esperanza.

Las principales adquisiciones del club durante la pasada temporada invernal; a saber, el aguerrido defensa del Stoke City Ryan Shawcross y Gregore, volante defensivo proveniente del Bahía, no venderán muchos abonos de temporada. Gregore no ha jugado fuera de Brasil. El rudo Shawcross lo hizo durante varios años en las noches frías y lluviosas de Stoke, como dice el dicho; pero ahora deberá adaptarse al ambiente más apagado del Sur de la Florida, sin mencionar las sofocantes temperaturas. El Inter Miami sigue intentando fichar a algunas de las principales figuras del mundo, según insiste Beckham; sin embargo, él no desea que utilicen el club como autopista de salida hacia el retiro, de la misma forma que las estrellas añejas, desde Pelé hasta Javier “Chicharito” Hernández, han aprovechado al fútbol estadounidense. “Deben sentir hambre”, expresó Beckham. “No para venir de vacaciones, sino para ganar campeonatos”.

Evidentemente, es más sencillo convencer a una gran estrella internacional para que sus talentos lleguen a South Beach que a Sacramento. Sin embargo, la principal atracción es Beckham, obviamente. “De hecho, él es una persona sumamente especial”, expresa Ivan Gazidis, ex vicecomisionado de la MLS, que laboró en la gerencia del Arsenal entre 2009 y 2018 y que actualmente forma parte del AC Milan. “La gente suele subestimar un poco a David. Hay una razón por la que él jugó solo con grandes clubes: luchó hasta llegar allí. Habrá quienes duden y sientan escepticismo, pero eso no es nada nuevo para él. Es reflexivo en lo que dice y cuando asume un compromiso, lo hace con todo su corazón. Por eso, cuando dice que el Inter Miami será un club de clase mundial, yo no lo subestimaría”.

Pero de no llegar a ocurrir, si el Inter Miami sigue tambaleándose esta temporada, es probable que la meticulosamente forjada imagen de Beckham sufra las consecuencias. “Él querrá ganar en Miami”, indica Bruce, ejecutivo de la MLS. “Eso será sumamente importante para él, tener éxitos como propietario de ese club”. Actualmente, con su línea de ropa Adidas, sus patrocinadores de gama alta e incluso el propio Inter Miami, vende la marca David Beckham. Tal como lo hizo durante su época de jugador, deja lo menos posible al azar.

De vuelta a la terraza, Beckham se sienta para una sesión fotográfica. Verle ser fotografiado se asemeja a verle cobrar un tiro libre. Ha coreografiado el resultado en su mente y a partir de su idea, trabaja para hacerla realidad. En esta tarde, el viento revuelve su cabellera. Beckham no lo permitirá. Arregla su pelo con sus manos, para que quede de una forma determinada. Cuando el fotógrafo hace una pausa, Beckham repite el movimiento. Baja la cremallera de su chamarra de entrenamiento color rosa, quizás un octavo de pulgada. Luego la sube, un centímetro y medio. El viento sopla fuertemente. Con una mirada, un gesto, una palabra cortés, hace saber su inconformidad. Como casi siempre ocurre, Beckham logra lo que se propone. La sesión de fotos se traslada al interior del edificio.