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Crónica de un final anunciado

Luego de una engañosa marca invicta, era solo cuestión de tiempo para que los Steelers cayeran ante cualquiera. Y así fue

No es cómo empiezas, sino cómo cierras, lo repetimos cada temporada y nunca falla.

Hace poco más de un mes escribí acerca de la engañosa marca invicta de los Steelers y por supuesto no faltó quien me tachó de 'acerera traidora', porque si bien lo que importa es saber ganar partidos, yo hacía hincapié en las deficiencias de Pittsburgh a ambos lados del balón, cosa que, a mi parecer, era solo cuestión de tiempo, para que cayeran ante cualquiera. Y así fue.

Lo que no dimensioné fue la incapacidad del equipo para levantarse o para ajustar. Luego de un 11-0, cerraron la temporada regular con un 1-5.

Si bien, conquistaron el Norte de la AFC, hay derrotas contra sus rivales divisionales que son por demás dolorosas, primero ante Bengals que les supo ganar jugando con su tercer quarterback, luego en la Semana 17 un descalabro ante Browns, que derivó en darle a Cleveland el boleto a playoffs, y todo para que en la primera semana les eliminará en la Ronda de Comodines y en su casa, de manera humillante. Lección aprendida, nunca perdones a un rival divisional si tienes la oportunidad de sepultarlo.

Lapidarios 28 puntos en el primer cuarto, resultado de puros errores de los locales, los Browns hábilmente sacaban limonada de cada limón que los Steelers les iba dejando; fumbles, intercepciones, y la incapacidad de su defensiva contra la carrera. Esa diferencia rápida en el marcador fue una losa pesadísima que sentó de golpe la realidad de todos los problemas de la temporada para los de Mike Tomlin.

Mi hermana siempre me repitió, "quien falla en lo chico, falla en lo grande". Si esos errores que ante rivales menores y de marca perdedora los ponían a sufrir en exceso y en peligro de derrota como ante los Dallas Cowboys, y cosas que se venían repitiendo una y otra vez en cada semana sin mayor ajuste, ¿qué esperar de los partidos a mata o muere?

Ahora mismo todo mundo quiere encontrar un culpable, y en una liga de quarterbacks la más fácil es apuntar a Ben Roethlisberger. Y sí, sus imprecisiones se hicieron evidentes a ratos, con sus 38 años y su historial de lesiones lo quieren poner ya en el retiro, pero ese hombre tuvo que lanzar este domingo 68 veces para más de 500 yardas y 4 touchdowns, aunque claro, en contraste con sus también cuatro intercepciones. Pero, por ejemplo, Diontae Johnson y Eric Ebron perdiendo balones atrapables fue una constante de la temporada y se repitió en playoffs. Lo que quiero decir es que, acá nadie se salva, hubo cinco entregas de balón y cero sacks, ¡cuando los Acereros habían sido el líder de la liga con 56!

Y para nada le resto también el mérito que se merece Cleveland, hicieron lo que debían y están firmando la gran historia de la Cenicienta esta campaña, luego de 18 años de ausencia en postemporada, obtienen su primera victoria en playoffs tras 26 años y en Heinz Field, un cuarto de siglo tuvo que esperar su afición para ver esto, pero bien valió la pena. Ojo, no tenían a la mitad de su defensiva secundaria, su entrenador en jefe Kevin Stefanski no estaba presente para llamar las jugadas por temas de COVID-19, razón por la que incluso el equipo no pudo entrenar en la semana, y se enfrentaron a un equipo que venía hasta de haber descansado a sus titulares. Es obvio que no tenían nada que perder y sí mucho que ganar, salieron a jugar sin miedo, Baker Mayfield se sacudió las críticas y brillaron en conjunto sacando jugo de los errores del de enfrente, aunque sobresaliente lo de Jarvis Landry, Nick Chubb y Kareem Hunt.

Uno ve el marcador final 48-37 y se podría imaginar un partido más cerrado de lo que en realidad fue, no estuvo ni cerca de serlo, se necesitaba más que un milagro para arreglar el desastre que hizo Pittsburgh desde el inicio, el partido fue de solo un lado.

Cuidado, el perro anda suelto, y ésta Correa se quedó sin equipo.