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A 25 años de su adiós: Joe Montana y la perfección como quarterback

La perfección es algo que sólo se alcanza con perseverancia, práctica constante, paciencia y liderazgo. No se necesita ser el mejor atleta, el más dotado físicamente, el más rápido, el más fuerte o el que tenga el brazo más potente para ser el mejor en su posición o deporte.

Este 18 de abril, se cumplen 25 años de que Joe Montana anunció su retiro de la NFL.

Para muchos, Montana es el más grande quarterback en la historia de la NFL, porque ha sido uno de los más completos para jugar la posición, pero, sobre todo, para elevar su desempeño en los momentos de mayor presión y ejecutar un sistema ofensivo casi a la perfección.

Montana es recordado por sus grandes regresos, por sus series ofensivas en los minutos finales de los partidos ejecutadas de forma brillante, pero, sobre todo, por mostrar en esos momentos una actitud relajada que se tradujo en un sólido liderazgo en el campo.

Un estilo completo

Actualmente son comunes los quarterbacks con gran movilidad, tanto en la bolsa de protección como fuera de ella y con potencia en el brazo.

Montana comandaba un sistema ofensivo que demanda mucha versatilidad en la lectura de las defensivas previo a centrar el balón, en localizar a más de tres receptores en cada jugada, utilizar al ala cerrada como bloqueador y receptor, usar al backfield (corredor y fullback) no sólo en el ataque terrestre, también en el aéreo. El sistema de Walsh se basaba en atacar las zonas cortas y usar jugadas de play-action (engaño de carrera). En los años 80, en particular en los primeros años de la década, esos conceptos era complejos y poco vistos en los sistemas ofensivos.

Walsh encontró en Montana la pieza perfecta para su sistema: un quarterback con la movilidad necesaria para rolar hacia afuera; con precisión en el brazo desde la bolsa de protección, así como en movimiento; con gran visión de campo e inteligencia para ejecutar un sistema que, en su momento, fue complejo y luego se convirtió en la base de lo que vemos hoy en día en la NFL.

Además del liderazgo y la capacidad para resolver bajo presión, Montana asimilaba la información desde que se mandaba la jugada, llegaba a la línea de golpeo y ejecutaba la jugada de una forma que sólo los más grandes quarterbacks lo logran. Por eso Montana es uno de ellos.

Actualmente, ademas de lanzar, la dualidad es una de las características que varios equipos buscan: un quarterback que tenga movilidad para lanzar sobre la carrera, como lo hizo muchas veces Montana y otros grandes pasadores de su época, y velocidad al correr para aprovechar los espacios por esa vía.

Draft de 1979: el primer paso

En sus cinco años con la Universidad de Notre Dame, Montana dio prueba de la perseverancia que se debe tener en el futbol americano.

Fue hasta su penúltimo año como colegial que logró tomar la titularidad. En la temporada 1977 era el tercer quarterback, pero acabó como el titular del primer equipo al final del año y en el Cotton Bowl de esa campaña, llevó a los Fighting Irish a vencer al gran favorito, Texas.

A pesar de que dio una gran muestra de su calidad en sus dos últimos años con Notre Dame, Montana no era uno de los quarterbacks mejor calificados por los scouts de cara al draft de 1979. No contaba con la fuerza en el brazo como la de Jack Thompson de Washington State, quien fue el primer quarterback tomado por los Cincinnati Bengals como tercera selección global.

Montana fue el cuarto en su posición en ser escogido, detrás de Jackson, Phil Simms (New York Giants) y Steve Fuller (Kansas City Chiefs). Fue reclutado hasta la tercera ronda. Antes, 81 jugadores fueron reclutados antes de que Montana escuchara su nombre.

Gloria dorada

La década de los 80 le perteneció a los San Francisco 49ers, que se convirtieron en una de las franquicias más exitosas en la historia de la NFL de la mano de Montana y el coach Bill Walsh.

La mente innovadora de Walsh y su “West Coast Offense” fue ejecutada a la perfección de la mano de alguien igual de calculador y pulcro en su juego, en especial en los momentos más complicados y de mayor tensión. Por algo a Montana se le conoció como Joe “Cool”.

“The Catch”

El inicio de la dinastía de los 49ers se dio en el marco de la Final de la NFC ante los Dallas Cowboys, quienes habían dominado la conferencia la década anterior.

