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Dwyane Wade, un arriesgado experimento en Chicago

Líder histórico en partidos, minutos, puntos, asistencias y robos. Pieza fundamental en los tres títulos de la franquicia. El nombre que era el principal sinónimo de baloncesto en Miami. Noveno jugador que llevó el número 3 con el Heat, y con toda seguridad el último. 13 años después, por primera vez desde que elementos como Eddie Jones o Brian Grant eran sus titulares indiscutibles, Miami no tendrá a Dwyane Wade entre los suyos.

Perder al escolta es mucho más que perder a un veterano de 34 años, sin la explosividad de antaño y con unas rodillas poco fiables. Perder a Dwyane Wade es haber perdido una parte del alma de Miami y a su jugador franquicia durante más de una década. Incluso en los años en los que LeBron James llevó sus talentos a South Beach y fue indispensable para ganar sus dos últimos campeonatos, Dwyane Wade era más que un jugador. Era EL jugador.

Hay muchas razones para dejar Miami por Chicago, todas comprensibles. Que entre jugador y franquicia se les rompiera el amor de tanto usarlo, que Wade considerara que por fin se merecía un cheque a la altura de los grandes o que, simplemente, volver al primer hogar es siempre tentador. La única ciudad que podía competir por el corazón de Wade era Chicago. Criado en el duro South Side, como Derrick Rose, Wade nació como fanático de los Bulls, utilizando su pasión por el equipo de Michael Jordan, Scottie Pippen y compañía como combustible para dedicar su pasión y sus esfuerzos por ser jugador NBA.

Un arriesgado experimento en Chicago

En 2016, ya en el invierno de su carrera, Dwyane Wade vuelve a casa, aún a costa de dejar lo más parecido a un hogar que encontró como profesional. En Chicago se encontrará un equipo en plena renovación, pero que renuncia a empezar de cero. Su línea exterior presentará a tres All-Stars, aunque uno de ellos sea un Rajon Rondo lejos de marcar las diferencias de sus últimos años en Boston. Además, Wade tendrá a su lado a Jimmy Butler, un jugador con el que comparte orígenes en la universidad de Marquette, en la cercana ciudad de Milwaukee.

Por experiencia y calidad, los tres jugadores que Chicago iniciará en su juego exterior tienen poco que envidiar al resto de la NBA, pero con un déficit importante: el tiro. Ni Rondo, ni Wade ni Butler tienen el lanzamiento exterior como una de sus grandes virtudes, y especialmente en los dos primeros casos ha sido uno de los principales lastres de su carrera. Ninguno de ellos alcanza el 30% en triples, el mínimo para ser considerado al menos un tirador mediocre. Ni siquiera el sorprendente acierto de Dwyane Wade en los últimos Playoffs permite ser demasiado optimista sobre el experimento.

Tanto Rondo como Wade, y en menor medida Butler, necesitan entrar a canasta para ser efectivo. En ese contexto, tener a un 4 abierto va a ser fundamental, asumiendo que Robin López será la apuesta más segura para ser el pívot titular. Afortunadamente, el entrenador Fred Hoiberg tendrá dos buenas y jóvenes opciones para abrir la cancha como Nikola Mirotic y Doug McDermott, quienes tendrán un rol clave para sacar a jugadores rivales de la pintura. Pero, aun así, es inevitable pensar que las virtudes y defectos de Rondo, Wade y Butler pueden ser demasiado redundantes en determinadas fases del juego.

Como consuelo, al contrario que los Golden State Warriors con Kevin Durant, los Bulls no necesitaron hacer grandes sacrificios para traer a su nueva estrella. Solo José Manuel Calderon, recién adquirido en el traspaso de Derrick Rose a New York, y Mike Dunleavy Jr. fueron las piezas sobrantes de la plantilla, bajas perfectamente compensadas por Rajon Rondo y el propio Dwyane Wade. Además de completar la plantilla con jugadores secundarios y, quizás, solventar la situación del transferible Taj Gibson, el bloque de Fred Hoiberg está perfectamente definido para intentar asaltar de nuevo los cielos de la Conferencia Este.

