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Cartas desde Barcelona: De la huída de Figo al fiasco de Coutinho

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Barcelona y su duda sobre reforzarse o volver a su identidad (1:41)

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BARCELONA -- El traspaso de Philippe Coutinho al Aston Villa, celebrado con alivio en el Barcelona, cierra, a falta de saber qué pasará con Ousmane Dembélé, una época de despilfarro en el Camp Nou.

El futbolista brasileño personalizó junto al delantero francés lo que fueron en su día Emmanuel Petit y Marc Overmars, fichados a la carrera y sin reparar en gastos por el entonces presidente azulgrana Joan Gaspart para ocupar con urgencia el vacío dejado por Luis Figo.

El resultado de aquel entonces no fue demasiado distinto al de ahora: un fiasco absoluto y la constatación de la errática, cuando no dramática, política deportiva y económica de un Barcelona al que la fuga imprevista de Neymar al PSG en agosto de 2017 provocó el mismo holocausto futbolístico que ocurrió en 2000.

Joan Gaspart dilapidó en un abrir y cerrar de ojos los 60 millones que le pagó Florentino Pérez por llevarse a Figo y con un intervalo de cuatro meses Josep María Bartomeu invirtió bastante más de los 220 millones que le había pagado el PSG por Neymar... Un desastre repetido y hasta aumentado.

Coutinho llegó al Barça avalado por Luis Suárez, con quien compartió vestuario en el Liverpool, dispuesto a seguir la senda triunfalista de tantos brasileños que habían vestido de azulgrana.

La figura de Neymar, el recuerdo de Alves, y los de Ronaldinho, Rivaldo, Ronaldo o Romario hacían presagiar que la sucesión de Andrés Iniesta estaba asegurada con el volante carioca, sin atender a su débil fortaleza moral, que le acabó arrastrando al fracaso.

No solo venía a suceder a Iniesta, sino que, más aún, debía ocupar el vacío de Ney, y en ese punto se vio colocado como parte de un nuevo tridente junto a Lionel Messi y Suárez al que nunca se habituó.

Ni interior, ni volante ni extremo, el desempeño de Coutinho fue de la ilusión de una primera media temporada en la que marcó nueve goles y sirvió ocho asistencias en 22 partidos para ganar el doblete (no pudo jugar en Champions y vio por televisión el desastre de Roma) al posterior derrumbe.

Emmanuel Petit apenas jugó 36 partidos durante una temporada (2000-01) en el Barça para ser transferido al Chelsea por 5 millones de euros menos de lo que había costado mientras que el rendimiento de Overmars (noticia en los últimos meses por su escandaloso despido como director deportivo del Ajax) nunca alcanzó en el Camp Nou lo que se aventuraba cuando llegó desde el Arsenal.

La dolorosa e inesperada fuga de Figo al Real Madrid abocó al Barcelona a una suerte de tránsito por el desierto del que no se recuperó el club azulgrana hasta la llegada de Ronaldinho tres años después, y aunque desde la marcha de Neymar en el Camp Nou se siguieron aún, con el liderazgo de Messi, celebrando trofeos, se constató que Bartomeu, el presidente al que se le escapó Ney, perdió cualquier rumbo en su ansia de convertir al Barça en un club intocable.

Coutinho simboliza como nadie esa desastrosa, cuando no inexistente, política deportiva que ha presidido el club azulgrana en los últimos años y que le ha abocado a una situación actual en la que no es capaz de rivalizar con los grandes de Europa al acudir al mercado.

Que ni pudo primero mantener a Messi, la joya de la corona, ni ha podido pelear por el fichaje de Erling Haaland después.

Joan Laporta tuvo que luchar en 2003 por recuperar al Barça de la desastrosa herencia que le dejó Joan Gaspart... Y dos décadas después sigue enfrentado a uno más difícil todavía con la sombra de Josep Maria Bartomeu. Entre Figo y Neymar se escribieron algunos de los capítulos más sombríos del club en la entrada del siglo XXI.