Con los 49ers abajo 21-27 con 4:54 por jugar, Montana tomó el balón y debía recorrer 89 yardas para anotar. Al llegar a la yarda 6 de los Cowboys, en tercera oportunidad, roló al lado derecho y con la paciencia que lo caracterizaba, esperó hasta el último momento para lanzar el balón lo más alto que pudo.

No sabemos si buscaba las manos de alguno de sus receptores o sólo ponerlo fuera del campo. Lo que sí sabemos es que Dwight Clark saltó y se colgó de ese ovoide en una de las jugadas más memorables en la historia de la NFL.

“The Catch” no sólo fue el pase de San Francisco a su primer Super Bowl. Marcó el inicio de la dinastía de los 49ers y el fin de la era de los Cowboys. Esa acción es un parteaguas en la historia de la NFL.

La obra maestra al más puro estilo Joe 'Cool'

Los regresos en los minutos finales no eran nada extraños para Montana. Los había montado en como colegial con Notre Dame. Eran los momentos donde se separaba del resto de los quarterback, en los que construyó su inmortalidad.

Montana era una poesía en el terreno de juego, tenía un ritmo y cadencia jugada a jugada; lanzaba con precisión, liderazgo y sin cometer errores. Era un director de orquesta que dirigía una de las más grandes y complicadas sinfonías, sin tiempo, sin margen de error, pero con gran tranquilidad y precisión.

El Super Bowl XXXIII fue su obra maestra. En el partido más grande de la NFL, en el momento más crítico del encuentro, Montana entró al campo con los 49ers abajo 13-16 ante los Bengals y con 3:10 por jugarse.

Joe “Cool” condujo una de las más grandes series ofensiva que se han visto en la NFL. Fueron 11 jugadas para 92 yardas en 2:46 minutos. Montana encontraría a John Taylor en la zona final para ganar un título más.

Lo había hecho una vez más, como muchas otras veces.

“The Catch” fue el inicio de la dinastía de los 49ers, “The Drive”, la graduación de Montana como uno de los más grandes en la historia de la NFL. Al siguiente año, en el Super Bowl XXIV, aplastarían a los Denver Broncos en el punto más alto de la dinastía de San Francisco y en el que Montana brilló con una actuación con cinco pases de touchdown y 22 de 29 pases completos para dominar el encuentro de principio a fin.

Montana fue el gran artífice, el perfeccionista, el asesino silencioso que venía de atrás lentamente para acabar con sus rivales.

El final de su carrera, el inicio de la leyenda

Montana terminó su carrera en 1994, lejos de la ciudad donde vivió sus mejores momentos y con el número 19 en el jersey, pues el 16 de Kansas City ya estaba retirado en honor a Len Dawson.

Curiosamente, Montana terminó su carrera con el equipo que tuvo dos oportunidades de reclutarlo en la primer ronda de aquél draft de 1979, pero que decidió tomar con la segunda selección global al ala defensiva Mike Bell y con el turno 23, a Fuller, quarterback de Clemson.

Cuando tuvo que dejar San Francisco para convertirse en el nuevo quarterback de los Chiefs, sólo su presencia tuvo como consecuencia que el corredor y actual miembro del Salón de la Fama, Marcus Allen, aceptará dejar a los Raiders para jugar con el acérrimo rival de los de negro y plata.

La impresión de verlo sólo entrenar se reflejó en su primera práctica con los Chiefs, cuando la defensiva se quedó en el campo para ver al gran Joe, a pesar de que ya había terminado su sesión.

¿El mejor o entre los mejores?

La polémica nunca se acabará y difícilmente habrá un ganador para determinar quién ha sido el más grande quarterback en la historia de la NFL.

Joe Montana es, sin duda, uno de los que encabezan esa discusión. Ganó cuatro Super Bowls en el mismo número de apariciones, en tres fue el Jugador Más Valioso y fue inmaculado en el juego grande tras no sufrir intercepciones.

La grandeza de Montana se puede definir de muchas maneras: un jugador con gran capacidad e inteligencia. Cuando la situación era más apremiante, cuando menos tiempo había, era cuando más grande se hacía la figura de Montana.

No se trata de la cantidad de regresos en los últimos minutos sino de la calidad de los mismos.

Montana llegó al Salón de la Fama en el 2000, es miembro del Equipo Ideal de los 75 y 100 años de la NFL y, además, el número 16 que usó en San Francisco fue retirado por los 49ers.

Las cualidades de Joe “Cool” que permanecen en la memoria de los aficionados son su maestría y la calma que mostraba en los momentos de mayor presión, porque “The Comeback Kid” Montana siempre encontraba la forma de regresar y ganar.