Por supuesto, los Bulls tendrán también que solucionar algunos problemas que no querrán arrastrar desde el pasado. Con la salida de jugadores tan importantes como Derrick Rose, Pau Gasol o Joakim Noah, Chicago renueva una química en el vestuario muy tocada en la temporada pasada y letal para sus opciones en la segunda mitad de la campaña. Incluso el All-Star que se queda, Jimmy Butler, tuvo sus públicos y notorios desacuerdos con Fred Hoiberg en la temporada de debut del entrenador de los Bulls. Con la presencia de dos nuevos machos Alfa en Chicago como Rajon Rondo y Dwyane Wade, Hoiberg tendrá mucho trabajo por delante para ganarse y mantener el respeto de sus jugadores y demostrar la autoridad que su apodo de “El Alcalde” debería llevar de forma implícita.

Pero, aun con tantas dudas, el fichaje de Dwyane Wade, incluso considerando el valor sentimental de esta situación particular, tranquiliza a Chicago. Pese a la decepcionante última temporada, la Ciudad de los Vientos sigue siendo un atractivo lugar para agentes libres, algo fundamental para no perder competitividad en la liga. Aunque la apuesta por Wade sea inevitablemente a corto plazo, el futuro de los Bulls es más esperanzador de lo que parecía hace un par de semanas.

El gran desafío de Pat Riley

Mientras tanto, en Miami, hay más nubarrones de los habituales. La baja de Dwyane Wade deja una plantilla dolorosamente descompensada, con más dudas que certezas y sin demasiadas oportunidades para que su presidente Pat Riley pueda reconstruir entre los restos del naufragio. La costosa renovación de Hassan Whiteside, un excelente complemento el año pasado pero un jugador incapaz de ser el principal referente ofensivo de cualquier equipo, reduce aún más el espacio salarial para encontrar milagros con la agencia libre ya despojada de grandes estrellas.

En este momento, el entrenador Erik Spoelstra dispondría de 7 jugadores bajo contrato, los armadores Goran Dragic y Briante Weber, el escolta Josh Richardson, el alero Justise Winslow y los interiores Chris Bosh, Josh McRoberts y el propio Hassan Whiteside. Una buena base para empezar, pero con otro problema de impacto. La salud de Chris Bosh, el líder natural del Heat en ausencia de Dwyane Wade, sigue siendo una incógnita al menos de puertas afuera. Sin confirmación desde jugador o franquicia sobre su regreso a las canchas tras los problemas de circulación sanguínea que le han dejado fuera de combate al final de las dos últimas temporadas, su situación añade más incertidumbre a la afición de Miami.

La primera decisión para Pat Riley será igualar o no la jugosa oferta que Brooklyn ha presentado por Tyler Johnson. Para un jugador que hace dos temporadas tenía que ganarse el pan en la D-League, los $70 millones por 4 años propuestos por los Nets fueron comprensiblemente imposibles de rechazar. Miami tendrá espacio salarial para retener a Johnson, pero a la vez reduciría su margen de maniobra. Aun así, la falta de agentes libres de postín en el mercado obliga a pensar que la única forma de buscar la forma de reforzar la plantilla, además de mantener a Johnson, es vía traspaso. Salvo que Pat Riley se la juegue con un poco probable intercambio por los prometedores Josh Richardson o Justise Winslow, y ante el escaso atractivo de Josh McRoberts en el mercado, solo Goran Dragic serviría para ese plan.

Así pues, sin margen de maniobra en la agencia libre y con escasas opciones para traspaso, Miami se enfrenta a una temporada complicada, sin una plantilla todavía construida, con la incógnita de saber si su mejor jugador todavía en el equipo estará al 100% y, sobretodo, sin la cara de la franquicia durante más de una década. Es muy posible que la marcha de Dwyane Wade del Heat deje un panorama más desastroso que el que Kevin Durant dejó en Oklahoma City. Dicho esto, no hay mayor error que apostar en contra de Pat Riley, quien lleva demasiadas décadas ganando como para dudar del plan alternativo que seguramente ya había trazado incluso antes de la decisión de Wade. Pero, aunque Riley encuentre la fórmula de mantener a Miami en la élite de la NBA, nada será lo mismo sin Dwyane Wade. El sol tardará en brillar de la misma forma en South Beach.