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LeBron James y las otras notas positivas de la Copa de la NBA

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Lakers, pioneros en el In-Season Tournament (1:30)

Sebastián Martínez Christensen con el reporte del primer campeón en la historia del torneo, Los Angeles. (1:30)

La Copa de la NBA nos permitió, entre otras cosas, apreciar la grandeza de LeBron James en formato playoffs y disfrutar a esta leyenda que sigue retando el tiempo.

Qué placer es ver jugar a LeBron James. El In-Season Tournament fue, en sí mismo, un recuerdo. Una ayuda-memoria, un consejo para que dejemos de perder el tiempo en trivialidades. En falsos profetas. Porque todavía tenemos la fortuna de ver jugar a esta leyenda noche a noche. LeBron es el Cronos del básquetbol. Más allá de los títulos, de los puntos, de las asistencias y de los rebotes, James ha puesto en valor lo más importante que tiene este juego: el tiempo.

Es, ahora, el Rey-tiempo devorándose a sus hijos. El Dorian Gray de la NBA que conserva la juventud eterna. La deidad que exhibe su poder ante los comunes mortales.

Adam Silver, con la creación de este nuevo torneo, nos invitó a refrescar la memoria. Porque si antes hablábamos de Nikola Jokic, Giannis Antetokounmpo, Luka Doncic y tantos otros -con suma justicia, claro- este torneo, sumergido dentro de la serie regular, nos invitó a revivir picos de sensaciones extraviadas. A recuperar sentimientos que parecían perdidos. A navegar en los recuerdos a la búsqueda del Dorado, que finalmente hallamos en forma de jugador de básquetbol.

LeBron James sonríe, con el trofeo en mano, antes de despedirse rumbo al Monte Rushmore de este juego.

Pero el In-Season Tournament no fueron solo los Lakers campeones. Fue mucho más que eso. Un acierto completo de las autoridades de la Liga. Detectaron un problema a tiempo y lo resolvieron con maestría.

Hoy queda claro, a los ojos de todos, que la temporada regular, sobre todo antes del All-Star Game, se hacía muy pero muy larga. Una película de tres horas y media en tiempos de series de máximo 40 minutos. Achicar la temporada regular se presentó meses atrás como un problema, dado que afectaba al negocio. Por lo tanto, esto fue una solución perfecta. Una motivación extra que les encantó a todos, principalmente a los jugadores -los integrantes del equipo campeón recibieron 500.000 dólares cada uno- y a los fanáticos, que disfrutaron de la energía de los playoffs en momentos del año en los que abundaban los bostezos.

Los grupos trajeron novedades al recinto. Cada partido del In-Season Tournament fue jugado con clima de postemporada. Fue un descubrir noche a noche, y en ese tránsito hacia Las Vegas, algunos equipos entendieron mejor las cosas que otros. Algo que particularmente fue sensacional, es que desde cuartos de final hasta la definición, todo fue un mata-mata a un partido: "CADA NOCHE ES JUEGO 7", rezó la máxima. Esa tensión, ese no poder equivocarse, trajo consigo decepciones y también gratas sorpresas.

Es cierto, Anthony Davis hizo 41 puntos y 20 rebotes en la final ante los Indiana Pacers, y bien merecido tiene que nos detengamos en su propia redención. Aplausos para La Ceja. También debemos destacar el primer título de Darvin Ham como coach. Pero más que esto, debemos hacer hincapié en una nueva estrella que tiene la NBA que es Tyrese Haliburton, el joven con la mecánica de tiro más extraña de la historia pero con una capacidad para anotar sin igual. Rápido, vertiginoso y estelar.

En el inicio de la temporada, y en el curso del In-Season Tournament, Haliburton mostró que es un All-Star. En la final ante Lakers le pesó la falta de experiencia, pero no quita lo fantástico de sus producciones en el correr de los juegos hasta llegar a ese punto. Es candidato serio a Jugador de Mayor Progreso de la temporada.

El torneo, además, se vio como una oportunidad para equipos menos poderosos. En la semifinal estuvieron los New Orleans Pelicans y a la final llegaron los mencionados Pacers. ¿Son serios candidatos en los playoffs que comenzarán en abril? Para nada. El poder de jugar todo a un partido trae aparejadas esta clase de situaciones.

Sigamos. Las Vegas. Esta fue la prueba perfecta para verla como un destino que puede sin dudas albergar una franquicia NBA. Hace rato que se habla de la infinidad de razones para considerar a la ciudad del pecado. De hecho, la Liga de Verano se juega aquí. Esta chance invita a nuevas reflexiones, porque la infraestructura y la emoción reinante con todo lo periférico que se presenta a diario, son argumentos únicos. Las Vegas, de cara a lo que vio el mundo, se coloca a la vanguardia de posibilidades futuras.

Ahora bien, ¿qué pensar de los pisos de las canchas? El único gran error que tuvo la NBA. Un esfuerzo mayúsculo para rediseñar a máxima velocidad. Llenaron de colores estrambóticos el parquet -en todos lados- y el resultado fue espantoso. Los partidos se vieron realmente peor con este invento. El ojo de la cámara, siempre implacable, no les sonrió. Aplaudo el hecho de atreverse a intentar un cambio, pero en este apartado hay que volver a lo tradicional. Con un sticker alusivo en cada llave nos ahorramos este mal trago.

Tensión. Adrenalina. Diversión. Emoción. Las cuatro patas de la mesa para que la cena deportiva perfecta esté servida. LeBron James, ahora, recibe el premio de Jugador Más Valioso. Levanta su mano en alto y saluda al T-Mobile Arena completo.

Se trata del DEPORTISTA MÁS JOVEN DE LA HISTORIA en ganar el MVP del In-Season Tournament.

Bromas aparte, la primera edición de la Copa de la NBA fue para todos un verdadero éxito. Criticar cuando haga falta y elogiar cuando corresponda.

Una idea bien pensada, bien diagramada y bien ejecutada. Esta medalla le corresponde a usted, estimado Adam Silver.

Honor a quien honor merece.

Ni más, ni menos que eso.